Recuerdos del Pajarito Moreno

Sin arrepentirse de nada, el Pajarito Moreno sólo camina hacia la muerte
* A 29 años de la gloria todo le da igual
Zacatecas, Zac , 27 de junio (apro)- Cuando al día le resta todavía un poco de tarde, el Pajarito camina con dificultad hacia cualquier lugar:
– para hacer tiempo Han pasado ya 29 años
Y 29 años ya alejado del placer pugilístico que experimenta cualquier ídolo poseedor de la gran virtud: el nocaut
Por eso, ahora Ricardo Moreno “no tiene ganas de nada”, nos afirma su protector, el Lechón Jesús Acosta, exboxeador y entrenador del Crea Zacatecano
Es ahora el Pajarito, un solitario
Vive en el cuarto número 23 del hotel y baños Insurgentes, en el corazón de esta ciudad Una habitación de paredes de color rojo y crema, desnuda, de unos 4×3 metros, cuyo mobiliario está integrado solamente por una cama matrimonial, una mesita, sobre la que está una caja con la poca ropa del exboxeador, y una silla de madera Nada más
–¿Por qué no cuelga alguna foto suya como peleador?
–Para qué Eso ya pasó
Al hotel sólo va a dormir Se duerme a las siete u ocho y, temprano, como a las ocho o nueve de la mañana, está ya en el “Mesón de la Mina”, a unos pasos de la biblioteca Goitia, donde su propietario, don Jorge Reyes Palomino, le obsequia sus alimentos todos los días
No lee, ni ve televisión Si acaso, para hacer tiempo, se da una vueltecita por los billares “El Pabellón” O recorre las calles adoquinadas Y ya
El Lechón: “Le digo: no tiene ganas de nada Yo lo hago caminar Procuro que vaya de un lado para otro, para que se distraiga Me acompaña al gimnasio, ahí se entretiene un poco Y a veces hasta lo hago enojar Le digo: ‘ándele Pajarito, cárguese la maleta’ Y se pone furioso O lo hago reír Ya ve usted que ríe poco, que habla poco”
Pero no siempre le ocurrió así al torbellino oriundo de Chalchihuites, muy al norte del estado de Zacatecas
Para quiénes vivieron la época boxística nacional de fines de los cincuenta Ricardo Pajarito Moreno se metió en la entraña de los aficionados Poseía dos virtudes: el punch y el carisma de barrio, la furia del osado que a base de decisión, sin importar la contramarea del rival, irrumpía con su volado de izquierda, sobre todo, en la contundencia del nocaut
–Les debo el desayuno: será a mi regreso
Eso dijo a los periodistas aquél 1 de marzo de 1958, cuando saboreaba un jugo de naranja, unos huevos tibios, corn flakes con leche y una rebanada de pan tostado, en el aeropuerto de la Ciudad de México
A las 9:45 horas partió a Los Ángeles, donde el 1 de abril se enfrentaría por el título mundial pluma al campeón Hogan Kid Bassey, nigeriano de 25 años de edad De sus 87 combates, había perdido diez y empatado dos
Ricardo Moreno, con 21 años de edad, tenía un récord impresionante de 31 nocauts en 36 peleas, con sólo tres reveses, uno de ellos por la vía rápida
Más tardó en arribar a Los Ángeles con su manager Lupe Sánchez y su entrenador Chucho Cuate y su asesor George Lamb, que en empezar a derribar a sus sparrings en el hotel Alejandría El primero fue Willie Parker, luego Herman Duncan y Cecil Schoonmaker
Entretanto, el monarca hacía su trabajo sin tanto ruido
Y cuando llegó Kitty de Hoyos al gimnasio para hacer su presentación como madrina del Pajarito, los espectadores quedaron atrapados en un profundo éxtasis
Era la oportunidad de su vida No por Kitty, sino por estar en la antesala del título mundial
El monarca ganaría 70,000 dólares y el mexicano 38,000 Los boletos se vendían entre cinco y 25 dólares, pero los momios estaban 8-5 a favor de Bassey, porque era obvia la realidad: el Pajarito era un aporreador contundente, principalmente con su izquierda, pero su guardia era una enorme puerta abierta a los puños del rival Si bien ganaba por nocaut, recibía muchos golpes, que lo fueron minando
