Intervención divina

Dentro de la Selección Oficial de este nuevo Festival Internacional de Cine Contemporáneo, vale la pena destacar Intervención divina (Yadon Ilaheyya; Francia-Palestina, 2002), la insólita película del palestino Elia Suleiman que sería una lástima dejar de ver, pues lo más probable es que después no encuentre distribuidor en México
Sobria e iconoclasta, comedia y drama político, combinación de banalidad y absurdo, Intervención divina sitúa su historia de amor y de inspiración biográfica en el contexto actual de la frontera Palestina con el Estado Israelí Con una ausencia casi total de diálogos, salpicada por diatribas como ráfagas de ametralladora al aire y sostenida por un lenguaje cinematográfico impecable, el drama de estos amantes que tienen que sortear una y otra vez los controles militares de Ramala para encontrase alcanza momentos de hilaridad
Una especie de Señor K asiste a su padre moribundo, deambula por Nazareth y Jerusalén, hace malabares para cruzar la frontera, pasa horas enteras en el estacionamiento del control militar practicando una silenciosa danza amorosa de manos con su amante Sólo su mirada triste y sus fantasías dan cuenta de cómo piensa y siente; el hueso de una fruta que come, arrojado contra un tanque israelita se convierte en una granada; ninjas palestinos se enfrentan a mafiosos israelitas, el crucificado en una invisible cruz ametralla desde su corona de balas
Pese a la obviedad del trasfondo político, el rigor formal de Suleiman evita el panfleto, el realismo del documental lloroso y la perspectiva unilateral Este Señor K (interpretado por el mismo Elia Suleiman) simplemente existe ahí, atrapado por una cadena de gestos absurdos que se tornan realidad cotidiana, como el del hombre que espera todos los días un autobús que ya no pasa por ahí, o el automóvil que avienta bombas por la noche al mismo domicilio; o gestos normales que se vacían de sentido por tanta repetición, como las verificaciones militares
De automatismos y variaciones ínfimas que se tornan grietas trágicas en el muro de la banalidad, como la muerte del padre o imposibilidad amorosa, ahí donde hay que picar cebolla para que brote el llanto Suleiman compone sus coreografías, el musical de los soldados, la danza de las fronteras o el kung fu de los ninjas filmado con una sola cámara (de manera opuesta al estilo de John Woo que filma con varias a la vez para componer la acción) La mirada de Suleiman fluye con la libertad del globo rojo con el rostro de Arafat que flota por las cúpulas de los templos de Jerusalén
Este realizador de formación completamente autodidacta, que se confiesa disléxico, utiliza un lenguaje formal sobrio, distanciado; predominan la luz y la claridad en sus imágenes siempre mezcla de sensualidad y frustración; la extrema lucidez produce el efecto de una cruda después de la borrachera, o de la última imagen antes de la catástrofe Lo escalofriante de Intervención divina es el orden y el control de su composición que obliga al espectador a dislocar por sí mismo la sintaxis; nunca se había filmado el conflicto palestino con tanta paz
El premio del Jurado de Cannes 2002 causó controversia entre quienes esperaban un filme realista y discursivo sobre este tema Los maestros de este director nacido en Nazareth (1960), autoexiliado de joven en Nueva York, ciudadano de Israel, según declara él mismo, son Bresson, Antonioni, Godard, Fassbinder y sobre todo Yasujiro Ozu
La revista gala Positif, en su número 500 de julio 2002 publicó una entrevista con el director Suleiman, en la que explica cómo conformó su equipo para esta filmación (la traducción es mía):
“Escojo a todos libremente, pero me asisten para tomar decisiones El equipo se compone de israelitas, palestinos y franceses las escenas de los ninjas fueron filmadas en Francia Los técnicos israelitas son más profesionales y se hallan mejor sindicalizados que los palestinos, por razones que no tienen nada que ver con la genética La película que rodábamos representaba un gran cambio para ellos, pues tienen la costumbre de grabar spots publicitarios, o de participar en filmes estadunidenses en los que los árabes son los terroristas malos y los estadunidenses, los vencedores Por otro parte, se sentían incómodos a causa del clima político Uno de ellos, productor, ya había trabajado conmigo y somos amigos, me importa un comino que sean o no israelitas Es un humanista, no sionista por demás, lo cual es importante porque tengo que asegurarme de que además del aspecto profesional, los israelitas con los que trabaje ¡no acaben de asesinar a un palestino!
“Desgraciadamente tengo que andar pensando en estas cosas, pues muchos de ellos, cuando hacen su servicio militar, matan o hieren a palestinos Cuando tomamos conciencia de esto, resulta muy traumático También trabajamos con israelitas que se oponen al Ejército de su país” l

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