La reconstrucción en Chiapas: regresar el alma al templo

TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis. (Proceso).- Entre la música de tambor y pito, el humo del incienso, rezos y otras plegarias, los tamales el pozol, hombres y mujeres indígenas tsotsiles del pueblo de Venustiano Carranza se dieron cita en una ceremonia para regresarle el alma a la iglesia de San Pedro.

Dañada por el sismo del pasado 7 de septiembre, las autoridades tradicionales religiosas –conformada exclusivamente por hombres a quienes se les denomina “los principales”–, encabezaron ese singular ritual el pasado domingo 22 de octubre. El objetivo: Traer de vuelta a la iglesia su ch’ulel, para dotar de alma a los muros del templo de San Pedro Mártir, considerado monumento histórico del siglo XVIII.

Tras el sismo, el alma había salido de ella.

En Venustiano Carranza, un grupo de encargados de estos templos declarados patrimonio nacional por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) emprendió acciones ante las instancias correspondientes para su restauración.

Juan Padilla, joven artista visual que con el antropólogo Martín Lara y la comunicadora y promotora cultural de ese pueblo, Olivia Velasco Ozuna, se han dado a la tarea documentar todo este proceso de reconstrucción, señala que luego de visitas y peritajes realizados por personal del Centro INAH-Chiapas se determinó que el templo de San Pedro presentaba daños mínimos que correspondían al agrietamiento del aplanado, el cual habría de ser reemplazado en algunas áreas.

Por este hecho el inmueble no era candidato a solicitar recursos ante el Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden), y por tanto los principales podrían comenzar con el trabajo de restauración siempre y cuando pudieran solventarlo con recursos propios.

Así, los principales se organizaron llamando a personas del barrio a colaborar con la mano de obra para efectuar el trabajo, mientras ellos por medio de cuotas establecidas en mutuo acuerdo y por algunos donativos realizados externamente pudieron adquirir el material necesario, consistente en cal, arena y nopal.

Explica Padilla que, bajo instrucciones para procesos de restauración del INAH, el 11 de octubre se emprendieron las actividades, yendo a diversas zonas de la ciudad en busca de una cantidad suficiente de nopales. Al siguiente día los cortaron en pequeñas rebanadas para luego ser vertidos y hervidos en agua. Utilizando esta mezcla como aglutinante, se realizó una argamasa con cal y arena para recubrir las partes dañadas en el aplanado.

Detalla que el trabajo de restauración consistió en remover el aplanado en áreas de grietas profundas para luego sellarlas con la mezcla de cal.

“Este proceso se llevó a cabo en un estado de convivencia en el que el compañerismo, la devoción, el respeto y el amor hacia la iglesia como centro de encuentro se vieron reflejados. Así, hombres y mujeres colaboraron para devolverle a San Pedrito una casa digna para recibir a los que lo necesiten”, dice Padilla, originario de San Bartolomé de Los Llanos.

Recuerda que las labores de rehabilitación concluyeron la tarde-noche del 16 de octubre. Fue así como Marcos Poxil, principal del barrio de San Pedro, dijo haber tenido un sueño, y en ese sueño le dijeron que deberían realizar esa ceremonia para regresarle su “ch’ulel” a la iglesia.

Desde la tarde del 21 de octubre, un vaivén de personas transitaba por los corredores de la sacristía de la iglesia. La gente cargaba en bolsas o entre sus manos gallinas de patio que serían sacrificadas para alimentar a los asistentes al acto ritual del día siguiente.

Mientras tanto un grupo de mujeres expandían cantidades de masa de maíz en una manta colocada sobre una mesa, para luego embarrar sobre esa capa otra de frijoles molidos, que luego enrollaban y cortaban con un cuchillo. Preparaban el tamal de frijol que acompañaría el caldo de gallina. Enseguida, llevaron a cabo el sacrificio de varias gallinas e hirvieron la carne para hacer el caldo.

Padilla dice que fue Pascual Poxil, líder de este grupo de “los principales” de San Pedro, quien solicitó que durante todo el proceso del trabajo en la iglesia deberían organizarse para dar de comer a los colaboradores, y que también debería realizarse una comida especial para esta ceremonia.

Fue así, narra Padilla, como la mañana del 22 de octubre los músicos tradicionales de tambor y flauta conocidos como kantoletik y “principales” de los cinco barrios; El Convento, San Sebastián, El Calvario, San Pedro y Señor del Pozo se congregaron en el atrio de la iglesia para acompañar en el ritual.

