Bicentenario de la expedición de Mina

La historiadora Guadalupe Jiménez Codinach estuvo tres años en Inglaterra donde estudió los 23 archivos de cómo surgió el movimiento de Xavier Mina. Hoy que se cumple el bicentenario del fusilamiento del único expedicionario en apoyo a la insurgencia “que nos viene de fuera”, la especialista recorre la ruta libertaria del navarro que, al llegar al territorio novohispano se encontró con una realidad insospechada: Morelos, a quien venía a ayudar, ya estaba muerto.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Martín Xavier Mina Larrea, “príncipe de los guerrilleros”, ha sido visto como el héroe insurgente que llegó como extranjero a la Nueva España desde el viejo continente, para luchar contra el rey absolutista Fernando VII.

Pero lo cierto, dice la historiadora Guadalupe Jiménez Codinach, es que este joven navarro, carismático, recto y amante de la libertad, vio siempre como una sola patria a España y México.

Considerada por la investigadora como un caso único en la historia de la guerra de independencia, que duró 10 años, la expedición organizada por Xavier Mina cumplió 200 este 2017 e igual se conmemora el bicentenario de la muerte del insurgente, quien fue fusilado por la espalda el 11 de noviembre de 1817 en el Cerro del Borrego.

Entrevistada por Proceso en el Palacio de Iturbide del Centro Cultural Banamex en el Centro Histórico, la doctora en historia por la Universidad de Londres, Inglaterra, curadora de los museos Casa de Allende y Casa de Hidalgo, entre otros recintos, habla de la travesía que el combatiente inició en Londres en 1815, en donde preparó su expedición y comenzó a sumar hombres, y de quién fue este personaje de apenas 28 años de edad, descrito por sus tropas como gallardo y de finos modales.

“Xavier Mina, no Francisco Xavier, es un caso sumamente interesante en la guerra de independencia, porque es el único de una expedición en apoyo a la insurgencia que nos viene de fuera y que además está organizada y compuesta por personas de diferentes naciones y pueblos, es internacional.”

Nacido en Navarra (1 de julio de 1789), Mina fue hijo de padres labriegos, no eran pobres pero tampoco ricos, quienes lo enviaron a Pamplona a estudiar latín, griego, a los autores clásicos, gramática. Terminados sus estudios a los 18 años fue a estudiar el primer año de derecho en la Universidad de Zaragoza y es ahí donde, en 1808, se enfrenta a la invasión napoleónica francesa. Y él con un grupo de jóvenes civiles se organizan para hacer una guerrilla.

Enfatiza la especialista que no eran militares, por lo cual su estrategia no era como la de un ejército, sino hacen una guerrilla:

“Por primera vez aparece en la prensa internacional la palabra guerrilla en español. El diario The Times de Londres publica el 27 de octubre de 1808: En España están peleando civiles con guerrilla, y entre paréntesis ponen ‘little war’, pequeña guerra. Y explican que es una forma de pelear donde atacan y se retraen, atacan y se retraen… ¡No son ejército, son civiles!”

Así fue como Mina emprendió su movimiento contra el régimen y le pone un nombre “que me parece simpático: El Corso Terrestre de Navarra. Los corsos atacaban los barcos en el mar, pero éste atacaba en tierra. Así dura de los años 1808 a 1810 hasta que lo apresan los franceses. Como les daba mucho coraje que atacaban y no podían contra ellos porque como los mosquitos se retiraban, el ejército galo mataba a los guerrilleros”.

A Mina en cambio, continúa la investigadora, le perdonan la vida pues les da pena matarlo, tenía apenas 18 años y era llamado “el príncipe de los guerrilleros”. Además, él había sido amable con los prisioneros franceses que tomaba, nunca fue cruel, por lo cual se incumple la orden de su fusilamiento y es enviado al Castillo de Vincennes, entonces a las afueras de París, donde Napoleón recluía a sus principales enemigos.

