La conspiración rusa

Los servicios rusos de inteligencia cooptaron desde hace décadas a Donald Trump. Les fue fácil, pues cumple con el perfil que buscaba el Kremlin: “Con dinero, sin escrúpulos, con mucha ambición, fácil de corromper y promiscuo”, dice el periodista Luke Harding, autor de Conspiración: cómo Rusia ayudó a Trump a ganar las elecciones (Debate, 2017), libro que documenta las relaciones entre el magnate y personajes vinculados con Vladimir Putin, y desentraña el juego político puesto en marcha por Moscú para desestabilizar el sistema estadunidense.

LONDRES (Proceso).- El 3 de junio de 2016 el publicista Rob Goldstone envió un correo electrónico a Donald Trump hijo para informarle que Emin Agalarov, hijo del magnate inmobiliario ruso Aras Agalarov, le había pedido ponerse en contacto, pues había ocurrido “algo muy interesante”:

“El fiscal de la corona de Rusia se ha reunido con Aras esta mañana, y en su reunión se han ofrecido a proporcionar a la campaña de Trump algunos documentos oficiales e información que incriminaría a Hillary (Clinton) y sus tratos con Rusia y que resultarían muy útiles a tu padre”, le escribió Goldstone al hijo de quien entonces estaba en campaña por la Presidencia de Estados Unidos. “Obviamente”, agrega Goldstone, “ésta es una información de muy alto nivel y delicada, pero forma parte del apoyo de Rusia y su gobierno al Sr. Trump”.

Este correo electrónico forma parte de los documentos que obtuvo el periodista Luke Harding que le permiten afirmar que “los rusos ayudaron a Trump a ganar las elecciones” y que “el hackeo de correos electrónicos de los demócratas fue la forma más efectiva para lograrlo”.

Corresponsal de The Guardian en Moscú de 2007 a 2011, Harding acaba de publicar Conspiración: cómo Rusia ayudó a Trump a ganar las elecciones, libro que en México empieza a circular con el sello de Debate.

El libro revela la relación que Trump tuvo desde hace décadas con Rusia y ofrece detalles sobre poderosos personajes rusos vinculados con el actual jefe de la Casa Blanca, entre ellos el multimillonario Aras Agalarov, la abogada Natalia Veselnitskaya y el diplomático y político Serguéi Kisliak, quienes, afirma Harding, habrían recibido instrucciones directas del presidente Vladimir Putin.

El libro se publica al mismo tiempo que avanza la investigación que encabeza el exdirector del FBI, Robert Mueller, sobre la intromisión de Rusia en el reciente proceso electoral estadunidense. Dicha investigación ha derivado en acciones judiciales contra varios funcionarios vinculados con Trump, entre ellos su jefe de campaña electoral, Paul Manafort.

La pista del dinero

–Su libro comienza con un encuentro con el exagente de los servicios secretos británicos Christopher Steele, días antes de que éste entregara su expediente sobre Trump y Rusia a las autoridades estadunidenses. ¿Cuán importante fue este documento para su propia investigación y qué logró revelarle el exespía británico? –se le pregunta a Harding

–Cuando me encontré con Steele en diciembre de 2016 yo no tenía idea de que él hubiera escrito ese expediente tan importante. De todas maneras ya había escuchado rumores acerca de Trump, acerca de supuestos escándalos de dinero y de sexo. Había recibido un correo electrónico a la redacción de The Guardian, que no me llegó de Steele sino de un estadunidense, que detallaba acusaciones muy interesantes.

“Cuando me encontré con Christopher él fue bastante reticente, no me dijo demasiado. Daba a entender algunas cosas que después fui investigando por mi cuenta, en especial la pista del dinero, que me llevó a investigar la conexión con el Deustche Bank, los sospechosos préstamos multimillonarios a Trump, el lavado de dinero ruso. El encuentro con Steele fue como lo describo en mi libro: había cierto grado de reticencia.

–En Conspiración usted menciona que Trump hacía negocios con los rusos desde por lo menos los noventa, y que los servicios de inteligencia estadunidenses reportaron lo que consideraron contactos sospechosos entre integrantes de su círculo cercano y agentes rusos, meses antes de que se presentara como candidato. ¿Podría hablar de la relación entre Trump y los rusos y cómo fue creciendo con los años?

