El FCE promueve su modelo de cultura para la paz

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A más de cuatro años de que el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura) lanzara el programa Cultura para la Armonía, en Apatzingán, Michoacán, con el propósito de combatir la violencia, el Fondo de Cultura Económica (FCE) publica el libro Cultura de paz, palabra y memoria. Un modelo de gestión cultural comunitario.

En él se describe la creación de un centro cultural en dicha comunidad.

Según el director del Fondo, José Carreño Carlón, el proyecto ha sido una “apuesta ganadora”, surgida de “una estrategia de no violencia y confía en el poder de la palabra, el poder de la lectura y también de la escritura, como vehículos de reconstitución del tejido social”.

En agosto pasado, esta reportera dio a conocer en la agencia apro, que los investigadores Carmen Pérez Camacho y Eduardo Nivón Bolán, de la Universidad Autónoma Metropolitana, y Andrés López Ojeda, de la Universidad del Estado de México, presentaron los resultados del seguimiento que han dado al programa Cultura en Armonía, en la parte que corresponde al Sistema Nacional de Fomento Musical, desde sus inicios.

Los tres especialistas publicaron el volumen El Sistema Nacional de Fomento Musical. Un modelo de política cultural. Para ellos, las cifras que podrían poner en la balanza si el programa contribuyó a bajar o no los índices de violencia no son fundamentales sino “la solidaridad que se genera entre vecinos cuando se acude a una función de cine comunitario, el orgullo identitario de formar parte de un pueblo originario o la reapropiación de los espacios públicos arrebatados por el clima de violencia e inseguridad que muchas ciudades y locaciones padecen actualmente”.

No obstante, en este mismo espacio se han publicado opiniones de especialistas en el sentido de que no han quedado claramente demostradas las bondades del programa, lanzado hacia 2013. Restituir el tejido social fue el propósito además que se convirtió en columna vertebral del Programa Especial de Cultura y Arte 2012-2 018. El Conaculta hizo una inversión de 470 millones de pesos.

Carreño Carlón recuerda en la presentación del libro recién publicado, que al incorporarse al proyecto, la institución editorial fundada por Daniel Cosío Villegas en 1934, recibió la encomienda presidencial de crear un Centro Cultural en Apatzingán. Se informó en su momento que se le destinarían 39 millones de pesos y se llamaría “Rosa de los Vientos”.

El entonces secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor, anunció que contaría con una biblioteca, la librería del FCE, cine y teatro. El director del Fondo comenta que se recogieron experiencias como la Fiesta del Libro y los Parques Biblioteca de Medellín, Colombia, pues viajaron hacia allá para conocerlas in situ las funcionarias de la editorial estatal mexicana Martha Cantú y Socorro Venegas. Asimismo, vino a México Jorge Melguizo, impulsor de dichos programas colombianos y colaborador en el libro.

Y señala también:

“El FCE se propuso la restitución del tejido social y posicionar el valor de la cultura escrita y lectora como motor de la vida social para promover comunidades resilientes, esto es, colectividades que, a través de un proceso gradual, son capaces de autorreconocerse, que tienen una historia compartida e identifican sus necesidades y los recursos que poseen para ayudarse a sí mismas. Pensar en comunidades que no sólo sean capaces de reconstruirse en ámbitos adversos marcados por la violencia, sino que salgan fortalecidos, por el ejercicio de la participación y el acceso a la cultura como derecho, en espacios de encuentro alternos y abiertos en donde se conjuguen el respeto y promoción de los derechos humanos y el acercamiento gozoso a la cultura escrita y lectora. Esta aproximación se articula con la expresión y apreciación de las diversas manifestaciones artísticas, a través de actividades diseñadas para niños, jóvenes y sus familias bajo el reconocimiento de la identidad y revalorización de las manifestaciones culturales propias, como alternativas de transformación social.”

Se hizo una rehabilitación arquitectónica a una antigua estación de ferrocarril para crear la nueva instancia y se le denominó Centro Cultural “La Estación”. Presume Carreño de haber entregado a la comunidad un “proyecto completo”, con “una hermosa librería, espacios dignos para talleres de música, artes plásticas, una ludoteca, lectura con bebés, un espacio de cultura digital, un auditorio en el interior y otro al aire libre”.

Pero igual que con el otro libro, el exvocero del presidente Carlos Salinas de Gortari no destaca las cifras o los resultados tangibles respecto de la disminución de la violencia, más bien habla de que las “mayores transformaciones” no están a la vista “aunque no para la sensibilidad de quienes trabajan día a día en este Centro Cultural, con la comunidad, comprometidos todos en la tarea de restituir el tejido social a través de la cultura”, dice.

