AFGANISTAN : EL ABANDONADO

Washington elabora para Irak un guión similar al que siguió en Afganistán: En ambos casos reunió a diversas organizaciones de la oposición para poner fin a sus rivalidades y comprometerlas a instaurar un régimen democrático Les prometió, además, recursos y apoyo para reconstruir sus países Pero en Afganistán, Estados Unidos no cumplió sus promesas: la ayuda –disminuida y a cuentagotas– ha sido insuficiente para paliar el desastre humanitario e iniciar
la reconstrucción del país Más aún: Washington se olvidó de los derechos humanos y de la democracia: pactó con los “señores de la guerra”, quienes mantienen sus luchas internas por control territorial y por el lucrativo negocio del opio, que ha vuelto a florecer
PARÍS- A veces la historia parece repetirse sobre todo cuando el guión se escribe en la Casa Blanca Durante cuatro días —del 14 al 18 de diciembre—, representantes de unos 50 partidos de la heteróclita y conflictiva oposición iraquí al régimen de Saddan Hussein se reunieron en Londres ante la autoritaria vigilancia estadunidense y británica
Hace exactamente un año, la no menos heteróclita y conflictiva oposición afgana al régimen talibán celebró una cumbre similar en Bonn, con los mismos padrinos y bajo égida internacional
En Londres, la semana pasada, sunitas, chiitas, kurdos y voceros de distintas minorías afirmaron estar dispuestos a poner punto final a sus antagonismos históricos para construir un Irak democrático Lo hicieron casi a regañadientes, después de días y noches de regateos a puerta cerrada
El 5 de diciembre de 2001, después de varios días de negociaciones similares y con la “influencia” de Estados Unidos, los “jefes de guerra” afganos se comprometieron también a no volver a enfrentarse y a participar activamente en la construcción de un Estado nacional democrático, mientras que la comunidad internacional garantizaba ayuda militar, técnica y financiera
El 22 de diciembre de ese año, un gobierno interino encabezado por el presidente Hamid Karzai tomó las riendas de Afganistán
¿En qué desembocaron, un año después, las solemnes promesas afganas e internacionales de Bonn? ¿Cuál es la situación que prevalece en Afganistán? ¿Existe una luz de esperanza en ese país, después de dos décadas de guerra, caos y violencia?
Institutos independientes especializados en política internacional e importantes organizaciones no gubernamentales intentan contestar estas preguntas Los títulos de sus informes que acaban de publicar al respecto hablan por sí mismos: Washington abandona a Afganistán (World Policy Institute); El acuerdo de Bonn sobre Afganistán un año después: un catálogo de oportunidades desperdiciadas (Human Rights Watch); Reconstruir Afganistán: menos discursos y mucho más acción (Care International)
“Al tiempo que Washington prepara una guerra contra Irak, responsables estadunidenses intentan tranquilizar a las autoridades afganas, asegurándoles que no las van a olvidar”, explica Frida Berrigan, del World Policy Institute, antes de precisar: “Paul O’Neil, secretario de Finanzas de Estados Unidos, viajó recientemente a Afganistán para reafirmar que la guerra contra Irak no interrumpirá la participación de su país en la reconstrucción afgana El boxeador Muhamad Alí y un enviado de las Naciones Unidas pasaron también tres días en Kabul ¡Acabaron su estadía repartiendo ropa deportiva a los niños!”
