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“Manifesto”: subversiva, provocadora y reflexiva

MONTERREY, NL. (apro).- En Manifesto (Manifesto, 2016) Cate Blanchett asume 13 diferentes personalidades, de hombre y mujer, para lanzar precisamente un manifiesto, que es la suma de muchos otros, sobre la urgencia de asumir nuevos paradigmas para la reflexión, la creatividad y, principalmente, el arte.

Con un monólogo episódico, segmentado en cada una de esas personificaciones, la virtuosa australiana da vida a una producción que no es ni drama, ni documental, ni comedia, sino una extraña forma de propaganda del pensamiento personal del director y guionista Julian Rosfeldt, que explora una vertiente parecida al cine experimental.

Es obvio que el creador de esta serie de secuencias volcó sus propias inquietudes en una cinta que es íntima, pero que asume temas universales y ya muy tratados, y presentados aquí con la voz de un escritor que conoce el oficio y que articula elementos literarios y visuales poéticos a una diatriba que demanda la revolución intelectual y creativa, como una forma de liberación necesaria. Desde el principio el guionista lo advierte: lo que aquí escribe es personal y no quiere convencer a nadie.

No hay dramatización. Blanchett es una de las mejores actrices del mundo y su transformación es brillante y natural. Es pordiosero, maestra, operador, coreógrafa, titiritera, periodista, punketa, madre. Los escenarios cambian en un ambiente excelentemente retratado e iluminado.

Cada faceta de esta persona que se transforma es un pretexto para que Rosfeldt exponga su ideología, basada en otros textos de filósofos, artistas y pensadores. Es como si, a través de la pantalla, repartiera panfletos para exponer lo que cree sobre temas del dadaísmo, futurismo, supremacismo, arquitectura, minimalismo, conformismo, arte pop, consumismo, resignación y el cambio que nunca llega y que urge. Pero todo lo expone rumiando los pensamientos de otras mentes preclaras que ya dijeron algo al respecto.

Por eso, su discurso vigoroso parece tardío, new age, de nuevo milenio. Las proclamas que se hacían en los noventa, buscando una renovación, con la etapa que se avecinaba, ahora son retomadas con la misma forma, aunque reciclada y con un discurso bien estructurado y literariamente encantador. La imagen es apoyada por una estruendosa armonía electrónica.

Se percibe el oficio en el guionista que vuelve a decir lo mismo que otros, aunque con sus atingentes palabras propias: el modelo burgués está agotado y todas las expresiones de economía, política y sociedad se encuentran en la decadencia. Es el arte el que debe encargarse de avisarle al mundo que es necesario enterrar al sistema agónico para iniciar una nueva etapa.

Manifesto es una cinta para escuchar más que para ver. Blanchett nunca falla, pero lo que importa es lo que dice como personera de Rosfeldt.

Con el collage de performances, se entiende por qué cada uno de los segmentos de esta película fue inicialmente presentado, de manera separada, pero simultáneamente, en una galería de arte de Melbourne, antes de ser compactados en un largometraje.

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