Fin de la guerra; vigente, aún, el terrorismo de Estado

Fin de la guerra; vigente, aún, el terrorismo de Estado
Cristiani pasa a la historia como el hombre obligado a firmar la paz
Lucía Luna
En un reconocimiento público sin precedentes, al firmar el Acuerdo de Paz en el Castillo de Chapultepec, el presidente de El Salvador, Alfredo Cristiani, admitió que “la crisis en que se vio envuelta la nación salvadoreña en el último decenio no surgió de la nada ni fue producto de voluntades aisladas Esa crisis tan dolorosa y trágica tiene antiguas y profundas raíces sociales, políticas, económicas y culturales”
Paradójicamente, él, que representa a uno de los sectores sociales más directamente responsables de esa crisis y que ascendió al primer plano de la vida política en andas de una agrupación que sistemáticamente preconizó la guerra total y se opuso al diálogo con la insurgencia, pasará a la historia de El Salvador como “el Presidente que firmó la paz”
O, quizá, precisamente por eso Nunca pudo su antecesor, el “moderado” Napoleón Duarte, cuajar una solución política negociada con la guerrilla En parte porque la todavía vigente confrontación Este-Oeste y los afanes hegemónicos de Estados Unidos sobre la región no lo propiciaban, pero sobre todo porque el empresariado, la derecha radical y los militares se negaron y aun boicotearon todo diálogo con “el comunismo y la subversión terrorista”
Era probablemente necesario que ellos mismos llegaran al poder, para que las dos partes fundamentales en pugna se encontraran frente a frente y dirimieran sus diferencias sin intermediarios (o casi)
Cuando Cristiani ganó las elecciones presidenciales de marzo de 1989, la prensa local lo saludó como “un joven empresario que llega a la política después de triunfar en los negocios” Graduado en Administración de Empresas en la Universidad de Georgetown, en Washington, inició su fortuna con una cadena de farmacias y posteriormente logró penetrar en el selecto y poderoso grupo de los cafeticultores, para finalmente engrosar las filas de los gobernantes que representan a la “nueva derecha latinoamericana”
Elegante, de aspecto casi aristocrático, Cristiani no pertenece a las semifeudales catorce familias de la oligarquía terrateniente salvadoreña, sino al nuevo sector de los “empresarios modernos” —muy al estilo del presidente brasileño Fernando Collor de Mello— que desean activar la economía del país e integrarlo a la nueva dinámica internacional Su esposa, Margarita Llach, hija de un industrial de origen catalán, está a la altura de las circunstancias: rubia, alta y espigada, fue educada en las mejores escuelas del país y del extranjero y hace igualmente gala de educación y elegancia
Miembro activo de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), de la cual llegó a ser presidente —precisamente como representante de los cafeticultores—, siempre se opuso, al igual que sus correligionarios, a las reformas que reclamaban los sectores populares y la insurgencia, particularmente a la reforma agraria, que afectaba directamente sus intereses
Pública y notoriamente, la ANEP se opuso también al diálogo emprendido por Duarte con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y el Frente Democrático Revolucionario (FDR), por considerar que éste “sólo sirve para dar un respiro al terrorismo comunista que está perdiendo la guerra frente al ejército nacional”
Aliados mayoritariamente en el plano político con la ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), los empresarios, sobre todo los de la agroindustria, llegaron a afirmar que “entre la Democracia Cristiana de Duarte y el FMLN-FDR no hay gran diferencia” Y como para poner a prueba la verdadera filiación de Duarte —a quien acusaban de estatista—, condicionaron cualquier apoyo a su política de pacificación a que “el gobierno desnacionalice el comercio exterior del café”