Insiste Frida Berrigan: “Afganistán necesita mucho más que promesas y visitas de personajes destacados Le urge recibir flujos masivos de fondos para enfrentar su enorme problema humanitario y poder, por fin, empezar su reconstrucción”
Puras promesas
Los investigadores de la ONG Care International recalcan: “La situación afgana es calamitosa: las escasas fábricas del país están cerradas Sus 4 mil kilómetros de autopista y 18 mil kilómetros de carreteras secundarias están totalmente destruidos La ayuda internacional sólo permitió arreglar 808 kilómetros de autopista entre las ciudades de Kabul y Herat Toda la infraestructura del país está en ruinas: hospitales, escuelas, aeropuertos, centrales eléctricas, redes de distribución de agua, sistemas de irrigación, transportes, servicios públicos
“La comunidad internacional calculó que 800 mil refugiados afganos volverían a su tierra en 2002 Se equivocó: llegaron 2 millones y eso agudizó aún más el caos humanitario Por si eso fuera poco, la sequía abatió al país por cuarto año consecutivo y acabó con todos los cultivos del sur y del norte
“La inseguridad es creciente: se estima que 700 mil armas siguen fuera de todo control oficial Millones de minas antipersonales gangrenan el suelo de Afganistán, que tiene el triste privilegio de ser el país más minado del planeta”
Subraya Frida Berrigan, del World Policy Institute: “Tan grande es la inseguridad que el mismo presidente Hamid Karzai, quien salió ileso de un atentado en mayo pasado, cuenta para su protección con tres servicios de seguridad distintos: sus propios guardaespaldas, los de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos y ‘agentes’ de la DynCorp, una compañía militar privada estadunidense”
Agrega Berrigan: “Además, es angustiante constatar que la producción de opio está en pleno auge Según los expertos, es ahora 10 veces superior a la de los últimos meses del período del régimen talibán”
Destaca Care International: “Cabe recordar que 84% de los fondos internacionales dedicados a Afganistán entre octubre de 2001 y octubre de 2002 se invirtieron en la lucha contra Al Qaeda y los talibanes Del 16% restante, 4% se gastó en el mantenimiento de la paz, 3% en la reconstrucción del país y 9% en ayuda humanitaria”
El senador estadunidense Joseph Biden —presidente del Comité de Relaciones Internacionales del Senado, vocero del Partido Demócrata sobre temas de Seguridad Nacional y de Política Internacional, y quien ha viajado varias veces a Afganistán— advierte: “Sólo una ayuda económica masiva puede impedir que ese país se desintegre por completo y se convierta de nuevo en refugio de los terroristas”
La ONU calcula que la reconstrucción afgana podría costar entre 10 mil y 15 mil millones de dólares y que se requiere de varios miles de millones más para atender solamente la crisis humanitaria
El Banco Mundial maneja cifras aún más altas para esa reconstrucción: 122 mil millones de dólares de 2002 a 2007, y 181 mil millones de dólares para la década siguiente
Estas estimaciones contrastan con las mucho más “modestas” anunciadas en Tokio en enero pasado, en la cumbre extraordinaria de los países “donantes”: 18 mil millones de dólares sólo para el año 2002 y 345 mil millones de dólares para los tres años siguientes
En vísperas de 2003, varias ONG e institutos de análisis político constatan que la comunidad internacional dista de haber cumplido con sus promesas de ayuda económica, ya de por sí muy inferiores a las necesidades reales del país: los fondos llegan a Afganistán a cuentagotas, lo que paraliza cualquier intento de renacimiento económico y político en ese país deshecho y exhausto
En diciembre de 2001, la coalición encabezada por Estados Unidos proclamó que en Afganistán su prioridad absoluta era restablecer la paz y el orden Y aseguró que, para lograr ese objetivo, era preciso acabar con el mal endémico de ese país: su división en feudos étnicos gobernados por “jefes de guerra” todopoderosos e incontrolables Se comprometió entonces a ayudar a los afganos a crear y consolidar un poder central alrededor de Hamid Karzai, así como a apoyar a las fuerzas armadas y policiacas, tanto nacionales como multiétnicas, puestas bajo control presidencial Un año después, sin embargo, los resultados obtenidos están lejos de ser alentadores
La Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés), encargada de mantener la paz en Afganistán, cuenta con 4 mil 500 soldados estacionados exclusivamente en Kabul y sus alrededores El resto del país está fuera de su control
Los “jefes de la guerra”
Karzai, apoyado por Kofi Annan, secretario general de la ONU, lleva un año pidiendo más tropas internacionales para estabilizar al país mientras se desarma a las milicias locales y regionales y se crea el nuevo ejército afgano, el cual debe contar con un mínimo de 70 mil hombres
Karzai ruega también a la comunidad internacional que acelere el entrenamiento de los nuevos reclutas: En todo el año 2002, sólo mil 400 de ellos recibieron formación militar Washington, que se opone al envío de más soldados y cuenta con el apoyo tácito de sus aliados en este asunto, rechazó sistemáticamente las reiteradas súplicas de Karzai Peor aún, la administración Bush decidió apoyarse en los llamados “jefes de guerra” para “restablecer” el orden fuera de Kabul, entregándoles armas, dinero, uniformes y equipos de comunicación
Resultado: El poder político central de Karzai está en pañales y volvió a imperar en Afganistán la ley de estos líderes regionales armados, que hundió al país en la guerra civil después de la derrota soviética y que favoreció la llegada al poder de los talibanes
Siguiendo el ejemplo estadunidense, Irán y Pakistán aumentaron su apoyo financiero y militar a los caudillos que sirven a sus intereses en Afganistán
En un denso informe dedicado al tema, Human Rights Watch destaca: “Estados Unidos reiteró en múltiples oportunidades que su prioridad era la democratización de Afganistán y la defensa de los derechos humanos en ese país Sin embargo, sus acciones demuestran que ese compromiso era meramente retórico Después del derrocamiento del régimen Talibán, Washington jugó la carta de los ‘jefes de guerra’ para sacarse de encima las responsabilidades a nivel de seguridad y de derechos humanos”
Subraya: “Los jefes de guerra representan actualmente la amenaza más grave para la paz y la estabilidad del país () Su poder creciente impide que el gobierno afgano afiance su autoridad más allá de los límites de Kabul”
Y precisa: “Hombres como Daud Khan, líder militar tadjik de la región nororiental de Afganistán; el general Abdul Rashid Dostom, quien dirige las fuerzas del norte y se desempeña como ministro de Defensa del gobierno de transición; Ismail Khan, gobernador de la provincia de Herat; Gul Agha Sherzai, gobernador de Kandahar; o Karim Khalili, vicepresidente, siguen al mando de ejércitos locales que sólo obedecen a sus líderes y desprecian al gobierno central
“Uno de los casos más significativos es el del general Muhamad Qasim Fahim, viceministro de Defensa, jefe del embrionario ejército nacional afgano, quien sigue teniendo su propia milicia armada Existen otros jefes de guerra que también tienen bajo su mando fuerzas militares de cierta importancia en el sureste y el centro del país”
Los investigadores de HRW explican que estos ejércitos locales y regionales libran entre sí combates violentos, los cuales causan numerosas víctimas entre la población civil, obligándola a huir de sus casas y aldeas El número de personas desplazadas en el norte, sureste y occidente de Afganistán crece día tras día
Las hostilidades entre milicias armadas dan pie a ejecuciones sumarias, robos y saqueos El 2 de diciembre pasado, mientras se celebraba en Bonn el primer aniversario del Acuerdo Nacional Afgano, enfrentamientos entre tropas de Ismail Khan y milicias del sur provocaron decenas de muertes y la huida de centenares de civiles
Según HRW, además de aterrorizar a la población afgana impidiendo cualquier oposición a su poder, encarcelando, torturando y asesinando a quienes no les obedecen, los “jefes de guerra” se lanzaron de nuevo a la producción de opio y se apoderaron de los puestos aduanales del país, y cobran altísimos impuestos a las escasas compañías internacionales que intentan implantarse en el país
