Algo huele a podrido en España

MADRID (apro).- “Somos justicieros. Matar es nuestro lema”. De ese calibre son los comentarios que comparten policías municipales de Madrid, del turno de noche, en un grupo de whatsapp.

Se trata de un compendio (50 páginas) de lenguaje de odio contra inmigrantes, amenazas de muerte hacia políticos y periodistas, la exaltación al fascismo y un tono afín a la ultraderecha más radical.

Los comentarios, publicados en los últimos días por Eldiario.es, han provocado un debate público y una fuerte repulsa.

Al referirse a la inmigración de países musulmanes, los policías madrileños hacen claras alabanzas a Hitler. Abajo de una fotografía del “führer” un agente escribe: “Este señor sí que sabía hacer las cosas”. “Este señor es Dios”, “Ya estarían echando humo las chimeneas sin parar si estuviese al mando”.

Otro añade: “Eso es un señor, de los pies a la cabeza”. Y uno más pide “borrar del mapa a los países islámicos”.

Estas conversaciones se conocieron a raíz de que un policía de ese grupo de whatsapp fue amenazado al reprochar a sus compañeros por sus expresiones xenófobas y violentas, a pesar de ser funcionarios públicos.

El agente decidió denunciarlos al recibir ataques con advertencias como éstas: “cuidadito conmigo que no llegas ni a la jubilación anticipada que tanto añoras”; otro dice que los harían para que pareciera “un accidente”. Y uno más lo amenaza diciendo que “tiene contactos” y que “por 3.000 nos lo quitamos de encima, un rojo chillón menos”.

Pese a que el caso ya está en manos de un juez, hasta el día de hoy esos policías, con placa y con armas, siguen patrullando las calles madrileñas.

Sobresale lo cómodo que se les ve, como cuando aplauden los videos donde adolescentes madrileños corean el Cara al Sol –el himno de Falange Española, el partido fascista aliado del dictador Francisco Franco– en una de las manifestaciones por la unidad de España que se convocó a raíz del conflicto catalán. “Buenos chicos, esos cachorros funcionan bien”, ensalza alguno de los agentes.

Lo contradictorio es que de los cerca de cien policías adheridos a ese chat, solo uno denunció los comentarios de quienes hablan con desprecio de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena: “No veo porqué hay que tener aprecio a la asquerosa de la alcaldesa”, “Qué vejestorio más lamentable” o “hija de la grandísima puta roja de mierda mal parida”.

Esos ataques contra Carmena iniciaron cuando opinó que la represión policial en el referéndum catalán del 1 de octubre (1-O) le parecía un “error terrible”.

Los comentarios de los policías suben de tono: “Lo que es terrible es que ella no estuviera en el despacho de Atocha cuando mataron a sus compañeros”, en referencia al asesinato de cinco abogados laborales pertenecientes a Comisiones Obreras (CCOO) y al Partido Comunista Español (PCE) en enero de 1977, ataque terrorista que se atribuyó a un grupo de ultraderecha. En ese despacho trabajaba la actual alcaldesa, pero salvó la vida por salir a hacer algunas gestiones.

“Que se muera la zorra vieja ya”, suelta un policía. Otro añade: “Yo me alegraría si sufriera un accidente y tuviera una muerte agónica”.

Los mensajes de odio también van dirigidos a los inmigrantes y a las organizaciones que los defienden. “Hay que comenzar con las cazerías (sic) de guarros”, escribe uno. “Panda de hijos de la gran puta, los moros y los que le defienden”. “Yo los tiraba al mar, comida para peces”, lanza otro.

Además, se permiten sugerir poner una bomba en Lavapiés, uno de los barrios más multiculturales del centro madrileño. “Ahí hay que entrar con lanzallamas y bayonetas. Y electrificar la valla de Ceuta y Melilla (ciudades españolas del norte de África). Que se mueran de hambre, no me dan ninguna lástima”, escribe uno de los policías que en el chat se identifica como “Führer”.

Otro agrega: “No tienen para comer y parecen ratas pariendo”. Y un tercero escribe: “Que se vayan todos a tomar por culo a sus países con todos los progres de mierda de Podemos y con la escoria de los antisistemas”.

Precisamente sobre el líder de Podemos, Pablo Iglesias, quien ha lanzado críticas al poder, reaccionan: “Hijo de perra, hay que matar al cerdo ese del coletas”, por usar el cabello largo en una cola de caballo.

La serie de chats, investigados por si tuvieran algún carácter delictivo, fueron criticados con dureza por prácticamente todas las fuerzas políticas, aunque en el caso del Partido Popular (PP), su diputado Pablo Casado no desperdició la ocasión para voltear la tortilla y terminar criticando a Podemos y los supuestos vínculos de sus dirigentes con Venezuela, mantra que no abandona el partido de Mariano Rajoy.