El manager del nigeriano, el inglés George Biddle, lo había advertido, y gritó hasta que se cansó que el mexicano era uno de los peores peleadores que había visto, “como todos los americanos”
Sin embargo, Ricardo Moreno había derrotado nada menos que a Ike Chesnut en noviembre de 1957 Y un promotor de Hollywood había ofrecido al zacatecano 80,000 dólares –un millón de pesos entonces– por su siguiente combate si vencía al nigeriano
No pudo ser mayor la decepción: un volado de izquierda del Pajarito tambaleó a Bassey en el primer round y habría cambiado el rumbo de la historia de haberlo noqueado Porque en el tercer asalto, a los dos minutos con 50 segundos, el mexicano sufrió el segundo nocaut de su carrera
Millones de mexicanos –entre otros los que aprovecharon la promoción para asistir al Wrigley Field por 12750 dólares– padecieron una de las desilusiones más grandes, al estilo de la ocurrida con Raúl Ratón Macías cuando fracasó ante el francés Alphonse Halimi, el 7 de noviembre de 1957, también en Los Ángeles
Y a pesar de las lágrimas de manager y pugilista, y el pesar de casi toda una nación, el aspirante a la corona había sido derrotado precisamente en el terreno que habitualmente había dominado: el cambio de golpes
La agencia France Presse se sorprendió de la “inmovilidad del retador”
En los últimos dos años todo había sido un lujo en la vida del Pajarito Había reunido varios autos, que aún recuerda: un MG, un Mercury, un Chevrolet, un Oldsmobile, cinco Cadillacs, un Ford Y había hecho realidad el sueño de todo boxeador: construir una casa para su madrecita
Y doña Zenaida Escamilla de Chaires, su mamá, vivía en una residencia en el Pedregal de San Angel, entonces, como ahora, una de las zonas más lujosas al sur de la Ciudad de México
También tenía una lancha, un cabaret en Acapulco y vivió feliz con Rebeca Juárez Gálvez, del 58 al 62 Con ella, nos dice el Pajarito, tuvo dos hijos, Ricardo (ahora abogado) y Gerardo (doctor), a quiénes ni conoce, pues nunca se los dejó ver
–¿Por qué se separaron?
–Ella me abandonó
La voz de Ricardo en este 87 es opaca, apenas un balbuceo en ocasiones imperceptible
–¿Por qué?
–Se acabó el dinero
–¿Nada más por el dinero?
–Sí
–¿Y por qué se acabó el dinero?
–Me cancelaron mi licencia para boxear No pude trabajar
En esto interviene Pablito Cordero, expugilista y el sparring principal de Vicente Saldívar, quien tomó las fotos para Proceso y cuya actividad ahora oscila entre la fotografía y la pintura:
–Cuéntale, Ricardo, de tu pelea contra Memo Díez
Pablito, se refería al peleador que, precisamente el 1 de marzo de 1958, había sido noqueado en el quinto asalto, por el Toluco López, en combate por el campeonato nacional gallo
A Memo Díez le dieron la decisión sobre el Pajarito Pero éste, a pesar de todo, guarda una enorme satisfacción:
–Sí, pero lo retiré
De la misma manera que el californiano Raúl Rojas lo hizo con él
Y así, poco a poco, con sus derrotas deportivas se aparejaron las económicas, aunque ganó mucho dinero:
–¿Era usted millonario?
–No Nunca fui millonario Nunca tuve en el banco un millón de pesos
–¿Y el cabaret en Acapulco?
–No progresó
–¿Por qué?
–Quién sabe
–¿Bebía mucho en aquél entonces?
–No
–Pero se le acabaron sus amigos, hasta sus enemigos ¿Que paso?
Interviene el Lechón, quien tenía prisa por irse para vender unas monedas antiguas de plata:
–Perdió mucho en las parrandas, en la jugada
–¿Apostaba en el póker?
