El clan Salinas en el caso Ruiz Massieu

Hace justamente 10 años, Raúl Salinas de Gortari fue encarcelado como presunto autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu El proceso judicial que se le sigue desde entonces ha tenido de todo –incluido un procurador panista asesorado por una bruja–, menos una indagación puntual de los hechos
En ese sentido, han sido más acuciosas las investigaciones periodísticas, entre las cuales destaca la de Samuel Dillon y Julia Preston; los reporteros de The New York Times se ocupan del caso en su libro El despertar de México, editado recientemente por Océano Con permiso de la editorial y de los autores, Proceso publica una parte del capítulo titulado Raúl
Sería difícil exagerar la consternación que produjo en México el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu El homicidio ocurrió seis meses después del de Colosio (el 28 de septiembre de 1994), y fue casi igualmente traumático Salinas se apresuró a nombrar como fiscal especial del caso a Mario Ruiz Massieu, funcionario judicial y hermano de la víctima Pese al conflicto de interés que ello entrañaba, durante las exequias de Ruiz Massieu, Salinas llegó a un acuerdo con Mario y obtuvo, así mismo, el consentimiento de Zedillo, entonces presidente electo
Mario Ruiz Massieu tenía material con el cual empezar: el pistolero había sido capturado en la escena del crimen Daniel Aguilar Treviño, ranchero de 28 años de edad, se confesó culpable tras un interrogatorio de 18 horas en el que la policía le aplicó choques eléctricos y casi lo ahogó en una cubeta con excremento Dijo que había sido contratado por el secretario particular del diputado priista Manuel Muñoz Rocha, mismo que desapareció sin dejar huella un día después del homicidio
Ruiz Massieu rendía a Salinas inmediata cuenta de su investigación Pero a principios de octubre comenzó a informar también a Zedillo “Algunos testigos aseguran que Raúl Salinas está detrás del asesinato”, reportó a éste
Zedillo no simpatizaba con Raúl Habían tenido diferencias por asuntos financieros a principios del sexenio de Salinas, cuando Raúl era director de Planeación de Conasupo y Zedillo secretario de Programación Pese a todo, éste dudó de la versión de Mario, en la que creyó percibir una intriga para incriminar a Salinas en las últimas semanas de su gobierno Así, se limitó a aconsejar a Ruiz Massieu que profundizara en su investigación
Mario insistió varias veces más ante Zedillo en que las pruebas apuntaban hacia Raúl, si bien hizo notar que no tenía aún evidencias concluyentes de ello Buscaba orientación del presidente electo para saber cómo manejar tan explosivo asunto Sin embargo, los asesores de Zedillo comenzaron a sospechar que Ruiz Massieu se servía del caso de su hermano para perseguir la titularidad de la Procuraduría General de la República (PGR) en el nuevo gobierno Así, Zedillo le instruyó con impaciencia que sólo tratara con Salinas
Mario se hizo entonces asiduo de Los Pinos El presidente asumió con él una actitud afable, y aun solícita A mediados de noviembre, Salinas llamó a Zedillo
Todos los presidentes de México, cuando salen, piden a su sucesor dos o tres puestos del gabinete —le dijo Salinas—; no soy pretencioso Sólo te voy a pedir uno
—¿Cuál es ése, señor presidente? —preguntó Zedillo, a la defensiva
—La Procuraduría General de la República —respondió Salinas
Zedillo vaciló, pero, adoptando un tono formal, repuso:
—Señor presidente, ya tomé mi decisión a ese respecto y sé que le va a gustar
Zedillo y su equipo nunca supieron con certeza a quién deseaba colocar Salinas en la PGR, pero supusieron que éste confiaba en mantener el control del caso Ruiz Massieu, quizá dejando a Mario en aquel puesto La reserva que imperó en los días siguientes en torno a la identidad del nuevo procurador contribuyó al deterioro de las relaciones entre Salinas y Zedillo
