González Orozco, en la batalla por su patrimonio

Discípulo de Diego Rivera, llamado el “último de los muralistas” y dueño de una destacada producción en el género desde que Agustín Yáñez lo invitó a pintar en el Castillo de Chapultepec un mural sobre la entrada de Juárez al Palacio Nacional, el chihuahuense de 84 años relata a Proceso el via crucis que ha vivido desde el despojo de su obra –que incluye una galería de arte–, cometido por sus hijastros, Manuel y Agustín Germán Rodríguez Arriaga. Autor de otro mural en el Hospital de Jesús, el asunto no ha prosperado a pesar de las demandas.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con una trayectoria de más de 60 años en las artes plásticas, autor de dos murales sobre la obra del presidente Benito Juárez en el Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec, el pintor Antonio González Orozco se encuentra, a sus 84 años de edad, en pie de lucha: Exige justicia en un caso de despojo de la que fuera su galería en San Ángel Inn y de un conjunto de obras plásticas.

Nacido en Chihuahua el 10 de mayo de 1933, González Orozco estudió entre 1953 y 1957 en la Antigua Academia de San Carlos. Fue discípulo de Diego Rivera, quien le inculcó el gusto por el muralismo, aunque ya había dado sus primeros pasos en ese género en su tierra natal con su profesor Leandro Carreón.

Autor del mural Historia de la medicina en México, realizado en el Hospital de Jesús –ubicado en la avenida 20 de Noviembre, en el Centro Histórico–, hizo su primera obra en el Castillo de Chapultepec, Entrada triunfal de Benito Juárez al Palacio Nacional acompañado de su gabinete, en 1967, invitado por el entonces secretario de Educación Pública, Agustín Yáñez.

El motivo fue celebrar el centenario del triunfo de la República, que –recuerda– “se celebró en grande hasta sacaron la carroza de Juárez al Zócalo”. Y regresó a pintar ahí en 1972 Juárez, símbolo de la República contra la intervención francesa, conmemorativa de los 100 años de la muerte del Benemérito de las Américas,

“Ese mural –comenta a Proceso– ha tenido una repercusión inusitada porque durante casi veinte años estuvo en la portada de los libros de texto gratuitos de Historia del quinto año de primaria, entonces todas las generaciones de esa época lo conocieron. Y fue sumamente difundido en televisión, revistas, periódicos y en otros libros, por ejemplo, Juárez, el republicano de Josefina Zoraida Vázquez.”

Ayudado por su hijo Antonio González Arriaga, el artista ofrece su testimonio tanto en forma escrita como en entrevista telefónica desde su casa en Tetelpan. Relata que desde 2010, luego de que su esposa Mercedes Arriaga Rivera sufriera un accidente que le quitó la movilidad, comenzó a notar un “robo hormiga” de objetos de su domicilio, incluidas obras de arte de su autoría.

Describe que tuvo con su esposa una sociedad conyugal. No obstante –dice– durante 2014 y 2015, mientras trabajaba junto con el pintor Vlady en un proyecto de mural en Cuernavaca, su hijastro, el diplomático Manuel Rodríguez Arriaga (hijo de doña Mercedes, proveniente de un matrimonio anterior), lo presionó para que renunciara a la parte de sus bienes y los pusiera notarialmente a nombre de la señora, incluyendo sus cuadros:

“…Siempre me negué, por lo que finalmente las presiones se convirtieron en amenaza de influir en mi esposa para que terminara el matrimonio de casi 47 años que teníamos en común, o para liquidar nuestra sociedad conyugal o para lograr que se alejara de mí definitivamente, para lo cual me amenazó con emplear sus múltiples influencias.”

Pero el asunto no paró ahí –señala–: El 5 de mayo de 2015 sustrajeron de su domicilio el cuadro La Virgen de los Ángeles, de autor anónimo, realizado en el siglo XVIII. Y luego de que el 14 de octubre siguiente Manuel le mandara un correo electrónico “en el que me puso sus pretensiones por escrito”, el 27 de febrero del 2016 se llevaron a su esposa ante el notario Cecilio González Márquez para que nombrara al hijo como su “apoderado o representante legal”, y el hijastro se negó siempre a mostrar el “supuesto poder”.

Más tarde el artista se enteró de que con esa fecha había sido nombrado como “albacea de su madre con derecho a cobro”. En marzo de ese mismo año se llevó a su mujer a un hogar geriátrico en Pátzcuaro, Michoacán. Cuando regresó a la Ciudad de México venía enferma de neumonía y fue ingresada, primero, al Hospital General Enrique Cabrera y luego al de Nutrición Salvador Zubirán. Falleció el 21 de abril “y al día de hoy ignoro dónde colocaron sus cenizas una vez que se la llevaron”, lamenta.

El 12 de abril de 2016 González Orozco presentó una denuncia ante la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ) en contra de los hermanos Manuel y Agustín Germán Rodríguez Arriaga, y en contra de quienes resultaran responsables, por la probable comisión de los delitos de abandono de persona y amenazas.

