Las 5 mil fotos de Nahui Ollin

Las 5 mil fotos de Nahui Ollin
Las 5 mil fotos de Nahui Ollin

MÉXICO, D.F., 15 de abril (Proceso).- Tomás Zurián, uno de los más destacados conservadores de arte mexicano, durante los sismos de 1985 no durmió en una semana porque se dio a la tarea de supervisar los murales del país como director de restauración del INBA. Desde hace 30 años alimenta una obsesión absoluta por la belleza física y espiritual de Nahui Ollin, a partir de que la descubriera en un retrato cuyo rostro, asegura, podría llegar a ser un icono a la manera de La Gioconda. El mismo que ha reproducido y regalado a 5 mil personas. En su casa de Coyoacán, rodeado de objetos que evocan por todas partes a la pintora de quien montó la primera exposición en 1992, Zurián cuenta esa singularísima relación amorosa.

La historia de amor de Tomás Zurián con la artista plástica Nahui Ollin (1895-1978) es tan peculiar, que el dramaturgo Hugo Argüelles quiso llevarla a los escenarios teatrales. Contar al público el apasionamiento que el restaurador de arte sintió por aquella mujer de impactantes ojos verdes, desde el instante en que vio su rostro en una fotografía.

Fotografía que –se prometió para sí y para Nahui, la amante de Gerardo Murillo, el Doctor Atl– divulgaría incansablemente y contribuiría así a que, algún día, pueda convertirse en un ícono de la cultura del siglo XX mexicano, tan emblemática como lo es La Gioconda, de Leonardo da Vinci, para el Renacimiento.

Para ello, Zurián decidió un buen día hacer ni más ni menos que 5 mil reproducciones del rostro que le marcó para siempre, en un formato fácilmente portable para la cartera, el monedero, como separador de libros o postal pequeñita.

 Cada una fue numerada a mano por él mismo en el reverso y repartida por doquier. Para culminar su propósito de regar como simiente la imagen, entregó a Proceso la número 5 mil y se dispuso cumplir el compromiso de contar a sus lectores la historia con Carmen Mondragón.

En su casa de Coyoacán, convertida en remanso y santuario para la artista y escritora que fuera esposa de Manuel Rodríguez Lozano y amante del Dr. Atl, también pintores, Zurián enseña la foto original enmarcada y comienza:

“Es uno de los más bellos íconos del siglo XX. Una fotografía maravillosamente lograda, de una espontaneidad total. Podría rebasar las fronteras y el tiempo. Es un rostro intemporal que puede pertenecer lo mismo al siglo XIX que al XX, ser del presente por su ‘gran modernidad’, e incluso si se le ve en 50 años seguirá teniendo la misma vigencia icónica.”

Explica:

“Es una de las razones por las cuales he pensado que un icono de esta magnitud debe ser conocido por la mayor cantidad de gente en donde se pueda. Si suponemos que a cada gente que se la doy –un joven, un hombre, una mujer, porque todo mundo quiere la fotografía– se la enseña a otros dos, pues ya son 15 mil.

“Claro, me iría a la descabelladez de que algún día pueda tener el valor icónico universal como la Monalisa ¿verdad? Sólo que hay una desventaja, porque aquella ya tiene 500 años en circulación y Nahui apenas como 30, ¡pero algún día se podrá hacer!”

 

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Tomás Zurián, quien estudió restauración en Italia, no continúa más su trabajo. A los 70 años está retirado. Primero cursó artes plásticas en la Academia de San Carlos (1950-1954) y después en el INBA llevó la carrera de restaurador de obras de arte. Trabajó mucho tiempo restaurando murales, hasta que obtuvo una beca para el Instituto Centrale de Restauro de Roma (1970-72). Entre 1978 y 1989 fue titular del Cencoa (Centro Nacional de Conservación de Obras de Arte) del INBA, hoy Cencrapam (Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble).

¿Cómo surgió su amor, su pasión desmesurada, su obstinación por conocer y difundir todo de aquella misteriosa mujer? 

El primer encuentro con Nahui Ollin se dio en casa del licenciado Luis Araujo Valdivia, a finales de 1978. El abogado había llevado el intestado del Dr. Atl para una prima y un sobrino. Ante la falta de dinero, los familiares le ofrecieron que escogiera objetos del estudio de Atl. Así se hizo de una estupenda colección en la cual se incluyeron los dibujos, fotografías, la paleta del pintor, pinceles y hasta la medalla Belisario Domínguez. 

Araujo Valdivia pidió a Zurián le hiciera un estudio sobre los dibujos y le dijera el estado de conservación en que se encontraban. El restaurador y también artista plástico fue a ver la colección. Algunos de los dibujos hechos por Murillo para el libro Más allá del Universo eran incluso desconocidos.

