La muerte de Neruda: Se derrumba la versión oficial

La versión oficial siempre le achacó al cáncer la muerte de Pablo Neruda, ocurrida el 23 de septiembre de 1973. Y esa idea persistió 44 años. Pero un reportaje publicado en Proceso en mayo de 2011 afirmó que aquél había sido asesinado… y la sólida investigación periodística obligó a las autoridades chilenas a revisar el caso. A finales del mes pasado, un panel de expertos emitió una conclusión que avala la tesis de este semanario: el más grande poeta de Chile no murió de cáncer.

VALPARAISO, Chile (Proceso).- “Después de una jornada intensa de trabajo y de debate, las conclusiones son: la no validez del certificado de defunción en cuanto al establecimiento de la caquexia como causa de muerte”.

De esta manera el forense Aurelio Luna –vocero del segundo panel internacional de expertos del caso Neruda– sepultaba la versión oficial sostenida hasta nuestros días por la Fundación Neruda, que en lo sustancial aducía que el poeta murió de “caquexia por cáncer metastizado de próstata”, tal como se afirma en el certificado de defunción elaborado el 24 de septiembre de 1973, un día después del deceso, por el médico Roberto Vargas Salazar.

Luna, catedrático del Departamento de Ciencias Sociosanitarias de la Universidad de Murcia, anunciaba además –flanqueado por otros 11 expertos ­reunidos en el hotel San Francisco, de la capital chilena el pasado 20 de octubre– que estudios de genómica microbiana permitirán confirmar o excluir, en un lapso de entre seis meses y un año, la acción de un tercero en la muerte del poeta, “ya que con los resultados actualmente existentes y a la espera de estos resultados, no podemos ni excluir ni confirmar la naturaleza natural o violenta de la muerte de Pablo Neruda”.

Cabe consignar que la Fundación Neruda, pese a la evidencia, insiste en descartar la posibilidad de un asesinato.

Es lo que manifestó el vicepresidente de dicha asociación, Enrique Inda, en el reportaje documental Neruda: el misterio de su muerte, grabado en los últimos dos años y emitido el mes pasado –en los días en que sesionaba el panel–, en tres partes, por Chilevisión: “Creo que Neruda murió producto del cáncer, de la enfermedad que tenía… los acontecimientos del golpe apuraron la muerte. Estos hechos le produjeron una tremenda depresión, un impacto y eso tiene que afectar a un enfermo… una situación de esa naturaleza, de ver a sus amigos perseguidos, asilados y muertos, tiene que haber provocado en él un shock muy fuerte que aceleró el proceso de deterioro”.

Hay que tener presente que esta conclusión principal del segundo panel de expertos –que comenzó sus labores en octubre de 2015– contradice abiertamente lo aseverado por el primer panel de expertos del caso. Éste, reunido en Santiago el 8 de noviembre de 2013, aseguró en voz del director del Servicio Médico Legal de Chile (SML), Patricio Bustos, que “no se ha encontrado evidencia forense alguna que permita establecer una etiología médico-legal por causas no naturales en la muerte de Pablo Neruda”.

Bustos dio a conocer estos antecedentes ante numerosos representantes de la prensa internacional y estuvo acompañado del juez Mario Carroza, titular de la causa 1038-2011 Caso Neruda, y 10 peritos, entre quienes destacaban los toxicólogos Guillermo Repetto (de la Universidad de Sevilla) y Ruth Winecker (de la Universidad de Carolina del Norte); el tanatólogo de la Universidad de Murcia Aurelio Luna; y el médico forense Francisco Etxeberría (de la Universidad de País Vasco).

La prensa mundial, recogiendo lo central de lo expuesto por ese primer panel en conferencia de prensa, informó aquella vez que Neruda había muerto de cáncer. Parecía el fin del juicio.

