Gary Gómez Bastida: in memoriam

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Una de las pocas certezas que los seres humanos tenemos en la vida es la de sentirnos que somos una mujer o un hombre. Y pocas cosas causan tanto desgarramiento como que esa convicción íntima de ser una mujer o un hombre no se corresponda con nuestro cuerpo. Hoy se sabe que la identidad —esa construcción en la subjetividad que nos hace sentirnos mujer u hombre— no se desprende “naturalmente” de los cromosomas que determinan la sexuación, sino que se estructura psíquicamente en el inconsciente, internalizando los elementos culturales que nos rodean. Es mediante procesos imaginarios individuales en condiciones sociohistóricas específicas que las personas nos vamos concibiendo a nosotras mismas como mujeres o como hombres. Las hembras y machos biológicos llevan a cabo sus procesos identificatorios retomando elementos culturales y mezclándolos con sus elaboraciones psíquicas para sentirse y asumirse como mujeres u hombres. La identidad de cada ser humano —lo que se denomina el Yo— se constituye a partir de formas de percepción, significación y acción que tienen procesos psíquicos y que se desarrollan con referencias culturales, en contextos particulares y dentro de tendencias históricas específicas. Y en ocasiones algunas hembras humanas se sienten hombres, y algunos machos biológicos se sienten mujeres. Se requiere mucha fortaleza para defender la sensación íntima e ir a contracorriente de la clasificación tradicional, que plantea que todas las hembras son mujeres y todos los machos biológicos, hombres.

Gary Gómez Bastida fue uno de esos seres extraordinariamente coherentes y valientes que asumió su diferencia identitaria. Su trayectoria profesional estuvo signada por una vocación de servicio a los demás, y en especial, ser una mujer transexual lo hizo vivir en carne propia distintas expresiones de la discriminación: desde las burlas hasta las agresiones. Fue titular de la Unidad Especializada para la Atención a Usuarios de la Comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (lgbttti), que impulsó en la Procuraduría General de Justicia de la CDMX, para garantizarle al colectivo de la diversidad sexual el respeto a sus derechos humanos y brindarles atención especializada.

Desde su puesto, Gary se asumió como una mujer transexual en proceso de reasignación sexogenérica e invitó a las autoridades y al personal a su cargo a informarse en el tema para poder ofrecer una mejor atención a las y los usuarios y evitar actos de discriminación. Reiteradamente declaraba que trabajaba para construir una cultura de la no discriminación en la procuración de justicia, a fin de asegurar “que todos quienes somos parte de la diversidad sexual podamos expresarnos”.

En torno al fenómeno de las identidades atípicas, como la transexual, se confronta la perspectiva científica del conocimiento con las perspectivas fundamentalistas, muchas de ellas religiosas, que consideran “antinatural” la diversidad identitaria. Pero hoy ya se sabe que es un error considerar que los cromosomas, y por tanto la biología, determinan la identidad de un ser humano. La condición transexual demuestra que un ser humano puede vivirse fuera de la clasificación de nuestro orden simbólico binario que establece la existencia de dos tipos de seres humanos: hembras/mujeres y machos/hombres. Esta clasificación binaria es una interpretación que ha mostrado sus limitaciones, no sólo ante las personas transexuales sino también con los seres humanos intersexuados. Hace años, Bachelard, al analizar la formación del espíritu científico, señaló: “El conocimiento es la rectificación permanente del error”. La batalla de Gary Gómez Bastida iba precisamente en dirección de corregir el error, tan común en nuestra sociedad, de creer que la biología determina la identidad.

Las expresiones identitarias atípicas, como las de las personas trans, provocan fascinación cuando se observan desde lejos (como en una película) pero de cerca provocan rechazo, miedo y agresión, por lo que en el día a día muchas personas transexuales experimentan discriminación, ofensas y maltratos, e incluso son linchados o asesinados. La transfobia, o sea, el miedo irracional a las personas trans, es una lamentable realidad en nuestro país. A nivel internacional el conocimiento científico sobre la condición humana, los cambios políticos en materia de derechos humanos, en especial el derecho al libre desarrollo de la personalidad y, sobre todo, la heroica lucha de la comunidad trans han abierto un amplio horizonte para que las personas trans vivan socialmente con el aspecto de lo que se sienten ser. La lucha de las personas transexuales es difícil y, en nuestro país, está llena de riesgos.

El pasado 28 de noviembre, en el patio de la Universidad del Claustro de Sor Juana, la Asamblea Consultiva del Conapred otorgó sus reconocimientos anuales a las personas y grupos que se distinguen en su lucha contra la discriminación. El “Reconocimiento póstumo” fue para la activista trans Gary Gómez Bastida, cuyo trabajo profesional como abogada se dirigió a impulsar el respeto y la aceptación en nuestra sociedad a ese aspecto incomprendido de la diversidad asumiéndose públicamente, y que murió asesinada a sus 48 años. La recordaremos siempre con respeto.

Este análisis se publicó el 3 de diciembre de 2017 en la edición 2144 de la revista Proceso.

Comentarios