La salida del PAN de calderonistas y el “enanismo político”

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La salida de las facciones foxista y calderonista de las filas del PAN, depura al partido. Las dos facciones son claras representaciones del gris y claudicante “Enanismo Político”, en brutal contraste con el “Humanismo Político” de los brillantes fundadores. Y al depurarse se supera potencialmente.

Dichas dos facciones consolidaron en su momento la deformación del partido iniciada formalmente en 1988 con la legitimación del salinismo, continuada en el 2000 con la entrega zedillista del poder al foxismo y consumada durante los seis años del calderonismo con su guerra irracional e ineficaz, su política antisindicalista y de abyecta sumisión al gobierno de Estados Unidos.

Tal salida expresa o tácita, desde una perspectiva histórica de hondo alcance, abre la puerta a la regeneración del PAN. El hecho mismo de la salida es ya un paso fundamental para ello. Se ha sacudido de la garra que lo asfixiaba.

Contrariamente a lo señalado por los seudosenadores calderonistas en tránsito oportunista, burdo y traicionero al bando priista, dicha salida devuelve al partido la posibilidad de levantar el vuelo desde el polvo, hacia la “brega de eternidad” de Gómez Morín, hacia los orígenes, hacia la grandeza desconocida por su enanismo y ahora en posibilidades reales de recobrarse. Por ello, lo dicho por Ruffo a raíz de la primera salida, es certero en lo esencial, al margen de la forma.

La conducta política de Anaya y sus aliados panistas se ha convertido en una oposición formidable y eficaz. Los hechos lo comprueban con independencia de las suposiciones fantasiosas de algunos analistas de izquierda y derecha que dan coba al sistema.

Se evitó el nombramiento de un fiscal anticorrupción a modo, y desde Chihuahua se ha puesto en jaque al régimen. No en balde la reacción furiosa de este último. Anaya no desfiguró al PAN, lo desfiguraron hace lustros otros que devinieron en las facciones citadas. El régimen le teme a Anaya porque el gobierno sufre el vértigo de los derrumbes y porque ya no cuenta con la fuerza de sus aliados dentro del PAN.

La otra vertiente de oposición desafortunadamente ha perdido el rumbo al rodearse de oportunistas neoliberales, llenos de ocurrencias y faltos de convicciones de justicia social, la mayoría de ellos.

Anaya tiene la oportunidad irrepetible de rescatar al partido. Son cínicas y tartufas las críticas que le hacen esos graduados en marrullería política, en un México que atraviesa un cisma cultural en el alma personal y colectiva. Esos críticos son verdaderas “lenguas en conserva” en tratándose de la injusticia prevaleciente.

Anaya es joven y por ende, su horizonte vital se mide por la esperanza, por la capacidad de enmienda, de superar con osada humildad la hybris, la insolencia del poder que en casi 18 años ha provocado el derrumbe de la esperanza en el porvenir.

Ojalá el PAN en trance de posible regeneración, de levantar de nuevo el vuelo, de un recomenzar una oposición frontal al neoliberalismo y un volver a nutrirse de la doctrina social cristiana que durante tanto tiempo inspiró su acción política solidaria y fraterna.

Ojalá el PAN abra sus puertas de par en par a la regeneración, en este momento que demanda audacia, valentía y grandeza de ánimo, al ser atacado por todos los mediocres y grises, y así regresen al partido hombres y mujeres que lo dejaron hace tiempo, al percibir gérmenes de traición a los orígenes por parte de una élite entonces claudicante, cuyos herederos en su mayoría hoy salen del partido providencialmente.

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