“Puntos ciegos”: experiencia espacial

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- ¿Dónde pueden encontrarse la danza y la coreografía que no sea en el teatro? En el espacio público abierto.

Fue en éste donde la propuesta Puntos ciegos se dispuso como parte del programa Artes Vivas, del Museo Universitario del Chopo, dirigido a la colonia Santa María la Ribera.

Un primer elemento relativo a la danza era la potencia de los sentidos del cuerpo, el oído, el olfato y el tacto, para caminar por las calles de la Santa María al cancelar el sentido de la vista con una venda negra que cubría los ojos.

El recorrido sin ver fue grupal, logrado por los ocho asistentes a la propuesta de los artistas Ireli Vázquez y Ricardo Cuevas. Y partió del museo, donde recibió precisas instrucciones de acción para ojos vendados en la calle:

1) Hacer una alineación básica de dos filas cortas, de cuatro integrantes cada una.

2) Conectarse uno detrás de otro, tomando al de enfrente con las manos puestas en sus hombros.

3) Emplear la comunicación táctil, basada en dos apretones en el hombro derecho para cambio de alineación a una fila larga o volver a la básica.

También, a cada uno se le entregó un reproductor de mp3 personal, equipado con audífonos de chícharo, para escuchar un audio que contenía las grabaciones de los testimonios de personas con debilidad visual, sobre sus recuerdos y sensaciones en la Santa María, y un fondo sonoro-musical que incluía el modo de hablar de la gente que transita o reside ahí, los motores de los autos, las canciones tocadas en los negocios y en las prácticas de baile al aire libre propias de la colonia.

El ritmo binario del caminar, segundo elemento de la danza, fue dirigido por las texturas de los múltiples recursos involucrados en dicha acción colectiva.

A la pauta del macizo pavimento, del liso de las bardas de las casas, de la caricia de la luz del sol, de la suavidad de los hombros del cuerpo del otro y de las arrugas del audio se realizó la marcha sólida con pasos más deslizados que equilibrados.

Y las pausas, determinadas por otros transeúntes o las reglas de circulación de los autos, eran llenadas de percepción estática, que es uno de los estados de la danza, tercer elemento.

El recorrido fue cercano a una deriva en el espacio urbano, dado que ninguno de los ocho asistentes conocía su ruta ni el destino del mismo, y la experiencia espacial que encerró al suprimir la vista favoreció simplemente oír, oler y tocar la urbanidad como lo hacen los ciegos en la Santa María la Ribera.

¿Qué realizó el cuerpo colectivo en materia de movimiento durante el recorrido? Caminar, mantener una distancia con el otro, tocarlo, detenerse, bajar y subir banquetas, afectarse, vibrar, imaginar, recrear, sorprenderse y recordar.

Dentro del aspecto coreográfico de la propuesta, el grupo trazó una trayectoria en forma de greca mesoamericana o media suástica al pasar por las calles de Dr. Enrique González Martínez, donde se encuentra la puerta principal del Museo del Chopo; luego, por Sor Juana Inés de la Cruz, al girar noventa grados a la izquierda; y después, tomó Santa María la Ribera con otra vuelta de los mismos grados a la derecha para finalizar dentro del Kiosko Morisco.

Puntos ciegos armonizó dos escenas: la localidad de la Santa María era la escena para el grupo de asistentes y éste, a su vez, era la escena para el lugar pues desarrolló una relación íntima con él a partir del cuerpo sensorial.

Este texto se publicó el 17 de diciembre de 2017 en la edición 2146 de la revista Proceso.

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