En ella da detalle de los hechos y señala también que le han querido despojar de la mitad de su domicilio en Tetelpan.

Falta de apoyo

González Orozco dice a este semanario que en 1986 su esposa y él instalaron en San Ángel Inn la galería Tlalpalli Arte Contemporáneo, en la cual se exhibió su obra y la de diversos artistas, entre ellos Ernesto Alcántara, Feliciano Béjar, Gerardo Cantú, Trinidad Osorio, Carmen Parra, Francisco Toledo y Alfredo Zalce. Debido a que Mercedes Arriaga comenzó a sentirse indispuesta para atender el lugar, decidieron rentar el inmueble, el cual no perdió su giro comercial y siguió siendo galería, la última llamada Arte Riverol.

El local, describe en la denuncia, generaba una renta mensual de 40 mil pesos. Y relata que, con engaños, los hijos de Arriaga lograron que ésta les cediera la responsabilidad de administrar el inmueble y le negaron a él desde entonces acceso a las cuentas, reclamando no sólo la totalidad de ese bien, sino la mitad de la obra de su propia creación.

El artista da cuenta asimismo del trato que los hermanos dieron a su madre, y considera que debido a ello fue mermando su salud.

Expresa su pesar porque, pese a su trayectoria, no ha recibido ningún recurso por parte de las autoridades culturales para su labor artística, pues se prefiere ver al arte como una mercancía y se considera al muralismo mexicano “como un capítulo cerrado de un libro de historia que no han leído a profundidad, toda vez que no dudan en ‘apoyar’ a los grupos o amigos en turno, supuestamente novedosos o ‘de vanguardia’, en detrimento de un importante movimiento vivo y trascendente”.

A guisa de ejemplo menciona que el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) rechazó un proyecto de mural para el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, con el argumento de que “no entendieron mi propuesta”, pese a que se incluía el boceto completo, así que no logró ingresar como creador artístico. Hasta ahora, además, no ha conseguido la conclusión del mural del Hospital de Jesús por falta de apoyo.

Con motivo de sus ochenta años de vida, el también grabador y escultor recibió un homenaje el 21 de octubre de 2013 en el Castillo de Chapultepec, por parte del Instituto Nacional de Bellas Artes. Y se le destacó como “el último gran muralista del siglo XX”.

Su hijo Antonio lamenta que pese a su trayectoria han pasado casi dos años de haber presentado la denuncia; lo único que han logrado hasta este momento, dice, es que se iniciara un proceso contra Manuel Rodríguez Arriaga “por la violencia que ejerció en contra de mi papá”.

Se formó la carpeta judicial con el número 3/1323/2017 para citar al imputado por “el hecho que la ley señala como delito de violencia familiar equiparada”, se lee en el documento. Y se le requirió para una audiencia.

Pero destaca González Arriaga que apenas unos días después de vincularlo a proceso se suscitó un nuevo agravio contra él y su padre: el despojo del inmueble en el cual tenían la galería de arte. El lugar se encontraba desocupado aunque en posesión del pintor y habían solicitado a la inmobiliaria Century 21 sus servicios para arrendarlo. El 21 de noviembre de 2017, al intentar ingresar para mostrarlo a un posible cliente, los representantes de esa empresa se percataron de que cadena y candado habían sido cambiados y el lugar estaba ocupado por una persona que no les permitió el acceso.

Apenas unos días después, el 24 de noviembre, González Arriaga inició una nueva denuncia ante la PGJ contra quienes resulten responsables del delito de despojo. Y pidió que se integrara a la averiguación el video que toman las cámaras del gobierno de la ciudad, pero no se le ha concedido.

A su vez, el pintor se queja también de que la Agencia Especializada en Adultos Mayores no le ha dado acceso a su denuncia, por lo cual le impidió ratificarla, es por eso que el 5 de julio del 2016 fue declarada “incompetente”, de ahí que interpusiera una queja ante el Visitador Ministerial y ante la propia PGJ.

González Arriaga redondea que no obstante su trayectoria y su obra, “que habla por sí misma”, su padre ha sido siempre una persona muy discreta y quizá por eso “el mundo se ha olvidado de Antonio González Orozco”, pero él “ha seguido su propio camino” y es una pena que ahora deba enfrentar estas situaciones para defender su patrimonio, que es su fuente de subsistencia, y la obra artística que ha venido reuniendo a lo largo de sesenta años.

El pasado 31 de enero presentó una solicitud ante la Agencia en Cuauhtémoc 8, para que su carpeta de investigación (CI-FBJ/BJ-1/UI2 S/D/2069/04-2017) sea remitida a la Fiscalía para la Investigación de los Delitos Cometidos por Servidores Públicos, dado que a un año de interpuesta su denuncia no ha habido avances, “lo que me hace constar el completo estado de indefensión y evidente revictimización en que me encuentro”.

Este reportaje se publicó el 4 de febrero de 2018 en la edición 2153 de la revista Proceso.

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