–No: a los gallos
Claro: como buen zacatecano, la pasión por las ferias, aunque, según el Lechón –quien llegó a ocupar el quinto escalón nacional pluma en 1966–, el exceso lo perdió
Pero no siempre se tiene una sola oportunidad en la vida
Ricardo Moreno tuvo la segunda el 11 de diciembre de 1958
Nuevamente, la esperanza de llegar a la corona máxima de su división, puesto que enfrentaría al norteamericano Davey Moore –fallecido años después a raíz de su combate contra Ultiminio Ramos–, entonces nominado como el primero en el escalafón de los plumas derrotando, entre otros, a todos los mexicanos a los que se había enfrentado
El combate se celebró ante más de 10,000 espectadores en el Olympic Auditorium, bajo la promoción del Zorro Parnassus, y Ricardo percibió 15,000 dólares Los momios favorecían estrechamente a Moore, por 2-1
Y el desenlace no pudo ser más fatídico para el peleador mexicano: Davey lo sorprendió con un golpazo Cayó para la cuenta de dos segundos a los treinta de haberse iniciado el combate
Según su manager Lupe Sánchez, si Ricardo hubiera esperado la cuenta de ocho, probablemente no habría sido rematado, pero al levantarse a los dos segundos, aún estaba inconsciente El final se produjo a los 2’58″ de ese asalto inicial
Aunque el Pajarito dijo que lo habían agarrado frío, los reunidos en el Olympic lo abuchearon cuando bajaba del ring, con lágrimas en los ojos
Sólo una docena de familiares y amigos lo recibió incluida su Rebeca y el manager Manuel Canseco
Cayó al sexto sitio en la clasificación, según la famosa revista estadunidense The Ring Y también se diluyó su vida personal
Ya en 1977, Ricardo Pajarito Moreno había arribado al nivel más grave: el “teporochismo”, según las crónicas de entonces A fines de ese año, en la tercera delegación de policía, una patrulla lo había llevado “nomás por estar dormido”, aunque no sólo pidió al Ministerio Público que lo dejaran libre: “Yo no debo nada, caramba me voy a morir de una cruda aquí, un campeón va a morir”, sino que habló de su motivo por beber llorando:
–Ahora me dedico a olvidar la muerte de mi mamá Y por esto tomo mucho alcohol, pero no me emborracho Nada más me gusta olvidarme de todo el pasado A ella la mataron de un balazo en la cabeza, la mató Aarón Silva Arias
Entre el llanto, el estado de embriaguez, según el testimonio de La Prensa, y algunas incoherencias, el exídolo estaba sumamente depredado: despeinado, sucio con la barba crecida en agonía
–Hoy no se rasuró porque es sábado y porque tuve que andar en varios lados y no pude atenderlo Pero siempre anda limpio y rasurado y bañado
El Lechón se preocupa por todo
–¿Por qué se ha dedicado a él? Y responde en su estilo Jesús Acosta:
–Es que me cae bien, es noble conmigo, me hace caso, y pos, no, digo, yo tengo hermanos, pero como nunca viví con ellos ni nada, digo me duele mucho lo que le ha pasado, por lo que fue y todo eso, digo, y me duele mucho y a veces no sé ni por qué lo hago: me da lástima, esa es la verdad Lo que pasa es que lo estimo demasiado
Prácticamente el Lechón y don Jorge Reyes son quienes le dan lo necesario para vivir Además, se turnan para comprarle una inyección llamada Diportyl, según Acosta vitaminas para el cerebro, la cual se le aplica cada mes y cuesta unos 12,000 pesos
Jesús Acosta conoció al Pajarito hace 12 años, porque éste solía venir seguido a Zacatecas Narra que en 1983, enfermo, Ricardo fue hospitalizado en el sanatorio San Francisco, donde lo atendió el doctor Mújica Llegó a ese sitio, porque noqueó a unos policías y, una vez llevado a la comisaría, fue remitido al hospital
Desde que salió es un hombre pacífico, cuyo único vicio es fumar Dice Acosta que le hace daño y que procura que fume poco, porque “se le baja la presión” Sigue el Lechón:
“El año pasado se fue a México y después de dos meses fui por él y me lo encontré con la misma ropa, que se le caía a pedazos Lo encontré atrás del Lago Azul, allí por donde están los baños Jordán Pude comunicarme con su hermana y mañana voy, mañana voy, pero la verdad es que su familia no quiere saber de él No sé por qué: eso quisiera saber Dice que el mes que entra ya tiene dos años que la señora dice que viene a verlo”
El Pajarito dice que sí ayudó a su familia, pero el caso es que ahora ni su hermana Francisca ni su hermano Esteban dan la cara
–Sííí, si lo robó hasta su propia familia –dice el Lechón
Pero eso pasa a segundo plano, finalmente, pues el Lechón
–cuyo apodo lo adquirió porque tenía una novia con una fondita que vendía tortas de lechoncito– dice que, a veces, a Ricardo le da por eso de que ya no quiere vivir
Cualquiera podría tomarlo a broma, pues el Pajarito dice que sólo cuenta con dos amigos: el Lechón y el Miserias, otro expúgil zacatecano, Alberto Espinosa Pero la verdad es que la gente lo mira ya como parte de la vida cotidiana
Ver a Ricardo Moreno pasear por la ciudad es normal Porque lo hace sin culpas de conciencia Finalmente, no se arrepiente, después de haberlo perdido casi todo
–No Por un lado sí y por otro lado no
–Por que sí y por qué no
Pasan siete segundos
–Viví la vida bien Cuando tuve, la viví bien No tengo Me lamento también Aunque es igual
Pero sigue su andar de todos los días: desde su cuarto-casa en el Insurgentes al Mesón de la Mina y al gimnasio del CREA y a ningún rumbo en particular cuando queda un poco de tarde
–Para hacer tiempo

Comentar este artículo