“Rostros de una mujer”: vidas atormentadas

MONTERREY, NL (apro).- Rostros de una mujer (Orpheline, 2016) se adentra en la vida de cuatro mujeres, en igual número de etapas de su vida. Aparecen una adulta, una joven, una adolescente y una niña. Todas son bellas y extremadamente emproblemadas. Las historias se van relatando entrelazadas para ir revelando situaciones al límite que las hacen avanzar, siempre, hacia un estado cada vez peor.

En un complejo ejercicio narrativo narrado en francés, que parece mostrar cuatro cortometrajes separados en una sola producción, el director Arnaud des Pallieres va moviéndose en el tiempo y el espacio intentando unir cada una de esas vidas desechas en un solo relato que tiene hilos demasiado delgados que las unen.

Se sugieren interconexiones entre cada una de las mujeres, aunque hay que hacer un enorme esfuerzo de imaginación para completar los retazos que faltan para establecer, entre todas, una sola historia que se va integrando hasta llegar a un final abierto, desconcertante e insatisfactorio.

Renee es una profesora que lleva una vida apacible con su novio, hasta que regresa de su pasado una persona inesperada para reclamar un asunto criminal pendiente. La apacible maestra sí tiene líos antiguos con la justicia y debe enfrentar, además, a sus antiguos compinches.

Hay un salto hacia atrás, donde se observa a Sandra, una chica fugitiva, que se involucra en las apuestas, en las carreras de caballos y en hombres de mala calaña. Más adelante y retrocediendo aún más en el tiempo, aparece Karine, una vampiresa preadolescente fugitiva que lleva una vida disipada y desastrosa, involucrándose con tipos que encuentra en cualquier sitio.

Y más allá, en el fondo de una vida destrozada, se encuentra la inocente Kiki, una niña pequeña que un mal día vive una terrible tragedia con sus amigos durante una tarde de juegos.

La historia no da muchas pistas sobre los nexos que se establecen entre estas féminas que, al crecer, todo el tiempo se auto sabotean, con un comportamiento errático que, como se observa, las conduce a la perdición.

Es tan ambigua la presentación de cada uno de los personajes que parecen ser facetas de mujeres diferentes que tienen como única similitud sus decepciones con la vida y su ineptitud para convertirse en personas estables. Aún y cuando tienen la oportunidad de obtener redención, consiguen arrojarse al precipicio.

Rostros de una mujer es una película muy europea, densa, con una sórdida carga sexual poco erótica, que reta la comprensión y la paciencia, pues si bien la historia contiene elementos dinámicos en las vidas de estas mujeres, resulta difícil encontrar elementos que puedan unir orgánicamente la anécdota.

La dispersión de los elementos la convertirá en una cinta enredada y hasta confusa, porque ofrece múltiples interpretaciones sobre los contactos que hay en la vida de cada una de estas sufridas chicas.

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