BRAUN-VEGA, PERUANO EN PARIS

BRAUN-VEGA, PERUANO EN PARIS
Raquel Tibol
Cuando nadie quiere ya hablar del Quinto Centenario porque quizá se habló demasiado y repetidamente con exceso de ruido, llega a México el catálogo de una importante exposición de un latinoamericano en España, programada dentro del marco de la polémica celebración: la del peruano Herman Braun-Vega que auspiciada por la Dirección General de Bellas Artes y Archivos, del Ministerio de Cultura, se pudo ver de septiembre a diciembre de 1992 en el Antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid Una retrospectiva de 109 obras trabajadas en pintura y dibujo desde 1950 hasta 1992
Herman Braun-Vega nació el 7 de julio de 1933 en Lima, hijo de la mestiza Armida (“la mujer más hermosa de Huancayo”, según cuenta Leslie Lee) y del judío Francisco, emigrado de Austria Los dos hijos de ese matrimonio, Herman y Max (un año mayor), tenían inclinación por las artes plásticas y el padre los mandó en 1950 a que estudiaran en París Max se inclinó por la línea de Vassily Kandinsky y Herman por la Serge Poliakoff (recuerda Leslie Lee) Herman regresó a Perú en 1956 y durante tres lustros se desempeñó como un diseñador de éxito, sin abandonar la pintura Su primera individual tuvo lugar en una galería de Lima en 1965 Necesitaba aires más cosmopolitas y pensó, tras una breve temporada en Nueva York, que París era el ámbito adecuado para seguir pensando en Perú Caso semejante al de Armando Moracon respecto a Nicaragua De lejos aman sus tierras de origen con una intensidad no marchita, y crean para sus identidades, o a causa de ellas, limbos estéticos hechos de evocaciones y convincentes espejismos
Las 35 individuales de Braun-Vega han ocurrido en Perú, Francia, Suiza, Estados Unidos, Bélgica, Holanda, Italia, Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador y por último Madrid, donde sus amigos Jorge Semprún y Eduardo Arroyo respaldaron con entusiasmo el proyecto de una retrospectiva de amplio espectro En México no tuvo individual, pero en el Museo del Chopo, siendo director Arnold Belkin, a mediados de 1984 se exhibió como pieza del mes su importante díptico Bolívar, óleo sobre madera de 15 x 3 metros, con el que Braun-Vega participó en la Primera Bienal de La Habana y que había querido obsequiar personalmente al ganador del Gran Premio Wifredo Lam, o sea Arnold Belkin, y que éste prefirió que fuera donado al museo universitario Este Bolívar es una pieza notable en la tendencia de las recomposiciones a partir de ejemplares artísticos de varias épocas, manera en la que Braun-Vega ha adquirido un bien merecido prestigio internacional En 1985 fui testigo de su grandísimo triunfo en la 18 Bienal de Sao Paulo, Brasil Al público le atrajo, le divirtió, le interesó ver en ocho telas muy grandes (todas de 195 x 3 metros) a gente del pueblo peruano (campesinos, obreros, pequeños comerciantes, adultos y niños) contemplar desde adentro de la composición, como parte de ella, escenas creadas por Vermeer, Goya, Picasso, Ingres, Rembrandt, Velázquez, Manet y Monet
En el catálogo de Madrid se reproduce una conversación que sobre esta manera de hacer pintura sostuvieron Braun-Vega, Semprún y Arroyo A la opción de realizar combinaciones y/o extrapolaciones de las diferentes formas del lenguaje pictórico contemporáneo o tradicional Braun-Vega la considera un mestizaje cultural Encontró que esa vía le permitía no ser hermético sino accesible a todo público Y lo hizo sin cargo de conciencia sin prejuicio alguno por apropiarse de propuestas ajenas “Hacer mía la obra de los otros —dice— es la gran lección que me dio Picasso”
Lo que le importa a Herman Braun-Vega es que la integración de elementos hechos en diferentes épocas, con diferentes puestas culturales, logren seducir al espectador “El temor mío —confiesa— es que no se mire el cuadro, porque un cuadro sólo existe cuando se le mira” Su derecho a expropiar para reconstruir lo fundamenta en la particularidad de los países andinos de ser policulturales, pues en ellos se reúne lo amerindio, lo europeo, lo africano, lo asiático
Como en México es poco conocida la obra de Braun-Vega, resulta adecuado acercarse a ella a través de lo expresado por el pintor y escritor madrileño Eduardo Arroyo en el curso de la conversación: “entrar a saco en la obra de los demás, posesionarse como tú decías de la obra ajena es muy positivo Pero a mí lo que más me seduce en estos cuadros es que están lejos del pastiche y también lejos de la citación Sería como si se tratase de una polución o mestizaje pictórico no contaminado de citaciones”
Para el acercamiento conceptual ayudan las siguientes palabras del propio Braun-Vega: “desde hace mucho tiempo ya, más o menos ocho años, he estado buscando realizar una obra mucho más compleja, más amplia que la realizada hasta la fecha, que pudiese ser mostrada como una gran opera o un gran circo Presentar una gran ópera, un gran circo, donde el público ingrese y participe en el espectáculo”
En el catálogo madrileño se reproduce un pequeño texto escrito por Julio Ramón Ribeyro en 1987 en París que aporta una explicación clarísima sobre esta manera de hacer imágenes “La pintura de Braun-Vega es ideológica y discursiva, en la medida en que sus cuadros son no solamente objetos que se contemplan sino textos que se leen ¿Qué puede el espectador, además de apreciar la virtuosidad de la factura, leer en estos cuadros? A mi juicio dos cosas: la ocupación cada vez más visible del territorio privilegiado de Occidente por los adelantados del Tercer Mundo y el anuncio de una nueva civilización basada en la promiscuidad, el contacto, el cruce y finalmente el mestizaje étnico y el sincretismo cultural Para expresar esto un escritor hubiera necesitado escribir un largo ensayo A Braun-Vega le basta colocar en el mismo espacio pictórico a dos mestizas calatas al lado de la Diane au bain de Boucher o al novelista peruano Alfredo Bryce Echenique muy interesado por la Venus del Espejo, de Velázquez, y tal vez dispuesto a meterse en su diván Los periféricos, los diferentes, los bárbaros, estamos ya metidos no sólo en las grandes metrópolis del mundo desarrollado sino hasta en los cuadros de sus museos”
Pero si el público mexicano desea tener una percepción más precisa será necesario que algún museo oficial o privado invite al notable pintor peruano a mostrar sus obras aquí

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