–El punto central en todo esto es entender lo que ocurrió el año pasado durante la campaña, pero también ir mucho más atrás, hasta el periodo de la Guerra Fría, cuando Trump tuvo múltiples encuentros con contactos rusos en Moscú.

“Trump se casó en 1977 con una mujer que provenía del bloque soviético (Ivana Trump, nacida en Checoslovaquia), y en ese momento –tal vez desde antes– él ya estaba en la mira de los servicios secretos checos. Gracias a documentos desclasificados sabemos que agentes checos en Nueva York espiaban a Trump, pero también que en Checoslovaquia los servicios secretos se comunicaban periódicamente con el padre de Ivana para obtener información sobre Trump, cuáles eran sus negocios, etcétera.

“No creo que esta información de inteligencia haya sido de rutina, pero estoy convencido de que fue enviada a Moscú y a la KGB (la agencia soviética de inteligencia). Es decir que esa información sí fue compartida por la cúpula del poder del Kremlin. Existió desde entonces lo que llamo el ‘documento Trump’, ciertamente producido por los espías checos.

“Lo realmente interesante es el viaje que hizo Trump (con Ivana) a Moscú en 1987. Fue un viaje pagado por el gobierno soviético y hubo un esfuerzo coordinado para acercarse a él, atraerlo y convertirlo (en simpatizante y aliado), principalmente por parte del embajador soviético en Estados Unidos (Anatoly Dobrynin).

“Éste viaja de Moscú a Nueva York, se traslada a la Torre Trump, conoce a la hija del empresario y le dice a Trump que es el mejor empresario del mundo, lo alaba, alaba su empresa. Y a Trump le encanta esto. Toda la gente con la que hablé, exespías de la KGB, funcionarios rusos desafectos del gobierno, fuentes de inteligencia, todos me dijeron que este tipo de operaciones eran clásicas de los servicios rusos.”

El “amigo” de Moscú

–¿Cree que los rusos tenían alguna idea acerca de que Trump se convertiría en presidente de Estados Unidos?

–No creo que entonces, en los ochenta y noventa, tuvieran alguna idea de que Trump se convertiría en presidente. Pero sí lo identificaron como una persona que encajaba con ese perfil que buscaban para ayudarlos en sus objetivos. En uno de los capítulos de mi libro documento cómo, en los ochenta y noventa, Moscú dio indicaciones a sus espías en todo el mundo para reclutar a más estadunidenses “amigos” de Rusia, para tener más contactos que trabajaran contra el “enemigo”: Estados Unidos.

“Esto llevó a que los rusos se volvieran mucho más inteligentes a la hora de atraer a contactos clave estadunidenses. Por eso buscaron a personas con dinero, sin escrúpulos, con mucha ambición, fáciles de corromper, promiscuos, etcétera. Trump encajaba perfectamente en este perfil. Era el candidato perfecto.

“Lo que aún no sabemos es exactamente qué acordó Trump con los rusos. Lo que sabemos es que después de los primeros contactos con los rusos, publicó una serie de avisos publicitarios en los periódicos estadunidenses criticando la política exterior de Ronald Reagan en relación con Rusia. Es justamente entonces cuando Trump comienza a interesarse en la política y eventualmente en convertirse en presidente. No sabemos si esa fue su idea o ésta vino inicialmente de los rusos.

–En uno de los capítulos de su libro usted describe los vínculos del empresario ruso Aras Agalarov con Trump, sus negocios inmobiliarios, su interés por llevar el concurso de Miss Universo a Rusia, la relación de su hijo y cantante Emin con los Trump, los contactos entre ambos sobre documentos hackeados. ¿Qué tan cercanos se volvieron ambos empresarios y qué tan importante cree que fue esa relación?

–Fue el socio principal de Trump en Rusia. Cultivó una amistad muy cercana con él. Lo convenció de organizar el concurso de Miss Universo en Moscú. Claramente buscaba ampliar sus intereses, quería hacer crecer su marca, sus empresas, ayudar a su hijo Emin.

