Mexicanos en los Juegos de Invierno: sin recursos, misión casi imposible

German Madrazo, Robert Franco, Rodolfo Dickson y Sarah Schleper tienen en común el amor por su país, pero también que no tuvieron los recursos para invertir en el deporte que aman y los apasiona. Sin embargo, su lucha rindió frutos y representarán a México en los Juegos Olímpicos de Invierno Pyeongchang 2018, en Corea del Sur. “No tengo dinero, pero sí muchas ganas”, dice Madrazo en entrevista. El presidente de la Federación Mexicana de Esquí, Carlos Pruneda, explica la falta de  apoyo en el hecho de que es una organización joven –apenas tiene un año– y que las empresas sólo quieren patrocinar a atletas reconocidos.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Germán Madrazo supo del esquí de fondo por una publicación que en 2016 le envió un amigo. Leyó que es un deporte invernal que exige el mayor de los esfuerzos. Para un maratonista como él, con cientos de kilómetros en las piernas desde temprana edad y que pasó los últimos 10 años de su vida participando en pruebas de Ironman, recorrer una distancia a campo traviesa sobre la nieve se antojaba como un reto.

Dueño de una tienda de ropa deportiva en McAllen, Texas, que le permite mantener a su esposa y a sus tres bebés, Madrazo se propuso calificar a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang 2018, en Corea del Sur.

No tenía dinero, pero sí muchas ganas. En la ciudad donde reside desde hace 11 años no hay nieve. Tuvo que viajar a distintas ciudades de Estados Unidos en busca de ella. Consiguió un entrenador con quien empezó a trabajar a principios de 2017. Se endeudó. Sacrificó tiempo con su familia. En la última oportunidad, el pasado 21 de enero, clasificó en la prueba de los 15 kilómetros.

Germán Madrazo Baca, 43 años, queretano de nacimiento, es uno de los cuatro representantes que México enviará a los Juegos Olímpicos de Invierno que tendrán lugar del 9 al 25 de febrero. Es el único que no tiene doble nacionalidad.

Robert Franco (Free style) es un mexicoestadunidense de segunda generación; Rodolfo Dickson (Slalom y Slalom gigante) nació en Puerto Vallarta y fue adoptado por una pareja canadiense, y Sarah Schleper (Slalom gigante) es una esquiadora cuatro veces olímpica por Estados Unidos, está casada con Federico Gaxiola de la Lama, un corredor de bienes raíces mexicano.

Los cuatro atletas tienen en común que se han financiado su preparación. En su aspiración por representar a México en los Juegos Olímpicos de Invierno contactaron al presidente de la Federación Mexicana de Esquí, Carlos Pruneda, para pedir que los inscribiera en la justa. En el caso de Schleper comenzó el proceso para adquirir la nacionalidad mexicana rumbo a Sochi 2014, pero los documentos oficiales llegaron a destiempo.

El abanderado de la delegación mexicana es justamente Germán Madrazo. En una breve ceremonia realizada en las instalaciones del Comité Olímpico Mexicano (COM), a la cual no asistió Schleper, los tres hombres integraron la escolta.

La federación les entregó uniformes de competencia y de viaje, y pagará el traslado aéreo de todos aquellos que los acompañen para asistirlos en las competencias, entre ellos, Hubertus Von Hohenlohe, el príncipe mexicoaustriaco que participó en Sarajevo 84, Lillehammer 94, Vancouver 2010 y Sochi 2014.

Durante los primeros 10 meses de entrenamiento con el estadunidense Andrew Liebner, Madrazo viajó por periodos de 15 días a Michigan para aprovechar la nieve. Regresaba un par de semanas para estar con su familia y se marchaba otra vez. Rentaba habitaciones de máximo 20 dólares en Airbnb y comía alimentos preparados por él mismo.

El dinero para financiar los viajes a entrenar en lugares con nieve fueron donaciones de amigos, préstamos familiares y sobregiros a sus tarjetas de crédito en las que debe más de 12 mil dólares. Logró recaudar otros 20 mil dólares para sufragar los gastos. Pero si conseguir dinero fue complicado, aprender la técnica del esquí de fondo resultó doloroso.

