“La región salvaje”: El indomable deseo sexual

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El deseo sexual y la violencia parecen ser aquello que domina a los protagonistas de La región salvaje (México, 2016). La primera de estas fuerzas puja por salir a la superficie y liberarse, pero en un ambiente cargado de represión, cuando esto no ocurre, la segunda se hace presente.

La cinta dirigida por Amat Escalante cuenta la historia de Ale (Ruth Ramos) y su marido Ángel (Jesús Meza); de Fabián (Edén Villavicencio), cuñado de éste, y de una chica llamada Verónica (Simone Bucio), quien fungirá de cierta manera como un facilitador para que los demás encuentren un cauce a sus pasiones: ella conoce a un extraño monstruo que vive en una cabaña en medio del bosque, cuyo propósito es dar placer.

De diferentes maneras, los cuatro irán lidiando con sus instintos y necesidades, en una franca lucha en contra de una culpa resultante de la fuerte represión social, mientras el monstruo funge como un catalizador. Por cierto, muy bien realizado por el departamento de efectos.

La región salvaje es una mezcla entre naturalismo, melodrama y fantasía; pareciera que Escalante se inspiró en Lars von Trier y en el género animado japonés Hentai (donde en algunas tramas se suelen usar monstruos ofertadores de placer).

En La región salvaje la naturaleza animal es una fuerza poderosa, la cual puede verse en forma de un ser monstruoso. Y si no se encauza de manera adecuada, se convierte en una fuerza destructora. Un ejemplo claro es la homofobia que se respira en la cinta: Ángel siente un profundo desprecio por Fabián, debido a que este último es gay pero, por otro lado, lo ama en secreto. La imposibilidad amorosa debido a los prejuicios desata el instinto violento de Ángel, no sólo en contra de Fabián sino también en contra de su esposa.

En la cinta también encontramos el tema de la adicción, y es que al ser el deseo una fuerza tan poderosa, es capaz de dominarnos y destruirnos. Pero, por otro lado, bien encauzados, el deseo y la energía sexual nos brindan la posibilidad de liberarnos.

La cinta carece de buenas actuaciones, pero conseguimos obviar ese detalle gracias a la fuerza narrativa de Escalante, aunque se entiende que la sensación de naturalidad que proyectan es parte de la propuesta del cineasta. Lo que no se puede disculpar es la mala calidad de sonido.

La región salvaje es una cinta de autor que no busca complacer a la audiencia, y su narrativa está lejos de acercarse al cine comercial. Es, además, una de las mejores películas mexicanas de los últimos años.

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