El informe de Trump: nacionalismo perturbador

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El primer Informe sobre el Estado de la Nación presentado al Congreso por Donald Trump dejó impresiones diversas, según se le juzgue como espectáculo o como definición de políticas. Proveniente, entre otras actividades, del mundo del entretenimiento, Trump imprimió al informe un aire de programa de televisión, muy distinto al estilo intelectual de profesor universitario que caracterizó los informes de Obama durante los ocho años de su administración.

La costumbre de llevar al informe invitados especiales, generalmente de origen humilde, para utilizarlos como expresión de los valores admirados en la sociedad estadunidense como la valentía, la reacción positiva ante la adversidad, el patriotismo, el apoyo a la familia, etcétera, fue inaugurado por Ronald Reagan. Desde sus años en la presidencia, formó parte del informe dar reconocimiento a personas que adquieren el estatus de héroe por los valores que encarnan.

No es extraño que Trump repitiera la costumbre. Lo distinto fue el tiempo que otorgó a tales reconocimientos y la naturaleza del mensaje político que los acompañó. Fue notorio, por ejemplo, el aplauso muy largo, en cierto momento sostenido sólo por  él, dirigido a los padres de unas niñas asesinadas por jóvenes de una pandilla de inmigrantes. Ese gesto transmitió de manera elocuente uno de los mensajes centrales de su informe: la condena a los migrantes por la amenaza que representan.

El segundo aspecto importante del informe como espectáculo fue el llamado, también muy distinto al de su antecesor, a un nacionalismo exaltado que podría justificar diversas medidas económicas o políticas, cuyo efecto en el exterior podría ser perjudicial; pero eso no importa: lo único que debe tomarse en cuenta es que proteja la grandeza de “América”, la cual, desde luego, poco tiene que ver con México, el concepto de Norteamérica como región integrada o el TLCAN. Se trata de Estados Unidos, la América blanca, cuyas capas superiores se enriquecen cada vez más y donde la enorme desigualdad entre su población no se menciona, no se ve, porque por encima de sus problemas internos se encuentra el respeto por los héroes, el amor a la patria y sus emblemas como la bandera. Es difícil evitar los recuerdos que vienen a la memoria cuando se piensa en los discursos de otros líderes cuya exaltación nacionalista y convicción de la superioridad de su patria llevó a los horrores de una guerra mundial.

Más allá del espectáculo y sus mensajes implícitos, el informe dio a conocer posiciones políticas y proyectos económicos interesantes. Políticamente, hubo la mano tendida al partido demócrata para trabajar conjuntamente en políticas de interés común. Fue llamativo su exhorto para que formen parte de un ambicioso programa de construcción de infraestructura, con participación de inversión pública y privada.

Ahora bien, el tema clave para lograr una posición bipartidista se dio en el terreno de la migración, punto central del informe. Como señalamos en líneas anteriores, Trump sigue expresando el sentir de los grupos que lo llevaron al poder al mantener la antipatía hacia “los otros”, de allí que siga colocando en su agenda de preocupaciones el tema del muro. Como símbolo de su voluntad de separar claramente la Gran América de quienes vienen del sur, son morenos y no tienen alto nivel educativo, esa valla sigue allí. Lo prometió y, además, creo que es un sentimiento enraizado de su cultura y valores.

Dentro de esa línea de pensamiento, la propuesta de reforma migratoria que presentó al Congreso tiene cuatro pilares. La primera, la única solidaria y congruente con la historia de un país de migrantes como Estados Unidos, es la de conceder el permiso para permanecer en el país a quienes llegaron hace más de 10 años con sus padres, siendo niños. Para ellos hay la posibilidad de obtener la ciudadanía en 10 años. Hay una serie de requisitos que deben cumplir, los cuales pueden aplicarse de manera muy discrecional y reducir, en realidad, la generosidad de la propuesta.

El segundo pilar son medidas para poner fin a un sistema de “lotería” que es utilizado para otorgar al azar lo que se conoce como “green card” o tarjeta de trabajo a solicitantes, provenientes principalmente de África. El tercer pilar tiene que ver con el fortalecimiento de la seguridad en la frontera, lo que implica la aprobación del presupuesto para la construcción del famoso muro, que servirá, según él, no sólo para detener trabajadores migrantes sin documentos, sino el paso de drogas desde México.

El cuarto pilar son las medidas para promover una reforma que deje en segundo término a trabajadores con bajo nivel educativo y promueva la llegada de otros con habilidades ya adquiridas y útiles para elevar la competitividad del sector industrial o de servicios en Estados Unidos.

Desde el punto de vista de los intereses de México, el informe tuvo efectos de signo contrario. De una parte, se condenaron los acuerdos de libre comercio que han sido adversos al interés de Estados Unidos (TLCAN), se mantuvo la exaltación nacionalista al hablar de empleos en el sector automotriz, se repitió una y otra vez cómo el crecimiento del empleo está relacionado con los buenos “americanos” como la Chrysler, que ya no producirá los nuevos modelos en México sino en Estados Unidos.

Finalmente, el muro permaneció como el símbolo de distanciamiento y hostilidad en la relación México-Estados Unidos. Por otra parte, el primer pilar de la reforma migratoria es favorable a la situación de 1 millón 800 mil jóvenes, la  mayoría de los cuales son mexicanos; fue un punto positivo.

Es difícil predecir cuál será el cauce de las aguas en los próximos meses. Quedaron fuera del informe aspectos que pueden modificar seriamente los destinos de Trump, como el relacionado con la investigación que se lleva a cabo sobre la participación rusa en las elecciones de 2016. No hay certeza sobre la posición del Partido Demócrata ante la propuesta migratoria que hasta ahora ha rechazado. La situación mundial, a la que se refirió de manera muy superficial, presenta riesgos que pueden empeorar.

Por lo que toca a México, es poco probable que haya un giro en el  discurso oficial tan conciliatorio que ha dominado las relaciones con el gobierno de Trump. En los hechos, las diferencias de fondo en asuntos económicos siguen sin encontrar solución. Otros temas, como los acuerdos o desacuerdos en cuestiones de seguridad, son lo suficientemente opacos para no permitir especulaciones al respecto.

En resumen, el primer informe de Trump no fue un punto de transición. Los tiempos de definición están por venir.

Este análisis se publicó el 4 de febrero de 2018 en la edición 2153 de la revista Proceso.

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