Macbeth: terror bajo las aguas

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Pocos directores contemporáneos tienen el don y la paciencia para comprender obras que por su antigüedad podrían parecer caducas.

Mauricio García Lozano lo sabe hacer. Se dio a la tarea de revivir, entre otros, textos shakespearianos. Lleva entre su repertorio Ricardo III, Medida por medida, y Romeo y Julieta.

Le apasiona el teatro clásico. En alguna entrevista declaró:

“El clásico es clásico porque está vivo, ¿cierto? […] Yo estoy convencido de que el teatro es el arte de la vida y el arte de lo vivo, entonces de pronto encontrarme textos tan vivos y tan vitales que han sobrevivido al paso de los siglos me da un enorme estímulo, porque justamente me desafían a mantenerlos vivos”.

Y sí que regresó a Macbeth a la vida. En esta versión que se presenta hoy en el teatro Milán, traducida por Alfredo Michel Modenessil, el agua es el elemento predominante. Los actores caminan sobre ella, se mojan en ella, se llenan la cara, las manos, la ropa. Ven en ella su temible reflejo.

Todo gracias a la escenografía, en la que resalta un espejo de agua, de Adrián Martínez Frausto. El paisaje se perfecciona con una atinada mancuerna con Víctor Zapatero, que hace que todo resalte con su diseño de iluminación.

El montaje aborda un texto tremendamente violento de forma sutil. No oculta nada, pero, contrario a lo que nos llena los ojos todos los días, tampoco se excede llenando la escena de sangre.

Los únicos elementos de utilería con los que cuenta son un sillón y una tela rojos que contrastan con la escenografía y el vestuario en tonos grises. Y no necesita más. Al voltearlos, mojarlos, estirarlos y arrugarlos cambian tanto, como si a cada nuevo estado el objeto renaciera.

Lisa Owen encarna a una brutal y despiadada Lady Macbeth, y Juan Manuel Bernal al enloquecido personaje principal.

Un elenco formidable que entiende la psicología de los personajes de Shakespeare, los motivos que los mueven y los vicios humanos que los corrompen.

La larga obra (dos horas de duración) hace al espectador perder a ratos la concentración que los diálogos – -fieles a la versión original- – requieren. Pocas serán las cabezas a las que su capacidad les dé la paciencia de atender todo el montaje.

Este Macbeth tiene imágenes cargadas de potencia, de esas que se impregnan en la memoria de cualquiera que ose posar los ojos sobre ellas.

Quedan pocas funciones, hasta el 21 de enero. Y vale la pena comenzar el año así, augurando (¡esperemos!) buen teatro para 2018. Viernes 20:45 horas, sábados 17:30 y 20:00 horas, domingos 18:00 horas, en el Teatro Milán (Lucerna 64, esquina Milán. Colonia Juárez).

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