DE LOS VEINTE TEATROS CONSTRUIDOS EN EL SIGLO XIX EN LA CIUDAD DE MEXICO, NO QUEDA EN PIE NINGUNO, SOLO UNA IDEA DE SU ARQUITECTURA

DE LOS VEINTE TEATROS CONSTRUIDOS EN EL SIGLO XIX EN LA CIUDAD DE MEXICO, NO QUEDA EN PIE NINGUNO, SOLO UNA IDEA DE SU ARQUITECTURA
José Alberto Castro
La arquitecta Giovanna Recchia no titubea cuando confirma que de los teatros más importantes del siglo XIX en la ciudad de México “no queda nada, sólo algunos testimonios escriturales, dibujos, grabados y pinturas que dan una idea aproximada de su arquitectura”
Donde hoy vemos un estacionamiento, una calle, una biblioteca o vestigios de un edificio derruido estuvieron cimentados poco más de veinte teatros levantados en el siglo pasado y que se derribaron en este siglo: Aéreo (1858), América (1880), Arbeu (1875), Baños del Jordán o Teatro de los Autores (1873), Circo Orrín (1894), Coliseo Nuevo (1752), Colón, De Corte en Palacio Nacional (1865), De los Gallos (1823), Del Nuevo México (1841-1850), De Oriente (1852), Del Pabellón (1849), Del Rélox (1853), Del Seminario (1867), De la Unión (1840), Esmeralda (1858- 1923), Gran Teatro de Santa Anna o Teatro Nacional (1842-1901), María Guerrero (1891), Iturbide (1851), Miñón (1899), Tívoli Central (1882), Tívoli de San Cosme (1882) y Zaragoza (1874)
La picota los echó abajo por muchas causas, pero sobre todo —según la investigadora de origen italiano— “se debe al aumento del valor de los terrenos, al caótico crecimiento de la ciudad, al poco interés de la gente por el tipo de espectáculos que se presentaban a fines del siglo pasado y porque muchos de los habitantes del centro se fueron a otras colonias”
Para Ricardo Pardo Núñez, con una experiencia de tres décadas en los trabajos de restauración de edificios históricos y un doctorado en arquitectura sobre esa materia, los motivos son dos: especulación e ignorancia
Explica a Proceso que “en el Centro Histórico se perdieron la mayoría de los teatros decimonónicos por la misma razón por la que se han perdido otros edificios históricos valiosos, pues los dueños piensan que son construcciones que ya no les sirven, optan por demolerlos para su venta o utilizan los terrenos para construir nuevos edificios que les van a dar más dinero”
Pardo Núñez abunda:
“El teatro de Santa Anna o Nacional fue un teatro bellísimo, proyectado por el arquitecto español Lorenzo de la Hidalga, que demolieron para abrir la calle de Cinco de Mayo Esto se decidió así porque el teatro iba a ser sustituido por el de Bellas Artes, y pensaron que existiendo el nuevo teatro, el Gran de Teatro Santa Anna sería obsoleto Así es como se han perdido la mayoría de los teatros de la ciudad”
A Pardo Nuñez le ha tocado dirigir en dos ocasiones los trabajos de restauración del antiguo teatro Esperanza Iris o de la Ciudad de México Asegura:
“Aunque se hizo en 1915 responde a las líneas del teatro decimonónico, porque es un exponente clásico de los grandes teatros de esa época Es como el prototipo de una especie en extinción Son construcciones que hay que defender porque si no vamos a perder un tipo de arquitectura muy importante”
Experto en la evolución arquitectónica de los teatros sostiene que “en México la protección del patrimonio artístico es reciente, empieza a finales de los años treinta cuando algunos intelectuales y arquitectos mexicanos se interesan por defender estos patrimonios Antes cualquier gente demolía una casa del siglo XVIII en el Centro Histórico y levantaba un edificio de cinco u ocho pisos El Centro Histórico está plagado de estos casos Si reparamos en la gran cantidad de edificios construidos en los años cuarenta son la evidencia del mismo número de residencias y casas virreinales importantes demolidas por la picota”
Desilusionado, habla del desdén “de las personas que malbarataron su mansión virreinal para obtener dinero y construir un edificio de departamentos o de locales para comercios Ese afán de especulación provocó que demolieran una buena cantidad de casas y teatros del Centro Histórico”
