El archivo del arquitecto Barragán en Suiza

A 23 años de adquirido en Suiza, el acervo del tapatío ha sido minuciosamente revisado por Federica Zanco con su equipo, y cada uno de sus documentos cuidado “como un bebé”. La tarea arrojará para el próximo otoño, en dos enormes tomos, el catálogo razonado. La arquitecta italiana condujo a Proceso por la Barragan Foundation hasta el archivo y habló de cómo fue segregada de los debates en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM para la exposición de Jill Magid, que incluyó el anillo con las cenizas de Barragán.

BASILEA, Suiza (Proceso).- Federica Zanco ha coordinado durante más de dos décadas la investigación minuciosa del legado profesional del arquitecto Luis Barragán en la helvética Fundación Barragán de la comuna Birsfelden, misma que ella impulsa al este de Basilea, para anunciar con orgullo la recta final rumbo a la edición del catálogo razonado del Premio Pritzker 1980.

“Estará listo en el otoño. Yo prefiero llamarla publicación dedicada al trabajo de Barragán a través de sus archivos, es decir, se trata de dos volúmenes, cada uno probablemente de novecientos a mil páginas contra mil quinientas reproducciones o quizá cuatro mil imágenes, con el texto final”, asegura optimista en claro dialecto español de México la también arquitecta veneciana, quien no puede ocultar su “gran amor” ni la “gran admiración” por nuestra cultura.

“Es un trabajo monumental en el sentido de que anhelamos publicar lo más posible de los documentos que hemos ido encontrando en el archivo y varios archivos relacionados en todos estos años de investigación. No será una publicación que pretenda ser otro libro más de Luis Barragán, sino una de referencia para su trabajo, ordenada de manera cronológica.”

Añade asimismo, a punto de dar paso a Proceso por los pasillos que descienden al sótano del edificio de la fundación en la calle Klünenfeldstrasse (que ella denomina “el depósito”) donde se halla la valiosa herencia artística y visión edificante del arquitecto tapatío, “una publicación de referencia para comprender lo que es su archivo y sus archivos en general, porque el archivo del arquitecto es lo que dejó en su oficina: documentos, dibujos y fotografías; pero evidentemente hay otros materiales que están en manos de clientes o que se quedaron en su casa, con otros coleccionistas o en museos, y que por una u otra razón tuvieron que ver con él”.

Una sonrisa constante anima su comentario acerca de que “todo lo que hemos podido recaudar pacientemente, estudiar y digitalizar, irá allí relatado”.

Paciencia, remedio infalible

No falta día en que su equipo de colaboradores en la fundación le sumen noticias acerca de Barragán que se digitalizan con el amplio acervo existente, mismo que de por sí solo cuenta con alrededor de 37 mil ítems.

Conserva los ejemplares originales de la revista Proceso luego que el arquitecto Fernando González Gortázar fuera el primero en protestar, a comienzos de agosto de 2016, por haber permitido las autoridades culturales a la artista estadunidense Jill Magid extraer 525 gramos cenizas de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres para convertirlas en un anillo de diamante el 23 de septiembre de 2015, y que ofreció a Zanco supuestamente a cambio de “regresar” el archivo a México (ver recuadro).

“Desde que Magid comenzó a golpear no tuve más remedio que defenderme. A los debates en su exposición Una carta siempre llega a su destino del MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo) jamás se me invitó a participar y me extraña, pues la UNAM es una institución muy seria y acostumbra convocar ambas partes de cualquier discusión. No conozco al curador Cuauhtémoc Medina ni a Jorge Volpi, pero siento gran amor por México y respeto por la UNAM. He necesitado de una paciencia infinita…”

Prodigio de memoria

El equipo colaborador de Federica Zanco a través de los casi cinco lustros desde que su esposo Rolf Felhbaum –al frente de la fábrica de muebles suiza Vitra– convenció a su familia de comprar los archivos Barragán en la primavera de 1995, consignados al galerista Max Protetch en Nueva York, lo han integrado:

Maja Baumgartner (historiadora de arte, curadora), Elena Formia (arquitecta, asistente de curaduría), Tia Lindgren (arquitecta, primera asistente de Zanco), Emilia Terragni (historiadora de arte, curadora), y Anna Friedii (interna). De forma externa: Francesca Picchi, Sara Protasoni, Ilaria Valente, Annalisa Avon, Verena Schindler, y Catherine Huerzeler Herzog.