Los sindicatos de policías defendieron a los agentes criticando la publicación de “conversaciones privadas” que fueron sacadas “de contexto”. Los policías involucrados, consultados por el medio digital, consideraron que eran conversaciones jocosas.

Es más que evidente que estos chats no tienen nada de graciosos y sí, probablemente, constituir delitos de odio, contemplados en la legislación española. Y son presuntamente cometidos por funcionarios públicos que disponen de armas reglamentarias que se supone deben utilizan para proteger a los ciudadanos.

Este caso se suma a una creciente efervescencia de expresiones de la ultraderecha radical que, aunque presente desde hace tiempo, parece tener un nuevo impulso desde que se recrudeció el conflicto catalán.

En España la ultraderecha no tiene representación parlamentaria, sin embargo, algunos partidos y grupúsculos sí tienen presencia ocasional en las calles, en manifestaciones muchas veces acompañadas de actos violentos.

Por la televisión quedó registrada la agresión de una turba de extremistas de la organización de ultraderecha Yomus, que irrumpió en un acto por el día de la Comunidad Valenciana, el 9 de octubre.

La intervención de la policía antimotines no se muestra especialmente contundente contra estos grupúsculos. La manifestación tuvo que cambiar su trayecto inicial, porque miembros de España 2000, un minúsculo partido de ultraderecha sin presencia legislativa, se apostaron en el sitio donde terminaría la concentración para quemar esteladas, la bandera independentista catalana, en La Porta de la Mar.

Otro ejemplo fue que, en respuesta al independentismo catalán, la Fundación Denaes para la Defensa de la Nación Española convocó a una manifestación en la emblemática glorieta de Cibeles, en el centro de Madrid, donde se escucharon consignas por la unidad de España, pidieron prisión para Puigdemont y entonaron el Cara al sol, el ya citado himno de la Falange Española, mientras los asistentes realizaban el saludo fascista con el brazo en alto.

Algunos participantes portaban la llamada ‘bandera del aguilucho’, como se conoce popularmente a la bandera del dictador Francisco Franco.

En esa concentración también se coreó la consigna: “Defendamos España, Blanquerna absolución”, que tiene un gran simbolismo porque se refiere al procesamiento judicial contra 12 miembros de la coalición La España en Marcha (LEM) que atacaron a los asistentes en el centro cultural catalán Blanquerna, en el centro de Madrid, cuando festejaban La Diada, el día de Cataluña en 2013.

Los extremistas de LEM, grabados en video cuando cometían sus agresiones y rompían la bandera catalana con gritos por la unidad de España, forman una coalición en la que participan La Falange, Nudo Patriótico Español, Alianza Nacional, Movimiento Católico Español-Acción Juvenil Español y Democracia Nacional, todos grupúsculos de ultraderecha radical.

La publicación del chat de los policías no sólo coincide con ese despertar de jóvenes ultras en España, sino con la preservación de celebraciones impulsadas por los nostálgicos de la dictadura franquista.

Este 20 de noviembre, como todos los años, se celebraron actos en memoria al dictador Francisco Franco y el líder de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, fallecidos ambos en similar fecha.

La Fundación Francisco Franco convocó a una misa en la Parroquia San Francisco de Borja de Madrid, que se convirtió en un acto de exaltación fascista.

La sola existencia de esta fundación que exalta las supuestas bondades del dictador, es una anormalidad democrática por los decenas de miles de crímenes de su régimen, no juzgados. En la actualidad, por ejemplo, sería impensable que en Alemania existiera una fundación que venerara a Hitler o en Italia a Mussolini. Pero en España sí se permite.

Como otros años, los diarios ABC y El Mundo publicaron esquelas recordando al fundador de Falange, Primo de Rivera, en el aniversario “del asesinato por el Frente Popular”, y convocando a los actos de celebración.

En las esquelas, presididas por el yugo y las flechas, se escribió “¡¡Presente!!” a un lado del nombre de José Antonio, hijo del otro dictador español, Miguel Primo de Rivera. El texto fue pagado por la Hermandad de la Vieja Guardia de la Falange, y parte de los actos incluyeron una manifestación hasta el Valle de los Caídos, donde están enterrados Franco y Primo de Rivera.

Todavía chirría que en una democracia como la española, la justicia sea tan contundente con quienes anhelan un referéndum en Cataluña –dando por sentado que ahí se cometieron delitos–, o que quien retuitee un tuit considerado delictivo se convierta en cómplice, pero haya tanta permisividad para las expresiones de ultraderecha. O que, pese a existir una Ley de Memoria Histórica, no se haga justicia a las víctimas del franquismo, pero sí se permita venerar al dictador.

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