ESPLENDOR, CAIDA Y DECADENCIA
Giovanna Recchia es investigadora del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli del INBA, y recuerda cómo surgió la idea de reproducir en maquetas los edificios de los teatros decimonónicos de la Ciudad de México:
“Cuando emprendí la investigación sobre los teatros en el siglo XVI encontré planos del Corral de Comedias Entonces se me ocurrió no sólo imaginarlo sino verlo, no me conformaba con las descripciones, las crónicas y los grabados Encontré la memoria de construcción de ese corral, hicimos pruebas para reproducirlo en una maqueta y esto fue posible”
Relata que su interés la llevó a concebir la posibilidad de reproducir en maquetas algunos de los más importantes teatros del siglo XIX, como son: el Gran Teatro de Santa Anna, el Coliseo Nuevo y el Colón
Para alcanzarlo se abocó a buscar planos, descripciones e imágenes El método consistió en reconstruir los croquis con los datos de los cronistas, poetas, literatos y periodistas de la época Fue un trabajo de cruzar informaciones y de deducción
En el caso del legendario Gran Teatro de Santa Anna o Teatro Nacional (1842-1844) apunta que se encontraron unos planos en el Observatorio de Tacubaya y junto con la información aportada por dibujos, grabados y pinturas se empezó a hacer la maqueta; sin embargo, explica “había tantas fallas, vacíos, puntos no resueltos que descubrimos que no eran los planos definitivos para la construcción del teatro Busqué los planos en San Carlos, pese a la pesquisa no se encontró nada porque los planos son de un material endeble, difícil de conservar, y hasta la fecha no sé dónde están”
Dice Recchia que se recurrió a testimonios orales, las pinturas de Pedro Gualdi y se establecieron las similitudes con otros teatros europeos de la época
Para la arquitecta “el Teatro Nacional o Santa Anna fue un ejemplo típico de teatro a la francesa, construido según todas las reglas de la academia, una verdadera joya Lo mandó construir el empresario guatemalteco Francisco Arbeu con la idea de otorgarle a la Ciudad de México un gran teatro, se le puso el nombre del Presidente Santa Anna que exigió que llevará su nombre a cambio de la autorización para su construcción Lo proyectó el arquitecto español Lorenzo de la Hidalga, que había estudiado en París y conocía perfectamente los teatros franceses”
Destaca que el famoso teatro cambió de nombre de acuerdo a los vaivenes de la situación política pues luego de conocerse como Santa Anna adoptó los nombres de Teatro Nacional, otra vez Santa Anna, más tarde Imperial por la presencia en el país de los emperadores Maximiliano y Carlota, de nuevo Nacional, y finalmente el pueblo lo identificó como el Teatro de la calle Vergara
Jaime Cuadriello, en el volumen Teatros de México, libro coordinado por Héctor Azar y publicado por Banamex, escribe del Santa Anna: “El teatro fue casa digna de los grandes espectáculos del romanticismo y centro indiscutible de la vida social de medio siglo Pero algo más: el edificio fue el resultado del pensamiento racionalista de su autor y la aplicación al espacio del credo divulgado por la Escuela Politécnica de París: ‘relación conveniencia-economía-programa'”
El mismo ensayista recalca que “también por sus dimensiones el Teatro Nacional se ponía a la cabeza de todos los de su clase en Iberoamérica: dieciocho plateas inferiores, setenta y cinco palcos en tres calles y dos intercolumnios, galería, treinta y dos camerinos, dos salones de pintura y un foyer de recreo; un cupo total en el auditorio de dos mil trescientos noventa y cinco escuchas, sin contar los discretos palcos de luto para ponerse a salvo de la murmuración pública Por fortuna guardamos memoria de todo esto luego de su lamentable demolición en 1901, gracias a tres óleos del italiano Pedro Gualdi, maestro de la perspectiva y escenógrafo del teatro desde su apertura, quien realizara el telón de boca en una veduta de la Plaza Mayor de México El peristilo vestibular que se hallaba techado por un tragaluz de colores —como se aprecia en una de las vistas de marras—, sobrevivió al trasladarse al edificio que hace la esquina norponiente de Bolívar y 16 de Septiembre”
