Los privilegios del director del Museo Tamayo

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con muy poco público en sus salas y sin una comunicación museística que informe y contextualice los significados, valores, estereotipos y absurdos de las obras que exhibe, el Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo, en la Ciudad de México, se ha reducido a una exquisita tienda de diseño y a una animada cafetería en el Bosque de Chapultepec.

Dirigido desde enero de 2015 por el curador colombiano-canadiense Juan Andrés Gaitán, el Tamayo manifiesta privilegios presupuestales, preferencias galerísticas y financiamientos de exposiciones, que debe transparentar María Cristina García Cepeda como actual Secretaria de Cultura y exdirectora del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Lo primero a explicar se refiere a los honorarios recibidos por Gaitán desde febrero de 2015. Contratado sin un protocolo que definiera objetivos institucionales y con argumentos tan poco profesionales como haber sido “el primer latinoamericano nombrado curador de la Bienal de Berlín” (Infomex/INBA 1116100018216), el funcionario recibió un millón 169 mil 566.65 pesos en 2015 y un millón 336 mil 647.60 pesos en 2016 (Infomex-INBA 1116100038916).

Es decir, aproximadamente 111 mil 387 pesos mensuales que le pagaron los ciudadanos por un desempeño en el que no se justifica ni la selección autoral, ni la utilización del museo como plataforma para estrategias mercadológicas de galerías mexicanas. Entre las cerca de 15 exposiciones individuales que ha organizado desde su ingreso, Gaitán ha dedicado 8 a artistas extranjeros y 7 –casi el 50%– a creadores de las galerías José García,  Kurimanzutto  y Labor. Una decisión que no sólo es cuestionable por el apoyo comercial que brinda sino, también, por el reduccionismo discrecional de sus preferencias.

Y el privilegio más reciente, sin aclarar, involucra a las secretarías de Hacienda y Cultura. Se trata de las exposiciones del albanés Anri Sala (6 de septiembre-7 de enero 2018) y el africano Chimurenga (4 de octubre-26 de noviembre), producidas a través de la primera edición del Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción Nacional de Artes Visuales (EFIARTES Visuales).

Sin definir ni el objetivo social del proyecto,  ni en qué consiste la inversión en artes visuales, ni quiénes deben ser los beneficiados, el proyecto estimula con un crédito fiscal a los contribuyentes que financian una exhibición, donando en efectivo, no más de dos millones de pesos, a la empresa productora de la exhibición.

Beneficiado con un millón 970 mil pesos que aportó la empresa automotriz Nemak México, S.A., Anri Sala exhibe actualmente cinco videoinstalaciones sonoras realizadas entre 2011 y 2017, una instalación sonora a techo, y un emplazamiento con dibujos a pared. Valorado institucional y comercialmente en el escenario internacional, extranjero y perteneciente a la Kurimanzutto, Anri Sala no es un proyecto de inversión para la producción nacional de artes visuales: es una mercancía consolidada que vende su galería, promueve a Gaitán y apoya el EFIARTES que, por cierto, no publicó el nombre de la empresa que produjo la exhibición.

Sumamente activo en revistas y páginas web especializadas, Juan Gaitán dio a conocer inmediatamente su presencia como director en el Tamayo. Una contratación que más parece haber sido realizada por las galerías y la socialité vinculada a los patronatos y el mercado, que por una institución financiada por los ciudadanos.

Este texto se publicó el 24 de diciembre de 2017 en la edición 2147 de la revista Proceso.

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