Conchita Calvillo en su centenario: “no hay que perder la esperanza”

SAN LUIS POTOSÍ, SLP.- “Hay que volver a despertar los anhelos de una verdadera democracia y, como escuché decir a nuestros hermanos indígenas, no perder la esperanza porque vendrá un nuevo amanecer”, dijo Conchita Calvillo viuda de Nava a los potosinos el 18 de mayo, cuando acudió con sus hijos a donar el archivo y la biblioteca personal del doctor Salvador Nava Martínez a la Universidad Autónoma de San Luis.

Ese día, en el que se cumplían 25 años de la muerte de Nava, Conchita habló de frente, como siempre, sobre los momentos difíciles en México y lo que esto despierta en ella, mujer que ha vivido la mayor parte de sus 100 años -los que cumple el domingo 26 de noviembre- inmersa y activa en movimientos sociales históricos y decisorios para San Luis Potosí y el país, desde la mitad del siglo pasado hasta la fecha.

Este recorrido de vida lo ha caminado primero junto a su esposo Salvador Nava Martínez en los movimientos cívicos, antirreeleccionistas y trabajando con él en las dos ocasiones en que fue presidente municipal de la capital.

Tras la muerte del doctor, en 1992, Conchita ha continuado ese mismo camino con su propia voz para hablar por otras luchas y por las convicciones propias. Y así habló en la Universidad:

“Esta ocasión me hizo reflexionar en que he vivido más de lo que hubiera esperado. Tengo todavía responsabilidades que no he cumplido y hacen que mi conciencia y mi corazón me obliguen a no quedarme callada e indiferente… recuperar la posibilidad de tener una verdadera democracia, no solo la electoral, sino aquella que crea sentido de comunidad, exige verdaderos servidores públicos y ciudadanos con responsabilidad y con ética. Por eso espero que este archivo sirva como punto de apoyo para encontrar, entre pasadas y nuevas ideas, las más oportunas y eficaces en bien de San Luis Potosí y de nuestra patria”.

En vísperas de su cumpleaños número 100, Conchita vive en lo que ella describe como un encierro apropiado a su ancianidad, pero no ha dejado de salir a las calles cuando su presencia y su palabra se ha necesitado.

Estuvo presente en el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994 y formó parte de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai) para establecer el diálogo de este movimiento con el gobierno a través de los liderazgos civiles.

Desde 2006, salió a protestar por la depredación minera de la empresa canadiense Gold Corp que destruyó Cerro de San Pedro y colocó el candado que clausuró simbólicamente las rejas de la empresa.

Acudió al recibimiento a la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad que encabezó el poeta Javier Sicilia en junio del 2011 a su paso por San Luis, y ese mismo año recibió el premio “Carlos Montemayor”, a la memoria del escritor con quien tuvo una cercanía y que apoyó férreamente la lucha contra la explotación de agua y metales en San Luis.

En abril del 2014, escuchó desde el patio del edificio central de la UASLP los mensajes de Elena Poniatowska, de Andrés Manuel López Obrador, de periodistas y politólogos en el acto conmemorativo del centenario del nacimiento del doctor Nava, y dijo lo que tenía que decir:

“Qué satisfactorio hubiera sido que, a 22 años de la partida del doctor, nos reuniéramos el día de hoy con el reporte de ‘Misión cumplida’. Aunque esto desafortunadamente no sea, nos sigue uniendo un ideal común, propio de todo ser humano: todos deseamos libertad, deseamos justicia, que se nos considere dignos de disfrutar de estos atributos…”.

El cierre de campaña de Salvador Nava en SLP en agosto de 1991. Foto: Martín Salas

El cierre de campaña de Salvador Nava en SLP en agosto de 1991. Foto: Martín Salas

“La sociedad hizo el milagro”.

María Concepción Calvillo Alonso, el nombre que recibió al nacer -hace poco su hermana encontró la tarjeta de bautizo que precisa que nació un 26 de noviembre de 1917 y no el 27 como por muchos años creyó- conversó con apro vía telefónica desde su casa, donde disfruta de hijos, nietos y bisnietos, de la lectura voraz de cuanto libro puede acercarse, de sus recuerdos.

