Nicanor y Violeta Parra, glorias del arte chileno

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Si hubiese ganado el Premio Nobel de Literatura, tal como fuera postulado oficialmente en varias ocasiones, Nicanor Parra se habría convertido en el primer cantautor reconocido con ese galardón de la Academia Sueca cuando ésta gozaba de enorme prestigio.

El físico matemático, bailador y aeda chileno Nicanor Parra murió a los 103 años (nació en 1914 y falleció hoy 23 de enero). Con varios premios literarios importantes en su larga vida, el creador de la antipoesía estuvo ligado a La Peña de los Parra y la formación musical de su ilustre hermana, la folclorista Violeta Parra (1917-1967).

Leónidas Morales T. realizó una entrevista con Nicanor Parra en dos largas sesiones, grabadas los días 3 de agosto de 1989 y 2 de mayo de 1990, en la casa del poeta al sector oriente de Santiago, en La Reina Alta. Aparecieron como “Conversación con Nicanor Parra sobre Violeta”, en Presentación de Violeta Parra: la última canción.

Hemos escogido algunos fragmentos de aquellas charlas mostrando los recuerdos de Nicanor Parra en primera persona, mismos que intercalamos con su poema “Defensa de Violeta Parra” en este homenaje a tan importantes artistas sudamericanos.

Defensa de Violeta Parra

Dulce vecina de la verde selva
Huésped eterno del abril florido
Grande enemiga de la zarzamora
Violeta Parra.
Jardinera
lancera
costurera
Bailarina del agua transparente
Árbol lleno de pájaros cantores
Violeta Parra

“Yo la saqué a ella de la música radial. La saqué a patadas. Y costó. ¡De repente se produjo todo! Claro, porque yo disponía ya de un mínimo de criterio. Había ido a la universidad. Era amigo de Tomás Lago, que era un especialista, un folclorólogo. Entonces estaba en contacto ahí directo con los objetos de la cultura popular. Además que había tenido la misma formación de la Violeta. Había visto las mismas cosas que había visto ella. Y podía mirar esas cosas con un mínimo de espíritu crítico, universitario al menos…

“Yo la acogí, la llevé a la casa de unos parientes, donde ella quedó bien instalada. La casa del tío Ramón Parra Quezada. Este tío era primo del papá. Y era un hombre muy simple, pero muy gentil, muy bonachón. Trabajaba é1 para la Compañía de Electricidad. Era pagador. Y tenía una casita muy bien montada en la Avenida Cumming… En realidad, ella estudió y estuvo en el Internado de la Normal. Claro, cuando salía iba a la casa del tío Ramón… Era una casita de clase media, muy bien atornillada, porque tenía hasta piano en el saloncito… Era una casa de ladrillo, baja. Ahí vivía la Violeta. Y ahí llegábamos nosotros.”

Has recorrido toda la comarca
Desenterrando cántaros de greda
Y liberando pájaros cautivos
Entre las ramas.

Preocupada siempre de los otros
Cuando no del sobrino de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma
Viola Piadosa.

“Yo recuerdo frases que decía ella, cuando muy niña, en Chillán. Juegos de niños. Yo ponía atención a eso… Y por cierto que ella desde muy chica era un personaje que tenía que ver con el espectáculo, ¿ah? Porque siempre en la casa el papá como profesor primario, músico y medio poeta, era muy aficionado a armar pequeños actos literarios, en la casa, con sus hijos. Y la Violeta que se lucía evidentemente. Ella sabía las canciones que se cantaban. Por ejemplo: ‘En una mesa te puse / un ramillete de flores, / María no seas ingrata, / regálame tus amores’. Pasos dobles, ¿ah? Esta era la época de la victrola. Todo el mundo en los barrios tenía su victrolita.”

Tu dolor es un círculo infinito
Que no comienza ni termina nunca
Pero tú te sobrepones a todo
Viola admirable.