Cuando éste optó, al fin, por el panista Antonio Lozano Gracia, a quien prometió absoluta libertad en la continuación de las investigaciones sobre el asesinato de Ruiz Massieu, Salinas se llevó un profundo chasco Sostuvo entonces intensas conversaciones con Mario Ruiz Massieu
El 23 de noviembre, una semana antes de que Zedillo tomara posesión, tuvo lugar la extraña conferencia de prensa en la que Ruiz Massieu renunció a su cargo y acusó a altos dirigentes priistas —aunque no a Salinas— de entorpecer sus indagaciones No mencionó a Raúl Zedillo puso en duda la veracidad de sus acusaciones al nombrar secretario de Energía a Ignacio Pichardo, uno de los líderes priistas inculpados, y a otro, María de los Ángeles Moreno, presidenta del PRI
El súbito estallido de la crisis económica impidió a Zedillo prestar atención al caso Ruiz Massieu hasta febrero de 1995, cuando Lozano le hizo llegar una propuesta Testigos clave del caso habían cambiado su declaración y afirmaban que Mario Ruiz Massieu había ordenado que se les torturara para que no implicaran a Raúl Salinas en el crimen Lozano aseguró que se disponía de pruebas suficientes para juzgar a Raúl como presunto autor intelectual del homicidio
En medio de la escalada de recriminaciones mutuas entre Zedillo y Salinas por la crisis económica, el primero se percató de que detener al hermano del segundo haría trizas la tradición de proteger a los expresidentes y podía agravar aún más la crisis, pero también le ayudaría a consolidarse en la Presidencia, justo cuando necesitaba recuperar el control de la economía Así, consultó discretamente al presidente de la Suprema Corte de Justicia sobre la consistencia de la acusación contra Raúl Salinas preparada por Lozano La respuesta afirmativa que recibió, convirtió a la Suprema Corte en la primera instancia, no en la última, de la revisión judicial del juicio contra Raúl
La aprehensión de éste, el 28 de febrero, le reportó a Zedillo tanto descalabros como beneficios políticos Fue aplaudida como un desafío al código de impunidad de los expresidentes, pero al mismo tiempo puso en movimiento una querella irreparable entre un presidente y su antecesor
Entre tantas turbulencias, el 3 de marzo Mario Ruiz Massieu fue detenido de camino a Madrid en el aeropuerto de Newark en Nueva Jersey, con 40 mil dólares en efectivo en las maletas Tres días después, el gobierno de México lo acusó de encubrimiento en el caso de su hermano y comenzó el correspondiente proceso de extradición
Pionero panista en el gabinete priista, Lozano Gracia tuvo la oportunidad, sin precedentes, de fortalecer el estado de derecho en México mediante la resolución del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu Pero su investigación fue a tal punto inepta que pasó a integrarse a los peores anales de la justicia mexicana La flagrante y sistemática violación de los derechos de Raúl Salinas hicieron de él, en la práctica, un preso político ()

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Cuanto más se prolongaba el caso Ruiz Massieu, más frágiles parecían las acusaciones contra Raúl Salinas En la oficina de The New York Times habríamos podido considerar una farsa el asunto entero, salvo por el hecho de que Raúl permanecía recluido en Almoloya, en condiciones reservadas a los peores presidiarios del país Ocupaba una celda minúscula, se le mantenía incomunicado y su familia tenía autorización para visitarlo apenas una o dos veces al mes, pese a que hasta ese momento no se le hubiera condenado aún por delito alguno
El caso fue retomado por el nuevo procurador, Jorge Madrazo Cuéllar, respetado defensor de los derechos humanos Su equipo encontró nuevas pruebas, pero la insuficiencia central persistía El caso se apoyaba en la declaración de un solo testigo: Fernando Rodríguez González había trazado el plan del homicidio y le habían indicado cómo reconocer a Ruiz Massieu en una calle muy concurrida
