“¡No se muevan, mugrosos… somos la Migra!”

Tocumbo, Mich , 1 de diciembre (apro)- Luis, un joven trigueño de 15 años, ojos pequeños, brillantes y profundos; labios resecos, partidos por el polvo y el viento, casi en susurro pregunta: “¿Quiere saber mi historia?”…
Con sus 15 años a cuestas, recuerda bien lo que le pasó en el desierto de Arizona, cuando se fue, junto con su madre, en busca de su padre Luis, quien salió del municipio de Tocumbo en busca de mejores condiciones de vida
Tocumbo, como otras 75 demarcaciones más, es conocida como una de las principales localidades expulsoras de mano de obra hacia Estados Unidos Los hombres adultos “se van al Norte”; sólo niños y mujeres habitan el poblado, aunque éstos, a determinada edad, comienzan a emigrar Es una tradición hereditaria La asignatura pendiente
En el pueblo es de noche; pero no muy tarde Por el camino a Los Reyes, se percibe el olor de las matas de caña en promesa de espigar Huele al vapor de los pastos que poco a poco van cubriendo las parcelas de siembras diversas Zona agrícola de Michoacán
La boca de Luis se reseca, al recordar la odisea que vivió en el “otro lado”; lo recuerda como si hubiera sido ayer…
Primero fue el rumor confuso, fragoroso, que se acercaba a su escondite, por el camino arenoso que orillaba al cementerio donde se podrían las cruces blancas Después, creciendo como una marejada incontenible hasta arrastrar el silencio, los gritos, el galope desatado, aquel acompasado y cada vez más creciente tamboreo de los cascos contra la costra caliente y tostada de la tierra, el rugido de motores como fieras en celo Y de pronto, sobre ellos el grito mocho, sucio y devastador que rasgó el silencio de la madrugada
“–¡Somos la Migra, jijos de la chingada!
“– ¡No se muevan, mugrosos!”
La mamá de Luis y otras madres más, vieron desde unas ramas secas de huisache, que medio las tapaban, a la Migra que llegó como una avalancha sobre ellas y sus hijos
Todo fue confusión Eran 40 agentes, empolvados; eran cuarenta reflectores con potente luz; eran jinetes, agentes en motos, en Jeeps, en helicópteros Cuarenta hombres sudorosos
“–¡No se muevan ni corran mexicanos!¡ Están rodeados!”
Eran cuarenta fusiles y cuarenta pistolas, ochenta armas apuntando al grupo de veinte mujeres y niños Eran cuarenta gritos que asustaban; ochenta manos que asustaban a veinte seres aterrorizados
Un golpe de brisa movió las ramas de los huisaches y un terror hondo, profundo, tenso, definitivo y vacío se apoderó de Luis y sus acompañantes
Fueron esposados, amarrados como viles delincuentes, humillados en lo que un día era su tierra, su patria y que esos güeros, pecosos, que se apoderaron –en 1836, con la rebelión de Texas, y 1854 con la venta de La Mesilla– el 51 por ciento del territorio mexicano; los subieron a vehículos y los enjaularon como perros rabiosos, por el sólo hecho de ir a trabajar, de mejorar su vida casi miserable en México
El sol comenzaba asomar su faz y era de plomo y almagre el crepúsculo
Luis, cierra los ojos, como queriendo olvidar ese pasaje negro de su niñez La madre, en un rincón de la humilde vivienda, duerme plácidamente su miseria sobre el piso de tierra
La noche duerme apretada de silvestres olores en Tocumbo, capital mundial de las paletas, Luis mueve los brazos y las piernas En sus ojos hay nostalgia que se lleva la brisa lenta de la noche…
Tocumbo, pueblo michoacano de callejuelas estrechas, agrietadas, de luces mortecinas a la luz de los faroles
Triste realidad
Lo que vivió Luis, lo han vivido cientos de menores de edad Según las autoridades el desierto de Arizona se ha convertido en uno de los principales puntos donde operan los “coyotes” (traficantes de seres humanos) especializados en el cruce de niños, jóvenes y adultos hacia Estados Unidos
En este punto fronterizo se ha logrado rescatar de junio a la fecha, por lo menos ocho niños michoacanos que pretenden ser introducidos ilegalmente a Estados Unidos
En Douglas, Arizona, revela el periodista Ginger Thompson, un caso de dos menores:
“Apenas tenían la edad suficiente como para cruzar solos una calle, menos una frontera Pero ahí estaban, solos en una cálida tarde de agosto en un retén estadunidense de inmigración, rodeados de oficiales de impartición de justicia con insignias y armas José Cruz Velásquez de 8 años de dad, sostenía la mano de su hermano Sergio, de 6”