“Pero también había un acuerdo de negocios entre ambos. Como había ocurrido en 1987, cuando Trump fue a Moscú con la idea de construir una Torre Trump ahí, y después no ocurrió, esto fue nuevamente discutido con Agalarov en 2013. Lo interesante aquí es que los socios de Agalarov seguían muy interesados en cerrar ese contrato inmobiliario, incluso cuando Trump ya estaba en campaña.

“Agalarov es un contacto muy importante. Para mí es clave entender que hay una gran diferencia entre ser un empresario en Estados Unidos y uno en Rusia. En Estados Unidos los empresarios pueden ser ajenos a la política, pero en Rusia el teléfono de los multimillonarios suele sonar y esa llamada viene del Kremlin, y en general deben hacerse favores mutuamente todo el tiempo. Ellos deben ejecutar lo que sea que se les pida.

“No es posible ser multimillonario en Rusia y no estar involucrado de una forma u otra en ese sistema mafioso y corrupto. Putin es finalmente el que decide a quién se otorgan contratos del Estado, a quien se le dan riquezas. Y Putin otorga a cambio de obtener algo. Esa es la premisa.”

“Una cuestión política”

–Una de las pistas clave de su investigación es la del dinero proveniente de Rusia, no sólo para los emprendimientos inmobiliarios de Trump sino también para operativos de hackeo para obtener documentos del Partido Demócrata. Usted descubre un gran flujo de dinero de Rusia hacia Estados Unidos, facilitado por Trump.

–Algunos de estos casos están bien documentados y se hicieron públicos. Por ejemplo, los mafiosos rusos que compraron apartamentos en la Torre Trump de Manhattan. Toda esa información la obtuve de registros judiciales, de afidávits, de muchos documentos sobre litigios legales en la Unión Soviética. Básicamente estamos hablando de mafiosos rusos con muchísimo dinero. Encontré cientos de documentos vinculados con Trump y la mafia rusa, especialmente estos criminales con dinero que compraban bienes, sobre todo propiedades, de Trump.

–Usted sugiere que mucho de ese flujo de dinero proveniente de Rusia de alguna manera vincula a Trump con el gobierno ruso.

–Todo esto apunta a lo que dijo Donald Trump hijo en 2008, cuando admitió que un número desproporcionado de sus clientes provenían de Rusia. Hay que pensar aquí que la compra de propiedades de lujo es la forma más fácil y menos complicada de lavar dinero. Y eso es lo que hicieron cientos de criminales y mafiosos rusos por medio de Trump y sus negocios inmobiliarios.

–En una entrevista reciente usted mencionó, respecto de la pista del dinero, que sólo logró revelar 10% o 15% del caso. ¿Cree que la investigación iniciada por Mueller desentrañará toda la historia, llevando a la eventual caída de Trump como presidente?

–No creo que Mueller pueda descubrir toda la historia, pero lo que sabemos es que cuenta con el mejor grupo de abogados de Estados Unidos. También sabemos que los expertos que forman parte de la investigación son los mejores a la hora de seguir la pista del dinero y desarmar estas cadenas complejas de compañías oscuras. Estoy seguro de que va a descubrir más cosas, pero no todo, porque recordemos que mucho de todo esto era parte de una operación de espionaje.

“Y sé con certeza que los espías rusos se han vuelto cada vez más sofisticados y son capaces de borrar sus huellas. Recordemos también que éstos son secretos de Estado y será muy difícil encontrar el dinero que se pagó para estos operativos de hackeo. Respecto a si el caso terminará derribando la presidencia de Trump, no lo sé. Sospecho que no.”

–¿Incluso teniendo en cuenta la cada vez mayor cantidad de evidencia contra el presidente? Usted mismo admite que se trataría de un Watergate II.

–Mi tarea es la de investigar y contar esta historia. La pregunta acerca del futuro de Trump es una cuestión política, ni siquiera legal. Mueller no puede acusar a Trump, pero sí a personas de su entorno. Puede enviar su reporte final al Congreso y éste deberá decidir qué hacer con él. La cuestión es que en estos momentos los republicanos están apoyando a Trump.

