Mireles: La traición del gobierno

Hacia la primera década del siglo XXI el crimen organizado amplió su espectro delincuencial en la zona de Tierra Caliente de Michoacán. Ya no sólo mantenía asolada a la región con la violencia asociada al tráfico de drogas, sino con extorsiones, secuestros, pillaje… Desprotegidas en absoluto por las autoridades, y hartas de esta oleada de muerte y abusos, varias comunidades michoacanas tomaron las armas para encarar a sus verdugos. Figura central en la organización de ese movimiento, José Manuel Mireles Valverde relata los pormenores del mismo en su libro Todos somos autodefensas. El despertar de un pueblo dormido, en el que narra asimismo cómo el gobierno federal traicionó sus compromisos con las autodefensas, al punto incluso de encarcelar al líder comunitario. Adelantamos un fragmento del volumen, con la autorización de Grijalbo, la casa editora.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El 14 de abril [2013] se planificó y se organizó el desarme de las autodefensas para el 10 de mayo, por un acuerdo ocurrido en el espacio que ahora ocupa el Penal Federal de Máxima Seguridad Número 17 de la Tierra Caliente. Durante la reunión, yo le comenté al comisionado federal [Alfredo Castillo Cervantes]:

—¿Cómo es posible que esté programando el desarme para el 10 de mayo si todavía tenemos autodefensas presos, si todavía no se restablece el Estado de derecho en Michoacán, si todavía no tenemos una justa repartición de justicia en el estado de Michoacán, si todavía no tenemos una seguridad pública eficiente en Michoacán?

—Para el 10 de mayo ya lo tengo resuelto —fue su respuesta—. Todos tus autodefensas presos serán liberados; todos los líderes del cártel y sus gentes, sus sicarios, serán detenidos. Ya vas a tener justa impartición de justicia; ya vas a tener seguridad pública eficiente, porque ustedes mismos van a ser la seguridad pública, ustedes mismos van a ser encuadrados en grandes áreas de las Fuerzas Armadas de la Nación y del Estado. Por un lado, ustedes mismos van a formar parte de la Policía Rural Estatal; por otro lado, van a formar parte de las Defensas  Rurales de la Secretaría de la Defensa Nacional.

—Oiga, comisionado, nosotros tenemos año y medio luchando y apenas tenemos 36 regiones del estado de Michoacán limpias y nos faltan seis o siete de las más importantes del estado…

—Ya está todo resuelto. Tú ya no te preocupes, ya tengo identificados los lugares donde hoy duermen todos los líderes del crimen organizado que nos falta detener. Es cuestión de dos o tres días.

Pero yo insistí, y me dijo:

—Además, tengo que procurar darles a ustedes, darles a todos, sus licencias federales para que ustedes y sus escoltas siempre anden armados para su legítima defensa porque después del desarme ustedes van a ser los más perseguidos y van a tratar de ejecutarlos de a uno por uno. Por eso yo tengo que entregarles las licencias federales, para que puedan andar armados por toda la nación y con muy buenas escoltas —entonces me dijo—: Y tú, ¿cuántas escoltas necesitas?

—Yo sólo ocupo cuatro.

—N’ombre, te voy autorizar veinte.

—Si me autoriza veinte personas armadas para mi seguridad personal, con ese pequeño ejército le hago una revolución si no cumple lo que está ofreciendo.

—Tú no te preocupes, nada más apóyame hoy con los acuer- dos que se están tomando.

—Mire, señor comisionado, usted es el que está ofreciendo las cosas, yo no le estoy pidiendo nada a usted, ningún autodefensa le está pidiendo nada. Usted acaba de ofrecer que va a liberar a todos los compañeros detenidos, empezando por nuestro hermano Hipólito Mora. Si para el 10 de mayo usted no ha liberado a Hipólito Mora y a todos los demás autodefensas, nosotros no le podemos dar las armas, porque usted puso la fecha, no los autodefensas. Si para el 10 de mayo no ha detenido a La Tuta, El Chayo y Plancarte y a toda su gente, las autodefensas no nos podemos desarmar. Si usted no ha restablecido el Estado de derecho en Michoacán el 10 de mayo, no nos vamos a desarmar. Si usted no ha creado o no ha proporcionado un equipo o personal capacitado que nos brinde una seguridad pública eficiente, no nos vamos a desarmar, porque ahorita la única seguridad pública eficiente que tienen todos los municipios que hemos limpiado somos nosotros, y ahora esos municipios están gozando de paz y tranquilidad. Si usted no cumple con darles licencias a todos nuestros líderes y a todas nuestras escoltas personales no nos podemos desarmar, la guerra va a continuar, pero no va a ser por nuestro gusto o por nuestra necedad, va a ser por el incumplimiento de las ofertas que ahorita nos está garantizando. Pero son de lengua, son ofertas de palabras, y nosotros estamos hasta la madre de sus palabras porque nunca las cumplen, no señor.

—Le estoy dando mi palabra y yo sí la cumplo —me contestó el comisionado—, yo le aseguro que Hipólito ya va a… Mire, ya trajimos 30 autodefensas de Veracruz, de Sonora y de no sé dónde más; a los de aquí del penal de Apatzingán ya los vamos a liberar en estos días.

Eso fue lo que dijo el 14 de abril de 2014… Yo obviamente jamás le creí, mucho menos me desarmé.