Antes de las 11 de la mañana, mientras la música de tambor, flauta y trombones se escuchaba, al interior de la iglesia algunos “principales” de San Pedro colocaban unas velas en candeleros de diferentes alturas frente al altar mayor, y se apreciaba al final una composición triangular que remataba en el centro con un cirio pascual.

Entre velas, oraciones y plegarias, y el sonido de la música del tambor y pito, se realizó aquella ceremonia. Después, todos comieron caldo de gallina y tamales de frijol.

“Fue así como le regresaron los pedazos de alma que el terremoto extrajo de la iglesia, y con ello, se ha restaurado no sólo su cuerpo sino también su esencia, su ch’ulel. Ha recuperado su fuerza, su ser maciza. Esta lista para ser como siempre: el cúmulo de afectos de un pueblo que cree. San Pedro está contento, su corazón está contento porque su casa ya tiene otra vez alma”, dice Padilla.

Martín Lara Kú relata que el inmueble data de principios del siglo XVIII, aunque ya desde 1616 se habría fundado la cofradía a San Pedro Mártir.

El templo actual, dice Lara Kú, fue concluido en 1722 y parece ser sustitución de otro anterior. En 1902 se derrumbaron el techo y la capilla mayor, sólo permanecieron los contrafuertes de ésta, la fachada y los muros laterales. La iglesia estuvo en ruinas medio siglo hasta su habilitación en la década de los 50. En su reedificación sólo se levantó la mitad original del largo del presbiterio.

Pero si bien la de San Pedro pudo ser rehabilitada, no así otras iglesias que son consideradas monumentos históricos por el INAH, como la de San Bartolomé de los Llanos, el Santo Patrono de Venustiano Carranza.

De ahí tuvieron que sacar a dos de sus santos sagrados, al Señor de Esquipulas y el Santo Entierro. Se realizó toda una procesión para llevarlos a la iglesia de San Sebastián, donde permecen ahora en calidad de “refugiados”, en lo que rehabilitan su iglesia.

Eso sí, el patrono San Bartolomé de Los Llanos no fue bajado de su altar. Los indígenas totiques, los que conforman el grupo de “los principales”, consideran que si es removido, algo muy grave podría sucederle a la población. Por eso sigue ahí, intacto. Solo.

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Otras iglesias del siglo XVI y XVII fueron también dañadas por el sismo, entre ellas la del Señor del Pozo, la Virgen de El Carmen, El Calvario, que tardarán en recuperarse poco más de un año.

Cerca de Venustiano Carranza, el pequeño pueblo de Soyatitán, fundado a mediados del siglo XVI por los frailes dominicos, posee una iglesia que los historiadores del arte consideran como una de las más imponentes de Chiapas, dedicada a la Virgen de la Asunción, la patrona. Está catalogada como Monumento Nacional por el INAH.

Según el Agente Municipal de Soyatitán, Eliel Ozuna Cantoral, el temblor del pasado 7 de septiembre generó movimiento en las imágenes religiosas de la iglesia: La Virgen de la Asunción se movió y se le cayó la corona, otros santos quedaron sostenidos en las paredes, pero no hubo daños mayores al arte religioso. Un día después, el 8 de septiembre, las imágenes fueron trasladadas a un cuarto ubicado a un costado del edificio donde se encuentran depositadas. Algunas de las imágenes religiosas están siendo restauradas por el sacerdote, quien es escultor.

Olivia Velasco, quien se ha dado a la tarea de recorrer todos las iglesias dañdas en la región, dice que la de Soyatitan se encuentra clausurada, y que los oficios religiosos se celebran, por ahora, en una sala que tiene el sacerdote en el área de la iglesia, y las misas se celebran en la planta baja.

El personal del INAH integrado por Pedro Paz Arellano, investigador de la CNAH-INAH, y Arturo Gutiérrez Mazariegoz, arquitecto del Centro INAH-Chiapas, llegaron el pasado 27 de septiembre por la mañana para realizar el dictamen.

Dice Olivia Velasco que actualmente la iglesia se encuentra cubierta con lona en la parte frontal oriente del campanario, como medida para que no se filtre agua en las fisuras. También colocaron otra lona en todo el caballete de la iglesia ya que ahí se está filtrando el agua y se está desprendiendo el techo. En el área de los vestigios históricos –la parte trasera de la iglesia que está en ruinas– se colocó una tapia de lámina, evitando el paso de personas.