Pero ahí también se angustia, reflexiona y se sigue ocupando del San Luis Potosí donde los cacicazgos políticos resurgen y la corrupción se convierte en permanente causa de indignación en esta entidad y en todo el país.

-¿Qué país ve hoy?, ¿qué tan distintas son las preocupaciones sociales de los años en que comenzó a participar en las luchas sociales a las de ahora?- preguntó la reportera al inicio de una llamada que se prolongaría por casi una hora.

-Tengo una vida de encierro porque ya soy una persona mayor, pero convivo con mis hijos, nietos y bisnietos… Me angustia saber que este es el México que están viviendo. Es un México que es difícil, porque hay mucha miseria, mucha pobreza. Pero aparte de eso, yo reconozco que también hay mucha ciencia, una ciencia que va sumamente aprisa como para que los jóvenes puedan alcanzarla.

“Siento que ellos viven apresuradamente; con carencias, pero al mismo tiempo yo siento que hay beneficios que antiguamente no se tenían. No creo que todo sea negativo, pero sí creo que a medida que pasa el tiempo, no hemos alcanzado los logros que hubiéramos querido tener. Ese es el México que veo, difícil”, dijo.

-¿Cuáles son esos logros que faltan?

-Instituciones. Por ejemplo, yo veo entre mi gente pobre con la que muchas veces convivo, lo que no había mucho antes: hay un seguro social, un seguro para mujeres, un seguro para criaturas. En fin. Es el tipo de instituciones que muchas veces como instituciones están perfectas, pero la burocracia que las maneja es de la que tengo desconfianza.

-¿Y la participación ciudadana en estos momentos?

-Después del terremoto se me movió el corazón y vi que toda esa juventud se entregaba, y después, al poquito tiempo, vi que una parte de esa juventud seguía con las mismas angustias, la misma carencia. Como que veo estas dos juventudes: la que cree que con un esfuerzo puede salir adelante y la que veo que está como desesperada, que no encuentra su lugar, que no encuentra dónde desechar estas fuerzas, y esas fuerzas pueden ocasionar hasta un mal, porque las aplica no en el bien, sin en el mal.

Y agregó: “En cuestión de la sociedad tengo mucha desconfianza. Cómo me gustaría que todo el mundo pensara en el hermano, en el hombre, en la obligación que tiene de vivir con su prójimo para darle lo que necesita. Los grandes consorcios (den) lo que necesitan los que trabajan con ellos; el gobierno, que al frente de estas instituciones de las que le hablo no pone a la gente adecuada, ésta es la desesperación, es terrible la cantidad de corrupción que hay, la cantidad de gente que no cumple con su deber”.

Informada a diario -maneja una tablet en la que lee noticias y revisa temas de su interés-, Conchita Calvillo dice ver a una sociedad dividida: una parte está asustada y preocupada por cuidar lo que tiene, y la otra mitad de los ciudadanos están asustados porque no tiene lo suficiente para sostener a una familia. Cree que eso los frena para la participación en las luchas que se dan o tendrían que darse en el país; “unos porque no quieren perder sus bienes y los otros porque no quieren perder sus trabajos. Es una sociedad que está como sola, como desesperada”.

Conchita Calvillo con el subcomandante Marcos. Foto: Especial

Conchita Calvillo con el subcomandante Marcos. Foto: Especial

Entregarse a los jóvenes

-Expresó su preocupación particular por los jóvenes; ¿qué cree que están necesitando?

-Necesitamos que parte de esta sociedad civil se entregue verdaderamente a ellos. Que quienes han tenido la suerte de recibir educación, que les den a los jóvenes esa formación. Que cada quien cumpla con su deber con el hermano, con el prójimo. Es lo que me angustia verdaderamente. Soy una persona anciana en mi lenguaje, qué quisiera yo que fuera actual; lo que necesitan ahora es algo diferente, se piensa diferente, se actúa diferente. Las generaciones van rápidamente acabando con su tiempo y empezando otro, sin tener una formación adecuada.