Ahí permaneció de 1810 a 1814 y conoció a experimentados generales que le fueron de gran ayuda, pues él era guerrillero y no sabía de estrategia militar. Conoce a Víctor de La Horie (padrino del niño quien será el célebre escritor Víctor Hugo), quien antes de ser fusilado por órdenes de Napoleón, enseñó estrategia al joven prisionero.

A la caída de Napoleón, Mina queda en libertad y vuelve a España, y se une a su tío Francisco Espoz y Mina (explica que con él se inicia la confusión al llamar Francisco Xavier al sobrino, que era el famoso, su tío incluso tomó su apellido Mina). En España se encuentran con que Fernando VII ha regresado a imponer un régimen absolutista, abolir la Constitución de 1812 promulgada en Cádiz y a perseguir a los diputados liberales que la redactaron, “entre ellos a nuestro Miguel Ramos Arizpe, que estuvo preso precisamente por haber sido uno de los que hicieron la Constitución, con muchos otros como Juan O’Donojú, que hasta fue torturado”.

Juntos, los Mina hacen, en 1814 en Pamplona, el primer pronunciamiento del mundo hispánico convocando a un levantamiento para obligar al rey a firmar de nuevo la Constitución, pero fracasan y deben huir. El tío a Francia y Xavier a Inglaterra, en donde ya se habían refugiado algunos diputados liberales. Llega a ese país con algunos miembros de su guerrilla, algunos de origen navarro, y se encuentra con “dos comunidades que nunca se habían unido: los liberales españoles exiliados y los agentes insurgentes que tratan de conseguir el apoyo de Inglaterra. Ahí se unen y comienzan a pensar en una expedición auxiliadora”.

Mina llega precedido por su fama de gran guerrillero y lo invitan a luchar contra Fernando VII, pero en la Nueva España. Jiménez Codinach recuerda que la Constitución de Cádiz establece que la nación está constituida por los habitantes de ambos hemisferios, por lo cual Mina asume que pelea en la misma nación, “él no se siente extranjero aquí, se siente como uno más de la nación española, hay que entenderlo porque en 1815 todavía existía esa unidad”.

Para cuando Mina tiene elaborado su plan, sigue el relato la doctora, “calculo en el verano de 1815”, ya había ocurrido la batalla del 18 de junio en Waterloo, donde es derrotado Napoleón. Las guerras habían terminado y los oficiales del ejército no tenían trabajo, “ni los de Suecia, Hungría, Italia… Es entonces cuando se piensa en enviar a esos oficiales veteranos de guerra, con experiencia en la organización de ejércitos a la Nueva España”.

Insurgencia multinacional

El plan original de Mina era ayudar a José María Morelos, aún vivo en el verano de 1815 (morirá hasta diciembre). Planea llevarle oficiales muy entrenados en estrategia al Generalísimo para organizar a su gente.

Cuenta la historiadora que investigó la forma en la cual enrolaban a la gente en los bares ingleses: No había guerra, por lo tanto no tenían trabajo y no tenían paga, entonces les ofrecían ir a México (no a la Nueva España porque a los ingleses no les gustaba ese nombre) a cambio de una paga y tierras si querían quedarse:

“Se inscriben escoceses, irlandeses, italianos, franceses, lo único que les unía es que sabían pelear y eran oficiales, no soldados. Juntan como 300.”

Jiménez Codinach estuvo tres años en Inglaterra estudiando el surgimiento del movimiento de Mina, “peiné 23 archivos para saber quiénes lo habían apoyado y encontré a dos lores muy importantes Lord Henry Holland (jefe del Partido de Vanguardia), quien sabía hablar perfecto el español y traducía obras de la literatura española… Luego está un jovencito casi de la misma edad que Mina, llamado Sir John Russell, hijo de una familia riquísima”.