Cristiani participaba en todas estas manifestaciones y pensaba, evidentemente, en forma muy diferente de lo que expuso el jueves pasado durante la firma del Acuerdo de Paz Interrogado inclusive ya como candidato a la Presidencia (Proceso 618) sobre las causas que provocaron la guerra, declaró: “Creo que la causa tiene mucho que ver con el expansionismo soviético, especialmente el practicado por Fidel Castro, que proyecta la toma del poder por grupos marxistas a través de la vía armada Y lo justifican en los problemas sociales que afectaban al país allá por los años setenta”
Más que por su militancia empresarial, la repentina vocación de paz de Cristiani sorprende por su militancia política Aunque sin incorporarse activamente, el actual Presidente salvadoreño estuvo en 1980 entre los empresarios que financiaron la creación de Arena, encabezada por el mayor Roberto D’Aubuisson, señalado repetidamente como el organizador de los multiasesinos Escuadrones de la Muerte
Cuando en 1989 Arena ganó los comicios presidenciales, Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad Centroamericana “José Simeón Canas” y quien acabó siendo víctima, él mismo, de la violencia política del país, no vaciló en señalar que “no es exagerado sostener que la mayor parte de los iniciadores del terrorismo están hoy en Arena y con Arena, aunque no necesariamente incambiados y no necesariamente al frente del partido la tradición violenta y terrorista de Arena es innegable más aún, no sería caer en inobjetividad si se afirmara que cuantos han sido partidarios de la violencia y el terrorismo en círculos del capital, de la Fuerza Armada, de los frentes femeninos y masculinos, han apoyado el triunfo de Arena” (ECA abril-mayo 1989)
Exmiembro del ejército, del que precisamente se dio de baja para participar en política, D’Aubuisson mantuvo siempre contactos privilegiados con círculos militares y paramilitares que le permitieron llevar adelante su programa de “limpieza” En un implícit reconocimiento de su participación —o por lo menos de su aval— en estos operativos, el dirigente de Arena declaró públicamente que “en ningún momento debemos sentirnos culpables por combatir a estos terroristas Nada que hagamos por defender a nuestro país está fuera de la ley”
MI EN LA RA
Sobre estos principios, el mayor retirado presentó en programas televisivos, nombre por nombre, cara por cara, con credenciales, fotos, cintas grabadas y gráficas de computadora, a quienes según él constituían “la conspiración terrorista contra El Salvador”: líderes sindicales, sacerdotes, intelectuales, líderes campesinos, estudiantes, profesionales, funcionarios públicos y demócratacristianos
En unas cuantas semanas, todos los señalados por D’Aubuisson en la televisión fueron asesinados Con una ingenuidad increíble, Alberto Bondaza, cofundador de Arena, explicó que “lamentablemente cada vez que señalábamos a alguien lo mataban Por eso empezaron a vincularnos con los Escuadrones de la Muerte”
Según la revista estadunidense The Progressive, en un artículo publicado en junio de 1984, constituía un error vincular a Arena y a D’Aubuisson mecánicamente con los Escuadrones de la Muerte, “como si se tratara del instrumento personal de un solo hombre diabólico”
La revista daba cuenta de que este tipo de grupos irregulares habían sido creados ya anteriormente bajo los auspicios del Departamento de Estado norteamericano, la CIA y los Boinas Verdes, como parte de sus planes de contrainsurgencia en la región En El Salvador se eligió para dirigirlos al general José Alberto Medrano, alto oficial de la Guardia Nacional y del Estado Mayor del Ejército Los brazos ejecutores fueron bautizados como ORDEN y ANSESAL (Agencia Nacional de Seguridad Salvadoreña)
No por esto eximía —sino más bien ratificaba— la publicación estadunidense la participación de D’Aubuisson en estos grupos de exterminio “D’Aubuisson, protegido directamente por el general Medrano, quien lo consideraba un fino oficial, hizo una vertiginosa carrera ascendente dentro de la red ORDEN-ABSESAL, hasta llegar a segundo comandante”
