“El Yugo Zeta” en Coahuila: control de penales, secuestros, matanzas, quema de cuerpos…

Graco Ramírez, el pseudoizquierdista represor

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Huexca, una comunidad nahua cercana al volcán Popocatépetl en Yecapitxtla, Morelos, era estampa digna para los trazos del Dr. Atl, hasta que vio perturbada su idílica cotidianidad, cuando trasnacionales energéticas comenzaron a explorar un predio a pocos metros del kínder.

En 2010, el gobierno de Felipe Calderón se propuso construir ahí dos gigantescas termoeléctricas que serían alimentadas a través de un gasoducto devastador para los pueblos del volcán –que cruzaba los estados de Tlaxcala y Puebla–, proyectando enfriar las turbinas con aguas del Valle de Cuautla. El conjunto de megaobras se conoce como Proyecto Integral Morelos y la resistencia comenzó en Huexca, donde por dos años los inconformes acamparon en el camino de acceso para evitar las obras.

El 23 de octubre de 2012, a tres semanas de haber asumido la gubernatura, Graco Ramírez Garrido Abreu mandó un operativo para abrir paso a maquinaria y trabajadores de la trasnacional española Abengoa. Las mujeres de Huexca se formaron, enlazaron sus brazos y encararon el avance de policías marcando el paso a golpes de kendo. Fueron luego mujeres lastimadas, arrojadas al suelo, replegadas a poderosos empellones, vencidas en su pacífica resistencia.

Golpeando mujeres se estrenó Graco como gobernador. El “izquierdista” histórico originario de Tabasco, fue breve esperanza morelense para romper con la ineptitud de los gobiernos panistas que, a su vez, representaron en otro tiempo la esperanza de romper con la violencia y corrupción enquistadas en Morelos desde hace décadas.

Lo mismo ocurriría en Tlaxcala y Puebla, donde ya habían golpeado a comuneras indígenas que se oponían al gasoducto. En el segundo estado, bajo el dominio del hoy presidenciable Rafael Moreno Valle, terminarían encarcelando a los opositores al megaproyecto, Juan Carlos Solís, y la ejidataria Enedina Rosas Vélez, entre otros amenazados, golpeados, criminalizados.

Como en Puebla, Morelos dio tempranos visos de que la alternancia puede resultar perniciosa cuando encumbra a seres de discurso progresista, pero accionar autoritario.

En Morelos, la violencia represora creció con el sexenio: hubo golpeados y detenidos entre quienes se oponían, en marzo de 2014, a un incremento de 480% en impuestos que quiso Graco, y que marcó el inicio del hostigamiento al comunista Gustavo Alejandro Salgado, quien terminó decapitado en febrero de 2015.

Dos meses después del asesinato de Gustavo, un bisnieto de Emiliano Zapata y su abogado, Uri Olivares, fueron tiroteados. El joven resultó ileso y el abogado sobrevivió a una herida de bala próxima a la base del cráneo. Jorge Zapata, nieto del caudillo y padre del joven agredido, se oponía al mencionado megaproyecto, porque dejaría sin agua a los campesinos de Ayala como él. Para entonces, Graco ya había reprimido a tiros y toletazos en Cuautla, Apatlaco y otras comunidades.

Las represiones en Morelos se acompañan siempre de cooptación clientelar, provocando que los vecinos y parientes acaben conflictuados, lo mismo en Tepoztlán –donde hay oposición a una devastadora ampliación de una carretera– que en comunidades limítrofes con Guerrero, con territorios ansiados por la minería canadiense.

Documenté en la revista Proceso esos y otros casos por separado, hasta que en 2015 varios de ellos se reunieron y me citaron en las oficinas de Javier Sicilia –a quien Graco también ha mandado golpear y personalmente expuso su intimidad en 2016– en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, cuyo rector, Alejandro Vera, acogió solidario los movimientos de colonos, campesinos e indígenas pobres.

La consecuencia de esa y otras acciones que cumplían con el compromiso social de la universidad pública, devino en los años siguientes en la embestida que inició con la descalificación, siguió con el ninguneo presupuestal, las amenazas y hostigamientos que ahora tienen a Vera a punto de ir a prisión. El más reciente manotazo autoritario de Graco Ramírez, en un contexto marcado por la inhibición de oposiciones como parte del plan para heredar el cargo a un hijastro.

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