Calandrieros de Guadalajara inician huelga de hambre contra imposición de carros eléctricos

GUADALAJARA, Jal. (apro).- A un día y medio de que tres calandrieros –que representan a un grupo de 70– iniciaron su huelga de hambre para protestar contra la imposición de carros eléctricos y el retiro de caballos, los inconformes advirtieron que la única forma de retirarse es que les entreguen su permiso para circular sin ninguna condicionante o mediante “una camilla del Servicio Médico Forense (Semefo)”.

El calandriero Víctor Hugo Arenas Rodríguez dijo: “No esperamos a que nos levante una ambulancia, sino el Semefo, es la única forma que nos quiten o que nos den nuestro permiso sin ninguna condición. Lo único que queremos es trabajar”.

El manifestante agregó que la directora de Protección Animal del municipio, Merelyn Pozos, se les acercó para ofrecerles la revisión de las condiciones de salud de los caballos por parte de la Unidad de Protección Animal (UPA) y así obtener la autorización municipal para que pueda circular la calandria.

Sin embargo, existe la condición de que firmen el comodato de una calandria eléctrica para la otorgación de la licencia.

Con 33 años laborando como calandriero, Arenas Rodríguez cuestionó que la autoridad ofreció a sus compañeros -quienes ya no tienen dinero para seguir sobreviviendo- el permiso para circular con sus caballos a condición de que el próximo año acepten las calandrias eléctricas en comodato.

El pasado 9 de agosto, el presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro Ramírez, presentó el modelo de las calandrias eléctricas, las cuales sustituirían a 55 unidades y los automotores serían entregados en un comodato de 99 años.

Desde esa fecha, los calandrieros se inconformaron públicamente al argumentar que se convertirían en empleados, cuando actualmente, en su mayoría son propietarios de las calandrias.

Los inconformes dijeron que el día de la presentación, el alcalde les dijo que antes del 12 de octubre saldrían las primeras diez calandrias eléctricas, “pero yo no he visto nada. Están trabajando los que firmaron, pero con calandrias normales”, dijo Víctor Hugo Arenas.

Incluso, recordó que el pasado 17 de noviembre, cuando comenzó el decomiso de las calandrias, el turismo se llevó mala impresión; en especial, una señora con cáncer terminal, cuyo deseo antes de morir era pasear en una calandria, pero los policías municipales la bajaron.

Ahora, Víctor junto con Silverio Gutiérrez Valdivia y Martín Hernández Arévalo, esperan afuera de palacio municipal, encadenados de manera simbólica, en espera de recuperar la actividad laboral que sus padres, tíos y abuelos ejercieron y que ellos consideran su herencia.

Por su parte, en un comunicado la autoridad municipal informó que las “licencias para que calandrieros puedan seguir trabajando se expedirán a quienes cumplan con los requisitos marcados en los reglamentos municipales”.

Uno de éstos consiste en que el calandriero acuda a la UPA para que los caballos sean revisados. “Una vez obtenido el documento que certifique el buen estado de salud del animal, el dueño deberá acudir personalmente a la Dirección de Padrón y Licencias y pagar su permiso de 100 pesos”. No obstante, no se menciona que se condiciona a la firma del comodato.

La autoridad informó que hasta el momento “ha emitido alrededor de 20 licencias para que los calandrieros puedan seguir operando y haciendo sus recorridos en el centro de la ciudad. Este permiso debe ser renovado cada tres meses”.

También advirtió que “el operativo en contra de calandrias que operen sin permisos continuará de forma permanente, ya que es obligación del municipio verificar el cumplimiento de los requisitos para operar cualquier giro o actividad”.

 

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