ROSA LUXEMBURGO: OBRAS ESCOGIDAS

ROSA LUXEMBURGO: OBRAS ESCOGIDAS
Otto Granados
Nacida en Zamosc, al sudeste de Polonia, hace más de 100 años, Rosa Luxemburgo constituye hoy, uno de los pensamientos más lúcidos en los análisis del discurso marxista Su extensa acción y obra política ha sido estudiada, hasta ahora, en varios ensayos, entre los que destacan el de Peter Nett: Rosa Luxemburgo (México, 1974); el de Hanna Arendt: Rosa Luxemburgo 1871-1919 (Barcelona, 1971), y el de Edward Hallet Carr: Rosa Roja, incluido en su obra “1917, antes y después” (Barcelona, 1970) Sin embargo, su igualmente extensa obra teórica permaneció publicada en instrumentos bibliográficos dispersos e individuales, cuyo acceso hacia ligeramente difícil una comprensión general de sus reflexiones sobre el marxismo Tal vez la recopilación de sus escritos y la posterior entrega bajo el rubro de Obras Escogidas (Tomo I, Escritos Políticos I) intenta facilitar, en parte, el estudio metodológico de Rosa Luxemburgo
Este primer volumen —cuya selección y prólogo corrió a cargo del profesor Bolívar Echeverría y las notas indicadas de pie de página, bajo el de Cesáreo Morales—, inserta en sus páginas los fundamentos básicos de la concepción marxista de Rosa Luxemburgo Por una parte, su primera gran obra ¿Reforma o revolución?, publicada en 1899 en Leipzig, a poco de haber ingresado en el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) e iniciado sus colaboraciones en el semanario Die Neue Zeit de Karl Kautsky, planteó sus agudas disquisiciones teóricas en relación con el llamado “revisionismo” que del pensamiento marxista realizó Eduard Bernstein, a través de una serie de artículos divulgados en el propio periódico de Kautsky, lo que vino a provocar una encendida controversia en el seno del SPD Ante esto, Rosa proponía que no se olvidara dentro del movimiento socialdemócrata europeo, “la distinción entre reforma y revolución”, porque las tesis que sostenían a la primera, estaban encaminadas al hecho de llegar no a la construcción del orden socialista, sino únicamente a la reforma del sistema capitalista, pero no a su desaparición; aspecto que, para ella, desvirtuaba la concepción marxista original El común denominador de estas discrepancias contra el revisionismo de Bernstein, puede entenderse mediante la sustentación de la idea “luxemburguiana”, en un llamado “radicalismo comunista ortodoxo”, que si bien imprimió una enorme fuerza al movimiento socialista alemán, “no alcanzó a prender en él”, porque las condiciones estructurales no lo permitían o porque la organización de las masas aún no se encontraba lo suficientemente preparada y cohesionada para darle efectividad a la ortodoxia marxista “A lo mejor —apunta Bolívar Echeverría—, el discurso de Rosa Luxemburgo comienza a penas a ser verdaderamente escuchable dentro de las fuerzas revolucionarias: a tener la oportunidad de tomar cuerpo en la ación política de la clase proletaria”
En segundo término, resulta de singular importancia el señalamiento de Rosa cuando discierne las funciones que toca cumplir a la clases proletaria (masas obreras), dentro de la acción del partido comunista Sobre este renglón, Rosa establecía que tradicionalmente se le había adjudicado al partido en sí, el papel de dirección y conciencia, en tanto que para las masas se había reservado el papel de “movimiento espontáneo e inconsciente” No obstante, para rebatir esta tesis, Rosa delimitaba la acción de masas mediante una relativización, que significaba encontrar, en ocasiones, las tareas de dirección en las masas y, a la inversa, los impulsos de las masas en la dirección De aquí se parte en la obra luxemburguiana para proponer que la huelga general (Huelga de masas), podía ser utilizada como arma revolucionaria, criticando el uso únicamente economista de ella por parte de los sindicatos Esta idea fue plasmada por Rosa al publicar Huelga de masas, partido y sindicatos, hacia 1906 en Hamburgo, y en donde definía a dicha huelga como “un paro masivo y único del proletariado industrial, emprendido en ocasión de un hecho político de mayor alcance, sobre la base de un acuerdo recíproco entre las direcciones del partido y de los sindicatos” (p 320)
El problema de la huelga de masas fue reiterado por Rosa y cuatro años después, en un discurso que pronunció durante una asamblea sindical, postuló la necesidad de “recurrir al arma más eficaz y suprema que el proletariado organizado tiene a su disposición: la huelga política de masas”, y se pregunta: “¿puede acaso algún estado () descargar su artillería contra cientos de miles de trabajadores que manifiestan tranquila y pacíficamente? () (el que lo hiciera) no haría más que asesinar con sus propias manos la abeja de cuya miel él vive como zángano” (p490)
(La historia, decía Marx, avanza cíclicamente volviendo sobre su propio pasado; y, a nivel regional, la represión ejercida para terminar con recientes conflictos obreros en nuestro contexto, parecen darle un increíble y lamentable sentido a las anteriores palabras de Rosa Luxemburgo)
Veintisiete textos seleccionados para este primer tomo, y que abarcan desde 1899 hasta 1910 —nueve años antes de ser asesinada en compañía de Karl Liebnecht—, nos presentan a una Rosa Luxemburgo encuadrada dentro de los mejores teóricos (y pragmáticos) del movimiento político, filosófico y social marxista de los primeros años de este siglo
Rosa Luxemburgo: Obras Escogidas (Tomo I, Escritos Políticos I), Pról y selección de Bolívar Echeverría, México, Ed Era, 1978, 498 pp

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