En la actualidad: Vera Sacchetti (posgrado en escritura crítica, editora), Giulia Mela (posgrado en arquitectura, investigadora y asistente de curaduría), Aurelia Gutsche (historiadora del arte, responsable de archivos de prensa, licencias), y Martin Josephy (planeador urbano, investigador de Basilea) quien ha acompañado a Zanco desde que el archivo llegó a Suiza, hace casi 23 años y confirma que los dos tomos estarán listos para otoño.

“Estamos aquí desde el 2006, pues antes trabajé abajo donde está el archivo que te voy a enseñar… Durante los primeros años, necesitábamos trabajar más cerca de los cajones, de los portafolios, de los documentos; pero cuando se liberó la oficina, aquí arriba pudimos ‘subir de grado’ a un nivel un tanto más confortable. Aquí también se halla una guardería para los niños de los trabajadores de la empresa Vitra o empleados de fuera, y es nuestro lugar normal de labor diaria, podemos atender las solicitudes y, en particular, preparar la futura publicación de ambos libros primero en lengua inglesa.”

La historia del archivo y herencia que dejó Luis Barragán a su muerte (el 22 de noviembre de 1988 en su casa de la capital mexicana) ha sido ampliamente documentada por la prensa nacional (Gerardo Lammers en Confabulario número 219 de agosto 20 de 2017, calculó que Fehlbaum & Co. lo compró en 2.5 millones de dólares, poseyendo 13 mil 500 dibujos, 7 mil 500 fotos, 3 mil 500 negativos y 290 artículos, muebles, etc.), relata:

“En febrero de 1994 Rolf y yo visitamos México en pleno levantamiento zapatista con el objetivo de ver la obra de Barragán. En ese entonces no estábamos casados, éramos novios.”

La memoria de Zanco es prodigiosa. De vestir nada ostentoso, porta un chal tejido en la Mixteca. Acuden a su mente detalles y fechas precisas de sitios y personas en México, al punto de que la nacida en Concordia pareciera ser experta sobre cualquier tema afín a Luis Barragán (ver https://www.youtube.com/watch?v=jNQD5l_hknM).

“El Museo Vitra se fundó en 1989. En 1994, te puedes tú imaginar entonces nomás que con cinco años de actividad era una pequeña institución privada, dedicada exclusivamente al diseño de sillas que por primera vez tenía interés por hacer exposiciones de arquitectura.”

Cuando comenzaron a llegar las cajas desde Nueva York, Rolf Felhbaum le pidió un sondeo preliminar de contenidos. Pese a su experiencia (ella había estudiado en los Archivos del Estado de Venecia con María Francesca Tiépolo, descendiente del pintor veneciano Giambattista Tiépolo, y realizó su tesis sobre los dibujos de Jože Plecnik en el Castillo de Praga ca. 1900), a Zanco pronto le cayó el veinte de que la organización le tomaría no dos o tres meses, “sino años”. Empero, se lanzó:

“Cuando llega el archivo no son más que cajas con sobres. Y en los sobres van doblados o enrollados documentos, todo muy desordenado, los documentos no hablan per se. Muchísimas de estas imágenes y dibujos los puedo mostrar al mexicano más ducho, amigo de la obra de Barragán, y estoy segura de que no sabrá qué es, en dónde está, de qué año es, cómo edificó, si todavía existe o no se hizo. No por ser mexicano lo sabes.”

–Ahora la gente está sumamente enloquecida con Barragán como si él solo fuera el único genio de la arquitectura mexicana…

–Hoy es la superestrella; pero en la arquitectura hay mexicanos que han construido más y de manera impactante. Pero por su posición particular, historia personal, etcétera, él ha dejado un pequeño grupo de trabajos que hoy nosotros encontramos extremadamente significativos, importantes, enriquecedores, poéticos, y por eso hoy toca nuestra sensibilidad.