Encarcelado poco después del asesinato, Fernando Rodríguez González rindió al menos cuatro declaraciones juradas, en el otoño de 1994, a detectives bajo las órdenes de Mario Ruiz Massieu, en ninguna de las cuales mencionó a Raúl Salinas En febrero de 1995, luego de que Mario había dejado el caso, modificó de nueva cuenta su declaración, asegurando a Lozano que Ruiz Massieu lo había torturado para que no aludiera a Raúl Salinas En su nueva versión de los hechos dijo que éste le había pedido a Muñoz Rocha demostrar su lealtad política haciéndole el favor de deshacerse de Ruiz Massieu Tras la alteración de su declaración, Chapa había pagado 500 mil pesos a la familia de Rodríguez González
Esta confesión nos parecía una base endeble para una condena por homicidio Además, ninguno de los fiscales había sido capaz de determinar el móvil
Aquélla fue una época muy agitada, y pronto nuestra labor periodística se encaminó a otros asuntos Cerrado el caso por la fiscalía especial a fines 1998, se inició la cuenta regresiva para que el juez emitiera su veredicto Comenzamos así a buscar una manera novedosa de cubrir la culminación del juicio Fue entonces cuando Samuel y yo recordamos la cinta
Se trataba de un audiocasete que había llegado a nuestras manos por medio de Craig Pyes, reportero freelance que a menudo colaboraba con nosotros Craig lo había recibido, a su vez, muchos meses antes de una fuente cercana a la Policía Judicial Federal, quien aseguraba que la cinta jamás había sido entregada a la PGR Craig nos había insistido mucho en que deberíamos profundizar la investigación De hecho, Craig, reportero incansable, había avanzado bastante en una investigación minuciosa para establecer la hora y el lugar de la grabación, así como su significado en comparación con otras pruebas del juicio Con el caso a punto de consumarse, desenterré la cinta de un cajón de la oficina y me senté a oírla Y a oírla otra vez Y otra más
La inquietante grabación parecía recoger la voz de Jorge Rodríguez González, hermano de Fernando Jorge le había ayudado a contratar al pistolero, y había observado desde una esquina de la calle Lafragua cómo este último perseguía a Ruiz Massieu Al igual que Fernando, cumplía una sentencia de varias décadas por su participación en el crimen
Tal como Craig había señalado, lo que le confería a la cinta un carácter excepcional era el momento en que aparentemente había sido grabada Referencias casuales en el diálogo indicaban que se grabó la noche del 29 de septiembre, 36 horas después del homicidio, en Matamoros Dada la intensa búsqueda policiaca en la capital del país de los implicados, Jorge Rodríguez había volado a Matamoros, su ciudad natal, donde se presentó por su propio pie en la delegación local de la Policía Judicial Federal, en la que tenía algunos amigos Es de suponer que, mientras Jorge hablaba, uno de ellos activó una grabadora La grabación era primitiva, con timbres y aparatos de radio chirriando al fondo, en congruencia con el ruido de un cuartel de policía En la cinta, de una hora de duración, había algunas palabras tensas, pero ninguna manifestación obvia de coerción
El único testigo adicional que había sido interrogado en el curso de esas 36 horas fue Aguilar Treviño, el pistolero, en la Ciudad de México y bajo tortura Así, de resultar auténtica, la cinta de Jorge Rodríguez González sería la única declaración en todo el embrollado caso —en cuyas indagaciones se habían invertido cuatro años— rendida antes de que las autoridades empezaran a manipular a los testigos (y viceversa, en el caso de la Paca) en beneficio de sus fines políticos y personales
Jorge describía fríamente el asesinato, vanagloriándose un tanto aquí y allá Mencionaba a Raúl Salinas 11 veces en total, señalando que, hasta donde sabía, él había dado la orden de “eliminar” a Ruiz Massieu Refería que Raúl Salinas Lozano también estaba al tanto de la conspiración Afirmaba haberse enterado por su hermano Fernando de quién estaba detrás del homicidio
—¿Qué comentarios te hicieron del operativo? —pregunta un sujeto
—Pues nomás que dieron instrucciones desde arriba y se iba a hacer ese operativo —replica Jorge
—¿Qué operativo?