Nunca más

El volumen editado por el propio FCE consta de 183 páginas. Cuenta con un prólogo y presentación, escritos por Carreño Carlón. Viene luego una introducción con varios textos: “Alianzas para una cultura de paz”, de Jorge Melguizo; “Postales de Apatzingán, Michoacán. México: Reescribiendo la Paz”, de Socorro Venegas; “Nunca más un 6 de enero”, de Antonio Ramos Revillas; “La experiencia de Apatzingán”, de Eduardo Antonio Parra; “La pureza es una cualidad que se conquista”, de Julián Herbert; “Autodefenderse con versos”, de Armando Alanís Pulido; y “Centro Cultural del FCE de Apatzingán”, de Armando Chávez.

Enseguida se publican dos partes. En la primera el planteamiento conceptual, con los escritos “Sobre la naturaleza de los espacios culturales del FCE hacia una cultura de paz”, de Luz María Chapela; “Rutas, pautas, coordinadas”, de Carlos Antonio de la Sierra; “Hacia una cultura de paz desde la formación lectora y su articulación con las artes”, de Estela Vázquez; y “Memoria y prospección”, de Ricardo Lago Viñas.

La segunda parte es el desarrollo del proyecto, con el título “Modelo de gestión comunitario. Esquema general”, con los incisos marco legal, ejes que conforman el modelo, principios éticos del modelo, misión, visión, objetivos, esquema de intervención del modelo, plan para llevarlo a cabo, estrategias, oferta cultural y artística, mediación extramuros, mediación en situaciones de emergencia, actores sociales que hacen posible la implementación del modelo, estructura y espacios, indicadores para la evaluación y acompañamiento del proceso, sobre la caja de herramientas y estructura pedagógica.

Este apartado incluye un glosario de términos o conceptos clave del modelo, y el texto “La experiencia en Apatzingán: testimonios. Comentarios y recopilación”, de Marta Luna Márquez. Finalmente, se incluye una memoria gráfica.

A través de los diversos textos y testimonios se hace un recuento de cómo fue creciendo el proyecto del FCE, los elementos y programas que lo conforman, como talleres, ludoteca, participación ciudadana. Se considera como un ejemplo la experiencia colombiana, de la cual habló en una conferencia Jorge Melguizo, quien cree que “si Medellín pudo cambiar, cualquier ciudad puede”.

En su texto, Melguizo hace una comparación entre los “horrores y dolores” que han vivido esa localidad michoacana y otros lugares de México, de Colombia, Latinoamérica y el mundo; entre ellos recuerda la masacre del 6 de enero de 2015, que –señala– debe ser punto de partida para construir las transformaciones necesarias, y tener esperanza para no volver a vivir un 6 de enero:

“…para no escuchar nunca jamás la frase que aún resuena en estas calles: ‘mátenlos como perros’. Esperanza de que no haya impunidad. Esperanza de que ningún civil se alce en armas, por ninguna circunstancia.”

La revista Proceso dio cuenta en abril de 2015 de lo ocurrido aquel 6 de enero, luego de una investigación realizada por la periodista Laura Castellanos, en un trabajo compartido por el semanario, el portal Aristegui Noticias y la cadena televisiva Univisión.

La periodista describe que la madrugada de ese día, a las 2:30 horas, al grito de “!mátenlos como perros!”, policías federales atacaron a tiros a un centenar de miembros y simpatizantes de la Fuerza Rural que se encontraba en plantón en los portales del Palacio Municipal de Apatzingán, los cuales no tenían armas largas.

“Seis de ellos portaban pistolas registradas y las pusieron en el piso. Los demás cargaban palos. Ninguno disparó.”

Tras explicar que proviene de Medellín, una ciudad que ha sufrido la violencia de las guerrillas, del narcotráfico, las autodefensas, los criminales y el Estado, Melguizo lamenta que la vida valga tan poco y se haya llegado a la barbarie, pero considera a la cultura como una vía de salida, no obstante que la Organización de las Naciones Unidas no haya logrado incluirla como uno de los cuatro pilares del desarrollo en el programa Objetivos del Milenio.

La riqueza cultural ha constituido parte de los argumentos de las instancias culturales para establecer proyectos como éste, con la idea de reconstruir a través de ellos el tejido social.

El Centro Cultural del FCE se creó en el edificio de la antigua estación de tren, construida en 1941. Armando Chávez, autor del proyecto arquitectónico, explica en su texto que apenas se hicieron adecuaciones menores y una restauración de elementos originales, se renovaron acabados y se le dotó de mobiliario.

“Este modelo –se destaca en la contraportada del libro– es una apuesta a vencer el miedo, a erradicar el terror que en algunas zonas del país han generado la violencia y la inseguridad. Y es una apuesta ganadora porque nace de una estrategia de no violencia y confía en el poder de la palabra, el poder de la lectura y también de la escritura, como vehículos de reconstitución del tejido social.”

El tiempo dirá si realmente es “una apuesta ganadora”. Diversos especialistas han señalado que no basta “el poder de la palabra” o de la cultura, mientras no se atiendan problemas como la desigualdad, el desempleo, la falta de oportunidades y otros flagelos de la sociedad.

Comentarios