de automóviles y choferes

De automóviles y choferes
Hugo Hiriart
Uno de los programas de radio más escuchado de Estados Unidos consiste, sencillamente, en diálogos del público con dos mecánicos muy capaces, supongo, los hermanos Tom y Ray Magliozzi, acerca, claro, de automóviles Se llama, sencillamente, Car Talk (hablar de coches), y el público hace preguntas, transmitidas al aire, que los hermanos van respondiendo Digamos, me llamo Gumpo, vivo en San Francisco y en mi coche se enciende el radio cada vez que aplico el freno, ¿qué puede estar sucediendo? Los mecánicos dictan diagnóstico, pronóstico y remedio del desperfecto, y a otra cosa Cientos de miles de personas escuchan este programa aquí, en el lugar al que Gertrud Stein llamó, por su modernidad, el país más viejo del mundo
Interrogado un sociólogo acerca de cuál era la figura más característica del siglo XX, respondió que el chofer solitario, figura que no existió nunca antes en la historia, pero que, todo indica, llegó para quedarse y es característica de nuestro tiempo
Pero desde hace mucho el flujo de vehículos es un problema en Estados Unidos Y, sin embargo, el ciudadano de aquí está atado al automóvil y representa un tiempo diario, quiera o no, la figura del chofer
Las figuras sociológicas aparecen, el psicólogo terapeuta o el locutor de radio o el chofer, por ejemplo, no existían antes y aparecieron en el siglo XX En cambio, el mayordomo o el fabricante de sombreros existían, pero casi han desaparecido en el siglo XX
Pregunta ¿Constituye la figura del chofer un adelanto o progreso sobre otras figuras históricas?, ¿se ganó, por ejemplo, realmente, en libertad de movimientos con el automóvil o, simplemente, se cayó en otra forma, diferente, de servidumbre?
Los embotellamientos, atasques, los llaman en España, trafic jam, en inglés (jam quiere también decir, muy expresivamente, jalea), forman parte del progreso del automóvil Y también la dificultad de hallar estacionamiento: en las ciudades viejas, es decir, las más bonitas, las más cumplidas, europeas o americanas (Guanajuato, por ejemplo), hallar estacionamiento es, a veces, una agonía Por ejemplo: el otro fin de semana, mi cuñada Sara nos prestó, aquí en NY, su coche para salir de paseo Pues bien, me tardé, el jueves en la noche, media hora en hallar un lugar para estacionarlo, y fue a unas cinco cuadras de mi casa
Por todo eso, tan sabido, uno de los atractivos de Nueva York es la posibilidad de vivir aquí, cómodamente, sin tener que usar automóvil Menos de 15% de los pobladores se desplaza aquí a sus actividades en automóvil Y muchos en este porcentaje, de gente con automóvil en Manhattan, supongo, traen chofer que los espera (es decir, no tienen que dejar el coche ni buscar estacionamiento)
Esta afortunada peculiaridad de Manhattan hizo que los sociólogos Paul y Percival Goodman discurrieran un proyecto utópico, el de prohibir la circulación de automóviles particulares en la isla Al parecer sería muy beneficioso, no traería grandes inconvenientes y sí notables ventajas Por ejemplo, se podría dar otro uso a algunas calles transversales Calles y avenidas ocupan 35% de la superficie de la isla
Pero, claro, el proyecto no progresó nunca, justamente por ser un proyecto utópico, es decir, radical Toda medida radical se estrella contra la oposición de la inercia social, siempre temerosa de los cambios, sobre todo si no son graduales, bruscos
No sé qué pienses tú del pensamiento utópico, pero, para mí, es esencial al punto de que la existencia sin la posibilidad de imaginación utópica me parece indigna de ser vivida
La geometría es utópica: en la naturaleza no hay triángulos ni cuadrados ni círculos Pero, para pensar requieres esos entes delicados, perfectos, utópicos
Claro que los ideales son peligrosos Los atroces sucesos que llenaron de tragedia el siglo XX se originaron casi siempre en locos encandilamientos con ideales Pero si te fijas bien, el peligro no está nunca tanto en las ideas como en la actitud de los humanos hacia esas ideas No hay nada más peligroso que el humano que no duda, que cree, con soberbia, que lo sabe y lo puede todo
Pero ese personaje es un extremo patológico El pensamiento utópico valioso es el que está, al contrario, al servicio de la duda y la discusión abierta de todo, es decir, el pensamiento que abre posibilidades nuevas donde todo parecía cerrado y fatal Por ejemplo, la posibilidad de prohibir la circulación de coches particulares en Manhattan que hemos mencionado aquí

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