Una de las múltiples manifestaciones del descaro de estos caudillos ocurrió durante la Loya Jirga (cumbre nacional) de junio pasado en Kabul Conforme al Acuerdo de Bonn, esa asamblea “multiétnica y pluralista”, integrada por representantes de partidos, líderes tribales, intelectuales, mujeres y respetados personajes independientes, tenía la responsabilidad de elegir formalmente al jefe de Estado y a los principales ministros del gobierno de transición que estará en el poder hasta 2004
El asunto es que la intervención de los jefes de guerra empezó antes de la celebración misma de la Loya Jirga, ya que muchos delegados no pudieron ser seleccionados sin su aprobación Además, a pesar de no ser elegibles, los caudillos se autoproclamaron delegados
HRW enfatiza que Estados Unidos y la ONU presionaron a la Comisión Preparatoria de la Loya Jirga para que los aceptara La misma ONG recopiló numerosas denuncias de intimidación, amenazas y persecución perpetradas contra los delegados de la sociedad civil afgana por parte de milicianos y gobernadores regionales
Escasos y valientes fueron los delegados que se atrevieron a expresarse libremente en la cumbre, recalca HRW Muchos confesaron haberse callado por temor a represalias
Sólo se respetó el secreto del voto para elegir al presidente Luego, los jefes de guerra exigieron votación a mano alzada y multiplicaron las presiones de todo tipo sobre los votantes, comprando y regateando votos tras bambalinas
En 2003, otra Loya Jirga se reunirá para elaborar y adoptar la nueva Constitución afgana antes de las elecciones de 2004 Pero lo que pasó con la cumbre de junio último no deja muchas esperanzas de cambio al pueblo de Afganistán
El reino de Khan
La cruenta represión de las mujeres afganas por parte del régimen talibán impactó fuertemente a la comunidad internacional Washington usó como instrumento esa indignación mundial para tener más argumentos a favor de su guerra contra Afganistán Basándose en datos concretos y numerosos testimonios, HRW señala que, también en este caso, las solemnes declaraciones estadunidenses fueron discursos vacíos
Ciertamente, las niñas y jóvenes afganas recobraron el derecho de estudiar en escuelas primarias, secundarias y en universidades, pero muchas se preguntan de qué les servirán estos estudios si siguen marginadas en forma sistemática del mundo laboral
Aun si es imposible cambiar en un sólo año décadas de discriminación, es forzoso constatar que, en la mayor parte del país, las mujeres siguen sufriendo situaciones insostenibles, recalca HWR
En la región de Herat, fronteriza con Irán, las mujeres padecen más violencia Dos investigadores de HRW, Zama Coursen-Neff y John Sifton, publicaron el 17 de diciembre un documento de 55 páginas sobre esa situación La realidad es demoledora: Herat es la capital del feudo dominado por Ismail Khan, uno de los más duros jefes de guerra En 1978, cuando los comunistas afganos tomaron el poder con ayuda soviética, Khan se desempeñaba como capitán del Ejército Su lealtad con el nuevo gobierno fue breve y pronto encabezó en su contra un fuerte movimiento insurreccional
A lo largo de la década de los años ochenta, sus fuerzas guerrilleras hostigaron sin descanso a los invasores soviéticos Después de la derrota del Ejército Rojo, Khan tomó el poder en su feudo de Herat y empezó a reconstruir su capital No participó en las luchas fratricidas que libraron en Kabul los demás jefes de guerra Se dedicó a crear una República independiente en su región, en la parte occidental de Afganistán Para hacerlo contó con el apoyo de Irán
Amo absoluto de su feudo, Khan impuso una férrea ley islámica y obligó a las mujeres a llevar el hijab (amplio vestido austero que las cubre de pies a cabeza) Creó también una policía religiosa para asegurar que se cumplirían sus órdenes En 1995, líderes locales y parte de la población empezaron a movilizarse en su contra Los talibanes aprovecharon la situación para atacar Herat, que cayó bajo su mando Khan se refugió en Irán