-En San Luis Potosí se vive un momento de resurgimiento de cacicazgos, corrupción de autoridades, diputados. ¿Los potosinos de hoy aprovechan las enseñanzas del navismo para reaccionar?

-Lo que yo viví creo que casi fue un milagro, porque fue una parte (de organización social) más bien chica. Éramos una parte chica de la sociedad civil. No hubo diferencias de ninguna índole, absolutamente; podía usted ver a los directores de las pocas empresas -las medianas empresas que había aquí- dispuestas a una generosidad absoluta, y sentarse a platicar aquí, en esta casa, con sus obreros. La corrupción no era como es ahora, debe haber habido corrupción, indudablemente, pero ahora nos rebasa, nos rebasa.

Sus lecturas incluyen también las reseñas de escritores y periodistas sobre los movimientos que desde la década de los 50 protagonizó junto a Salvador Nava Martínez y miles de potosinos, mujeres y hombres, hasta el surgimiento del Movimiento Ciudadano por la Democracia a principios de los 90, en respuesta al fraude electoral y los afanes del priismo de imponer gobernadores interinos para rechazar la posibilidad de elecciones democráticas en el estado.

“Leo que la sociedad había hecho el milagro de los cambios políticos y sociales aquí en San Luis. Fíjese, qué bonita frase, ¿verdad? La sociedad hizo el milagro. ¿El doctor? Claro. ¿El que los dirigía? Claro, pero él no era solo. La gente, los obreros creyeron en un proyecto, se juntan. Y para mí, por ejemplo, algo que hizo el doctor, que deja, es el Movimiento Ciudadano por la Democracia, donde no era él el que mandaba: juntaba a todas las personas que tenían voluntad de estudiar y de exponer lo que pensaban y los llevaba, hacían unas mesas y decían ‘este proyecto o este otro o este otro’. Se acababa, se reunía aquellos pensamientos y de ahí se sacaba la solución, que es lo que falta ahora (pues) cada quien quiere presentar lo suyo y quiere que sea lo suyo. No”.

-¿Falta generosidad entonces?

-Claro. Falta generosidad, entendimiento, reconocer que el otro también sabe, reconocer que el otro también piensa. Para mí eso hace mucha falta. En cambio, en este Movimiento Ciudadano por la Democracia venían de los demás estados y decían: cómo le hacen, mándenos sus proyectos. Los proyectos ya estaban, lo que faltaba era la voluntad de aplicarlos. Y por proyectos yo creo que no queda en un gobierno. La aplicación de esos proyectos, la honestidad de ejecutarlos, es lo que falta”.

-¿Y cuál es la huella que va dejando Conchita?

-No, no crea que me siento que yo aporté algo en mi vida. Creo que me tocó vivir un momento difícil, sí. Otros dolorosos también y otros muy buenos. Cuando se vive en un momento de un movimiento político y social… mis hijos, con toda seguridad que les dejo a cada quien algo. Claro que pienso que tiene que ser para su bien porque hasta ahorita se han portado decentemente, se han portado bien, pero pienso que ya quedaron marcados. Eso es lo que a veces me angustia, el saber y decir lo que heredan en ese aspecto.

Según su reflexión, “a cada quien le toca vivir su cachito de vida para ejemplo, para felicidad que dé o para lo que es su vida. Y para mí, creo que le debo dar gracias a Dios. Por ejemplo, mi ida a Chiapas para luchar por mis hermanos indígenas fue maravilloso, porque fueron varios años los que conviví. Se me abrió el entendimiento de que no nada más existíamos nosotros, los que nos decimos, ¿cómo le explicaría yo? revueltos de muchas razas, sino también aquellos hermanos indígenas que conservan una forma de vida maravillosa. Entonces en eso sí creo que aporté para que mis hijos entendieran y pensaran que en esta vida hay gente que nos necesita, que nos necesitamos unos de otros, que no somos absolutos. Que nos necesitamos, en la ciudad, en el campo”.