Interrogado en 1980 sobre la vinculación entre los programas televisivos y los asesinatos que les sucedieron, el general Medrano no vaciló en involucrar a su expupilo al señalar que “D’Aubuisson lo que hace es mostrar a los comunistas, para que las tropas puedan matarlos Tiene información de primera”
Y así era Antes de retirarse del ejército, D’Aubuisson había tomado la precaución de sacar copias de los archivos de ORDEN-ANSESAL “Las pruebas que había presentado eran concretas e irrefutables, todas compiladas y supervisadas por la CIA”, reseña The Progressive
Entre los asesinatos “selectivos” algunos tuvieron mayor resonancia Uno fue el de la matanza conjunta de seis dirigentes del FDR, que dio un carácter irreconciliable al incipiente enfrentamiento armado; otro fue el secuestro, tortura, violación y ejecución de tres monjas y una trabajadora seglar estadunidenses, que provocó serias críticas de la opinión pública de ese país hacia la política de Washington en El Salvador, y sobre todo, el asesinato del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, dentro de una iglesia, en plena celebración de la misa, que sacudió a todo el pueblo salvadoreño y a la cristiandad mundial
Días antes, también por televisión, D’Aubuisson había advertido al arzobispo que “todavía está a tiempo de enmendar su camino” Evidentemente, desde su óptica no lo hizo El “pecado” de monseñor Romero fue, desde la óptica de Arena y del ejército, “llamar a la desobediencia dentro de las filas militares” En su última homilía, el prelado hizo un llamado al Ejército, a la Guardia Nacional y a la policía a suspender la violencia “Ante una orden de matar que dé un hombre debe prevalecer la ley de Dios que dice: No matarás Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla”
Prácticamente ninguno de los crímenes fue aclarado y los casos que fueron llevados a juicio, más por satisfacer las presiones internacionales, particularmente las de Washington, delegaron la responsabilidad en los ejecutores materiales o en elementos de rango menor Nunca se llegó hasta los autores intelectuales o se comprometió a cabezas políticas o militares
Amparado en esta impunidad, en 1984 Roberto D’Aubuisson se presentó como candidato a la Presidencia por Arena La plataforma del partido propugnaba el nacionalismo, el individuaLismo, la libre empresa y la seguridad nacional El mayor prometía que “cuando llegue a ser Presidente, desnacionalizaré la banca y el comercio exterior y eliminaré la reforma agraria”
Aunque apoyado por las poderosas fuerzas conservadoras del país y por el ejército, el mayor perdió la contienda ante el democristiana Napoleón Duarte Su fama pública de ultraderechista y escuadronero amedrentó suficientemente al pueblo salvadoreño y tampoco convenía a los intereses de Washington, que prefería mantener el “trabajo sucio” fuera del escaparate de la política gubernamental
ARENA: NUEVA CARA
No cometió el mismo error Arena en las elecciones presidenciales de 1989 Independientemente de que la Democracia Cristiana se había desgastado ante su incapacidad de terminar la guerra, ya fuera por la vía militar o de la negociación, de que tampoco había logrado mantener las alianzas políticas y de que el propio presidente Duarte se encontraba aquejado de un cáncer terminal de estómago, los areneros decidieron lavar su imagen con una “nueva cara”
El elegido fue Alfredo Cristiani Su presencia y sus afanes modernizadores armonizaban con las nuevas tendencias de la región, con las necesidades de cambio en el país y, sobre todo, no se le vinculaba con los sectores más recalcitrantes y con los Escuadrones de la Muerte Pocos se acordaron de que estuvo entre los empresarios que financiaron a Arena en sus inicios represivos
Ingresado en 1984 a la junta directiva de Arena donde, pese a sus ataques contra la Democracia Cristiana y a sus reclamos al ejército de “lucrar con la guerra y haber perdido el espíritu de victoria”, mantuvo un perfil político relativamente bajo, Cristiani procuró inmediatamente tomar sutil, pero evidentemente, distancia de los sectores más oscuros de su partido, al grado de que muy pronto se empezó a hablar de dos corrientes: una militarista y otra civilista
