“en el cielo”

En el cielo
Javier Betancourt
Turín, bella ciudad del norte de Italia que conserva la calma y la vision diáfana de La Toscana a pesar de su modernidad; una mujer coloca una bomba en un elegante edificio de oficinas Philippa acaba con la vida de cuatro personas inocentes, dos niñas entre ellas Filippo (Giovanni Ribisi), el joven carabiniere que sirve de intérprete durante los interrogatorios de la policía, se enamora de la terrorista; cuando ambos logran escapar, se inicia una peculiar road picture que rompe gradualmente con todas las convenciones
En el cielo (Heaven; Alemania-EU-Francia, 2001) es la adaptación de un guión original del desaparecido Kriesztof Kieslowski, y formaba parte de una trilogía con ecos renacentistas (Cielo, infierno y purgatorio), la dirige por encargo el talentoso Tom Tykwer (Corre, Lola, corre), en la producción intervienen intereses tan diversos como los del realizador inglés Anthony Minghella o del americano Sydney Pollack Bella película que nos hace recordar a los frescos de los maestros italianos del Renacimiento
Menos por menos da más El álgebra que ajusta la visión de dos cineastas obsesionados por el destino —desde ángulos muy diferentes— y rebeldes frente a las convenciones de los géneros cinematográficos más comunes integra una fórmula tan políticamente correcta que sólo podría aplicarse en el cielo
Heaven era una prueba de fuego para cualquier joven ci-neasta original e independiente que debiera reconciliarse, tarde o temprano, con las grandes productoras Tykwer se acomoda lo mejor posible a la sintaxis del thriller; lo llega a dominar tan bien que convierte el lenguaje de éste, el suspenso y la tensión —en este caso el engranaje de diferentes acciones paralelas, una vez activado el dispositivo de la bomba— en una metáfora del destino Secuencias como la de la trabajadora sacando la basura en el momento menos esperado o la de Cate Blanchett en el baño custodiada por un policía como si escapara por el excusado son dignas de Hitchcock
Pero el conflicto de conciencia de Philippa deja de serlo desde el momento en que su crimen no es intencional Cuando mucho habría que rebelarse contra la ironía de la fatalidad Para el joven enamorado —como para el espectador— Philippa es inocente y heroica La mayoría estaría de acuerdo, en el fondo, en suprimir al narcotraficante que no sólo acabó con la vida de su marido, sino que ahora destruye la vida de inocentes colegiales Por ello, hubo que inventar un nexo de las autoridades con el mafioso; había que proveerlos de motivos más poderosos contra la terrorista ecológica que tenía las mejores intenciones
Si el destino no hubiese intervenido desplazando la bomba de lugar, causa de la muerte de gente inocente —tema auténticamente en la línea de Kieslowski—, Philippa estaría plenamente justificada frente a quienes acusan a los corruptores de la juventud ¿Quién compadecería honestamente al narco (en el fondo), más allá del no matarás?
Por el contrario, la fuerza del talento, la originalidad de un cineasta como Tykwer está en desafiar a la fatalidad, prueba de ello Corre, Lola, corre en la que una mujer logra desarticular la rueda del destino para salvar a su amante
Philippa y Filipo son dos caras de la misma moneda, seres demasiado angélicos para habitar este contaminado planeta y menos las películas de acción; en cualquier otra historia funcionarían de la misma manera Las imágenes alegóricas de los frescos del Giotto se imponen La escena de amor que los muestra de lejos, como siluetas, desnudos y rapados, no deja de evocar al andrógino celestial; o a una nueva pareja de Adán y Eva junto al árbol de la vida

Comentar este artículo