—Pues que iban a eliminar a una persona que no querían que estuviera ahí —dice Jorge
—¿Quién daba la orden de arriba? —pregunta el mismo individuo
—Lo que tengo entendido, lo que yo oí ahí, es que Raúl Salinas de Gortari y el papá eran los que manejaban eso —apunta Jorge, para después añadir que su hermano le había dicho que Raúl había prometido conseguirles a ambos hermanos trabajo en el gobierno a cambio de su cooperación
Ciertamente, Jorge Rodríguez sólo relataba lo que otros le habían dicho acerca del papel de Raúl Salinas; no participó de manera directa en las negociaciones Aún así, la grabación tenía credibilidad, dada la libre admisión, por parte de Jorge, de su intervención en el crimen En ese primer momento también mencionó muchos detalles que se confirmarían en la investigación, pero mucho tiempo después Su propósito parecía ser advertir a la policía de Matamoros que se mantuviera al margen, porque la ejecución de Ruiz Massieu había sido ordenada desde muy arriba: por el hermano del presidente
Samuel y yo comprendimos que, sin darnos cuenta, habíamos estado sentados en una pieza clave de las pruebas del caso Para completar el panorama obtuve una copia de la declaración judicial de Jorge Rodríguez En ella se advertía con claridad que éste había cambiado abruptamente de opinión en las 24 horas posteriores a la grabación en Matamoros En vez de dejarlo partir, como él esperaba, la Policía Judicial Federal lo trasladó a la Ciudad de México, por órdenes de Mario Ruiz Massieu Ahí fue sometido a golpes durante 12 horas, sufriendo fracturas en dos costillas Al final rindió su primera declaración jurada Sus menciones de Raúl Salinas se redujeron de 11 a ninguna
Como, pese a todo, cabía la posibilidad de que la cinta fuera una fabricación, tramité una visita a la cárcel para entrevistarme con Jorge Rodríguez
A causa de una confusión de las autoridades de la cárcel, el primer recluso que se presentó ante mí en la pequeña sala no fue Jorge, sino Fernando Luego de escuchar un breve fragmento de la cinta, confirmó de inmediato que era la voz de su hermano
Después se lo llevaron y trajeron a Jorge Éste era de apariencia más rústica que Fernando, quien se había urbanizado en sus empleos en el PRI Jorge reconoció su propia voz al instante Recordó rápidamente lugar y fecha: Matamoros, cuartel de la Policía Judicial Federal, un día después del asesinato de Ruiz Massieu Pero al desarrollarse el interrogatorio en la cinta su mente se aceleró; recordaba lo que había dicho esa noche Las manos le empezaron a temblar
En un principio Jorge había confesado su participación en el crimen Pero recientemente sus abogados habían impugnado su condena, aduciendo autoinculpación bajo tortura Así, al escucharse en la cinta admitir con franqueza su complicidad, comenzó a llorar Comenzó una confusa explicación, pero la interrumpió para referirse, en cambio, a su terrible vida en prisión Me rogó no empeorar su situación Al despedirnos apenas controlaba su mano para extenderla para decir adiós
No quedaba duda entonces de que la cinta era auténtica Antes de publicar una nota sobre el tema, hice llegar una copia de la grabación a José Luis Ramos Rivera, el tercer y último fiscal especial del caso, a quien le sorprendió por sus implicaciones Sin embargo, señaló abatido que ya había cerrado el caso y no podría incluir la cinta entre las pruebas por presentar en el juicio

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El artículo sobre la cinta apareció en The New York Times el 14 de enero de 1999 Los abogados defensores de Raúl Salinas la denunciaron como falsificación Dieron a entender —y la mayor parte de la prensa mexicana les creyó— que el fiscal especial nos había proporcionado la cinta en una maniobra de último minuto para reforzar su argumentación
El 21 de enero, un juez federal declaró culpable a Raúl de la autoría intelectual del homicidio de Ruiz Massieu y lo sentenció a 50 años de cárcel Admitió que la fiscalía no había ofrecido ninguna “prueba directa” ni un móvil contundente de la participación de Raúl en el crimen Pero aseguró que el “entrelazamiento” de las pruebas circunstanciales e indirectas era persuasivo La sentencia se redujo después a 27 años ()
Lo que el caso Ruiz Massieu mostró con toda claridad fue que la descomposición del sistema ya había alcanzado a las altas familias de la clase política José Francisco Ruiz Massieu había sido cuñado de Raúl y Carlos Salinas Aunque quizá nunca se sepa la verdadera razón de su asesinato, todo parece indicar que su ascenso político hizo de él un blanco a abatir El ansia de promover la carrera de su jefe convirtió, a su vez, en asesinos a los hermanos Rodríguez González Mario Ruiz Massieu ordenó, aparentemente, que se torturara a testigos y se ocultaran pruebas del asesinato de su propio hermano

(El fragmento en cursivas fue redactado por Julia Preston)

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