Interrogado al respecto, el entonces candidato dijo que su partido se había abierto en 1985 a una participación más amplia, lo que lógicamente había traído diferencia de matices”, pero que en lo fundamental existía una identificación ideológica y de objetivos Admitió, no obstante, que Arena debía revertir “por la vía de los hechos” la mala imagen que tenía, pero se cuidó de aclarar que D’Aubuisson había sido “injustamente inculpado”, ya que hasta ese momento “no se le ha podido demostrar nada”
Con ímpetus de renovación, se lanzó de lleno a la campaña “Si ustedes quieren tener trabajo, voten por un empresario Los empresarios somos los que creamos puestos de empleo y no los políticos”, vociferaba en los mítines callejeros
La liberalización del mercado, la privatización del sector público, la reducción del déficit fiscal, el control de la inflación y el fomento a las exportaciones constituyeron las bases de su oferta económica En busca de votos, entró inclusive en colisión con la oligarquía cafetalera, al anunciar que no daría marcha atrás en la reforma agraria, aunque en compensación ofreció revisar el sistema impositivo de la cafeticultura
Pero, sobre todo, empezó a hablar de paz, aunque a su manera “Hay que buscar una solución política que incluya al mayor número de sectores que están participando en el proceso democrático Creo que hay que ir tratando de crear un ambiente de unidad que pueda nacer de este gran consenso Es urgente la pacificación política y militar” El FMLN no estaba incluido La idea era formar un gran consenso nacional que instara a la guerrilla a deponer las armas e incorporarse a la vida Civil
Sin embargo, el lo de junio de 1989, al tomar posesión de su cargo, Cristiani hizo propuestas de pacificación concretas que sí incluían al FMLN: establecer una comisión de diálogo con personajes democráticos que trabajara con representantes designados por la insurgencia Persistía, no obstante, la idea de una desmovilización unilateral
El flamante presidente encontró muy pronto obstáculos a esta iniciativa El FMLN la rechazó por considerarla “confrontativa” Varios de los “personajes democráticos” se negaron a participar por temor a que se les vinculara con Arena El ministro de la Presidencia, Antonio Rodríguez Porth, avezado político y brazo derecho de Cristiani, fue asesinado presumiblemente por sectores ultraderechistas del ejército y de su propio partido
No obstante, persistieron los intentos por reiniciar el diálogo interrumpido desde 1987 No obstante los esfuerzos por equiparar a la insurgencia salvadoreña con la contrarrevolución nicaragüense, la cumbre de mandatarios centroamericanos reunida en agosto de 1989 en la ciudad hondureña de Tela, acabó por favorecer la solución política al conflicto salvadoreño
Casi paralelamente se reunieron en México representantes de los partidos políticos salvadoreños de oposición y miembros de la Iglesia Católica con representantes de la guerrilla El FMLN hizo una nueva oferta para reanudar las pláticas de paz, que esta vez fue aceptada por Cristiani Se constituyó una comisión oficial de diálogo con representación de los tres órganos del Estado
Con gran expectativa, el 13 de septiembre se reiniciaron finalmente las pláticas de paz en México Un mes después, se celebró la segunda reunión en Costa Rica Pero las esperanzas no iban a durar mucho
Por una parte, el diálogo se empantanó ante las irreconciliables posiciones de las partes: la comisión gubernamental seguía insistiendo en el desarme de la insurgencia; el FMLN, en la modificación del sistema judicial y en la depuración y reestructuración de las fuerzas armadas
En el interior del país los ánimos se caldearon La guerrilla incrementó sus actividades militares y el ejército contratacó violentamente Además, se desató una ola represiva ante el creciente descontento popular derivado de las medidas económicas neoliberales del nuevo gobierno Ataques dinamiteros; allanamientos, detenciones, secuestros volvieron al orden del día El 31 de octubre una caja con 25 kilos de dinamita hizo volar por los aires la sede de la Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños (FENASTRAS) El incipiente diálogo quedó también destrozado