“Y ya con guitarra, eso sí… ella desde chica con guitarra. Y ella reproducía entonces las canciones que salían de las victrolas. Pero también, y esto era lo importante, las canciones de las Hermanas Aguilera, en el campo. Cantoras campesinas, cantoras de trillas, de faenas agrícolas…

“Entonces, vida cultural de esta comunidad: la canción, las tonadas y las cuecas. Claro, y las guitarras en todas las cantoras campesinas chilenas. No populares: cantoras campesinas. Que tenían sus repertorios propios. La victrola todavía no llegaba allá, o una que otra familia podía tener una victrola. No, no, no: ésta era una música que se transmitía oralmente… Por ejemplo, la Viola iba a la casa de las Aguilera a pasar el verano. Y las Aguilera la acogían especialmente bien a ella por sus condiciones musicales, de carácter. Porque la Viola fue desde chica una lechuguilla, como decía la mamá. Y ella aprendió de las hermanas Aguilera sus primeras canciones.”

Cuando se trata de bailar la cueca
De tu guitarra no se libra nadie
Hasta los muertos salen a bailar
Cueca valseada.

Cueca de la Batalla de Maipú
Cueca del Hundimiento del Angamos
Cueca del Terremoto de Chillán
Todas las cosas.

“Yo volví el 51, y esto puede ser el 52, porque todavía no habían salido los Antipoemas. Pero un día ella apareció en el departamento que yo tenía ahí. Era como un departamentito de dos ambientes. Tarde un día, tarde. Nos veíamos poco. Yo estaba recién llegado aquí a Chile desde Inglaterra con la Inga…

“Y ha Violeta no le había caído muy bien a la Inga. Porque la Violeta era un poco desastrada. Su presentación personal, ¿ah? Pero esa vez estaba yo solo. Estaba trabajando, leyendo. En ese tiempo mi interés era el contrapunto de Taguada y don Javier de La Rosa (1). Quería yo hacer una edición de ese contrapunto y completarlo… Con otras estrofas que metía yo, que iba produciendo sobre la marcha. Pensaba dejar constancia, desde un punto de vista del siglo XX, a ver acaso se podía hacer algo, una obra literaria de más aliento a partir de este documento del siglo XIX. Proyecto que no cristalizó plenamente nunca. Esa era la idea de aquella época.

“Y apareció en estas condiciones la Violeta. Parece que ella percibió que yo no le concedía mucha atención, y me preguntó: ‘¿Qué estás haciendo?’ Yo tal vez no me saqué los anteojos y seguí sentado. Le dije: ‘Estoy haciendo un trabajo aquí… muy difícil’. ‘¿Y en qué consiste ese trabajo?’, me dijo, un poco molesta. Entonces yo le expliqué y le leí algunas cuartetas del contrapunto, que ella no conocía. ‘¿Y esas cosas estudias tú?’, me dijo. Yo creo que cuando ella pronunció esa frase, se produjo la Iluminación. ‘Bueno, ¿por qué? —le digo yo— ¿por qué dices tal cosa?’. ‘Espérate –me dijo–. Vuelvo en un rato’. Salió y volvió en una hora o dos, con un alto así de papeles y con cualquier cantidad de coplas. ¡Cualquier cantidad! Todas estupendas, excelentes. ‘Estudia eso’, me dijo.”

(1) El mulato Taguada contra don Javier de la Rosa fue un épico contrapunto o duelo de payas o payadas, es decir de poesías improvisadas cantadas en décimas, que aconteció en San Vicente de Tagua Tagua, en 1830.

Décimas de Chillán

Ni bandurria
Ni tenca
Ni zorzal
Ni codorniza libre ni cautiva

Solamente tú
Tres veces tú
Ave del paraíso terrenal.

“¡Lo inventó sobre la marcha!¡En una hora! ¡En un par de horas! Le brotaban ‘como agua de manantial’ las coplas pues, para citar a Martín Fierro. Entonces me entrega estas coplas y yo me saco los anteojos, me pongo de pie le digo: ‘Violeta, por Dios… ¿quién hizo esto?’ ‘Bueno, ¿y quién crees tú que lo hizo?’ ‘Tenemos que hablar sobre estas pamplinas —le dije yo—. A ver, vamos hablando. Porque tú ves muy bien que éstas son cuartetas. Pero lo más importante se da en las décimas’. ‘¿Y qué es eso? —me dice—, ¿qué son las décimas?’ Le di un ejemplo de décima. Yo tenía ahí mis libritos, mi bibliografía. Estaba estudiando la poesía popular chilena. Ya conocía yo los folcloristas chilenos de comienzos de siglo. De manera que estaba bien pertrechado. Y le digo: ‘Bueno, veamos aquí pues lo que son las décimas’.

