La osadía de informar en Oaxaca

Después de un año de estar fuera del país a causa del secuestro y las amenazas de que fue víctima en 2008, el periodista Pedro Matías Arrazola, corresponsal de Proceso en Oaxaca –su tierra natal–, fue declarado ganador del premio por la libertad de expresión y la defensa de los derechos humanos que otorga cada dos años la Fundación Johann-Philipp Palm.

Varias organizaciones de periodistas de Alemania y la Fundación para Perseguidos Políticos de Hamburgo postularon para el galardón al reportero de 46 años por sus trabajos realizados en 24 años de carrera, sobre todo a partir del conflicto social que se desbordó en Oaxaca en 2006 y durante el cual se detuvo a más de 500 personas, fallecieron 20 y se registró una decena de desaparecidos por motivos políticos.

Matías Arrazola manifestó que el premio también es un reconocimiento a Proceso, donde labora desde hace más de una década.

Comenzó a trabajar a los 22 años en el periódico Nuevo Informador, de Oaxaca. Desde 1994 es corresponsal de Proceso en el estado, y en 2006 cubrió el conflicto de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) con las autoridades estatales y federales.

El 25 de octubre de 2008, en la ciudad de Oaxaca, fue secuestrado por un grupo de hombres armados y embozados. El ataque fue condenado por el Centro Regional de Derechos Humanos Bartolomé Carrasco Briceño y por la Comisión Diocesana de Justicia y Paz, como una acción contra la libertad de prensa. 

“El reportero del diario Noticias y corresponsal de la revista Proceso es de reconocida trayectoria en el medio periodístico; persona honorable, sensata, prudente, que con toda autonomía e imparcialidad realiza sus investigaciones y las publica sin componendas ni chayoteos. Por lo que, ante la agresión perpetrada, es urgente que se esclarezcan los hechos, se identifique y se castigue a los responsables, pues los continuos ataques a la libertad de expresión en Oaxaca manifiestan con claridad que esta noble labor es de nula protección por el gobierno, quien debe velar por que el ejercicio periodístico se realice sin cortapisas.”

Pedro Matías recuerda así el hecho: “El 25 de octubre de ese año (2008) fui secuestrado por dos personas que se decían parte de Los Zetas, del crimen organizado. Me ponían pistolas cerca de la cara, según me decían, para que no hablara. Me amarraron pies y manos, y me torturaron física y psicológicamente”. 

En aquel entonces el mencionado centro de derechos humanos hizo responsable del ataque al gobernador, Ulises Ruiz Ortiz, ya que, argumentó, “existen varios ejemplos de ataque a medios de comunicación y periodistas en nuestro estado. Independientemente de quién los cometa, el gobierno no debe permitir ni solapar, y mucho menos encubrir a quienes los cometen”.

A pesar de que esas organizaciones demandaron una investigación inmediata y exhaustiva de los hechos a fin de identificar y castigar a los responsables, el gobierno de Ruiz nunca llevó a cabo la indagación.

Después de recibir amenazas de muerte, Matías se refugió durante un año en Alemania, donde denunció públicamente la grave situación que atraviesa México, y en específico los riesgos que enfrentan los periodistas al realizar su trabajo. También difundió entre organismos internacionales de derechos humanos la persecución que grupos políticos, caciques y jefes del narcotráfico desatan contra los profesionales de la información en México.

En el comunicado sobre el premio, la Fundación Palm considera que Pedro Matías, “corriendo peligros y arriesgando su vida, lucha por el derecho fundamental a expresarse libremente y por la defensa de principios constitucionales en un Estado de derecho”.

Al enterarse de que ganó el premio, el periodista recordó que en el clima de violencia que prevalece en el país, Oaxaca se ha convertido en un estado especialmente peligroso, ya que ahí fueron asesinados recientemente informadores como el estadunidense Brad Will (el 26 de octubre de 2006), las locutoras triquis Felícitas Martínez y Teresa Bautista (en abril de 2008), así como dos activistas de los derechos humanos: el finlandés Jyri Antero Jaakkola y la mexicana Beatriz Alberta Cariño Trujillo (el pasado 27 de abril).

El premio se entregará el 5 de diciembre en Schorndorf, Alemania, y consiste en 20 mil euros, que Matías –el primer latinoamericano ganador de éste– compartirá con la escritora, periodista y defensora de los derechos humanos iraní Mahbubeh Abbasholizadeh, encarcelada varias veces por defender la democratización de su país y luchar contra la lapidación de las mujeres. 

Aunque pudo exiliarse, Abbasholizadeh optó por quedarse en Irán, donde padece “limitaciones masivas a su libertad personal de movimiento”, como señala el comunicado de la fundación alemana Johann-Philipp Palm, llamada así en honor de un librero asesinado en 1806 después de escribir una crítica a la ocupación de su país por las tropas de Napoleón Bonaparte. l

 

 

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