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Denise Dresser

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En días pasados Denise Dresser y una respetada jurista, Ana Laura Magaloni, aceptaron formar parte del Frente PAN-PRD-MC, entre otros no menos respetables activistas. Este hecho ha generado una airada polémica en la comunidad académica con inquietudes políticas. Se ha generado una corriente de opinión contra Denise por el hecho de ejercer los derechos civiles que la Constitución y la ley le otorgan.

El Frente se veía hasta hace poco como una opción b del PRI-gobierno. Esta percepción, me parece, ha ido transformándose por la persistente campaña contra el presidente del PAN, Ricardo Anaya, a quien, paradójicamente, el PRI lo ha purificado y ha subido sus posibilidades de ser el candidato del Frente. En esa misma estrategia se inscribe también la burda campaña contra Alejandra Barrales, presidenta del PRD –también teniendo al PRI como probable responsable–, en el mismo lugar mediático que a Anaya, El Universal, lo que hace muy difícil pensar que se trate de una casualidad.

La sociedad se encuentra harta de los políticos, y con mucha razón, por supuesto. Quiere representantes de diversa naturaleza, con honestidad, con capacidad de análisis, con formación académica y con habilidades para debatir con altura. El bullying contra Denise me parece fuera de lugar. Ella no ha traicionado a partido alguno ni ha dejado de cumplir algún contrato o convenio que tuviese contenidos que comprometan su postura política (lo cual, vale la pena decirlo, sería nulo de pleno).

Este hecho lamentable de personas que reconozco y admiro por su capacidad de debate y de defensa del interés nacional, como John Ackerman, me parece poco afortunado. John es digno de mejores causas, como aquellas en las que ha incursionado para bien de México.

Si en el Frente abren una rendija a la sociedad –o a una parte de ella, para ser más precisos–, mucho habrá de ayudar tener a Denise y Ana Laura como legisladoras o en otras posiciones de incidencia. Se trata de dos mujeres que forman parte de la inteligencia de este país. Que deciden participar porque quieren que las cosas cambien y desean hacer esa contribución desde un eventual cargo de elección popular. Es paradójico: somos tan pocos y nos criticamos nosotros mismos. Esto genera un rostro, aunque sea involuntario, de sentido de exclusión y de discriminación que no encuentra cabida en las prácticas democráticas de respeto al disenso y del ejercicio de la tolerancia.

Es menester decir que hay espacios para que sean ocupados por personas con propuestas y que participen activamente en la toma de decisiones que habrán de afectar al país. Es sabido el bajo nivel de los órganos legislativos. Lo menos que se puede desear es que el debate suba de nivel y sea una oportunidad para debatir con civilidad las diferencias de percepción y de criterio.

Puedo coincidir en que el Frente puede no ser la mejor opción para quienes, como yo, piensan que Morena es una trinchera en la que concurre una parte no menor de la inteligencia de este país. Pero de lo anterior a que personas probas como Denise y Ana Laura sean estigmatizadas por haber aceptado formar parte del Frente, hay un largo trecho. Cabe recordar que ninguna de las dos ha buscado cargo alguno ni se dedica al ejercicio político partidista.

Qué bueno, por el contrario, que el Frente haya decidido sumar a estas destacadas mujeres. No importa si son del Frente o de Morena, lo que verdaderamente es valioso es que haya una representación nacional de largo aliento y vinculada a los mejores intereses del país. Estoy convencido de que ni Denise ni Ana Laura subordinarán sus ideas en las que han fijado posturas para mimetizarse a los usos y costumbres de la política mexicana. Y eso lo debieron evaluar los dirigentes del Frente antes de entablar relaciones con ellas. Ahí no habrá disciplina partidista que sirva, sino libre y abierta deliberación interna y externa que ayudará a reoxigenar la enrarecida vida de los partidos políticos.

Es por ese descrédito que la sociedad tiene, por vez primera, espacios para permitir que críticas con ideas y argumentos sólidos tengan cabida en los partidos que cada vez representan menos a las diversas expresiones de la comunidad que a sí mismos. Ojalá que en los demás partidos haya un acto de emulación de lo que ahora está haciendo el Frente, atrayendo personas independientes, sin militancia partidista, pero con prendas formativas y éticas que mucho le faltan a este país.

@evillanuevamx

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Este análisis se publicó el 5 de noviembre de 2017 en la edición 2140 de la revista Proceso.

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