Tesoros culturales de México en Europa

BERLÍN (proceso.com.mx).- Era el año 1977, y en Escocia un granjero excavó para construir un camino aledaño a su finca. Durante las obras topó con una piedra labrada de 74 cm. por 42, cuya rareza no pasó inadvertida por el hombre, pues era una representación de la muerte. Tras la sorpresa por el objeto que para el pensamiento occidental resultaba más bien macabro, el campesino colocó la roca en el centro de su granja para que funcionara como espantapájaros.

Años después un visitante casual y conocedor de historia precolombina develó la identidad: era en realidad una imagen de la Cihuatéotl, de origen azteca, del 1500 d. C. La pieza mexicana se encuentra hoy expuesta en el Museo Británico de Londres, Inglaterra, y su historia la dio a conocer el antropólogo inglés y profesor de la Universidad de la Columbia Británica en Canadá, Anthony Shelton.

Como el de la Cihuatéotl, existen salpicados por toda Europa miles de objetos y documentos de origen mexicano que, embajadores espontáneos, han sorprendido a sus descubridores.

Por ejemplo, en un trozo de papel amarillento de la Empresa General de Líneas Telegráficas, fechado el 18 de junio de 1867, quedó plasmado el último mensaje que Concepción Lombardo envió a su marido, el general Miguel Miramón, en el que le comunica brevemente el fracaso en las gestiones por salvar su vida.

“He llegado sin novedad. Nada se consigue. Déjame tus últimas disposiciones con Navorcita. Adiós, hasta el cielo. Concha”.

El telegrama forma parte de un acervo que incluye cartas y objetos personales del general conservador mexicano, cuya esposa donó al Museo Bottacin de Padua, Italia, para ser expuesto, aunque se encuentra en sus bodegas.

De la época de la Intervención francesa y junto con este acervo histórico de Miramón en Italia, hay más, como las vendas de fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo.

Es así como el investigador Miguel Gleason se dio a la tarea de, literalmente, hurgar entre las bodegas y sótanos de museos europeos en búsqueda de la presencia de tesoros de México. Su inventario, convertido en el libro México Insólito en Europa, contiene hasta el momento más de 9 mil objetos, distribuidos en más de 320 ciudades de 18 países, piezas que van de lo insólito a lo absurdo.

“Cuando por motivos personales me mudé a vivir a Francia, me di cuenta de que había muchas cosas relacionadas con México y que eran incluso desconocidas. El detonante para comenzar con este inventario fue el pequeño pueblo francés de Barcelonnette, catalogado como el pueblo más mexicano de toda Europa porque hubo una migración muy importante de franceses hacia México en el siglo XIX. Cuando lo visité me maravillé: existe hasta una calle con el nombre de Porfirio Díaz”, relata Gleason en entrevista con esta agencia.

A partir de entonces el investigador se propuso rastrear en el viejo continente todo lo que tuviera que ver con nuestro país.

Fue así que, además de conocer las piezas de más alto valor histórico o artístico que existen en los principales museos de Europa, como las pinturas de Siqueiros, Tamayo, Orozco y Rivera en el Vaticano o la amplia colección de objetos prehispánicos en el Museo Etnológico de Berlín –por mencionar sólo algunas–, sino con otras nada célebres o poco convencionales:

En la ciudad alemana de Baden-Baden se ubica el Museo de Arte Gehrke-Remund, cuya temática no es otra más que la vida y arte de Frida Kahlo, pero made in China.

Y es que, fieles seguidores de la pintora coyoacanense, los dueños del recinto, Hans-Jürgen Gehrke y Mariella C. Remund, no sólo mandaron construir una réplica de la Casa Azul de ese barrio de la capital mexicana, sino que contrataron a un par de artistas chinos en Beijing para que pintaran copias de cada una de sus 143 obras. Entre ellas La mesa herida, un gran lienzo de 1.22 m. por 2.44 que misteriosamente desapareció en 1955 luego de haber sido expuesto en Polonia; esta es su única réplica expuesta en todo el mundo.

“Como este museo insólito de Frida Kahlo me he topado con objetos que pueden caer hasta en lo absurdo, pero que están ahí y representan a nuestro país”, explica Gleason.

En ese sentido menciona como un ejemplo más un Palacio de Moctezuma erigido en Cáceres, España. En la ciudad extremeña el investigador conoció a los descendientes del emperador mexicano.

“Una de las hijas de Moctezuma, Isabel, se casó con el español Juan Cano y tuvieron tres hijos: Pedro, Gonzalo y Juan. Al morir ella en México, el marido regresó a España con los hijos y construyeron este palacio. Hablamos de un edificio antiguo, del siglo XVI, en el que hay unos frescos en los que se representan a los señores tributarios de los pueblos aztecas. Lo curioso de estas imágenes es que evidentemente quien las pintó no conocía la historia porque retrató a los señores tributarios con coronas europeas”, relata Gleason.

