La historia del vino en Querétaro

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- De unos cinco años a la fecha se ha hablado de una suerte de “boom” de los vinos hechos en Querétaro. Sin embargo, su producción está vinculada a la historia misma de la región.

A la llegada de los españoles algunas culturas mesoamericanas ya hacían bebidas a partir de vides silvestres, como las ahora llamadas Rupestris, Berlandieri y Labrusca, que eran combinadas con miel y otras frutas.

Así se consigna en el libro Querétaro viticultura extrema, en el cual se relata que el vino traído de Europa por los soldados españoles que invadieron México Tenochtitlán, llegó a ser insuficiente y se convirtió en un producto verdaderamente preciado.

Para dar solución al problema, Hernán Cortés estableció disposiciones. Más aún, como las uvas nativas no produjeran un vino con la calidad deseada, al conquistador extremeño “se le ocurrió injertar en cepas autóctonas la Vitis vinífera que importaba de España”.

Según el volumen de 203 páginas, editado por la Asociación de Vitivinicultores de Querétaro, A. C., se desconoce el momento en el cual se inició la práctica del injerto en las vides de San Juan del Río y Tequisquiapan, pero con el pretexto de la catequización los misioneros se convirtieron en los principales promotores del cultivo de la uva en la región, y dieron “con las excelentes tierras que ocupa el municipio de Ezequiel Montes”.

Hoy en día, existen otros municipios propicios para el cultivo de la vid, se dice, entre ellos Querétaro, Corregidora, El Marqués, Peñamiller, Cadereyta, San Juan del Río, Colón, Huimilpan, Tolimán y Tequisquiapan, este último es sede de la ya tradicional Feria Nacional del Vino y el Queso que se celebra anualmente en las últimas semanas de mayo.

De hecho, el escudo de armas concedido a la ciudad de Querétaro en 1655 tenía en la parte inferior derecha el símbolo de la vid, que se conserva todavía. Algunas de las misiones fundadas por los franciscanos en la época colonial tienen también en sus fachadas plasmada la planta con sus racimos de fruta.

Se relata asimismo que en 1821 un pulgón llamado fioxera atacó los viñedos de Francia, España e Italia y posteriormente invadió las zonas vitivinícolas de México y, por ende, Querétaro. No fue sino hasta 1920 cuando se reinició la producción de vinos mexicanos, que alcanzó su máximo esplendor hacia los años ochenta, cuando incluso casas como Martell producían en la entidad, hasta que con la devaluación en el sexenio de López Portillo entró en vigor el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) que hizo decaer la producción.

En la actualidad un grupo de vitivinicultores, entre ellos Vinícola Tequisquiapan, Finca Sala Vive, Hacienda Amazcala, Viñedos Azteca, Cava 57, Paso de Serra, Misiones y San Juanito, buscan dar un nuevo impulso a la producción de vinos queretanos y han realizado esta edición para difundir sus antecedentes históricos y cualidades frente al imponente mercado de importación.

El volumen incluye varios capítulos, entre los cuales pueden mencionarse “Viticultura extrema en Querétaro”, “La uva mexicana encuentro con el Nuevo Mundo”, “La fe y el vino, La tierra queretana paraíso para la vid”, “Vid y vino, la historia centenaria” y “Los vinos queretanos, la opinión de los expertos”.

Este texto se publicó el 14 de enero de 2018 en la edición 2150 de la revista Proceso.

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