En menos de cinco minutos, 500 tiros y 24 muertos

En menos de cinco minutos, 500 tiros y 24 muertos
Tlacotepec: una historia de venganza en tres sangrientas etapas
Jorge Valdez Reycen
TLACOTEPEC, GRO – Aquella tarde brumosa del 23 de mayo de 1992, todos los invitados acudían festivos a la boda de Jorge González Giles con Juana Almazán Nava, en el mejor salón de la localidad Nueve meses después, lo que empezó entonces acabó en la peor masacre ocurrida no sólo en esta población, sino en todo el estado de Guerrero
El municipio de Tlacotepec se ubica en el altiplano de la Sierra Madre del sur, enclavado en el macizo forestal del filo mayor, a unos cien kilómetros al noroeste de Chilpancingo, la ciudad capital del estado Riqueza y pobreza conviven en el pueblo, donde contrastan chozas de bajareque y adobe con residencias con cristales polarizados y antenas parabólicas, cuyos dueños utilizan automóviles y camionetas con placas de los Estados Unidos
Prominentes familias de esta cabecera municipal —Nava, Nájera, Almazán, González, García, Hernández, entre otras— con fama de narcotraficantes, se dieron cita también para desear felicidad a los novios Estaba allí lo mejor de la sociedad tlacotepense Todo era alegría: se bailaba el “calabaceado” y se tomaba desde mezcal hasta whisky
Al calor de las copas, “El Chapulín” García y su banda agredieron a Reynaldo Peña Rojas, de 19 años, quien a consecuencia de una bala alojada en la espina dorsal quedó inválido El famoso “Chapulín” encabezaba, a sus 24 años de edad, una gavilla de asaltantes, asesinos y narcotraficantes, que asolaba la región y debía ocho muertes
Los familiares de Reynaldo juraron vengarse
No tuvieron la oportunidad El sábado 6 de febrero de este año, en otra fiesta, en el rancho Los Jazmines, a doce kilómetros de Huautla, la misma banda del “Chapulín” rodeó y asesinó a balazos a tres muchachos, dos de ellos primos de Reynaldo Peña Rojas —Genaro Delgado Peña y Maximiliano Rojas Estrada, de 18 y 22 años—, así como al amigo de éstos, Ausencio Solano Castrejón, de 22 años también
— ¿Te acuerdas que nos la debes?, le dijeron a Genaro, antes de dispararle en repetidas ocasiones a bocajarro, delante de su esposa, que está embarazada
De los hechos se abrió la averiguación previa BRA/II/006/993, por el delito de homicidio, contra quien resultara responsable
Al día siguiente, los cuerpos de Genaro y Maximiliano fueron trasladados a Huautla, para ser velados Acompañaron a los deudos gente de las comunidades El Capire, Las Trojas, San Jerónimo y Los Organos Durante el velorio, como es costumbre en muchas rancherías de la sierra, hubo trago que, en esta ocasión, desató la indignación, el rencor y el odio
Prometieron ir, entonces, tras la banda de “El Chapulín”
Con los estragos del velorio, no fue sino hasta dos días después, el martes 9 de febrero, cuando 26 hombres, algunos de ellos armados, abordaron la camioneta Chevrolet, color guinda, placas HDO-689, modelo 1991, del estado de Guerrero, y enfilaron hacia Tlacotepec
Sólo habían recorrido dos kilómetros por la sinuosa brecha, cuando al llegar al paraje Los Mangos —en una cañada donde el río Huautla forma una playa—, desde dos cerros más de 40 hombres de la banda de “El Chapulín” los emboscaron Desde puestos colocados con estrategia paramilitar, tres grupos de francotiradores, dispararon a fuego cruzado contra los ocupantes del vehículo
El tableteo de los “cuernos de chivo” AK-47, R-15, escopetas automáticas, carabinas 30-06 y pistolas de grueso calibre, retumbó en la cañada En menos de cinco minutos, 24 de los 26 pasajeros de la camioneta de redilas —entre ellos un adolescente de 16 años, que iba al volante— murieron instantáneamente, siendo rematados con el tiro de gracia Unicamente dos de ellos sobrevivieron, al aventarse y correr hacia el río