—No nos mienta, si de verdad va a cumplir, sólo hágalo —le dije yo al señor comisionado—. Nosotros nos ocupamos de que no nos quiten las armas, solitos las guardamos.  Siempre las hemos tenido, las ocupamos para sobrevivir en la región en la que vivimos, no para andar matando gente. Somos ganaderos, somos agricultores, somos cazadores. Nosotros no tenemos ninguna necesidad de andar armados. Usted cumpla lo que usted está diciendo y solitos nos retiramos.

—Muy bien, nomás quiero decirles a todos los líderes que registren sus armas y las de sus escoltas para poder darles sus licencias de portarlas, transportarlas y llevarlas a donde tengan que moverse de sus lugares de origen, para su seguridad personal.

—De acuerdo —le dije—, un general a través de un amigo me ha donado un rifle calibre 308. Le comunico que mañana o pasado mañana cuando vaya para el registro de esa arma no me gustaría que en la prueba de balística me salgan con que con esa arma ya asesinaron a alguien y me quieran echar el muertito a mí.

Ante este comentario, el comisionado federal le dijo al general comandante de la 43ª Zona Militar, que estaba junto a mí:

—Oye, ¿cómo ves este asunto?

—Lo mismo que nos está diciendo a nosotros —respondió el general— dígaselo a la persona que le vaya a registrar sus armas. Dígale que ya habló con nosotros, que es un arma que le acaban de regalar y que usted no quiere saber si mañana o pasado descubren que con esa arma alguien fue asesinado, y le echen la culpa a usted.

—¡Perfecto!

Eso fue lo único que hablamos momentos antes del acuerdo del 14 de abril de 2014.

Estábamos en el presídium el comisionado federal que mandó el señor Peña Nieto para el restablecimiento del orden social y económico del estado de Michoacán, el comandante general de la 43ª Zona Militar, el comisionado federal de la Policía Preventiva de la región y su servidor. Los acuerdos fueron los que ofreció el comisionado federal y los aprobamos todos por unanimidad. La única petición de las autodefensas era la libertad inmediata del señor Hipólito Mora y de todos los autodefensas presos, una seguridad pública eficiente, una justa impartición de justicia y el restablecimiento del Estado de derecho.

Ya para el 10 de mayo se tenían que cumplir todos los acuerdos, es decir: deberían estar detenidos todos los líderes del cártel en el estado de Michoacán (no se cumplió); deberían estar libres todos los autodefensas, incluyendo al señor Hipólito Mora (no se cumplió); los líderes del movimiento social debíamos tener licencias, documentos y credenciales para la portación de armas para nuestra legítima defensa, para nuestra defensa personal (no se cumplió); debían estar armados y autorizados todos los compañeros autodefensas que iban a integrarse como Policía Rural Estatal y como Defensas Rurales de la Defensa Nacional. Pero para la fecha acordada sólo había 750 registrados de los más de 25 mil autodefensas que andábamos operando para la liberación de Michoacán del crimen organizado y tener la paz social que tanto deseábamos. No se cumplió absolutamente ninguno de los convenios que el mismo gobierno federal, a través de su comisionado, había ofrecido a todos los autodefensas en pleno movimiento social.

Falsas acusaciones

Después hubo ataques mortales provocados por los títeres infiltrados en las autodefensas, en los que quisieron involucrar a los legítimos integrantes de las autodefensas. Éstos fueron los casos de los asesinatos en Chuquiapan y en Chucutitán, en los que un comandante federal llamado Valerio provocó todos estos asesinatos y quiso involucrar a El Plátano y a Mireles, pero nomás no le salió. El Plátano todavía está detenido por crímenes que no cometió.

Después de estos hechos se hizo otra reunión en la 43ª Zona Militar, con el motivo de deslindar responsables en los casos de Chuquiapan y Chucutitán. Estábamos en el presídium el comisionado federal, el general comandante de la 43ª Zona Militar, el comisionado de la Policía Federal Preventiva, su servidor el doctor José Manuel Mireles Valverde y El Pitufo, que en ese momento ya estaba aliado con el comisionado federal. Se quiso involucrar a El Plátano, quien no asistió a esa reunión; solamente asistimos los líderes, los luchadores sociales, los líderes de todos los municipios que ya estábamos levantados en armas. Pero la orden era involucrar a El Plátano, aunque las autodefensas no aceptamos ese involucramiento. Ahí se le dijo en su cara al comandante federal, llamadoValerio, que él había hecho todo el enredo, todo el enjuague. Después supimos que fue El Pitufo quien armó a esas personas que enfrentaron a las autodefensas de El Plátano. Esto hizo evidente que existía descomposición entre algunos de los líderes reales de las autodefensas.

Después de esto, yo no volví jamás a una reunión con el comisionado federal ni sus títeres. Hicimos una reunión general todas los autodefensas del estado de Michoacán en La Placita y en Las Brisas, de la costa michoacana, para resolver entre nosotros este enredo. La reunión sólo fue de autodefensas y comunitarios, para tratar la traición de El Pitufo y otros que estaban a favor del comisionado federal. A esa reunión trataron de entrar policías federales uniformados, a quienes se les pidió amablemente que por favor abandonaran el lugar de la asamblea, pues era una reunión únicamente de autodefensas. Estos señores muy disciplinadamente abandonaron el lugar, no hubo ningún comentario negativo, no hubo ningún abucheo, mucho menos palabras altisonantes; se les trató con todo el respeto que se merecen, y ellos respetaron nuestra autonomía. Se les agradece muchísimo por este acto de respeto hacia los autodefensas. Señores federales, muchas gracias.

Este adelanto de libro se publicó el 3 de diciembre de 2017 en la edición 2144 de la revista Proceso.

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