“Quien había estudiado lo que se llama la ‘poesía vulgar’ de Chile era don Rodolfo Lenz (2). Entonces le leo algunas décimas, y la Violeta me dice: ‘Pero si ésas son las canciones de los borrachos, pues’. Esa fue la respuesta de ella. ‘¿De qué borrachos?’, le digo yo. ‘¡Cómo de qué borrachos! ¡De los borrachos de Chillán, pues!’, me dijo. ‘Bueno, ¿y éstas tienen música?’ ‘Si, son canciones de borrachos’, me dijo, y empezó a canturrear ahí. Le dije yo: ‘Ahora entonces lo que tenernos que hacer es buscar la guitarra’. Yo no tenía ahí en ese momento. Y volvió en un plazo de dos o tres días, ya con los tuntunes. Entonces empezamos ya con los versos a lo humano, a lo divino, versos por el fin del mundo. Todo lo imaginable, le hablé de todo lo que yo sabía ya en ese momento y ella lo captaba todo al vuelo. Además de eso, yo diría que se producía entre ella y yo una comunicación al estilo de los campos morfogenéticos de que hablan los ecólogos…”

(2) Rudolf Lenz Danziger (Halle, Sajonia, 10 de septiembre de 1863- Santiago, 7 de septiembre de 1938), lingüista, filólogo, lexicógrafo y folclorista alemán naturalizado chileno.

Neruda no tragaba a Violeta

Charagüilla
gaviota de agua dulce
Todos los adjetivos se hacen pocos
Todos los sustantivos se hacen pocos
Para nombrarte
Poesía
Pintura
agricultura
Todo lo haces a las mil maravillas
Sin el menor esfuerzo
Como quien bebe una copa de vino.

“Y fue a la Radio Chilena y en la Radio Chilena la recibieron poco menos que con un arco de flores. La hicieron cantar, y ya todo el mundo andaba con cantos a lo humano y a lo divino. Ahora, esto fue llevado, cómo te dijera yo, a los tribunales más exigentes. Porque rápidamente se hizo un recital de ella en el Museo de Arte Popular, con programas, afiches y con presentación académica del director del Museo de Arte Popular, que era Tomás Lago. Ahora esto ya muy en grande. Y también se embarcó muy rápidamente, aunque contra su voluntad, el propio Neruda, que prestó su casa de aquí de Patricio Linch, para que Violeta hiciera una presentación. Él estaba resfriado eso día, o se hizo el resfriado, y no concurrió. Porque él no tragó nunca a la Violeta, ¿ah? No, no, no. Él no la tragó nunca, o no la entendió nunca… Y Pablo solamente en el último minuto se subió al último carro del tren. Escribió poema que aparece en la introducción a las Décimas…

“Debió haber intuido algo. Pero es que la Violeta era un personaje crítico, y además se produjo lo siguiente. La Violeta opacaba a todo el mundo. Y en las reuniones sociales hasta ese momento el florero centro de mesa era Neruda. Pero aparecía la Violeta con su guitarra, y simplemente todo el mundo lo único que quería era que Violeta tocara su guitarra. ¡Y los poetas pasaban a la historia! Hay que darse cuenta de eso también.”

Pero los secretarios no te quieren
Y te cierran la puerta de tu casa
Y te declaran guerra a muerte
Viola doliente.

Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú no te compras ni te vendes
Porque hablas la lengua de la tierra
Viola chilensis.
¡Porque tú los aclaras en el acto!
Cómo van a quererte
me pregunto
Cuando son unos tristes funcionarios
Grises como las piedras del desierto
¿No te parece?

En cambio tú
Violeta de los Andes
Flor de la cordillera de la costa
Eres un manantial inagotable
De vida humana.
¡Tu corazón se abre cuando quiere
Tu voluntad se cierra cuando quiere
Y tu salud navega cuando quiere
Aguas arriba!
Basta que tú los llames por sus nombres
Para que los colores y las formas
Se levanten y anden como Lázaro
En cuerpo y alma.

¡Nadie puede quejarse cuando tú
Cantas a media voz o cuando gritas
Como si te estuvieran degollando
Violeta volcánica!