Estos niños mexicanos fueron rescatados de un contrabandista contratado por sus padres, quienes vivían como indocumentados en Pennsylvania Eran dos de un creciente número de infantes viajando sin familias que han sido atrapados en la red que los agentes mexicanos y estadunidenses lanzan para detener los cruces ilegales
En Agua Prieta, pueblo fronterizo mexicano al otro lado de la frontera de Douglas, Miguel Escobar, el cónsul mexicano, llevó a los niños a un albergue de asistencia infantil edificado tras una reja en una calle sin pavimentar Desde lejos parece más una prisión que un refugio Los menores suplicaron a escobar que no los dejara ahí Al día siguiente, un empleado del albergue dijo que José u Sergio no habían tocado su desayuno, querían estar con sus padres
El flujo de niños indocumentados está integrado, en su mayoría, por personas que no cuentan con documentos para entrar al vecino país o para trabajar en él, cuestión que se ha venido acentuando
Margarita Nolasco, investigadora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), calcula que son, por lo menos, 420 mil niños los que cruzan cada año con sus familias; realizan una travesía migratoria desde el sur y centro-occidente de México para llegar al norte, donde realizan trabajos agrícolas
Nolasco señala que en la región fronteriza viven más de 2 millones de niños, de los cuales un millón 200 mil proceden del interior del país; se estima que la mitad llegó con sus familias (600 mil) y el 15 por ciento, por su cuenta
Clara Ochoa Valdés, director del Consejo Estatal de Población, revela que de los mexicanos residentes en Estados Unidos, el 13 por ciento son menores de 15 años; 70 por ciento se encuentra entre los 15 y los 44 años de edad y un 17 por ciento tiene 45 años o más
Es decir, si radican 29 millones de michoacanos, hay cerca de 350 mil menores de 15 años, legales e ilegales
Dos de cada tres residentes mexicanos de 16 años y más son económicamente activos y uno de cada tres es inactivo, de los cuales 45 por ciento recibe un ingreso inferior a 10 mil dólares anuales; 37 por ciento gana entre 10 mil y menos de 20 mil dólares; y 18 por ciento obtiene alrededor de 20 mil dólares o más
Bernardo Méndez Lugo, auxiliar del cónsul de Atlanta y quien vivió varios años en Morelia, en un ensayo sobre migración, señala:
“Llegan entre 420 y 640 mil niños con sus familias, y poco más de 100 mil llegan solos y socializan con grupos de dos o tres – en algunos casos viven con parientes–, o conviven con niños de la calle de las ciudades fronterizas Muchos son atrapados por la migra, junto con sus familias y deportados a México
“Es importante señalar que existen diferentes segmentos de niños migrantes indocumentados, por un lado los menores acompañan a sus padres en su recorrido laboral anual desde el sur de México, pasando por las labores de campo legumbreros en Culiacán, cosecha de cítricos en Sonora y trabajo en viñedos en Baja California, para seguir el circuito hasta California, Oregon y Valle de Yakima, en el estado de Washington Por otro lado, están los niños y jóvenes de procedencia urbana de México y cuyas familias indocumentadas trabajan en el medio urbano de Estados Unidos”
Por su parte Ochoa detalla que: “Si bien existe una creciente diversificación regional del flujo migratorio, Michoacán, Jalisco y Guerrero contribuyen con el 30 por ciento de la población mexicana que emigra a Estados Unidos Otros estados productores de mano de obra migrante son Chihuahua, Nuevo León, Sonora, Zacatecas y Baja California”
Dice que en los estados de California, Texas, Illinois y Arizona se concentra alrededor de 90 por ciento de la población mexicana del país
“Es frecuente ver que familias completas se desplazan por los corredores fronterizos esperando la oportunidad de llegar ‘al otro lado’; hay mujeres embarazadas o con niños de brazos, niños aferrados a las faldas de su madre; jóvenes con alguna carrera técnica que van a probar fortuna; licenciados, educadoras y maestros, ingenieros, mecánicos, amas de casa, estudiantes, trabajadores del campo, enfermeras; gente que a pesar de su preparación y sus esfuerzos no ha podido conseguir en su patria una remuneración digna a su trabajo”, revela la estudiosa del fenómeno migratorio

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