OFENSIVA Y BRUTALIDAD
Doce días después sobrevendría la mayor ofensiva militar lanzada por el FMLN sobre la ciudad de San Salvador Los militares reaccionaron con una brutalidad desorbitada Bombardearon los barrios populares sin importarles la matanza de civiles, desataron una cacería indiscriminada de brujas y acabaron por asesinar a los seis jesuitas de la Universidad Centroaméricana y a sus dos empleadas
Los buenos propósitos de Cristiani quedaron en entredicho, esta vez tanto a nivel nacional como internacional Por más esfuerzos que hizo, nunca pudo deslindar su responsabilidad sobre los bombardeos y la matanza en la UCA, pese a que el rector Ignacio Ellacuría había sido su maestro y en tiempos más recientes su consejero e interlocutor No mucho antes el propio Ellacuría había escrito un texto que muy bien podía hacerse extensivo a la responsabilidad presidencial durante la ofensiva:
“Por lo general, el ejército es el responsable de las muertes y los cuerpos de seguridad de las capturas Pero el que sea la Fuerza Armada la que lleva en sus manos esta política de violación de los derechos humanos para combatir al FMLN y a todos cuantos piensan puedan estar relacionados con él, no excluye de responsabilidad al presidente Cristiani, no tanto por ser el comandante general de la Fuerza Armada, sino porque implica una condescendencia culpable y un sometimiento peligrosísimo del poder civil al militar Lo menos que se le puede exigir al presidente es que no disculpe tales acciones y tome medidas para lograr cuanto antes la superación drástica de los modos sucios de hacer la guerra”
Presionado por la opinión pública internacional y, sobre todo, por el gobierno estadunidense, el gobierno salvadoreño no tuvo más remedio que emprender un juicio para esclarecer el asesinato de los jesuitas La condena alcanzó esta vez a oficiales de mayor rango —la indignación era demasiado grande— pero nunca a los verdaderos responsables del crimen Hasta Washington se declaró insatisfecho con la sentencia La responsabilidad por los bombardeos que mataron a miles de civiles ni siquiera fue sometida a juicio
Ante el empate inamovible de la guerra y la incapacidad de las partes para ponerse de acuerdo, la solución del conflicto salvadoreño acabó por quedar en manos de las Naciones Unidas El derrumbe del bloque socialista y el término oficial de la Guerra Fría acabó en serie con los conflictos hegemónicos Afganistán, Angola, Namibia, Vietnam se pacificaron por arte de magia Tocaba también su turno a El Salvador Agobiado por una fuerte recesión, Estados Unidos ya no veía la necesidad de seguir financiando una guerra que ya le resultaba inútil
Nunca en realidad pudieron ponerse plenamente de acuerdo el gobierno y la guerrilla salvadoreños Presionado por el ejército, el empresariado y la ultraderecha política —y quizá por propia convicción-, Cristiani se resistió hasta el último las exigencias de reestructurar las fuerzas del orden y modificar el Poder Judicial, y exigió, hasta el final, el desarme de la insurgencia como condición previa a cualquier acuerdo Inclusive condicionó su asistencia a la firma del compromiso de paz en Nueva York, el 31 de diciembre, a este punto
No lo logró Después de la intervención de Estados Unidos, evidentemente no le quedó más remedio que asistir y estampar su firma
Al parecer hizo todavía un último intento por defenderse En círculos políticos y diplomáticos corrieron fuertes rumores de que no quería asistir tampoco en México a la firma del Acuerdo de Paz definitivo Asistió, firmó y cabe acotar que su papel estuvo a la altura de las circunstancias
De regreso en El Salvador, celebró la paz con sus correligionarios cantando el himno de Arena: “Patria sí, comunismo no” Todo indica que todavía están muy lejos de superarse las causas que él mismo señaló como origen de la guerra

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