Se dispararon más de 500 cartuchos en ese breve lapso El vehículo quedó convertido en criba, con más de 300 impactos de bala en los cuatro costados y en las llantas En el caserío, mujeres y niños escucharon el estruendo de la balacera y, azorados, desde los patios y corrales, aún desde el río de donde acarrean agua, presenciaron la matanza, sin saber que también ellos eran blanco de las balas Como pudieron, se arrastraron a las faldas de un cerro, que les sirvió de refugio
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“¡Mis hijos, los han matado a todos, ninguno quedó vivo!”, gritaba Georgina Peña Rojas, de 39 años de edad, quien perdió a tres hijos y a un hermano en la balacera
La masacre de 24 campesinos, cuyas edades fluctuaban entre los 16 y 40 años, se había consumado antes de las ocho de la mañana de aquel martes 9 de febrero
Por espacio de una hora, nadie se atrevió a ver de cerca la camioneta Fue hasta después de las nueve de la mañana cuando los gritos desgarradores de viudas, madres, tías y hermanas, comenzaron a multiplicarse en eco por la cañada Buscaban, desesperadamente, a sus seres queridos
Fue entonces cuando decidieron mandar a un muchacho como correo a Tlacotepec, para dar aviso a las autoridades de la matanza Cinco horas después, llegaron el presidente municipal, Pedro Moreno Chapa, y el síndico Eliseo Cabrera Cuenca, así como el médico legista José Inés Alcántara Jiménez, el agente auxiliar del Ministerio Público Samuel Hipólito, y 50 soldados, para dar fe de los hechos
Mientras esperaban la llegada de las autoridades judiciales, los familiares de las víctimas taparon con arbustos los cuerpos y la camioneta, para evitar que el sol acelerara la descomposición de los cadáveres Desde las dos a las seis de la tarde, el médico legista Alcántara Jiménez examinó a los occisos, sin proceder a la autopsia legal, “por falta de condiciones apropiadas”
Catorce de las 24 cuerpos fueron trasladados a esta ciudad Nueve los inhumaron ese mismo día en Huautla, sin mayor trámite, con apresuramientos, ante el temor de que regresara la banda de “El Chapulín”
De acuerdo con el dictamen criminalístico, casi todos los cadáveres tenían el tiro de gracia, o por lo menos recibieron balazos en el rostro, al estilo de las venganzas entre las bandas de narcotraficantes
Presentaban un tiro en la frente: Reynel Hurtado Hurtado, de 25 años; Mateo Solano, de 19; Teodoro Rojas Hernández, de 29; Camerino Abarca Castro, de 19; Benito Rojas Jiménez, de 24; Martín Trujillo Delgado, de 32; Simplicio Brito Santana, de 35 Con impactos en el rostro: Leonor Delgado Hurtado, de 23 años, ocho balazos; Gonzalo Rufino Alvarez, de 20 años, tres impactos, al igual que Guadalupe Hurtado Hurtado, de 23 años de edad Con dos balazos: Pablo Delgado Peña, de 19 y Heliodoro Hurtado Everástico, de 37 Con un balazo: Cipriano Hurtado Castrejón, de 37; Francisco Abarca Rodríguez, de 32; Eusebio Hernández Sales, de 34; Bulfrano Hurtado, de 23; Natividad Rojas Ortuño, de 38; Reynaldo Ciprés González, de 34; Andrés Delgado Hurtado, de 24; Valente Valdez Brito, de 28, y Rufaino Delgado Peña, de 25 años de edad
Del caso, fue abierta la averiguación BRA/II/ 007/993, por los delitos de homicidio múltiple, asociación delictuosa, asalto, uso, portación y disparo de armas de fuego, y los que resulten
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Desde el día de la masacre, catorce viudas y 35 huérfanos permanecen refugiados en la casa de Georgina Peña Rojas Las viudas son: Petra Sánchez, con siete hijos; Cirila Rojas Guzmán, con seis; Irene Rojas, con cinco; María Guadalupe Ríos Guadarrama, con cuatro, al igual que Leobarda Hernández Solana y Cleotilde Rufino García; Juana Rojas Terán y María Hernández, con dos, y Leonor Escobar, con uno
Se desayunan pan mojado con café Al mediodía, comen tortillas con sal, frijoles hervidos y huevos cocidos Viven de la caridad de quienes se compadecen de su tragedia
