José Dimayuga, dramaturgo

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El pasado sábado falleció el dramaturgo José Dimayuga, nacido en 1960 en Tierra Colorada, Guerrero, cuyo trabajo prolífico en el teatro y su actividad como promotor de la cultura en ese estado ha sido de gran importancia.

Sus obras se han presentado en su mayoría en Acapulco, el  lugar donde residía, pero también en otras ciudades y países. Afectuosamente su comadre, por ejemplo, que obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia de la Universidad Autónoma de Nuevo León en 1992, se llevó a escena en 1993 bajo la dirección de Tito Vasconcelos y las actrices Mónica Serna y Maya Ramos, y tuvo 100 representaciones; en 1992, Luis Zapata la convirtió en película con las actuaciones de Enock Rodríguez y Malena Steiner.

Afectuosamente su comadre es de sus obras más representativas, donde aborda la vida cotidiana en Acapulco. Maneja con excelencia el melodrama y con humor e ironía deja ver personajes netamente mexicanos. Como él mismo decía “Me gusta escribir sobre personajes solitarios, marginados y abandonados por la sociedad”.

En 2013 publicó un libro en la Colección Juan Ruiz de Alarcón, con dos obras: País de sensibles y La forma exacta de percibir las cosas. La primera se desarrolla al interior de una familia que lucha por sobrevivir. Los personajes viven las consecuencias provocadas por la inseguridad y la falta de oportunidades. Esta publicación es interesante porque las dos obras corresponden a momentos creativos diferentes. La segunda, escrita muchos años después que la primera, y llevada a escena en 2012, deja un poco el realismo para adentrarse en otros ámbitos. En ella trata de manera intimista la crisis de una pareja de homosexuales como cualquier otra relación, donde un fantasma juega un papel preponderante.

Hay que recordar parte de su obra como dramaturgo: Hotel Pacífico (publicada por ediciones Desliz en 1995 y puesta en escena por el grupo de teatro Acapulco en 1996); Luna en Piscis, Pacífico violento, La última pasión de Antonio Garbo, ¿Qué fue de Bonita Malacón? –publicada en 2008 por la editorial Jus– y Las órdenes del corazón –editada por PreTextos en  2005 y que tuvo dos exitosas temporadas en 2012 y 2014 en el Teatro de la Concha, en Colombia.

Dimayuga también fue maestro, director de teatro y ensayista. Su última obra se quedó en el tintero y esperamos verla escenificada en un futuro; es Los habladores, en la que varios monólogos construyen una macrohistoria.

Este año José Dimayuga fue reconocido en la Feria del Libro de su estado, realizada en Zihuatanejo, donde se resaltó su trayectoria en las letras y se le rindió un merecido homenaje. Con su muerte, la Secretaría de Cultura de Guerrero se comprometió a publicar sus obras completas, que tanta falta hace para darlo a conocer a nivel nacional.

Quedan en la memoria sus palabras de reivindicación del arte escénico: “El teatro, para mí, es una manera de trascender lo que vivimos, es un recurso para fortalecer el espíritu y la mente”.

Este texto se publicó el 12 de noviembre de 2017 en la edición 2141 de la revista Proceso.

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