Un caso más extremo es el de un cuadro de la Virgen de Guadalupe del pintor novohispano Miguel Cabrera, ubicado en Roma, Italia, en el que el indio Juan Diego aparece con plumas en la cabeza y atuendo de cuero al estilo indio piel roja.

O el proveniente del popular mercado de Sonora de la ciudad de México expuesto en el Museo Helinä Rautavaaran de Espoo, Finlandia:
“Se trata de un objeto que representa a tres animales amalgamados: el cráneo de un perro, que saca su lengua en forma de víbora y que de su cabeza se desprende la de un pájaro. No sé si sea un objeto de brujería, pero me parece de lo más insólito y extravagante”, refiere Gleason.

Sin duda una de las piezas que más le enorgullece al investigador es la que halló en las bodegas del Museo del Quai Branly de París, el denominado Penacho de Cuauhtémoc, que de acuerdo con el antropólogo francés Ernst Hamy perteneció al último emperador azteca, y como tal lo catalogó.
“Se trata de un tocado de plumas impresionante. Su manufactura es muy fina y los manojos de plumas son semejantes a capullos. Si perteneció o no a Cuauhtémoc se desconoce, pero quien así lo catalogó tenía una gran autoridad porque era un conocedor de México”.

En efecto, nada confirma que el objeto circular de plumas sea un penacho y menos que haya pertenecido a Cuauhtémoc. Pero ante cualquier mínima posibilidad, Miguel Gleason busca que las autoridades del INAH viajen a Paris y estudien el objeto para determinar su procedencia y antigüedad.

“Creo que será difícil probar si fue de Cuauhtémoc, pero si resulta que es prehispánico sería muy valioso porque se convertiría en el octavo objeto de arte plumerío prehispánico que queda hasta nuestros días. Oficialmente sólo hay siete: dos que se ubican en Alemania, tres en Austria (uno de ellos, el famoso Penacho de Moctezuma) y dos en México”.

En su búsqueda, Gleason se ha topado también con objetos no tangibles.

Tal es el caso de dos óperas. La primera, Montezuma, estrenada por Antonio Vivaldi en el Teatro de Sant’Angelo de Venecia en 1733 e inspirada en el último emperador azteca. Fue en el año 2006 cuando la obra se presentó nuevamente en el castillo de Schwetzingen, en Heidelberg, Alemania. La segunda, Aura, compuesta por el español José María Sánchez-Verdú y basada en la novela homónima de Carlos Fuentes. También fue estrenada en Alemania en el 2011 en Hamburgo.

Y la lista de objetos continúa: Desde la imagen de la Virgen de Guadalupe que se convirtió en patrona del pueblo italiano de Santo Stefano d’Aveto, o el trozo del Árbol de la Noche Triste expuesto en el Museo Naval de Madrid, España, hasta las supuestas reliquias de los tlatoanis aztecas dentro de la que estaría un hipotético cráneo de Moctezuma en el Museo del Hombre, de Paris, o la mayor colección de exvotos mexicanos en Europa, exhibidas en el Museo del Paisaje de Verbania, en Italia.

Sobre la eterna polémica de si los tesoros mexicanos que se ubican fuera del país tendrían que volver o no a México, Gleason tiene claro que no:

“Personalmente me gusta mucho el concepto de Patrimonio de la Humanidad y me parece genial que en lugares tan lejanos y recónditos nuestro país esté presente. Todos estos objetos son como embajadores culturales. De otra forma, la gente de esos lugares no conocería sobre nuestra enorme riqueza cultural”.

En este punto sólo hace una excepción: la de aquellos objetos que sólo tienen valor para los mexicanos. Por ejemplo: las vendas de fusilamiento de Maximiliano y las cartas y documentos personales de Miguel Miramón.

“El Italia no sirve de mucho que las tengan, porque además de que no están expuestas, son documentos escritos en español que no se entienden. Además, estas cartas en especial me parecen de un valor histórico importante porque al leerlas uno se entera de lo que realmente pensaba Miramón sobre Maximiliano y eran cosas que no podía expresar en público. Al leerlas descubrí, por ejemplo, que en algún momento Miramón tuvo a juaristas en la mira para matarlos y el emperador se lo prohibió. Eso lo enojó mucho porque tal hecho precipitó la caída del imperio, pero al mismo tiempo habla de la nobleza de Maximiliano”.

Miguel Gleason estima que tan sólo en Europa existen alrededor de 100 mil objetos mexicanos, muchos de los cuales no incluyó en su inventario “porque muchos son, por ejemplo, pedazos de cerámicas. Sólo he incluido los que considero más importantes”.

Durante este 2018 comenzará la búsqueda de sus hallazgos en Estados Unidos, para lo cual aún está en búsqueda de apoyo financiero.

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