En una carta, Russell propone a Holland si no le parece que Mina podría dirigir en México una expedición. Lo invitan al grupo de Holland House, “que era muy famoso” pues reunía a intelectuales opuestos al régimen conservador, gente como el padre de Stuart Mill, el economista, y colaboradores en The Edinburgh Review. Russell también sugiere presentar a Mina con un general de Estados Unidos que ahí se encuentra y que es “nada menos que Winfield ­Scott, quien luego participa en la invasión a México”. A Scott lo habían enviado a aprender de las batallas napoleónicas visitando sitios como Waterloo y Austerlitz.

Mina pregunta a Scott si lo apoyaría para ir a Estados Unidos a conseguir armas y voluntarios. La investigadora atribuye a Scott la participación de 85 voluntarios de Estados Unidos que se unen a la expedición, por la razón también de que, al no haber más guerra con Inglaterra, no había trabajo y las armas estaban guardadas.

Un fusil costaba entonces tres pesos, “pesos de la época, no había dólar todavía, se usaba nuestro peso, lo que ellos tenían se llamaba Spanish dollar, pero era nuestro peso, ellos no tenían moneda”.

Recuerda que en el mercado de armas les decían: “Cuesta 3 pesos, pero para ustedes 25, ¿por qué? Porque la libertad no tiene precio”. Por eso, agrega, “Morelos nunca confió en la ayuda exterior y, ¡claro!, qué les iban a ayudar si era un negocio”.

Mina expresa en sus documentos la idea de que todos eran lo mismo y debían ayudarse y luchar por los derechos y la libertad. No veía naciones separadas, sino hasta cuando aquí se dice México y hay un corte:

“Yo quiero ser español y americano porque en donde se esté luchando por la libertad es lo mismo”, pensaba.

“De hecho en la Nueva España a la que llega Mina –agrega la doctora–, la insurgencia ya había sido derrotada, está perdida, de 1815 a 1820 es un movimiento a la defensiva, está en los fuertes y en lugares inaccesibles, por ejemplo en los fuertes de Comanja o El Sombrero, en Guadalajara, pero no ataca porque ya no pueden, con la muerte de Morelos el Congreso se acabó, Manuel Mier y Terán lo desbarata”.

Luego de las matanzas en sitios como los fuertes de El Sombrero y de los Remedios, muchos insurgentes comienzan a indultarse. Hubo 17 mil indultados, entre ellos Andrés Quintana Roo y Carlos María de Bustamante, incluso el secretario de Morelos, Juan Nepomuceno Rosains.

Triste realidad

Pero Xavier Mina, a decir de la historiadora, hace una campaña “extraordinaria”, si bien tuvo que enfrentar varias vicisitudes. Llega en abril de 1817 “con una idea falsa de lo que encontraría: Que todo el pueblo estaba peleando por la Constitución de Cádiz, y la mayoría ni la conoce… ¡Bueno, le hablan de la República Mexicana y ni existía!”.

De hecho, la expedición se llama División Auxiliar de la República Mexicana, pero no encuentra lo que esperaba: Creía que podría entrar por la zona de Veracruz, Nautla y Boquilla de Piedras, pero el puerto estaba tomado por los realistas; cree que un congreso avalará los préstamos que pidió y no hay congreso; Morelos, a quien venía a ayudar, ya está muerto, la noticia se publica en abril de 1816 y Mina zarpa de Inglaterra el 15 de mayo de ese año, y hasta se publica mal pues dice que “Morales” había sido ahorcado en Venezuela. Mina se entera en Estados Unidos de la muerte del Generalísimo.

Todo cambia en su plan original, pero el navarro logra apoyo, trae algunos hombres de Estados Unidos y de Haití:

“Cuando va a Haití se encuentra con Simón Bolívar y ahí venía ya Bolívar con él, nomás que a punto de venirse le avisan que puede regresar a Venezuela, porque él no podía ingresar a su país, si no, hubiéramos tenido a Bolívar junto con Mina. No se dio.”