Los titulares de la prensa mundial fueron tajantes en exponer esta ratificación de la versión oficial. Mientras EFE encabezó su despacho afirmando que “Especialistas aseguran que Neruda murió de cáncer y que no fue envenenado”, el diario español El País publicó ese mismo 8 de noviembre la nota “Los exámenes concluyen que Neruda murió de cáncer y no envenenado”. Página 12, de Argentina, fue más escueto en determinar: “Dictaminan que Neruda murió de cáncer”.

De esta manera parecía descartarse la versión de asesinato por envenenamiento, denunciado por su chofer Manuel Araya en el reportaje de este corresponsal, Neruda fue asesinado (Proceso 1801), el 8 de mayo de 2011.

Pero como se señaló el 20 de noviembre de 2013 en el reportaje El caso Neruda sigue abierto (Proceso 1934), ninguna de las dos principales conclusiones del primer panel del caso Neruda estaba justificada en el cuerpo de dicho informe.

En esa ocasión, Repetto aseguró que según los estudios toxicológicos “se ­descartaba que existiera indicio de una muerte no natural”. Afirmaba esto pese a reconocer que no se investigó la posibilidad de que Neruda haya sido envenenado con gas sarín o toxina botulímica –como había sugerido el abogado del Partido Comunista, Eduardo Contreras–, dos de los tóxicos más usados por los agentes de la dictadura chilena.

Etxeberría, por su parte, sostuvo en aquella circunstancia que las pesquisas eran “todo lo técnicamente posible” que se podía hacer hoy en el mundo, dando el caso prácticamente por cerrado.

Sin embargo, ese primer panel de peritos omitió incluir entre sus conclusiones lo establecido en el punto V, letra D, de su propio informe: “Dadas las características de la matriz biológica disponible, las condiciones de conservación y el tiempo transcurrido, no puede descartarse la posible presencia pretérita de sustancias que por sus características físico-químicas podrían haberse degradado”.

Tanto o más grave fue el hecho de que en dicha entrega no se abordó la causal oficial de muerte: caquexia por cáncer metastizado de próstata.

Además, ya entonces el análisis químico y estructural de los huesos de Neruda, como las propias fotografías realizadas inmediatamente después de su muerte, demostraban que el poeta no padecía caquexia (desnutrición extrema). Sin embargo, esto pasó inadvertido para los expertos.

Aquel 8 de noviembre, cuando los medios se retiraban del despacho del juez Carroza con su verdad oficial ratificada, el sobrino de Neruda y abogado querellante en esta causa, Rodolfo Reyes, se levantó y llamó la atención de los periodistas: “¡Momento! ¡Momento! Tengo que decir algo: ‘Lo único que arroja el informe es que Neruda tenía cáncer pero no que murió de cáncer’”.

Agitado ante el miedo de que la causa se diera por cerrada, Reyes emplazó a Carroza a que continuara las indagatorias. El magistrado respondió que para poder descartar definitivamente la tesis del asesinato “era necesario tener todos los antecedentes y en este momento no sabemos si los tenemos todos”.

La causa se mantuvo abierta y Carroza convocó a un segundo panel, que fue presentado en Santiago el 2 de octubre de 2015.

Pablo Neruda. Las eternas dudas sobre su muerte. Foto: AP

Pablo Neruda. Las eternas dudas sobre su muerte. Foto: AP

Caquexia descartada

El segundo panel de expertos del caso Neruda sesionó entre el 16 y el 20 de octubre pasados en el salón Arrau del hotel San Francisco, de la capital chilena.

El último día y con la venia de Carroza y del SML, los 12 expertos de Canadá, Estados Unidos, Dinamarca y Chile que participaron en esta instancia –entre quienes destacaban Heindrick y Debi Poinar, matrimonio de genetistas de la canadiense Universidad de McMaster– se plantaron frente a los medios para exponer lo concluido.

El vocero casi exclusivo fue Aurelio Luna. Precisó que “lo que se está intentando aclarar no es un problema de toxinas, sino un problema de determinadas especies bacterianas, que hay que establecer”.

