Temen militares hacer grandes decomisos de droga

* Saben que después los pueden procesar, dice el general Martínez Perea
México, D F (apro)- Una mañana de principios de febrero de 2001, el general Hermilo Garza Chapa, quien vive retirado dedicado a sus negocios en ciudad Miguel Alemán, Tamaulipas, buscó al comandante del 21 Regimiento de Caballería Motorizada asentado en Nuevo Laredo Cuando el viejo militar estuvo frente al general Ricardo Martínez Perea, le aconsejó:
–Oye, cuídate, estás saliendo mucho en la tele, te exhibes demasiado Cuídate y cuida a tu familia
La advertencia era porque Martínez Perea iba a la cabeza en decomisos de droga en esta zona fronteriza que bordea el río Bravo, en la ruta de tránsito de mariguana y otros estupefacientes hacia Texas Su trabajo lo registraban cotidianamente los medios de prensa locales Los militares bajo su mando habían sido felicitados por el comandante de la IV Región, el general de división José Domingo Ramírez Garrido Abreu, para quien le resultaba extraño que en todos estos operativos por lo regular no hubiera narcotraficantes detenidos
Cuando Martínez Perea le hizo saber el modus operandi de los transportadores de droga y las limitaciones logísticas para aprehenderlos, Garrido Abreu no dejó de reconocer que en la octava Zona Militar, que entonces comandaba el general de brigada Jorge Pérez Toledo y a la que pertenecía el 21 RCM, tenía una de las unidades que más resultados mostraba en la campaña contra el narcotráfico Este hecho motivó otra felicitación, ésta del secretario de la Defensa, el general Gerardo Clemente Vega García, quien envío un oficio donde reconocía la labor del comandante del regimiento y sus subordinados
Días más tarde, las palabras del general retirado Garza Chapa comenzaron a tener claridad cuando un grupo de agentes de la Policía Judicial Militar llegó al estado para investigar a unos oficiales que pertenecían a la unidad militar de Nuevo Laredo
Una noche de finales de marzo del 2001, el general Martínez Perea llegó a su casa, en la unidad habitacional militar de esta ciudad, su esposa Carmen Ledezma se percató que su marido traía un semblante preocupado Su marido le contó que tenía días que no dormía bien porque, de la indagatoria en curso contra personal bajo su mando, no le informaban nada, ni sabía con certeza si él era investigado Cuando quiso acabar con la burbuja de preocupación que lo agobiaba, le dijo a su mujer que no había de que preocuparse, pues sabía que él no debía ni había hecho nada, aunque no dejaba de estar intranquilo
Unos días después la incertidumbre terminó Martínez Perea llegó en la madrugada de un día de principios de abril acompañado por el teniente coronel Enrique Velarde Sigüenza, encargado de la investigación por parte de la Policía Judicial Militar El agente llegó al domicilio y, en tono intimidatorio, se dirigió a la señora quien, por esos días, tenía la visita de una de sus hijas, quien llevaba varios meses de embarazo La casa fue rodeada por militares armados mientras el jefe militar, a gritos, se dirigía a las mujeres para que se apartaran del general y le permitieran tomar algunas de sus pertenencias, ya que la orden que traía era trasladarlo a la Ciudad de México
Martínez Perea le comentó a su esposa que viajaría en calidad de arrestado al Campo Militar No 1, donde sería sujeto de investigación Le aconsejó que no se preocupara, que tuviera presente que él no había robado ni hecho nada
No pasó mucho tiempo cuando una llamada anónima al día siguiente, al domicilio de la familia, puso a la señora Ledezma en alerta Por el auricular escuchó una voz masculina que le decía que el general estaba muy grave en el hospital central militar Esa noche tomó un avión y voló a la Ciudad de México
Al llegar resultó que todo era falso; por versión de varios militares supo que su marido estaba incomunicado en las instalaciones de la Judicial Militar Unos días después cuando concluyó el arresto, el general quedó detenido y en esa situación ingresó a la prisión militar
A partir de esa fecha, la señora Ledezma comenzó a percatarse de que era seguida por autos y elementos con corte de pelo estilo militar No tardaron en presentarse actos de intimidación, como vehículos cerrándole de manera imprevista el paso, tanto en San Luis Potosí, donde radica su familia, como en el Distrito Federal Llamadas anónimas y mensajes escritos donde recibía toda clase de advertencias, eran la constante desde que su esposo quedó preso acusado de dar protección al cártel del Golfo
En marzo de 2002, luego de varios intentos por lograr una audiencia, fue recibida por el secretario de la Defensa, el general Vega García, ante quien denunció el acoso militar desde la detención de su marido La esposa del general relata que en ese encuentro el funcionario se comprometió a que todos los episodios denunciados por la señora se averiguarían
Martínez Perea, en los primeros días de su detención, supo que un escrito anónimo enviado al Estado Mayor de la Defensa, a las tres de la mañana del 14 de enero del 2001, desde un fax ubicado en la papelería “Geo” del Distrito Federal, localizada a espaldas de la Fiscalía Especial de Atención de Delitos contra la Salud (FEADS) de la PGR, involucraba a personal de tropa bajo su mando en relaciones con el narcotráfico pero, extrañamente, no se citaban nombres También se enteró de cómo, una vez detenidos, la Judicial Militar había torturado a tres oficiales y cinco soldados para que lo involucraran
