Un insecto que colorea Bellas Artes: la grana cochinilla

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Es curioso pensar cómo los mexicanos sacamos provecho de nuestro entorno. El nopal, símbolo en nuestra bandera nacional, es el gran ejemplo. Además de servir de alimento, suele ser hospedaje de la “grana cochinilla”, un insecto de 5 a 6.6 milímetros que, por su valor, llegó a ser el segundo producto más importante de exportación de la Nueva España, sólo detrás de la plata.

La Dactylopius coccus, cochinilla mexicana o nocheztli (“sangre de nopal” o “sangre de tuna”), es un parasito que se aloja en la raíz de la cactácea y es considerado el mejor colorante natural del mundo.

Su descubrimiento en Europa -las culturas mesoamericanas la utilizaban de manera común en pinturas, códices, objetos, textiles, medicamentos, moneda de cambio y tributo-, fue de tal valor que un aproximado de 600 gramos de pigmento llegó a costar siete pesos de plata.

De ahí lo sorprendente de la muestra Rojo mexicano. La grana cochinilla en el arte que se aloja en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 9 de febrero y que, prácticamente, rinde homenaje a este animal a través de la exposición de obras de artistas como Jacopo Robusti Tintoretto, Peter Paul Rubens, Francisco de Zurbarán, Nicolás Pousin, Diego Velásquez, Paul Cézanne, Eugene Delacroix, Joshua Reynolds, Pierre-Auguste Renoir y significativamente Vincent van Gogh, quien la utilizó en el célebre cuadro llamado La recámara de Van Gogh en Árles (1889), pieza que viajó desde el Museé d’Orsay en París.

Todos ellos y muchos más se valieron de la grana cochinilla al reproducir rojos, rosas y púrpuras en sus lienzos.

Ciertamente, la grana cochinilla no es un animal propio de México o América, existen otras cochinillas: la Palo de Brasil, la de Armenia, de Polonia, la grana Kermes europea y hasta la raíz de la planta Rubia Roja, de las cuales se extrae el pigmento rojo.

Al menos entre el año 1100 y 1295 d.c., la reproducción del rojo en las telas era tan valorado que llegó a ser símbolo de poder y riqueza, sobre todo en los sectores políticos y religiosos.

Sin embargo, las cochinillas europeas tienen un máximo de 0.6% a 0.8% de ácido carmínico (lo que da la intensidad del tono rojo), y la Kermes europea llega sólo a 1% y justo ahí está la gran aportación de la cochinilla mexicana: el insecto tiene entre 17 y 24%, una intensidad jamás obtenida en Europa hasta antes de la conquista española.

El procedimiento para obtener los tonos va de acuerdo con la combinación con otros productos como azufre y se puede lograr desde un rosa pálido, pasando por el rojo hasta un purpura intenso.

Aunque laborioso, conseguir el carmín toma cerca de 15 días: Las hembras son las que poseen el ácido carmínico en su interior y los machos tienen alas y son más pequeños.

De hecho, las hembras sólo viven de dos a tres días, pues su principal papel es el reproductivo y, una vez que se aparean, los huevos fecundados se alojan en su abdomen, que llega a tener de cinco a 80 ninfas o larvas, mismas que se sueltan de 12 a 15 días sobre el nopal y a su vez se cubren de una especia de gaza blanca que les sirve de protección natural.

Las cochinillas se retiran con una coleta de venado o de conejo para no reventar el caparazón de los animales, se secan al sol y después se pulverizan. El rojo se hierve en agua y ácidos (como el limón, producto que se introdujo a Europa luego de la conquista) para potencializar y dar firmeza al color.

La grana cochinilla mexicana se cosechó primeramente en la región central del país -Estado de México, Puebla y Tlaxcala-; sin embargo, Oaxaca se destacó como principal proveedor del insecto y hoy en día se produce en invernaderos en Coahuila -cerca de tres toneladas al año-, Chihuahua, Colima, Hidalgo, Guanajuato, Morelos, Querétaro y Zacatecas.

Aun con eso, México no es el país con mayor exportación de la grana cochinilla, pues el insecto se llevó a otras regiones americanas y europeas, donde se cultiva.

Acerca del autor

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (2005) con Diplomado en Relaciones Públicas (2014), habla inglés y francés, amante del cine y los idiomas. Se inició como reportera de deportes en su natal Veracruz, y luego en publicaciones de la Editorial Vía Satélite de la Ciudad de México. Forma parte de la Sección de Cultura y Espectáculos de Proceso desde 2007.

Comentarios