Su grupo llega en abril de 1817 a Soto la Marina, Tamaulipas, pero ahí no hay insurgencia. A la espera de otros contingentes, hace un fuerte para que a su llegada puedan depositar las armas y pertrechos:

“Imagínense, una persona que no conoce el país, que está esperando patriotas por todos lados, que lo van a recibir, y no es sino hasta junio cuando se encuentra con el primer grupo de insurgentes, el de Pedro Moreno que era de Lagos (hoy justamente Lagos de Moreno, Jalisco), y tenía su cuartel en el fuerte El Sombreo, pero ya sólo defendiéndose”.

Mina se les une “en una época muy difícil”, Guanajuato era prácticamente de los realistas. El joven intenta tomar León y tiene su primera derrota, luego San Miguel y tampoco puede, intenta tomar Guanajuato y también fracasa. Peor aún:

“El 27 de octubre, descansando en la noche él y Pedro Moreno se acercan 500 realistas al rancho El Venadito, que era parte de una hacienda y los aprehenden. En la refriega matan a Moreno y luego le cortan la cabeza y la ponen en un palo. Y a Mina le ponen cadenas y se lo llevan a Silao y luego a León. El virrey ordena fusilarlo inmediatamente porque era muy popular, aun entre los realistas, y les da miedo que éstos se levanten para liberarlo.

“Dan órdenes de que se cierren todos los cuarteles y no dejen salir a nadie. Lo matan el 11 de noviembre de 1817 en la tarde, entre las tres y las cuatro, enfrente del fuerte de los Remedios para que lo vieran los insurgentes que quedaban. Él no quería ser fusilado como un traidor, por la espalda. En esa época te volteaban contra la pared o te hincaban y te ponían una venda. Las balas le pegan atrás y al salir le desbaratan la mandíbula.”

La investigadora recuerda que cuando entre 2010 y 2011 se restauraron los restos de los héroes que reposan en el Monumento a la Independencia, en Paseo de la Reforma, con motivo de las fiestas del Bicentenario, y se hablaba de la falta de certeza sobre cuáles pertenecían a Mina, ella señaló que debería tener la mandíbula deshecha porque el parte del cirujano del ejército así lo consignó.

Condecorada con la Cruz de la Orden de la Victoria de la República por el ejército mexicano hace unos meses, junto con los también historiadores Josefina Zoraida Vázquez, Enrique Krauze, Mercedes de Vega y Patricia Galeana, entre otros, Jiménez Codinach reflexiona sobre las aportaciones de Mina a la historia de México, si bien su movimiento fue breve y realmente no alcanzó su objetivo.

Considera que fue un hombre muy valiente, que lamentablemente se encuentra con una realidad distinta a la que le habían explicado. Luego ya no llegan las expediciones planeadas, entre ellas una con sus hermanos, otra de liberales españoles como Álvaro Estrada, que fue el último intento externo por ayudar.

“Mina tiene de valor haber sido un hombre muy recto, amó la libertad por sobre todo, siempre afirmaba salud y libertad. Hablaba de que la libertad es como un don por el que todos deben pelear.”

Señala que uno de los ministros de Fernando VII quiso convencer al joven de venir a combatir a los insurgentes y él le respondió:

“¿Yo, luchar contra ellos que están peleando por lo que yo lucho?”

Y subraya sobre la idea de que no fue un extranjero en estas tierras:

“Él dice: ‘¿Dónde es la patria? Donde se defiendan nuestros derechos y tengamos libertad, ésa es nuestra patria’. Así se responde a lo que se piensa: ¿Y éste por qué viene de Navarra a defender acá a la Nueva España? Él consideró a todos, americanos y españoles, como uno, y a la patria como el lugar de defensa de los derechos del hombre.”

Podría decirse, concluye, que toda esa generación de luchadores pensaba en el panamericanismo proclamado por Bolívar.

Este reportaje se publicó el 19 de noviembre de 2017 en la edición 2142 de la revista Proceso.

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