En este sentido, agregó, una de sus frustraciones es enterarse de alguna injusticia cometida por autoridades “y siento mucho que no puedo estar ahorita con toda la rapidez para andar por mis colonias, mis municipios pobres, visitándolos, armándolos de paciencia. Porque hay que tener paciencia para poder lograr algo. Las cosas no se pueden conseguir aprisa. El tiempo es el que nos va marcando cómo debemos de caminar”.

Reacia a seguir hablando de sí, Conchita Calvillo voltea la mirada a su esposo. “El doctor sí aportó. Aportó, por ejemplo –cuando él estuvo en el poder- que se les devolviera a los municipios lo que por ley les correspondiera de dinero. Y ya ve, fue un fracaso porque los municipios reciben ese dinero para enriquecerse ellos (los funcionarios). Aportó un cambio en las leyes electorales, eso no se ha podido tampoco. Fue el primero elegido, no como independiente -porque no venía así- sino que la boleta decía candidato no registrado. Entonces allí tuvieron la gran idea de, en un trocito de papel, poner quiénes eran todos los que componían el ayuntamiento, y así fue el ayuntamiento que él manejó”.

Recordó que en esa situación sí procuraba ayudarle en lo que fuera necesario “y con otras señoras, no nada más yo. Íbamos a los barrios a platicar con ellas, creyendo que nosotras les íbamos a dar. No. Ellas nos daban a nosotros. Así duramos muchos años, teniendo esa reunión con este tipo de familias. Yo creo que sí aportaban este grupo de señoras, pero más nos dieron las familias. Mucho más. Y así duramos años y años y años. Hasta que ya no se pudo. Porque hay cosas que deben tener un término”.

En el segundo mandato del doctor Nava en la capital, Conchita lo ayudó en el DIF. Y recordó: “El doctor en ese Movimiento Ciudadano por la Democracia, creo que fue su última lucha, la última vez que hizo algo para evitar que los gobernantes que no sean elegidos se quedaran. La sociedad debe armarse de valor, como se armó esa vez para exigir que aquél gobernante renunciara e hicieran nuevas elecciones. Y otra cosa que aportó y que ahora también están tratando de hacer son las alianzas. Pero cuando se aliaban con él, se aliaban, pero no gobernaban. El que estaba a la cabeza era él”.

-¿Cómo ve a los partidos, las próximas elecciones?

-Ahorita no está claro lo que vamos a poder hacer para estas nuevas elecciones. Es lo que yo pienso. Hasta ahorita no es muy claro qué se puede hacer. No sabemos qué es lo que va a pasar, quiénes son los candidatos, quiénes son las personas con las que van a gobernar. Cuando menos para tener un poco de confianza en el candidato.

-Y falta poco tiempo-

-Sí, exactamente por eso. Creo que nunca se había visto el gobierno como en este momento, con mucha desconfianza de la gente, hay los que dicen que no van a votar, lo cual no debe de ser. Es un momento difícil, sobre todo para los jóvenes, que no sepan hacer uso de su deber… no saben, no están preparados, no porque no se los digan, sino porque ellos mismos sienten mucha desconfianza.

-¿Y qué cree que se puede hacer?

-Vale la pena la integridad, porque ahora todo es dinero y eso no es todo. Vale la pena el entendimiento, la sensibilidad, el entretenimiento para saber qué escoger, qué hacer, el lugar en la vida. Y la sensibilidad para decir ‘voy a soportar mientras tenga que soportar, no apresurarme, tener paciencia. Únicamente tener paciencia, seguir estudiando el que está estudiando, seguir trabajando el que está trabajando. Y pensar, como los indígenas, en que puede haber un nuevo amanecer. Pero con paciencia, con perseverancia, y limpiándose de todo lo que les pueda manchar su mente. De lo que no vale la pena”.

Salvador Nava, el hombre que doblegó al PRI. Foto: Juan Miranda

Salvador Nava, el hombre que doblegó al PRI. Foto: Juan Miranda

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