Orozco en el Cabañas

MÉXICO, D.F., 4 de abril (apro).- Con cerca de 500 obras de pintura, gráfica, dibujos y estudios preparatorios para murales, se inauguró en el Hospicio Cabañas de la ciudad de Guadalajara la más grande exposición que sobre José Clemente Orozco se haya presentado desde la que se exhibió, como homenaje nacional, en 1979 en el Palacio de Bellas Artes.
Al menos así lo asegura la Secretaría de Cultura del gobierno de Jalisco, que conjuntamente con el Instituto Cultural Cabañas (ICC), el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Fondo de Cultura Económica (FCE), ha organizado la muestra con asesoría de miembros de la familia Orozco.
    Titulada José Clemente Orozco. Pintura y verdad, la exhibición sobre el pintor que nació el 23 de noviembre de 1883 en Zapotlán el Grande (hoy Ciudad Guzmán), Jalisco, fue curada por el investigador Miguel Cervantes y coordinada por Alicia Lozano, exdirectora del ICC y ahora titular del Museo de Arte de Zapopan.
Las obras ocupan 19 salas del antiguo Hospicio. Provienen de colecciones públicas y privadas de México y Estados Unidos. Por ello no sólo se destaca en la información que hace más de 30 años no se reunían en una sola muestra tal cantidad de obras, luego de que para conmemorar el 30 aniversario luctuoso del autor de El Hombre de Fuego –mural realizado en el propio Hospicio Cabañas–, el museógrafo Fernando Gamboa organizó la exposición homenaje en el Palacio de Bellas Artes.
Se pone de relieve también que es “una oportunidad única e irrepetible para conocer las diferentes etapas y facetas del pintor”, y que “por la cantidad y calidad de la obra… será una exposición difícil de volver a presentarse”.
    Tal vez sí es irrepetible reunir tal conjunto de obras de caballete y trabajos preparativos, con la monumental obra mural hecha por Orozco en el Hospicio Cabañas, construido entre 1804 y 1824 por el obispo Juan Ruiz de Cabañas, con un diseño de Manuel Tolsá y José Gutiérrez. El hombre en llamas, que remata el interior de la cúpula del magno edificio (llamado la “Capilla Sixtina de América”), es considerado como el más ambicioso proyecto pictórico del muralista, y según una encuesta realizada entre 50 especialistas del medio plástico publicada en el libro México: Su apuesta por la cultura (Proceso/UNAM/Grijalbo, 2003), la obra más importante del siglo XX mexicano.
    Hay que recordar que en 1981, el semanario Proceso consignó la inauguración en el mismo Hospicio, recién remodelado entonces, de “la exposición permanente más completa de la obra de José Clemente Orozco”, con un total de 300 piezas adquiridas por el gobierno entre óleos, dibujos y bosquejos de mural colocados en torno al famoso mural.
La nueva exposición se abrió en la capital tapatía el pasado 24 de marzo y permanecerá hasta el 31 de julio, posteriormente se presentará en el último trimestre de 2010 en el Antiguo Colegio de San Ildefonso (donde Orozco realizó el mural La metralla) en el marco de los festejos por el centenario de la fundación de la UNAM este año.
    En forma paralela a la exhibición se abrió en internet un espacio donde puede consultarse información no sólo sobre ella, sino de la vida y obra de Orozco. Se describen, por ejemplo, los núcleos temáticos de la muestra que inician con el tema de la caricatura y terminan con el retrato y con México y Nueva York 1921-1949.
    Otros temas son La Casa del Llanto, Escuela Nacional Preparatoria, Omnisciencia Casa de los Azulejos, Pintura-México 1925-1927, México en la Revolución, Gráfica-Nueva York 1928-1933, Épica de la civilización americana, Catarsis del Palacio de Bellas Artes, Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, Suprema Corte de Justicia de la Nación-Ciudad de México 1940-1941, entre otros.
    El visitante virtual puede ingresar a los temas y aparecen textos diversos. De “La casa del Llanto” se cuenta, por ejemplo, sobre la primera exhibición individual de Orozco, en septiembre de 1916, en la Librería Biblos, propiedad de Francisco Gamoneda, que se tituló Estudios de mujeres:
    “El artista está por cumplir 33 años y es reconocido por sus contemporáneos –y por los lectores de periódicos especialmente– como el caricaturista ‘inclemente’ y cáustico del momento. Sin embargo, en esta exhibición hay algo más: una serie de acuarelas titulada La casa del llanto llama la atención de propios y extraños; imposible no admirar esas piezas excepcionales donde el genio orozquiano recrea con delicadeza y humor la vida prostibularia.”

