Dedazos, berrinches y simulaciones

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Todos los partidos y coaliciones electorales optaron por mecanismos de designación de sus candidatos a los puestos de elección popular en los que las cúpulas partidistas mantienen el control de los mismos; atrás quedaron los tiempos en los que optaban por elecciones abiertas a sus militancias, tras los conflictos que generaron.

El Partido Revolucionario Institucional se inclinó por la elección abierta a su militancia en las elecciones presidenciales de 2000 y 2006. En ambos casos los procesos dejaron muchos resentimientos y los resultados, en términos de su porcentaje de preferencia electoral en la elección constitucional, fueron desfavorables, pues en las dos ocasiones resultaron derrotados en la elección presidencial, cayendo incluso al tercer lugar en la segunda.

Por su parte, el Partido Acción Nacional recurrió a dicha opción en los procesos de 2006 y 2012; en la primera ocasión, el proceso no provocó conflictos mayores y lograron retener la Presidencia, pero en la segunda las diferencias sí fueron manifiestas y el PAN cayó al tercer lugar en las preferencias electorales. El Partido de la Revolución Democrática nunca recurrió a un método abierto en las elecciones presidenciales, porque siempre había llegado con un candidato indiscutible, aunque sí intentó en varias ocasiones la elección de sus dirigencias partidistas, siempre con graves problemas.

Morena es la primera ocasión que compite en una elección presidencial y formalmente ha declarado que su método de selección son las encuestas de preferencia electoral que realizan sus propios órganos internos, cuya metodología y resultados precisos nunca dan a conocer. Aunque nadie duda que el candidato será Andrés Manuel López Obrador, en el pasado Congreso Nacional éste anunció que se levantará una encuesta para decidirlo.

La realidad es que en todos los casos las dirigencias han desarrollado, o desarrollarán en los próximos días, métodos que les garanticen el pleno control del procedimiento y, por lo tanto, del candidato, es decir, aquí parafraseando a Jesús Reyes Heroles: primero el candidato y después el método para legitimar su designación.

Con algunas variantes menores, y desde luego siempre bajo su absoluto control, los partidos replican el mismo mecanismo para los principales puestos de elección popular, particularmente las ocho gubernaturas y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. A pesar de la mala imagen de los partidos políticos y la emergencia de las candidaturas independientes, los institutos políticos se aferran a sus viejos métodos y rechazan cualquier proceso de democratización de su vida interna que implique una redistribución del poder de las dirigencias hacia las bases.

Sin embargo, las dirigencias tuvieron buen cuidado de establecer las normas adecuadas en la legislación electoral para evitar que las disidencias internas pudieran hacerles un daño mayor. Como bien señaló la semana pasada, Ricardo Monreal (una vez que Morena decidió designar como su candidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad a Claudia Sheinbaum), no tiene opciones reales para ser candidato a la Jefatura de Gobierno, pues ya estaba cerrada la posibilidad de optar por la candidatura independiente y el resto de las fuerzas políticas ya tenían su propio reparto de posiciones, y las que no, es porque no tienen probabilidades reales de triunfo.

Miguel Ángel Mancera y Rafael Moreno Valle, aspirantes a la candidatura presidencial del llamado Frente Ciudadano por México, están en condiciones idénticas; es decir, la candidatura independiente ya no es opción para ellos y las distintas fuerzas políticas con posibilidades reales de triunfo ya tienen perfiladas sus candidaturas.

En estas condiciones la única opción real que tienen es buscar reposicionarse al interior de la misma fuerza que les niega la candidatura y asegurar una posición que les permita mantenerse presentes en la vida pública los siguientes seis años; la opción más segura es una senaduría, pero si confían en que su partido o coalición puede ganar la elección, el hecho de ocupar un cargo en la dirigencia de dicha fuerza o en la coordinación de la campaña presidencial puede resultar atractivo.

Así que a nivel de la Presidencia de la República y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, la única intención que tienen los reclamos de los aspirantes desplazados es lograr una posición de consolación. Precisamente porque tenía muy claras estas limitaciones, Margarita Zavala se inclinó por la candidatura independiente cuando todavía era viable jurídicamente.

Seguramente a nivel de las candidaturas a gobernador todavía hay algunos espacios, pues aún hay entidades que ni siquiera abren el proceso de inscripción de aspirantes a las candidaturas independientes, aunque los efectos sobre las posibilidades de triunfo de los partidos o coaliciones serán menores en la medida en que las candidaturas más importantes se van decidiendo.

En estos momentos todo indica que habrá un máximo de cinco candidatos en la boleta presidencial: tres de las coaliciones PRI-PVEM-Panal-PES, PAN-PRD-MC y Morena-PT.

Y habría dos candidatos independientes: Jaime Rodríguez y Margarita Zavala. El resto ya no tiene ninguna posibilidad de conseguir las firmas. En el caso de Rodríguez, que ya casi alcanza 40% de las firmas necesarias, el reto es lograr el 1% en al menos 16 entidades federativas (además de Nuevo León, donde seguramente logrará un alto porcentaje de las 866 mil 953 que requiere); y en el de Zavala, la mayor dificultad es que sus simpatizantes se atrevan a darle la firma, pues muchos de ellos son militantes blanquiazules y corren el riesgo de que los expulsen del partido al identificar que le otorgaron el apoyo a un candidato ajeno a su partido.

Los obstáculos son muy diferentes para los dos aspirantes con posibilidades reales de conseguir el registro: Rodríguez no tiene dificultad para reunir el número de firmas, pero sí para distribuirlas adecuadamente en el territorio nacional y, de acuerdo con las encuestas de preferencia electoral, no logrará muchos votos.

Zavala, mientras tanto, en las encuestas aparece con mayores porcentajes de votación de los que reflejan las firmas que lleva recolectadas, pues para los panistas que la apoyan es más fácil darle su voto que su firma. Sin embargo, es muy probable que ambos logren su objetivo, toda vez que el gobierno federal y la coalición encabezada por el partido en el gobierno tienen interés en que ambos aparezcan en la boleta, ya que no tienen probabilidades de ganar y sí contribuyen a pulverizar el voto opositor.

Una vez que Enrique Peña Nieto se decidió por José Antonio Meade, lo único que le falta es poner en marcha la operación para contribuir a que los dos candidatos independientes ya mencionados cumplan con los requisitos legales. Por supuesto que también intentará dividir a las dos fuerzas que hoy figuran como sus principales opositoras, pero en estos momentos las dos coaliciones lucen firmes.

Este análisis se publicó el 26 de noviembre de 2017 en la edición 2143 de la revista Proceso. Una vez conocido el destapa de José Antonio Meade, se hicieron las actualizaciones correspondientes para su difusión en esta página web.

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