Aprender a balancear su cuerpo con un par de esquíes delgados y largos le tomó semanas. Parte del entrenamiento se realiza con esquíes con ruedas en el pavimento. Ese año, Germán Madrazo recorrió más de 3 mil 500 kilómetros con sus roller skies. Las cicatrices y golpes en piernas y rodillas lo demuestran.

“Al mismo tiempo que aprendía la técnica empecé a competir porque tenía que ir sumando puntos. Enero y febrero fueron para aprender. Marzo y abril, para competir y tener muy malos resultados que me decepcionaban, pero jamás dije ‘no voy a seguir’. Todos me decían ‘pobre de ti’. Llegó un momento en el que hasta me dio pena. Nunca me vencí. Me iba mal y encontraba un pretexto para convencerme de que debía continuar.

“Después de un mal resultado, lo difícil era regresar y hablarle a los amigos y a la familia y decirles ‘necesito otros 2 mil dólares’. ‘¿Cómo te fue la vez pasada cuando te di mil dólares?’. La respuesta era fatal. Pedía dinero para un proyecto que iba a ninguna parte. Pero yo sabía que sí calificaría, aunque los resultados me dijeran lo contrario”, cuenta Germán Madrazo.

En su proyecto rumbo a Pyeongchang, Madrazo compitió en 18 carreras oficiales y en otras 15 no oficiales. La más larga fue de 50 kilómetros, y la más corta, un sprint de 1.1 kilómetros. Consiguió la puntuación menor de 300 que necesitaba para estar entre los competidores olímpicos.

Los últimos meses participó dos veces por semana, tratando de obtener los puntos. Se recuerda ya sin fuerzas, casi desmayado, repitiéndose en voz alta con sus compañeros: “¡Pelea un día más!”.

Aunque es difícil pronosticar a qué aspira en la prueba que se realizará el 16 de febrero, Madrazo considera que si la pista tiene nieve “fría”, será muy rápida y podría hacer su recorrido entre 47 y 48 minutos. Si por el contrario la nieve es “caliente”, entonces, estará suave y lenta. Como los participantes arrancan en intervalos de 30 segundos, la velocidad, según las condiciones climáticas, también varía. Conseguir una medalla no es un objetivo real.

Pero Germán Madrazo considera que es motivo de orgullo para el país tener representación en los Juegos Olímpicos invernales dado que, a diferencia de los países con nieve, él comenzó a practicar el esquí de fondo a una edad que para el común de los atletas está cercana al retiro.

“El verdadero espíritu del olimpismo es donde se abre la posibilidad de que haya representación de países que no son potencia. El mensaje que quiero transmitir es que no hay límites, que todo se puede y que nunca hay que darse por vencido. No tener dinero o no saber hacer algo no te impide realizarlo. Perder no es un límite. Me enamoré del Cross-Country Ski y estoy convencido de que es el deporte que quiero practicar hasta que se me acaben las fuerzas.”

Rechazó a Estados Unidos

Robert Franco comenzó a esquiar cuando apenas tenía dos años. En las montañas nevadas imitaba a su hermano mayor. Un lustro pasó para que el niño mostrara sus habilidades en el Free style, el esquí acrobático en el que se suben y bajan rampas, hay saltos y se realizan trucos.

La familia Franco tiene sus raíces en Guadalajara y Guanajuato. El padre de Robert nació en Michigan, pero su niñez la pasó en la Ciudad de México, donde cursó la primaria hasta que se lo llevaron a vivir para siempre a California. Ahí nacieron sus hijos. El más pequeño, Robert, creció esquiando en la zona de Lake Tahoe. Después se movió hacia Breckenridge, Colorado, cuando decidió que se convertiría en un atleta destacado.

Franco nunca ha tenido un entrenador profesional. Los recursos familiares no alcanzan para pagarlo. Sus mentores han sido su hermano y su padre. Y en cada competencia aprende de sus compañeros, de pedirle consejo a los entrenadores y de tratar de imitar lo que los demás hacen.

