“Más fuerte que el destino”: destrozado por la tragedia

MONTERREY, NL (apro).- Más fuerte que el destino (Stronger, 2017) presenta uno más de los incontables rostros horripilantes del terrorismo.

Ahora se concentra, de nuevo, en el ataque al Maratón de Boston, ocurrido el 15 de abril de 2013, un crimen que dejó como saldo tres muertos y más de dos centenares de heridos. Recientemente fue presentado Día del atentado (Patriots Day, 2017) que se concentraba en detalles de la investigación que condujo a la localización de los hermanos que perpetraron los bombazos.

Esta vez, en torno al mismo hecho, se muestra el caso real de Jeff Bauman, un hombre ordinario que, por el estallido, sufrió la amputación de sus dos piernas. La tragedia no sólo le destrozó el cuerpo, sino también su alma, y le transformó la vida en un infierno.

El director David Gordon Green se aleja del cliché de la historia motivacional. En lugar de lanzar un rentable discurso formador sobre la superación frente a la adversidad, opta por profundizar en las secuelas espirituales de quien personifica el dolor que sufre todo Estados Unidos cuando es atacado por esos que llama “enemigos del mundo libre y la democracia”.

Bauman, lisiado, se convierte en el símbolo de la ciudad y de la nación. Dio la vuelta al mundo la fotografía en la que, segundos después de la detonación, es transportado en silla de ruedas, aún consciente, mientras se ven sus extremidades inferiores hechas girones. Todos se solidarizan con su dolor. Así es el pueblo de las barras y las estrellas: orgulloso de su unidad, muy sentimental en los días malos e implacablemente duro frente a las amenazas.

Pero sólo su círculo íntimo sabe que el hombre convertido en una celebridad agoniza espiritualmente, sin saber cómo adaptarse a una nueva realidad en la que debe ser auxiliado como un ser completamente dependiente. Deprimido, sin saberlo se enfila hacia la autodestrucción.

En el resto mayor de su brillante trayectoria, Jake Gyllenhaal hace una desgarradora interpretación de un ser consumido por la angustia. Como actor no se guarda nada. El joven sigue una conducta errática, desorientado y termina por arrastrarse, literalmente, mientras jala hacia la oscuridad a Erin (Tatiana Maslany) la chica que lo ama y quien es, paradójicamente, su soporte más sólido.

Todo el relato es doloroso y conmovedor. Pero, aun así, Bauman tiene la esperanza de ver la luz. Entiende que todos sus compatriotas están tocados por las tragedias, unos en mayor medida que otros. La Unión Americana, como sociedad, tiene pesadillas, igual que él, temerosa del siguiente ataque. Y encuentran una salida cuando entienden que no pueden quedarse paralizados, que deben actuar y continuar.

Más allá del panfleto positivista sobre la auto superación, Más fuerte que el destino es un relato humano y real sobre un hombre que nunca pide notoriedad y a quien una ciudad entera le demanda convertirse en un emblema. Abrumado por el peso de una responsabilidad de ese tamaño, es comprensible que cometa muchos errores, que debe pagar con más sufrimiento del que ya padece por la ablación de sus extremidades.

Es una historia cruda, emocionalmente intensa.

Destacan las actuaciones de Gyllenhaal y Maslany, que son magistrales.

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