Grabando a Violeta

“Ahora, yo conocía algunos personajes en RCA Víctor, porque ella rápidamente empezó a hacer grabaciones. Hay algunas anécdotas muy graciosas. Por ejemplo, un día fui yo con ella a RCA Víctor. Estaba citada para grabar. Bueno, ella ya grababa antes sus guarachas y sus rumbas, pero estaba conceptuada como un personaje de cuarta categoría. Música para los bares de los suburbios, una cosa así.

“Pero ahora llegaba la Violeta a grabar en otros términos. Y ya exigiendo dignidad máxima. Y se produjo lo siguiente. Este personaje que manejaba…, el gerente, digamos, dijo: ‘Bueno, Violeta, está todo esto listo’. La hicieron esperar mucho, horas, pero finalmente le dijeron sí, está todo listo. De manera que pasa y aquí vamos a hacer la grabación. Le habían aceptado la grabación de las tonadas. Se habían opuesto primero, porque eran tonadas campesinas, que no era música comercial. Pero yo le dije: ‘Tú te tienes que poner firme en esto’. Y fui yo a apoyarla. Yo no era ninguna autoridad tampoco para nadie, pero por lo menos era una fuerza física que estaba presente ahí. Entonces después de un rato me dice: ‘Va a empezar la grabación inmediatamente’. ‘Y cómo se va a hacer’, le digo yo. ‘Me va a acompañar el guatón (4) Campos’, me dijo. ‘No —lo dije yo—, aquí el guatón Campos ni ningún guatón tiene nada que ver. Aquí simplemente tocas tú tu guitarra, así como hemos acordado y cata­plumchinchín’.

(4): guatón, gordo.

“Entonces fue para allá y volvió diciendo: ‘Pero si el honor máximo es el guatón Campos aquí en RCA Víctor. Es el primer guitarrista chileno, y cualquiera quisiera ser acompañada por el guatón Campos’. Yo le dije que el guatón Campos se retire de mi vista… ¡Que desaparezca del mapa! Y logramos que se grabaran las primeras tonadas, simplemente al estilo de las Hermanas Aguilera de Malloa, del Huape, de Chillán para abajo. Y ahí empieza realmente el baile propiamente tal.”

Lo que tiene que hacer el auditor
Es guardar un silencio religioso
Porque tu canto sabe a dónde va
Perfectamente.

“Por ejemplo, al final ya ella quiso incorporar los valsesitos pueblerinos que también eran un tipo de folclor. Y a esas alturas yo la veía ya tan firme, tan sólida, que yo le ponía luz verde a todas sus proposiciones. La última vez que me pidió luz verde fue en París. O sea, después que ella era una celebridad. Estaba muy tímida, ¿ah? Me dijo: ‘Tito, ¿qué te parece a ti este instrumentito? Tan lindo que es. Claro que no es un instrumento que pertenezca al folclor chileno’. Era un instrumento venezolano. El cuatro venezolano. Ese era un instrumento que causaba estragos en París, en las peñas de hispanoamericanos y de latinoamericanos. Sin el cuatro no se hacía nada. Y ella había aprendido a tocar el cuatro. Empezó a tocar, y le dije yo: ‘Adelante’. Claro, si el folclor no es una cosa de museo: el folclor es una cosa viva. Metemos el cuatro también. Eso sí, que ella me propuso el cambio de nombre: ‘Le vamos a llamar la guitarrilla’.

“Ella volvió a Chile con la guitarrilla. Y empezó entonces el carnaval de la música andina aquí, de la música no tan solo campesina chilena, sino que ya a nivel hispanoamericano… Lo absorbe, aprende ella por sí misma, y ve que entonces está en condiciones, a partir de esos datos, de elaborar y de hacer proposiciones personales. Y al mismo tiempo estimulada, apoyada siempre por el hermano mayor. Si la frase clave de ella que está ahí, se ha publicado varias veces: ‘Sin Nicanor no hay Violeta’.”

Rayos son los que salen de tu voz
Hacia los cuatro puntos cardinales
Vendimiadora ardiente de ojos negros
Violeta Parra.

Se te acusa de esto y de lo otro
Yo te conozco y te digo quién eres
¡Oh corderillo disfrazado de lobo!
Violeta Parra.