Zurián observaba con detenimiento las obras cuando descubrió la fotografía de Nahui Ollin que el pintor había conservado toda su vida. La seducción de los ojos de aquella mujer fue devastadora.

“Todo a mi alrededor desapareció y quedé abstraído, verdaderamente extasiado, mirando ese rostro enigmático, hasta que la insistente voz de Araujo Valdivia me obligó a volver a la realidad:

–¡Maestro Zurián! ¿Seguimos viendo los dibujos?

Apenas logró obtener ese día dos o tres datos sobre la mujer del retrato. Se tomó unas semanas para realizar el estudio sobre la colección del abogado, y el día que volvió a su casa a entregar el trabajo preguntó con cierta timidez si le permitiría, algún día, tomar una foto de la imagen:

“Con una generosidad increíble, se acercó a la foto, la descolgó y me dijo: Tenga, sólo puede pertenecerle a usted.”

Zurián refiere que salió de ahí “como un ladrón en la noche, lo más rapidito posible para no dar al licenciado la posibilidad de arrepentirse”.

A Nahui desde entonces ha consagrado su vida entera. Por ejemplo, ha recuperado y adquirido buena parte de sus obras plásticas, de sus libros y escritos; ha leído cuanto ha podido sobre su vida y le ha organizado varias exposiciones, entre ellas la del Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, en San Ángel Inn (Nahui Ollin, una mujer de los tiempos modernos, donde escribió el texto principal del catálogo y la dio a conocer como pintora) en 1992, la del Museo Mural Diego Rivera en 2000 (Nahui Ollin, ópera varia, donde la dio a conocer como dibujante, grabadora y caricaturista), una magna exposición en Chicago, Estados Unidos, en 2007, y numerosos artículos. Y, desde luego, ha repartido la fotografía a 5 mil personas, porque así se lo prometió a la propia Nahui en su tumba del panteón Español.

 

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Carmen Mondragón creció en el seno de una familia porfiriana, fue hija del general Manuel Mondragón, quien combatió contra Francisco I. Madero durante la Decena Trágica. Casó con Manuel Rodríguez Lozano, a quien dejó por seguir al Dr. Atl, con quien vivió en el exconvento de la Merced, en el Centro Histórico. Todo lo tiene organizado Zurián en innumerables fólders que guarda con distintas temáticas de investigación en torno a la vida y obra de Nahui. Dice que por ser “demasiado autocrítico” no ha conseguido terminar nada en la vida, y que eso le ha pasado con Nahui, de quien ahora sí se propone escribir la biografía total.

Señala que el mejor trabajo sobre la artista y poeta es el espléndido reportaje de la periodista Adriana Malvido, Nahui Ollin, la mujer del sol (Ed. Diana, 1994) y que se acaba de publicar en Italia (y ya traducido también en México) otro de un tal Pino Cacucci (1955), que resulta prácticamente un plagio tanto del libro de Malvido como de su propio ensayo en el catálogo mencionado.

“Hasta los errores se fusiló –dice–. Por ejemplo, la frase que en el catálogo le dedico al Dr. Atl: ‘Al Dr. Atl, a quien la vida le regaló dos volcanes: Nahui Ollin y el Paricutín’, la repite Cacucci de esta manera: ‘Al Dr. Atl la vida le regaló dos volcanes: Nahui Ollin y el Paricutín’.”

Y señala también el muy buen trabajo de Elena Poniatowska en Las siete cabritas, donde al igual que en la portada del libro de Cacucci se reproduce un desnudo completo de Nahui, de perfil, donde el pubis fue censurado. La foto inédita, con otra de un perfil de rostro, también inédita, son entregadas por Zurián para su publicación en estas páginas.

Desconoce quién pudo haber tomado la fotografía que lo marcó para siempre, así como la fecha. Está dedicada al Dr. Atl en 1922, es decir, cuando Nahui tendría 29 años. Pero asegura que se tomó unos tres o cuatro años atrás. Hay quien le ha asegurado que se trata de una imagen de Tina Modotti, lo cual encantaría a Zurián, porque ambas fueron amigas, pero lo descarta por completo debido a que no está en el formato que trabajaba Modotti, además de que para cuando le fue dedicada a Atl por Nahui aún no llegaban a México la fotógrafa italiana y su compañero Edward Weston. La dedicatoria, explosiva, dice:

“Amor eterno Amor Atl, la palpitación de mi corazón es el sonido de tu nombre, que amo con toda la frescura de mi juventud, único ser que adoro, moja los ojos de tu amada con el semen de tu vida para que se sequen de pasión, quien no ha y será más que tuya.”

 

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–¿Cuál cree que es el encanto de esta fotografía que seduce, como usted dice, a niños, jóvenes y adultos, y que usted calificó en su catálogo como “Una fotografía inquietante”.