Robert Franco, de 24 años, tuvo la opción de representar a Estados Unidos, pero asegura que se decantó por México pues quiere que sus abuelos y tíos mexicanos se sientan orgullosos de él. También porque quiso ser el pionero de este deporte en el país. Es la primera vez que un mexicano participará en el Free style.

Para costear la práctica de su deporte, Franco trabaja en el negocio familiar y con unos amigos de Colorado que lo contratan como asistente personal. El dinero que ha ganado hasta ahora, unos 55 mil dólares, los ha invertido en su deporte. Sus padres han pagado lo que él no puede cubrir y consiguió un patrocinador que le obsequia el uniforme y el equipamiento deportivo que requiere.

El objetivo de Franco en los Juegos Olímpicos es ganar una medalla. Asegura que en la prueba en la que competirá –Slopestyle, el 18 de febrero– no existen favoritos. Si logra calificar entre los 12 mejores a la final, cualquiera puede subir al podio, explica.

El atleta dice que ningún competidor tiene más ganas que él, y aunque es consciente de que por falta de recursos no tiene acceso a las mejores condiciones para prepararse, eso no lo frena para conseguir un resultado exitoso. Va por el mundo buscando la nieve para entrenar cinco horas diarias y competir para lograr la calificación olímpica.

El año pasado viajó a Australia, Francia y Suiza. Todos los gastos corrieron por su cuenta. Afirma que no defraudará a los mexicanos y pide que no se descalifique a la delegación olímpica porque no viven o no nacieron en México.

“Quiero ser un referente y también cumplir mi meta de ir a los Juegos Olímpicos. Es un deporte muy divertido y conozco a muchos mexicanos que lo practican en Estados Unidos y en Canadá. Si tengo una buena experiencia, si logro algo importante, voy a inspirar a otros. Lo empecé a hacer por mí, pero hoy veo que esto puede ser un factor de cambio. Conozco las diferencias entre lo que te ofrece un país y el otro, pero quiero demostrar que es posible darle luz a este deporte en México”, expresa.

Robert Franco desea vivir en la Ciudad de México, conseguir una beca para estudiar negocios internacionales en la Universidad Iberoamericana o en el Tecnológico de Monterrey. Quiere quedarse en la capital del país donde ya explora la posibilidad de convertirse en un empresario que venda salsas mexicanas en los estadios deportivos de las distintas ligas de deportes profesionales en Estados Unidos.

Sabe que mantenerse en el Free style es muy complicado. Es un deporte que evoluciona rápidamente y requiere de mayores destrezas cada vez. En el ranking para los Juegos Olímpicos está ubicado en la posición 25. Las nuevas generaciones no permitirán que repita en otra edición de esta competencia invernal.

Federación sin dinero

Carlos Pruneda lamenta que la Federación Mexicana de Esquí y el propio gobierno federal, mediante la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), no puedan ayudar a los integrantes de la delegación mexicana a cubrir sus gastos para Pyeonchang 2018, pero aclara que el organismo que preside apenas está en formación. Como no ha cumplido con los requisitos para obtener el Registro Nacional de Cultura Física y Deporte (Renade) no puede recibir recursos públicos.

Por otro lado, tampoco ha sido fácil persuadir a los empresarios mexicanos para que apuesten por los deportes invernales, pero confía en que tener a cuatro atletas en los próximos Juegos Olímpicos Invernales abrirá las puertas.

El 30 de enero pasado, la Federación Mexicana de Esquí cumplió un año. Este deporte formó parte de la Federación Mexicana de Patinaje Sobre Hielo y Deportes Invernales hasta que su presidente, José Luis Aguilar, y el propio Pruneda determinaron que, dada la cantidad de mexicanos que lo practican en sus distintas modalidades, es necesario que se desarrolle aparte.

“La finalidad es buscar recursos para los atletas que ya tenemos captados y también contar con visores que nos ayuden a encontrar chicos que quieran representar a México. Los mexicanos que lo practican viven en Estados Unidos y Canadá; tengo un chico en Argentina y otro en Europa. En México no se puede subir el nivel, hay que estar pegado a la montaña y a la nieve para mejorar. No hay entrenadores ni tenemos nada. Estamos por crear programas.