“Yo nunca le corregí nada. Al contrario, ella me corrigió una vez a mí. Ella grabó varias canciones al comienzo con letra mía. Por ejemplo, la primera canción con letra mía que ella grabó… ‘Cuando salí de Chillán, / salí sin ningún motivo, / salí a recorrer el mundo / porque ése era mi destino’. La letra es mía. La música es de ella. Después yo publico ‘La cueca larga’. Yo estaba trabajando ya en darle forma al contrapunto, y además tenía en proyecto en ese tiempo un libro que nunca aterrizó, que se llamaba Tonadas y cuecas. Me gustaba mucho el título como para un libro. Entonces ella leía esto, y como tenía una feroz sensibilidad y sabía que eso estaba bien hecho, ¡puchas!, no le quedaba otra cosa que embarcarse con esos textos, y ponerles música. Y de reponte ella se dio cuenta de que también podía hacerlo, y empezó a trabajar.”

Yo te conozco bien
Hermana vieja
Norte y sur del país atormentado
Valparaíso hundido para arriba
¡Isla de Pascua!

Sacristana cuyaca de Andacollo
Tejedora a palillo y a bolillo
Arregladora vieja de angelitos
Violeta Parra.

“Ella estaba exhibiendo sus pinturas en el Louvre, sus obras plásticas, y no conocía el Louvre. Si ella era un personaje que estaba absolutamente centrada en sí misma. Yo tuve que llevarla poco menos que a la fuerza para que viera ‘La victoria de Samotracia’, y para que viera ‘La Mona Lisa’. A ese extremo. Pero de todas maneras ella veía con el rabo del ojo. Necesariamente ya el arte moderno estaba triunfando, aunque muerto, como diría Habermas (3), y estaba en todas partes. Necesariamente ella veía a Picasso…”

(3) Jürgen Habermas (Düsseldorf, 18 de junio de 1929), filósofo y sociólogo alemán, conocido sobre todo por sus trabajos en filosofía práctica.

“Bueno, ella desde luego leía toda la antipoesía mía. No tan sólo los poemas populares, sino que leía todo. Ella no tuvo una debilidad por leer novelas tampoco. Algo leyó, ¿ah?, pero literatura más bien de desecho. Yo creo que ni al propio Neruda le conoció a fondo… No sé si conoció la palabra Rimbaud, la palabra Baudelaire. Yo mismo las manejaba muy poco… Pero un día pescó un libro de mi biblioteca y dijo: “Este libro es mío. Cómo llegó aquí”. Era el Baudelaire de La Pléyade…

“Ella trataba de prolongar la agonía… Bueno, yo la consideraba a ella una parte de mi propia persona. Yo jamás hubiera soñado con cerrarme ante ella. Éramos la misma persona, te lo repito. Pero incluso está en un antipoema mío: ‘La Viola y yo somos la misma persona / Sí: / no me tomen en serio, pero créanmelo’. Eso está dicho ahí, con todas sus letras. Ahora, yo con más recursos de supervivencia que ella… Claro que el imperio de ella hubiera sido mucho mayor si hubiera sobrevivido, porque estaba al borde de la eclosión. Por ejemplo, ella estaba al borde del reconocimiento como pintora. Y una vez que yo le dije a ella: ‘Violeta, hay que preocuparse también del nido’… Yo tenía mi casita aquí ya. Entonces ella me dijo ‘El nido se hace solo, guachito culebra’.”

Pasamos por Longaví,
llegamos a Moraflores
Como chirigües cantores;
Abrimos el cocaví.
Los pasajeros allí,
comieron pollito fiambre,
Después vide los alambres
que s’iban y se venían
y de repente veía
de pájaros un enjambre.

“El nido se hace solo… Claro, ella sabía que estaba a punto de producirse algo… yo pude haber evitado eso. La ascendencia de hermano mayor que yo tenía sobre ella era tan grande, que yo lo pude haber evitado.

Claro, si yo hubiera estado preparado como estoy ahora. Pero yo en la época en que ella se suicidó, no había llegado al taoísmo. De manera que no sabía nada sobre las relaciones humanas.”

(Cyber Humanitatis Nº 29, verano de 2004, http://web.uchile.cl)

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