“Tenemos miedo de regresar a Huautla”, dice al corresponsal Petra Sánchez, viuda de Reynaldo Ciprés González, madre de siete hijos
“Queremos ir, aunque sea, a poner unas veladoras y rezarles a nuestros difuntos, pero pueden regresar los asesinos a rematarnos a todos Ya nomás quedamos mujeres y puros chamacos Terminaron con los hombres del pueblo”, refiere con la angustia dibujada la señora Petra
Ajenos a la desgracia que viven, los niños huérfanos juegan en el piso polvoriento En la casa que sirve de refugio, penden de una derruida pared dos fotografías: en una, está una pareja de novios El, murió en la masacre; ella, tiene cuatro hijos, y espera el quinto para el próximo abril
Hay en el rostro de las catorce viudas incertidumbre y desolación De sus ojos ya no brotan más lágrimas Todas hablan entre susurros
“No hay mañana para nosotras y nuestros hijos”, dice una de ellas
Día y medio después de la matanza, el miércoles 10, se produjo la primera versión oficial de los hechos, por la Procuraduría General de Justicia del Estado Su titular, José Rubén Robles Catalán, mediante un boletín de prensa, afirmó que, según las primeras investigaciones, “se presume que el móvil de estos asesinatos fue un arreglo de cuentas entre dos grupos del narcotráfico que prevalecen en la zona, ya que las armas utilizadas y la fama pública de los implicados así lo indica”
La declaración del procurador Robles Catalán contradijo la versión del alcalde Pedro Moreno Chapa, quien rechazó que los muertos “tengan algo que ver con el narcotráfico” Añadió que todo es mentira, “puesto que son venganzas de familias”, versión que fue avalada también por las viudas
“La verdad —añade el alcalde—, es pura pinche fama de que somos narcos Tenemos esa fama negra, pero es como en todos lados, donde se dice lo mismo, no obstante que he recibido anónimos con amenazas de muerte”
— ¿A qué atribuye eso?
— A gente que tiene resentimientos de índole política, pero no les hago caso
— ¿Cree usted que la matanza se vuelva a repetir?
— Claro que sí, porque varios de los muertos eran ajenos a las rencillas que la provocaron En Huautla murió gente que nada tenía que ver con los problemas de los Peña Rojas y de los García Yo no quiero pensar que otra vez se topen aquí, porque se arma una matazón peor En Tlacotepec existe la ley del Talión: ojo por ojo y diente por diente
Según dicen, la historia de esta comunidad es narrada a través de corridos que refieren la cadena de crímenes, asesinatos, emboscadas y enfrentamientos
El libro de gobierno de la agencia auxiliar del Ministerio Público de Tlacotepec asienta que de 1980 a la fecha han sido asesinadas 630 personas en todo el municipio, que comprende 64 comunidades rurales y la propia cabecera municipal De estos crímenes, el 90% no ha sido esclarecido, por falta de denuncias y pruebas, revela el agente auxiliar Samuel Hipólito Jiménez
Según pudo comprobar el corresponsal en el mismo libro de gobierno, el 23 de junio de 1983 hubo otra matanza, con trece muertos Entre las víctimas figuraban varios miembros de la familia García que, ahora se sabe, eran pariente del “Chapulín”
Y en los primeros 41 días de este año, ya fueron asesinadas 31 personas
Oficialmente, de acuerdo con la Procuraduría General de la República, mediante un comunicado fechado el viernes 12, los hechos ocurridos en esta ciudad son competencia del fuero común, por lo que sólo puede intervenir como coadyuvante en la investigación y persecución de los delitos a petición expresa del gobierno del estado
Por lo pronto, más de 150 elementos de diferentes corporaciones policiacas, provistos de chalecos antibalas, armamento de grueso calibre y elementos del ejército, peinan la sierra de Tlacotepec con una sola misión: detener a los responsables de la matanza
“Los asesinos se esconden en Yolotla, a 30 kilómetros de Huautla, en el municipio de San Miguel Totolapan”, fue la pista dada por las viudas

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