En 1997, al frente de importantes fuerzas guerilleras, Khan se enfrentó a los talibanes Traicionado por uno de sus hombres, fue capturado y encarcelado en Kabul, pero escapó en el año 2000 En el otoño de 2001, Khan vendió muy cara su participación en la coalición organizada por Washington El 13 de noviembre de ese año, después de la derrota del régimen Talibán, se apoderó de las provincias occidentales de Afganistán, donde ejerce de nuevo un poder absoluto
Musulmán riguroso en la década de los años noventa, Khan se ha convertido ahora en fundamentalista intransigente y dictatorial Controla la televisión, la radio y el único periódico de su feudo Su policía persigue sin piedad a los opositores Burlándose de las líneas de gobierno del presidente Karzai, canceló el acceso de las mujeres en la universidad de Herat e impuso como rector a Abdurrauf Mukhis, quien encabezó su policía religiosa en los años noventa
Oficialmente, las mujeres afganas ya no tienen la obligación de llevar burkas o chadors En los hechos, sin embargo, la mayoría lo hace en casi todo el país, víctimas de presiones En el feudo de Khan lo llevan por temor a sufrir graves represalias y, por las mismas razones, evitan salir maquilladas
Bajo la dictadura de Khan tienen prohibido hablar de cuestiones políticas, participar en cualquier forma de vida cívica, tener sus propias organizaciones, conducir autos o bicicletas, tomar un taxi solas, a menos de que el conductor sea pariente suyo, hablar con un hombre en la calle y mucho menos con un extranjero, salir cuando cae la noche Además de la burka deben llevar zapatos que no hacen ruido al caminar
En sucesivos discursos, Khan invitó a la población masculina a delatar a las rebeldes o a castigarlas directamente Hace sólo un mes, en noviembre, declaró por radio y televisión: “Ustedes deben impedir que hombres y mujeres solteros sigan juntándose Esa tarea no le corresponde solamente a la policía criminal A ustedes también les toca impedir que mujeres y hombres solteros caminen juntos por las calles Conforme al Islam, deben golpearlos”
Khan formó también escuadrones de muchachos adolescentes encargados de vigilar a todas horas y en todas partes el comportamiento de las mujeres Se otorgó a estos jóvenes el “derecho de velar que su conducta sea respetuosa del Islam y de impedirles cantar, bailar o llevar ropa llamativa”
El Ministerio de Asuntos Religiosos cuenta por su parte con un escuadrón de unas 100 mujeres que persiguen con particular saña a las disidentes en las calles de la ciudad de Herat
Ser sorprendidas hablando fuera de su casa con un hombre que no sea un pariente suyo es una auténtica tragedia para las mujeres de Herat, insisten los investigadores de HWR La policía se lleva a los dos “culpables”: el hombre, a la delegación policiaca, en donde sufre vejaciones y golpizas; la mujer, al hospital, donde se le impone un chequeo de castidad para asegurarse de que no acaba de tener relaciones sexuales con su interlocutor
Un médico del único hospital de la ciudad de Herat confió a los investigadores de HRW que en octubre último se había realizado cada día un promedio de 10 “chequeos de castidad”
Enseñar y trabajar como empleadas de oficina o enfermeras son las únicas perspectivas laborales que Khan deja a las mujeres de su feudo Ejerce presiones cada vez más fuertes para impedir que sean reclutadas por ONG internacionales u oficinas locales de la ONU Según denuncias recogidas por HRW, muchas de las mujeres que logran tener algún oficio en la región de Herat son familiares de hombres ligados al poder regional
La situación que prevalece ahí es de sobra conocida por los funcionarios de la ONU, los gobiernos occidentales y, en primera instancia, por la administración Bush Sin embargo, Khan sigue siendo uno de los aliados privilegiados de Washington en Afganistán
En abril pasado, Donald Rumsfeld, secretario de Defensa estadunidense —quien no deja de fustigar el fundamentalismo islámico—, visitó a Khan en su feudo de Herat Salió encantado de las horas de plática que sostuvo con él Declaró a la prensa: “Ismail Kahn es una persona muy interesante Es un hombre que reflexiona, es medido y muy seguro de sí mismo Podría contarles de qué hablamos, pero no lo voy a hacer”

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