“Ahorita con Colorado y con el apoyo de la Federación Internacional de Esquí estamos creando la comunidad mexicana. Queremos conseguir un lugar en Colorado para instalar unas oficinas de la federación, que ahí se concentre el equipo mexicano y entrenen juntos. Nos ayudaría tener filiales en Argentina, Chile, Canadá. Con la Federación de Esquí de Estados Unidos vamos a firmar un convenio, pronto, que nos permitirá usar sus instalaciones en Utah, en Park City. Todo esto nos permitirá subir el nivel de nuestros atletas.”

De acuerdo con sus cálculos, practicar esquí alpino cuesta alrededor de 10 mil dólares mensuales a nivel amateur. Si se trata de deportistas de alto rendimiento, la cifra se incrementa. Para un país como México, que jamás ha estado ni cerca de obtener una medalla en Juegos Olímpicos de Invierno, invertir en esta disciplina está muy lejos de los presupuestos gubernamentales con todo y que la federación obtenga el Renade.

“Una empresa mexicana me dijo que ellos solo apoyan a atletas de renombre. Con estos que van a los Juegos Olímpicos estamos empezando de cero. Vamos a ver si sus resultados nos ayudan. Practicar esquí es muy difícil. Un atleta sigue la nieve todo el año. Esa es su vida. Se acaba la nieve en el hemisferio norte y se van al sur. Tienen que hacer acondicionamiento físico todos los días. Son atletas que pasan todos los días unas ocho horas entre la nieve y el gimnasio.

“No basta con ser un amateur que esquía un par de veces al año, que también me han buscado para representar a México. No es lo mismo eso que la competencia de alto rendimiento. Llegué a tener contacto con tres muchachos mexicanos de snowboard muy buenos, pero que son de bajos recursos y se desanimaron porque no pude ayudarlos. Espero que poco a poco esta situación mejore.”

Regresa del retiro

Sarah Schleper se retiró del esquí alpino en 2011, cuando tenía 32 años y después de haber competido en cuatro Juegos Olímpicos. Su mejor posición fue el décimo sitio, el cual obtuvo en Slalom en Turín 2006. La atleta volvió a entrenar hace cuatro años en la zona de Vail, Colorado, donde su padre posee una tienda de equipamiento deportivo y donde ella comenzó a los dos años. Ha sufrido múltiples accidentes: una pierna fracturada y una cirugía reconstructiva de rodilla.

“Estoy haciendo esto por pasión al deporte y para inspirar a otros. Sé que no voy a ganar, pero quiero demostrar que las personas de mi edad (38 años) y las chicas, en general, pueden llegar al límite. Se trata de longevidad. Los hombres lo hacen. Siento que si entrenas correctamente y comes bien, el cuerpo puede hacer mucho más de lo que creemos”, le dijo a The New York Times en una entrevista publicada antes de competir hace un par de años en el Campeonato Mundial. La prueba Schleper será el próximo 12 de febrero.

Esperanza

Rodolfo Roberto Dickson fue adoptado a los tres años por una pareja canadiense. Desde los nueves meses quedó huérfano y vivió en una casa hogar hasta que se lo llevaron a Ontario. A los seis años comenzó a esquiar. Cuando terminó la preparatoria se mudó a Europa para continuar su carrera como esquiador.

Con apenas 20 años y más recursos que sus compañeros para continuar en el esquí, Dickson es la esperanza de México para tener representación durante varios Juegos Olímpicos. El 18 de febrero competirá en Slalom gigante y el 22 en Slalom.

Este reportaje se publicó el 4 de febrero de 2018 en la edición 2153 de la revista Proceso.

Acerca del autor

Estudió Ciencias de la Comunicación y Letras y Literatura Hispánica en la UNAM. Fue reportera de información general en los noticieros Monitor de InfoRed. Desde 2000 ha sido reportera y conductora de deportes en distintos medios radiofónicos y televisivos. Estudió la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos en el CIDE.

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