Trabajo de vida

Para 1997, la fundación suiza adquirió los negativos y derechos del fotógrafo de Barragán, Armando Salas Portugal, y en el 2000 el Museo Vitra abrió la exposición Luis Barragán: La revolución silenciosa, que dio la vuelta al mundo y fue inaugurada en el Palacio de Bellas Artes a finales de 2002 por el ex presidente Vicente Fox y la presidenta del Conaculta, Sari Bermúdez.

El libro homónimo traducido a diferentes lenguas y coordinado por Zanco, más que un catálogo de las 600 piezas del archivo expuestas al público, compilaba acercamientos críticos de varios especialistas y arquitectos internacionales, así como ilustraciones. A mediados de agosto de 2016, enterado apenas por The New Yorker de que el gobierno jalisciense y el ahora difunto Hugo Barragán habían avalado los proyectos de exhumar a Barragán, el arquitecto e investigador puma Enrique X. de Anda Alanis envió un correo electrónico a Zanco y Proceso, manifestando:

Si bien entiendo que los integrantes de los circuitos “artístico-comerciales” de Estados Unidos dependen de construir polémicas para que circulen en los medios, con lo que pueden “inflar” los costos de sus obras –las más de las veces de ornato más que realmente artísticas–, lo que me parece provinciano es que en México todavía se siga cayendo en la trampa de seguirles el juego… Para mí como historiador es un asunto de vergüenza, pero es un hecho: en México no existe la cultura de preservación de archivos; en materia de arquitectura sólo existen dos, el de la Facultad de Arquitectura, y el que resguardamos en [el Instituto de Investigaciones]Estéticas, ¡nada más!, ni la Secretaría de Cultura tiene un sistema organizado… 

Alternativamente a la presencia de Proceso en los archivos de la Fundación Barragán, Zanco recibió al profesor Luis E. Carranza, egresado de la School of Architecture Planning and Preservation en la Columbia University de Nueva York, quien solicitó con mucha antelación estudiar los archivos. En artículo que elaboró para la revista mexicana Arquine, describe:

Localizado en una fábrica de los años 50 que producía muebles para Vitra… El archivo en sí se encuentra en el subsuelo; en lo que era el refugio antiaéreo de la fábrica [Vitra]. Lugar ideal no sólo porque mantiene una temperatura y humedad estable, pero también porque está resguardado de todo tipo de posibles acontecimientos que lo pudieran dañar… 

Zanco guía a Proceso hacia el refugio del archivo que ilumina, al tiempo que se coloca los anteojos y un par de guantes anticontaminantes. Despliega afuera el cajón azul número 4, cerca del piso:

“Aquí tenemos fotos de Salas Portugal, pero son parte del archivo Barragán que le compró al fotógrafo. Aún no hemos desarrollado el trabajo de ponerlas en cajas antiácido. En este sobre tenemos impresiones de los años cuarenta de tamaño grande, con múltiples ejemplares y papeles; pueden ser un poco más oscuras o más claras, y por lo general atrás vienen notas o cifras de referencia que no siempre eran correctas y hemos corregido. Nuestra tarea es conservar las fotos tal como él las había acomodado en su oficina. Y Salas Portugal es importante para la historia de la fotografía de autor, le debemos el mismo respeto, son las miradas del fotógrafo frente a la del arquitecto”.

Menciona que cuando fue visitado el archivo por el empresario y coleccionista César Cervantes para restaurar la casa Prieto López, las imágenes ayudaron a reproducir el proyecto original. Toma al azar de los estantes una caja limpia con revistas ya catalogadas, saca un fólder, lo desdobla y explica:

“Esta es la francesa Connasance des Arts del 15 de marzo de 1956, está así en su carpetita antiácidos y buscando dentro vemos el contenido con fotos del proyecto del Pedregal de San Ángel. Cuando algo así te llega, tienes que checar página por página para descubrir algo publicado, porque si Barragán la guardaba, lógicamente poseía un interés para él. Aquí hay otra revista de 1956, BAZAAR…

“Son cuatro copias, aquí está él en el artículo ‘México: The Architect at Home’; pero estas son muy frágiles, hay que tratarlas con cuidado extremo, si no, se deshojan, si se quedan allá arriba arrumbadas sobre la repisa, en dos años se pierden para el mundo. Esta otra es Domus, para la cual yo trabajé y el director de la revista estaba muy interesado en México y en él”. De signo Escorpión, Federica nació en 1961.