Según  Velasco Ozuna, un grupo de habitantes se ha estado reuniendo para organizar un proyecto de techado de la iglesia, pero cuesta más de medio millón de pesos.

“No se están tocando las campanas, ni para llamar a misa, ni cuando hay muertos, está prohibido subir al campanario”, dice Velasco.

El proceso de reconstrucción, dice la promotora cultural, se está dando en etapas; la primera de ellas fue la presencia de los peritos en los templos dañados, la siguiente son los trabajos de apuntalamiento de los inmuebles y el cercado de los inmuebles, para evitar más daños. Pero que la etapa de reconstrucción aún no se sabe cuándo se llevará a cabo en esa iglesia.

Otra de las iglesias que resultó severamente dañada y que más ha dolido a los feligreses de Chiapa de Corzo, es la imponente iglesia de El Calvario. También sufrieron daños la iglesia vieja de San Sebastián, la de San Gregorio (otras se mantiene cerradas aún). Ahí, hasta la emblemática fuente colonial de estilo mudéjar sufrió los impactos de la sacudida de la tierra provocada. Ya no se permite ingresar a ella.

En San Cristóbal de Las Casas, algunas iglesias declaradas monumentos históricos sufrieron graves daños, como la Catedral (siglo XVI), Santo Patrono de esa ciudad colonial y sede de la Diócesis que encabeza hasta ahora el obispo emérito Felipe Arizmendi Esquivel.

Son la Catedral y la de Santa Lucía quienes tienen afectaciones más graves. Por tanto, no se celebran ceremonias religiosas en ese recinto emblemático que fue sede de los primeros diálogos entre el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994. Ahí adentro está enterrado el cuerpo del obispo emérito Samuel Ruiz García, sucesor de fray Bartolomé de las Casas.

Se han registrado averías en otras iglesias del siglo XVI, como Zinacantán, San Andrés Larráinzar, Tenejapa, Huixtán, Pantelhó, Comitán, Villa de Las Rosas, San Felipe Ecatepec, y municipios de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas.

Ante los rumores de que esto era “un castigo de Dios” para los católicos, el obispo Arizmendi salió al paso al decir que así como destruyó a Sodoma y Gomorra, así está enojado por tanta corrupción, por los crímenes del narcotráfico, por las leyes que favorecen el aborto y las uniones entre personas del mismo sexo, por los pecados clericales, por los abusos contra la madre tierra.

“Desde luego que Dios no está de acuerdo con los pecados, y en Sodoma no había ni diez personas buenas. Pero aquí pereció mucha gente honrada; murieron o perdieron todo personas pacíficas, creyentes, trabajadoras y de buen corazón. No, no es castigo de Dios. Sería injusto su proceder, y Él es la justicia misma”.

Explicó a sus feligreses en una misiva, que los terremotos, al igual que los huracanes y la erupción de volcanes, son fenómenos naturales, previstos por el mismo Dios al crear nuestro mundo, y en particular nuestro planeta.

“La tierra está viva, tiene movimiento. Si no se moviera, todo sería muerte, desolación. No habría seres humanos, ni agua, ni árboles, ni peces; nada; sólo desierto, soledad, resequedad. Como cuando un enfermo ya no se mueve, sabemos que ya falleció. Si no hubiera terremotos, no habría vida”, les dijo el obispo.

Les recordó que estos movimientos telúricos no son algo que se le haya escapado a Dios al formar la tierra, que se haya distraído y no los hubiera previsto.

Según el reporte de la Secretaría de Protección Civil, en Chiapas unas 462 iglesias resultaron con daños, 321 parcialmente y 141 con daño total, es decir, deben ser reconstruidas de nuevo.

Otro reporte de la Secretaría de Desarrollo Social refiere que son 278 iglesias las afectadas, 28 en la región de los Altos, 35 en la región frailesca, 58 en la Itsmo-Costa, 94 en la región centro, 22 en la zona norte, 17 en la Sierra Madre, 17 en la región del Soconusco y 7 más en la región zoque.

También dice que 85 monumentos históricos fueron dañados por el sismo, además de cinco zonas arqueológicas, 11 museos y centros culturales, y un monumento artístico, pero no precisa si la fuente colonial de Chiapa de Corzo.

Este reportaje se publicó el 5 de noviembre de 2017 en la edición 2140 de la revista Proceso.

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