Acotó: “Se necesitan una serie de estudios complementarios que se están desarrollando, tanto en los laboratorios de la Universidad de Copenhague como en Canadá, para poder establecer si se trata de un origen endógeno o si ha podido ser suministrada con intenciones criminales por un tercero, o bien si se trata de una contaminación y carece de relevancia en el caso”.

El segundo panel estableció la presencia en el cuerpo de Neruda de las bacterias estafilococo dorado (en baja cantidad) y clostridium botulinum (en alta cantidad), aunque, como señaló el doctor Cristián Orrego en el reportaje documental de Chilevisión, “es temprano para llegar a aseveraciones definitivas”.

Según expuso la agente de la Dina (la policía secreta de la dictadura) Mariana Callejas en entrevista con El Mercurio (publicada el 16 de julio de 1995), una vez escuchó al químico y asesino de esa institución, Eugenio Berríos, comentar que “no había mejor manera de liberarse de un indeseable que con una gota de estafilococo dorado”.

Consultado Luna por este corresponsal respecto de los fundamentos que permitieron descartar la caquexia, mencionó la talla de la cintura –establecida a partir de los rastros dejados por su cinturón– y las fotografías disponibles de Neruda en las horas posteriores a su muerte. Añadió el forense español: “Del análisis de los datos no podemos aceptar que el poeta se encontrara en una situación inminente en el momento del ingreso en el hospital”.

El matemático forense Charles Brenner, miembro del equipo del caso Neruda, expuso a Chilevisión que “el certificado de defunción fue un error; intencional o no, es ridículo”.

A este mismo medio otro de los miembros de este grupo, el neurólogo chileno Luis Fornazzari, señaló: “Yo creo que fue asesinado. Era un peligro… Paciente con cáncer de próstata muere pero no de cáncer de próstata”.

Neruda en la calle de Nerudova en Praga. Foto: Archivo

Neruda en la calle de Nerudova en Praga. Foto: Archivo

El rol de Proceso

Tras la exposición de los forenses ante los medios intervinieron los representantes de la familia de Neruda y del Partido Comunista. En voz de Contreras destacaron el papel desempeñado por Proceso en esta causa.

“La querella por la muerte de Neruda se inicia después de conocer una publicación en la revista Proceso de México, realizada por el periodista Francisco Marín, que contenía una entrevista a Manuel Araya donde daba las primeras pistas que a nosotros nos despistaron. ¿Por qué? Porque teníamos la certeza desde siempre de que Neruda había muerto de cáncer y, por lo tanto, cuando leímos esa entrevista nos pareció que eran tantos los datos que se entregaban, que era posible que la muerte no haya sido natural sino causada por terceros”.

Agregó el jurista que “fue entonces cuando el partido decidió hacer una investigación previa para checar muchas de las cosas que decía Manuel Araya y que no conocíamos, las que resultaron ser ciertas”. Tres semanas después de aquella publicación, dicho partido presentaba la querella por el eventual asesinato de Neruda, la que fue acogida a trámite por el juez Carroza el 31 de mayo de 2011.

En entrevista, Rodolfo Reyes afirma que ante los panelistas internacionales, él y el asesor jurídico de su familia, Rodrigo Lledó, describieron cómo se inició esta causa, dando a conocer como origen la publicación del reportaje Neruda fue asesinado.

“Se informó que gracias a la publicación de Proceso se pudo conocer la verdad del chofer de Neruda, Manuel Araya, porque a él no se le daba tribuna en Chile. Se le ignoraba, se le denigraba…”

Al concluir la conferencia, Orrego se acercó a este corresponsal y comentó: “A usted lo quería conocer… es que nos ha hecho trabajar harto”… y se escabulló entre sonrisas.

Este reportaje se publicó el 5 de noviembre de 2017 en la edición 2140 de la revista Proceso.

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