–Yo creo que aquí es una Nahui Circe que transforma los sentimientos. Así como la Circe transformaba a los hombres en animales, no, aquí es lo contrario, es una Circe maravillosa cuyos ojos, un poco de Medusa, hechizan al espectador por algunos de los elementos que ya he expuesto, como es la intemporalidad, esa imagen que no tiene fecha, no tiene ni principio ni fin, es eterna. Ese sentido de eternidad entra muy profundamente en las personas, además de que es una mujer inmensamente bella.

“Y la fotografía, por una circunstancia verdaderamente maravillosa es de una gran expresividad, porque hay misticismo, hay erótica, hay trascendencia, no sé, hay una gran cantidad de elementos que son los que hacen que en el ánimo del espectador, de quien ve la foto, se produzca toda una cascada de recuerdos y de recuerdos que inclusive todavía no se producen, de un hecho que todavía no se produce.

“Y porque tiene esa característica de ícono: una cosa que se vuelve clásica, nació para quedarse por mucho tiempo en el ámbito visual.”

–Cuándo es que el licenciado le da a usted la fotografía.

–Ahí hay otro elemento de leyenda, de magia. Estoy seguro, sin poder comprobarlo radicalmente, pero estoy seguro de que en el momento en que yo estoy viendo la fotografía, está agonizando Nahui Ollin. ¿Por qué tengo esa idea? Porque después supe cuándo había muerto, que fue el 23 de enero de 1978. Yo le entregué un mes más tarde al licenciado Araujo el estudio, se lo estoy entregando un mes más tarde del 23 de diciembre, prácticamente.

“Entonces puede parecer, no sé, un poco frívolo, ya excesivo, pero que en ese momento que está agonizando ella siente la necesidad de transmitir algo a alguien para no morir, y entonces se da la circunstancia, ese encadenamiento intemporal y llega a mí la información. ¿Cómo llega? A través de la fotografía que estaba en la casa de este licenciado.

“Es decir, yo no puedo decir que yo estaba ahí el 23 de enero, pero sacando cuentas de lo que me tardé en hacer el escrito, en entregárselo, prácticamente me ubica en ese momento, pero es parte de la leyenda.”

–En ese sentido, sí cree que estaba destinado a conocerla.

–De otra manera no me lo explico, ¿por qué se dan esos dos casos con una simultaneidad relativista, no? Yo casi me atrevería a asegurarlo que sí fue así, pero así 100%, no, ya entraría en un terreno de fanatismo desmedido. Pero sí fue así, creo que fue así; y si no fue así, tendría que haber sido así.

Zurián está convencido también de que tuvo un “preenamoramiento” muchos años antes de conocer a Nahui. El hecho se dio cuando en su época de estudiante en Italia viajó al Museo Arqueológico de Nápoles y se impactó al ver la Venus Calípiga:

–En cuanto pude me lancé rápidamente al museo para conocer a la Venus. La sala por alguna razón estaba cerrada, pero mediante unas liras me la abrió el guardia. Ahí tuve oportunidad de deslizar mis manos por toda la escultura.

–¿Por qué la conocía antes?

–Por las clases de historia del arte, tanto mexicano como internacional en la ENAP. Y en una de esas alguno de los maestros nos enseñó la fotografía o la proyectó con esos antiguos proyectores de cuerpos opacos que había, no había todavía las transparencias, y entonces ahí fue el “preenloquecimiento” por Nahui. Tendría que venir después Nahui para acabar de justificar el tremendo interés por la escultura. Es decir, casi pienso que yo me interesé por la escultura en función de que en el futuro iba a conocer a Nahui.

“Cuando descubro la foto de Nahui, inmediatamente la asocio con la Venus Calípiga, que es una copia romana del original griego. Yo ya había comprado en Nápoles en aquella ocasión, cuando era estudiante en Roma, la postal, la tenía guardadita. Es ésta que aparece en mi artículo que publiqué en Luna córnea.”

–Si eso sintió cuando vio a la Venus, ¿qué sintió al ver la primera fotografía de Nahui desnuda posando a la manera de la Venus?

–¡Fue una impresión! Una impresión que además no era eminentemente erótica nada más, era una suma de muchos factores en donde había misticismo, había romanticismo, en el buen sentido de la palabra romanticismo, a la manera de los poetas o de los pintores románticos, que no es sentimentalismo de ninguna parte, es algo mucho más poderoso.

“Había una atracción erótica, una gran voluptuosidad que se desprendía del desnudo, pero se encadenó inmediatamente el primer desnudo a la impresión primigenia que tuve frente a la fotografía, y entonces automáticamente todos los valores de la fotografía, del retrato de ella, se los transferí inmediatamente al desnudo.