Uno de ellos que fue indiciado como coacusado, el teniente Javier Antonio Quevedo Guerrero, relató en marzo pasado –durante la primera sesión del consejo de guerra contra el general, él y el capitán Pedro Maya Díaz– que cuando no aceptó ser “testigo protegido”, agentes militares encabezados por Velarde Sigüenza lo vendaron, lo ataron de pies y manos y le taparon la cara con su camiseta, a fin de vaciarle en la cara una mezcla líquida de jabón y chile picado para que, mediante este procedimiento, terminara por aceptar su “culpabilidad”
El procedimiento varió poco con el capitán Maya Díaz, el tercero de los detenidos, a quien también se le “apretó” para que relacionara a Martínez Perea, su excomandante, con el cártel del Golfo
Las audiencias del consejo de guerra contra Martínez Perea, Maya Díaz y Quevedo Guerrero, que fueron presididas por el general Gonzalo Durán Valdés, exhibieron la forma en cómo se investigó el caso Durante un interrogatorio de la defensa de los acusados, el teniente coronel Velarde Sigüenza reconoció que nunca indagaron el origen del anónimo y aceptó que en su contra existe una indagatoria de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), por presuntas violaciones a las garantías individuales de dos de los acusados
Los señalamientos contra Maya y Quevedo, de que habían estado internados en Matamoros por consumo de cocaína, una de las directrices para sustentar la acusación de su relación con el narcotráfico, resultaron falsos pues, con documentación que exhibieron, demostraron que se encontraban por esos días en adiestramiento militar en San Luis Potosí
Cuando compareció el general ahora retirado Pérez Toledo, detalló cómo los reportes de los Grupos de Inteligencia de Zona (los célebres Gizes) y los del Grupo de Análisis Especial (GAE), dos de las áreas de espionaje y análisis con que cuentan las comandancias militares en el país, nunca recogieron información sobre vínculos con el narcotráfico del general acusado y sus dos oficiales Por el contrario, el viejo militar relató la precariedad del equipo con el que las unidades castrenses tienen que enfrentar al narco en la frontera de Tamaulipas
El fiscal militar, el mayor Gerardo Salazar Bolaños, fue el encargado de articular la acusación contra Martínez Perea Argumentó que los equipos de radio que se le incautaron al teniente Quevedo estaban prohibidos por la Defensa Nacional, además que estaban ‘encriptados’ en frecuencias usadas por los narcotraficantes en la frontera
En un tono que recordó su última aparición, cuando fue fiscal en los consejos de guerra a principios de 1998 contra el general José Francisco Gallardo Rodríguez, el Ministerio Público “especial” pidió se valoraran como pruebas el uso de vehículos civiles de “dudosa procedencia”, “las evidencias” gráficas que involucraban al capitán Maya con Osiel Cárdenas Guillen, que se circunscribían a una fotografía donde supuestamente aparece disfrazado de bailarina hawaiana, y con base en ello pidió se les condenara
La foto, de acuerdo con la familia del capitán, fue tomada durante unas vacaciones del oficial, en un restaurante donde se presentan espectáculos de baile hawaiano El bailarín que aparece disfrazado tiene vello en pecho y Maya no, señaló su esposa Este argumento, expuesto también por la defensa del acusado, el fiscal pidió no se tomara en cuenta
Pasadas unas semanas de que el consejo de guerra dictara la sentencia de 15 años de prisión para los tres militares, cuando el general Martínez Perea manifestó, en un cuestionario enviado por Apro, que los anónimos no tienen ningún valor de acuerdo con la doctrina militar vigente, ya que “los anónimos se usaban en la Santa Inquisición”
Consideró que un juicio militar sustentado en acusaciones que no se investigan y no se prueban, “afectan la moral” del Ejército, aunque la disciplina no se relaja
“En este caso, como usted lo ha visto”, explicó a Apro, nos pusieron un agente del MP “especial”, alias el “fiscal de hierro”, y con la irregularidad de que “como usted lo ve, lo auxilian dos agentes del Ministerio Público militar y, por si fuera poco, hay detrás otros dos agentes más, mismos que lograron la sentencia del general Quirós Hermosillo y Acosta Chaparro Por estas grandes injusticias los comandantes de regimiento y batallones ya no quieren tener aseguramientos (de droga), ya saben que después los procesan”
Sobre el general Ramírez Garrido Abreu, quien fue su superior jerárquico, señaló: “El comandante de la IV Región Militar ha manifestado que cuando estaba el 21/ Reg de C Motorizada había muchos aseguramientos pero sin detenidos, pero le manifesté que un comandante no tiene experiencia en operaciones contra el narcotráfico y realmente nos traicionó, ya que fue quien sugirió que todos los comandantes deberíamos tener ‘cinco escáners’, y cuando se le preguntó, se negó a decir la verdad para protegerse”02/06/03

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