“Con todo esto hemos ido paso a pasito, porque si te metes a sacar cosas e intervenir sin comprender de qué se trata cada cosa, puedes arruinar la investigación para siempre. Es muy interesante ver lo publicado en el contexto de los años cincuenta, mira, aquí está la casa Prieto otra vez, ¡qué belleza, impecable! Tenemos fotos a color de los muros en gris, el rojo salmón, aparte de las de Salas Portugal en blanco y negro; estas son fundamentales pues sirvieron a Cervantes, quien cuando compró la casa estaba toda de blanco.

“De verdad, no podemos dejar a cualquier persona que abra la revista así como así, porque hará ¡crack! Se desgaja. De ahí que yo me ponga mis guantecitos y la abra delicadamente, como si fuera mi bebé. Los estudiosos tienen prisa, quieren analizar rápido ya que el tiempo es una de sus prioridades, y como no es su archivo, se romperían las páginas. No podemos tomar riegos.”

De entre varios cuadros bien enmarcados, aparece uno grande con las Torres de Satélite, pintado a pastel y carboncillo por Barragán. Ejemplifica:

“Pon tú que Magid me pide un préstamo de esta pintura, ¿qué hago? Es decir, ¿la pongo en un cartoncito así envueltito con papel estraza y se la envío vía exprés, o qué? ¡Existen cuestiones prácticas, de procedimientos para que no se pierda! No es cuestión de seguro económico que pudiera costar cincuenta o cien mil dólares; pero si se pierde, qué hago yo con cien mil dólares cuando he arruinado un documento artístico y único que ya jamás nadie recuperará.”

Durante la media hora que permanece con Proceso en los dos cuartitos del sitio, la arquitecta desliza planos, dibujos, bosquejos o trazos vagos de Barragán con apuntes de los cuales no es posible descifrar dónde pudo desarrollarlos, o si sólo existieron en su pensamiento. Las transparencias de películas a color se numeran por decenas, aunque únicamente le basta explicar los reiterados procesos de conservación de unas pocas imágenes a color en 22 años, para que el reportero y su fotógrafa se den cuenta de cómo nada le ha sido permitido dejar al azar. Carranza apuntó:

Es impresionante que en tan poco espacio quepan las casi 37 000 piezas que forman el archivo… en el momento en que la viuda de Raúl Ferrera, el socio de Barragán, puso a la venta el archivo, nadie le puso atención… Hasta instituciones públicas como el INBA ponen todo tipo de restricciones para que uno no pueda ver o consultar el material que resguardan.

Por último, entramos a la habitación contigua donde Zanco y su equipo primigenio realizaron las primeras catalogaciones. Una ventana permite el ruido exterior y la luz del atardecer. Ahí descansan todas y cada una de las cajas de cartón con que transportaron el archivo a Basilea. En la pared, destaca un cartel que le provoca felicidad: el de la exposición Luis Barragán: la revolución silenciosa. Con satisfacción, señala una foto en claroscuros de Ernesto Che Guevara fumando puro, y agita su mano a manera de adiós:

“Durante 22 años de mi trabajo en México siempre he guardado un perfil bajo. Pero los cuentos de Magid, sus insistencias sobre el valor económico del archivo –que por supuesto son erradas, porque ni sabe qué contiene ni conoce bien su obra–; meter a mi marido y con nombre y apellidos denostar a mi familia, evidentemente han fomentado una agresividad en contra mía. Me ha expuesto de forma violenta y con dolo en la mira pública, lo cual para mí es triste e inaceptable. ¡No se vale!

“México es un país que amo, adoro su cultura, es el lugar principal de mis amistades y de mi preocupación profesional.”

Este reportaje se publicó el 28 de enero de 2018 en la edición 2152 de la revista Proceso.

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