“Pero fue un impacto, fue una especie de nocaut emocional, una cosa tremenda ver el primer desnudo de Nahui. Y después de ese vendría el conocimiento de empezar ya a acumular una mayor cantidad de material cada vez, pinturas de ella, dibujos de ella, retratos de ella, desnudos de ella, en fin, y en donde se encontraran, ¿no?

“Empecé a tender redes por todos lados para tratar de encontrar información acerca de ella, y no sé si un poco en broma o un poco en serio… en fin, yo siempre he dicho que cuando tengo una duda, que cuando quiero encontrar algo, de alguna manera Nahui se las ingenia para ponerme en el camino. Entonces cuando yo deseo algo todavía más en broma digo que cuando yo necesito algo de ella, ella sale del panteón Español, viene hasta mi casa y me avienta toda la información por debajo de la puerta.”

Zurián resume:

“Siempre ha sentido realmente una admiración por la belleza femenina, por el cuerpo femenino, desde que ingresé a la Academia de San Carlos y que tuvimos por primera vez modelo desnudo. Entonces ya es una condición de admirar el cuerpo humano, indistintamente de que sea hombre o sea mujer, pero con un especial interés por el cuerpo femenino. Es que el cuerpo humano es tan inmensamente bello, extraordinariamente bello.”

Y habla de los valores relevantes que ha ido descubriendo en su personaje: 

“Nahui era una mujer tremendamente fascinante, una de las mujeres más fascinantes que ha habido en este país, y que las ha habido muchas, pero ella rebasa a todos esos horizontes a los que llegaron otras. Es decir, Nahui era en su época la personificación del pecado mortal, pero yo insisto en que ella logró transformar el pecado mortal en pecado vital, o sea algo que es necesario para la humanidad, para el hombre, para la vida. En ese sentido, los aportes que hizo Nahui a la aceptación libre de la erótica y del amor, no desenfrenado como dicen, sino el amor experimentado en su máxima intensidad, eso sí lo hacía ella.

“Todo lo que hizo Nahui toda su vida estuvo caracterizado por la intensidad, lo que hiciera en la vida cotidiana o en los momentos trascendentes de la cultura, del amor, de la erótica. Otro de los grandes valores de Nahui Ollin era ese tremendo, inmenso, inmortal diríamos, sentido que tenía de la libertad. La libertad para ella era uno de los elementos básicos para la existencia, sin libertad no se podía llegar a ninguna parte. Y en ese sentido Nahui permanece con ese concepto de la libertad que la confrontaba con la sociedad en la que vivía, porque ésta creía que era libertinaje, pero no, era el más puro sentido de libertad, y la emparenta a esa estirpe casi mítica de otras mujeres extraordinarias que también perseguían eso mismo, como George Sand, Alma Mahler o Lou Andrea Salomé, o inclusive Mary Wollstone Graft…”

“Pero todavía me atrevo a decir, más allá de toda esa inteligencia privilegiada, yo recuerdo haber leído en alguna ocasión de ese pintor francés que se avecindó en México, Jean Charlot, que decía que Nahui Ollin no es una mujer de talento, es una mujer de genio. Y lo decía no un ingenuo, sino una gente con un razonamiento crítico extraordinario.

“Ella escribió, además de libros de poemas, uno que se llama Energía cósmica, que habla sobre el cosmos, la energía, es un libro de corte científico, no es eminentemente científico, pero es de corte científico. Y a mí me deja muy sorprendido que en este libro y allá en torno a 1925-26, esta mujer maravillosa está hablando y está interesada por la teoría de la relatividad de Albert Einstein, en una época en que esa teoría era prácticamente desconocida. Poquísima gente le entendía en esa época, muchos la ponían en duda, había científicos de alto nivel que todavía no podían entrar en las altas matemáticas de Albert Einstein.

“Dibujaba, grababa, pintaba, era una gran caricaturista, precursora de la caricatura en México y precursora un poco de las tiras cómicas de dibujos animados; escribió cinco libros; José Gorostiza, que es un poetazo, le reseña uno de sus libros, elogiosamente en líneas generales; Nahui lo hace todo y además se interesa radicalmente por la ciencia toda su vida, ¿Cómo puede haber ese conjunto de dones en una sola gente?, no me lo explico. Como tampoco me he explicado eso: ¿cómo podía ser tan bella esta mujer?”

Parece que no cabe un elogio más, pero Nahui le ayuda a Zurián:

“Era una mujer que cuando se apartaba de sus pasiones, un poco devastadoras en la erótica, siempre tuvo la inteligencia de mantener un equilibrio entre su elemento espiritual y su elemento erótico. Porque inclusive ella les marcaba un alto a sus pretendientes, diciendo: ‘Si quieres llegar a la posesión de mi cuerpo tienes que pasar antes por el puente de mi espíritu’.”

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