A su vez, Recchia afirma que hacia mediados del siglo XIX la ópera lírica domina la escena de los ocho teatros capitalinos:
“Los actores y cantantes más famosos son recibidos con fiestas, vítores, regalos lanzados al escenario, flores y aplausos”
Las crónicas de la época, señala Recchia, “hablan de ríos de gente que se desplaza por la ciudad, de uno a otro teatro, para aprovechar más de una función También los periódicos consignan el momento en que el presidente Mariano Arista coloca la primera piedra de otro teatro construido por Francisco Arbeu, el teatro Iturbide”
Otro momento recordado por Recchia del gran auge teatral entre los capitalinos se da cuando “en 1885 llega a México el dramaturgo español José Zorrilla y la ciudad enloquece con la zarzuela”
En su recuento Recchia no se olvida del Teatro Principal o Coliseo Nuevo que surgió de una serie de remodelaciones “pues sus orígenes se remontan a 1753, el edificio lo fueron adaptando a las nuevas exigencias de los espectáculos”
Este teatro, que ocupaba el predio de la esquina formada por las calles de Bolívar y 16 de Septiembre, se quemó en 1931 y ahora es un estacionamiento
Apoyados por el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes, Recchia y el arquitecto Armando Moreno Hernández lograron, en maquetas, fieles reproducciones de los teatros Santa Anna, Coliseo Nuevo o Principal, y el Colón Este último, añade la investigadora, “estaba en el exColegio de Niñas en la contraesquina de Bolívar y 16 de Septiembre, ahora es la sede del Club de los Banqueros y lo proyectó Ricardo Legorreta”
El arribo de las compañías de ópera a México provocaron la multiplicación de teatros grandes y pequeños en la provincia Recchia explica que “hacia los últimos años del porfirismo se construyeron más de 150 teatros en el país”
Sin embargo, advierte que “en los primeros años del presente siglo, con la llegada del cinematógrafo a los escenarios capitalinos se apaga la euforia por los espectáculos teatrales”
Para ella la memoria teatral es parte de la cultura del país:
“A diferencia de lo que ocurre en el mundo, aquí no se tiene ninguna noticia de lo que fueron los espacios teatrales Ni de otros elementos del teatro mexicano Sólo existen los libretos de las obras Por eso trabajamos en la recuperación de la memoria teatral que incluye la parte física: vestuarios, escenografías, decorados, arquitectura y la utilización de los espacios teatrales”
En los últimos años Recchia y un grupo de estudiantes académicos han realizado un pormenorizado inventario de los teatros de provincia, donde se constata que “sobreviven verdaderas joyas arquitectónicas como son el Macedonio Alcalá de Oaxaca, el Benito Juárez de El Oro del Estado de México, el Xicoténcalt de Tlaxcala, el Juárez de Guanajuato, el Angela Peralta de Mazatlán, el José Peón Contreras de Mérida y el Principal de Puebla, por cierto el más antiguo de América Latina aún en uso”
El lunes primero, en la Sala Ponce de Bellas Artes, fue presentado el libro Apología del Teatro Principal de Puebla, coordinado por Pedro Angel Palau y Héctor Azar El recinto, construido por el arquitecto Santamaría en 1759, se encuentra en condiciones deplorables
Del diagnóstico de Recchia se deduce que “la mayoría de los teatros decimonónicos de provincia son restaurados para no usarse en actividades culturales o teatrales pues carecen de una programación periódica, otros están abandonados, en ruinas, demolidos o sirven de escenario para actos oficiales o como improvisadas salas cinematográficas”

Comentar este artículo