“La grana cochinilla en el arte”

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Estructurada a partir de una mirada eurocentrista que, sin una perspectiva analítica, se limita a exaltar la importancia histórica de la cochinilla mexicana por su origen primigenio en Mesoamérica, por la demanda que tuvo en el mercado europeo de tintoreros y pintores del siglo XVI al XVIII, por haber sido utilizada por pintores europeos consagrados por la historia del arte,  la exposición Rojo mexicano. La grana cochinilla en el arte resulta una exposición afectiva, biológicamente interesante, visualmente disfrutable, y simbólicamente muy subdesarrollada.

Curada por el francés Georges Roque, la muestra minimiza que la cochinilla se conocía y utilizaba en Europa desde la antigüedad, que se explotaba en Armenia desde el siglo VIII A. C., que se producía también en Polonia, Birmania e Indochina, y que se comercializaba desde la Edad Media en Venecia, Génova, Marsella, Arles, Florencia y Montpellier. Valorada por las distintas tonalidades púrpura de su tintura, la cochinilla era la encargada de proveer el lujoso color que evidenciaba y simbolizaba el poder de la nobleza religiosa y secular.

Absurdamente orgullosos por comprobar que el parásito que crece adherido a las pencas de nopal se originó en México y no en Perú –en la exposición se muestra un textil del siglo IV A.C.-, los organizadores, después de dedicar un acertado espacio para explicar el cultivo del insecto, la producción del colorante y sus distintos usos en códices, textiles, bateas y muebles coloniales, introducen al espectador en una fascinante exposición pictórica que, a través de excelentes obras y autorías del arte europeo, recorren el uso artístico de la cochinilla desde el siglo XVI hasta el XIX.

Sin mencionar que el auge europeo de la cochinilla se inició antes de la exitosa comercialización que iniciaron los españoles en 1523 –el Papa Pablo II decidió en 1467 que todas las vestiduras de los cardenales se tiñeran con el carmín cochinilla–, la muestra exhibe una fina selección de pinturas en las que, con base en análisis profesionales, se afirma que los tonos rojos de los textiles y algunos otros tonos derivados provienen del pigmento obtenido con la molienda del insecto mexicano.

Con espléndidas obras de temáticas religiosas y seculares provenientes de autores renacentistas tardíos, barrocos y neoclásicos como Tiziano, Tintoreto, El Veronés,  El Divino, Velázquez, Zurbarán, Rubens, Reynolds y Poussin, entre otros, la exposición se impone en el siglo XIX con obras de Delacroix, Turner, Van Gogh y Renoir.

Forzada en la selección de algunas obras –sobre la Visita a la tumba que pintó Turner en 1850 se menciona que no se pudo comprobar la presencia del insecto mexicano en la pintura pero que, con base en que se encontró la cochinilla en su caja de pinturas, es probable que la contenga–, la muestra no aborda tres importantes temas: la monopolización española del mercado de la cochinilla durante la colonia y su influencia en la demanda artística del pigmento; el impacto que tuvo la explotación de la cochinilla en las comunidades indígenas; y la ausencia en la muestra de pinturas mexicanas modernas y decimonónicas.

Este texto se publicó el 3 de diciembre de 2017 en la edición 2144 de la revista Proceso.

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