La famosa capilla
Hay para cada uno de los 34 temas, que se refieren a las distintas obras de Orozco, un texto breve. Para el caso de la monumental obra realizada en el Hospicio Cabañas se dice:
    “Los frescos de la antigua capilla del Hospicio Cabañas son la obra maestra de Orozco. ¿Es debatible esta afirmación? Justino Fernández es un convencido de que se trata del ‘conjunto más formidable que existe en el continente americano’. En palabras de Luis Cardoza y Aragón: ‘Su ejemplo más notable es la cúpula del Hospicio Cabañas, el mural más hermoso de América: puede compararse con lo mejor de cualquier obra semejante. Un prodigio’. Otros fueron más cautos –el propio poeta guatemalteco tuvo sus dudas en relación con el conjunto– y hablaron de partes magistrales y de otras que quedaron a la zaga de sus grandes hallazgos; así lo manifiesta MacKinley Helm: ‘Es una pena que todos los detalles de la decoración del Hospicio no alcancen la alta perfección de la cúpula’.”
    Citan también al joven historiador de arte Renato González Mello, especialista en la obra y vida de Orozco, quien dice:
    “Los frescos del Hospicio tienen, como pocos, un programa general. Todos los tableros se llaman entre sí. Hay una coherencia y un sentido del conjunto’. El tema es el hombre y la máquina –la guerra real y simbólica entre ellos– en un contexto histórico y mítico que toca la historia de México, los ritos sangrientos de las culturas prehispánicas, la Conquista y la evangelización especialmente…”
    Se incluye también una cronología sobre la vida de Orozco desde su nacimiento, hasta 2009, año en el cual se realizaban los preparativos de la exposición inaugurada la semana pasada. Y se consigna también la realización ese año de algunas actividades como exposiciones y conferencias vinculadas con el muralista.
    En cada año se relatan los sucesos de la vida de Orozco: Su salida de Jalisco a la Ciudad de México, sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria, su paso por Nueva York, sus exposiciones colectivas, individuales, los libros que se escribieron sobre él como los de Alma Reed, Justino Fernández y Cardoza y Aragón, el nacimiento de sus hijos, sus inicios como pintor, la retrospectiva con más de 650 obras en el Palacio de Bellas Artes de 1947, y su muerte la mañana del 7 de septiembre de 1949, cuando estaba por cumplir 66 años de edad.
    Hay un espacio dedicado a algunas de las ideas de Orozco, quien expresa acerca de la decadencia del imperio americano, en una carta al también pintor de origen francés Jean Charlot, desde Nueva York:
    “A fuerza de dinero (se refiere a los norteamericanos) se están trayendo a Europa, pedazo a pedazo. El día menos pensado plantan la torre Eiffel en el parque Central, junto al obelisco. (…) Te aseguro que es toda una tragedia la de los American painters. Una tragedia que tiene atado al cuello un enorme trozo de oro ¡una montaña de oro! Se hundirá sin que nadie pueda evitarlo. Los verdaderos artistas americanos son los que hacen las máquinas; ante ellos hay que descubrirse… No dejes de escribirme.”
    Se reproducen asimismo, en la sección “Orozco visto por la crítica”, fragmentos de textos y ensayos reunidos en el libro La zarza rediviva: J.C. Orozco a contraluz, recién publicado por la Secretaría de Cultura del gobierno jalisciense y el Fondo de Cultura Económica. Son textos de autores como Edmundo O’Gorman, José Lezama Lima, Alma Reed, Carlos Mérida, Rubén Salazar Mallén y Alejo Carpentier, entre otros.
    Hay también una bibliografía para los interesados en conocer más sobre Orozco. En cada apartado se reproducen diversas obras de arte de las mostradas en la exposición, aunque no será nunca lo mismo verlas en la red que gozar del original colgado en el muro de un museo.
    Tal vez a manera de consuelo se ofrece, además, una vista “holoesférica” del ICC, con al gigantesco mural de El hombre en llamas, que el internauta puede recorrer con acercamientos y juegos de cámara a su antojo, sin que se iguale tampoco jamás a visitar en forma física la obra real.
    Habrá que esperar que la exposición venga a San Ildefonso para ver las cerca de 500 obras, aunque para admirar El hombre en llamas haya, irremediablemente, que hacer la peregrinación a Guadalajara.

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