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Patricia Lagarde, una fotógrafa de lo fotográfico

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Una Casa de Cultura San Rafael, en la Ciudad de México, fue uno de los numerosos inmuebles que se dañó como consecuencia del terremoto del pasado 19 de septiembre. Sin ningún protagonismo cultural desde su apertura en 2008, la Casa adquirió una presencia notoria a raíz de que el pintor Antonio Ortíz (El Gritón), asumió su dirección en enero de 2016.

Entendido como un territorio que abarca imagen –propia o apropiada–, espacialidad –material, social–, objeto y conceptualidad, lo fotográfico permite construir narrativas que invaden la bidimensión, la tridimensión y la memoria.

Diseñada como una retrospectiva parcial que abarca ocho proyectos producidos de 2012 a 2017, la muestra, bajo el título de Interrogar lo habitual, seduce la mirada y el pensamiento del espectador a través de imágenes autónomas que no tienen la función de representar, objetos creados para verse como imágenes, y narraciones que son a la vez tan increíbles como verdaderas.

Congruente con la idea de que los objetos funcionan como símbolos, su representación como metáfora y la fotografía como la nostalgia de lo que fue y no se puede recuperar –como el tiempo, una persona o una vivencia–, Patricia Lagarde ha convertido objetos ordinarios y cotidianos del pasado y el presente en fascinantes imágenes que, a través del filtro de los tonos y texturas de la antigua técnica del ambrotipo, se transmutan en sugerentes sujetos retratados.

Además de su conocida serie Ars Combinatoria en la que tijeras, jeringas, tazas, aretes, bolsas y muchos otros objetos se convierten en un inventario carente de espacio y tiempo, en la exposición se presentan sus espléndidos proyectos Melancolía, La Venus y el meteorito, y Voyager I.

El primero, realizado a partir del famoso grabado renacentista de Alberto Durero, desarrolla una narración fotográfica con los complejos objetos que aparecen en la estampa. Producidos tridimensionalmente por la fotógrafa, los objetos se convierten en extraños protagonistas de nuevas imágenes.

Trabajada como una instalación de pequeños ambrotipos que, por el soporte transparente en el que se encuentran, adquieren el carácter de esculturas, La Venus y el meteorito conjuga imágenes del universo y el planeta Venus con un fragmento de meteorito real, el cual, junto con todas las imágenes, es custodiado por una transparencia adquirida en el Museo del Louvre que deja ver la presencia de la Venus del Milo.

Diseñado como un proyecto de arte procesual, Voyager I es una emotiva propuesta de comunicación a larga distancia. La obra se inicia con una tarjeta postal que la artista introduce en una botella lacrada que tira al mar. En la tarjeta se solicita a quien la encuentre que le envíe una foto y un testimonio. En la galería se exhibe la botella como objeto, una imagen fotográfica de la botella flotando en el mar, algunas postales y los testimonios de personas que encontraron la botella en distintos países.

En conclusión, una muestra de alta calidad artística que comprueba el dinamismo que tienen actualmente las galerías de la Ciudad de México.

Este texto se publicó el 5 de noviembre de 2017 en la edición 2140 de la revista Proceso.

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