“También hay que admitir que todo este caso le ha servido a Trump para lanzar un ataque feroz contra la prensa libre, hablar de las fake news, de campañas de difamación políticamente motivadas. Puedo imaginar que una vez que Mueller concluya su reporte y lo presente a las autoridades, Trump lo va a desacreditar y desestimar. Esa es su estrategia. Va a decir que todo está motivado políticamente. Puede que se salga con la suya.”

La pista sexual

–¿Qué nos puede decir acerca de Vladimir Putin y su atracción por Trump? Parecería que el expediente de Steele e investigaciones como la suya están cambiando esa relación, al menos superficialmente.

–Creo que el expediente de Steele es correcto, que Putin tiene peso sobre Trump. Pero también creo que de algún modo Putin está decepcionado porque Trump no logró poner freno a las sanciones estadunidenses contra Rusia.

“Por otro lado, Trump es el presidente estadunidense que más divisiones ha creado en la historia de su país. Cada vez que envía un tuit genera enfrentamientos entre liberales y conservadores, entre negros y blancos, y la lista sigue. Todo esto sirve muy bien a los propósitos de Putin. Había una razón por la que la KGB seguía tan activamente a Trump en los ochenta: por su personalidad, la cual puede ser manipulada muy fácilmente.”

–¿Qué puede decirnos sobre la pista sexual? Usted sugiere, con base en el expediente de Steele, que Trump participó en un alboroto con dos prostitutas en la suite presidencial del Ritz-Carlton de Moscú.

–Cuando fui corresponsal de The Guardian en Moscú los servicios de espionaje ingresaron a mi apartamento, hicieron videos, grabaron conversaciones en mi habitación. Hay también una larga tradición de la KGB de enviar a mujeres muy sensuales para seducir y atrapar a diplomáticos occidentales. Lo han hecho infinidad de veces.

–Trump tiene una larga historia con mujeres bonitas, él mismo admitió que disfruta al seducirlas desde su posición de poder.

–Exacto. Eso es algo que Trump admitió públicamente y terminó siendo tema de campaña. Ciertamente hay algo ahí. Pero no podemos saber qué ocurrió exactamente en esa suite del Ritz-Carlton. Sabemos que el FSB (el servicio secreto de Rusia) ha utilizado a prostitutas en el pasado para atrapar a sus enemigos o a personas en su mira. El departamento técnico del FSB cuenta con cámaras de altísima sofisticación para grabar todo tipo de actos, en sitios muy oscuros.

“Estoy seguro de que existe una grabación (que compromete a Trump) pero no sabemos dónde está. Probablemente ese video haya sido destruido. Lo cierto es que Trump sabe lo que pasó y Putin también. Y Trump sabe que Putin tiene conocimiento de todo ello. Eso es suficiente.”

–En su libro usted concluye que los rusos están chantajeando a Trump porque tendrían información comprometedora sobre él y que por ende, está bajo algún tipo de obligación. Menciona incluso que es muy sospechoso el armado de su equipo de gobierno con personas que tuvieron vínculos con Rusia. ¿Cómo cree que fue ese chantaje durante la campaña presidencial en Estados Unidos?

–Tenemos varias pistas que nos llevarían a esa conclusión. Por ejemplo, cómo Trump cambió su postura sobre Ucrania (en relación con la anexión de Crimea) o el ataque constante a la OTAN, un objetivo central de la KGB.

“Muchos podrán decir que Trump acusa a la OTAN por sus propios intereses y objetivos, pero el tema es mucho más grave. Tiene que ver con la cuestión de que la campaña de Trump fue penetrada por agentes rusos.

“Muchos de los funcionarios de Trump que negaron haber mantenido contactos con los rusos están admitiendo lo opuesto. Desde George Papadopoulos hasta Carter Page, asesores de Trump en política exterior. No dudo que los rusos ayudaron a que Trump ganara las elecciones. Y el hackeo de correos electrónicos de los demócratas fue la forma más efectiva de lograrlo.”

Este reportaje se publicó el 31 de diciembre de 2017 en la edición 2148 de la revista Proceso.

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