La plaza de los travestis

Cada noche se engalanan con prendas llamativas y se maquillan con esmero para satisfacer a los clientes, incluidos los bigotones que se desplazan desde sus pueblos a Guadalajara, ávidos de caricias y comprensión. Son travestis y transexuales que a diario deambulan en las calles aledañas a Plaza del Sol. Saben de los peligros que implica ejercer su profesión –en los últimos 15 años han sido asesinados 41 de ellos–, pero tienen que salir en busca del pan. 

 

Katy abre su improvisado closet y revisa las prendas para escoger el vestido que lucirá esa noche. Elige el rosa –“es el que me ha dado a ganar mucho dinero”, se dice a sí mismo–. Luego se dirige al tocador para maquillarse; se colorea los labios y se aplica rímel en las pestañas para dar a su mirada un toque femenino. Para terminar, se coloca una peluca rubia, su favorita, y abandona su precaria habitación.

Todas las noches repite el ritual. Lleva años haciéndolo. En la calle no camina, flota. Los tacones apenas acarician el pavimento. Camina rumbo a Plaza del Sol, donde otros travestis como él ofrecen servicios sexuales.

Katy dice que está conciente del peligro y de los riesgos de su trabajo, pues en la zona son comunes las agresiones homofóbicas. Ha visto cómo los automovilistas insultan a sus compañeros, les mientan la madre e incluso les lanzan huevos y jitomates podridos, bolsas llenas de orines; todo lo que pueden.

“Todavía no olvido cómo mataron a nuestra Lucrecia, a balazos”, relata Katy. Sus ojos se humedecen. Saca un pañuelo para limpiarse; apenas roza sus pupilas.

Según el Informe de crímenes de odio por homofobia en México, 1995-2008, elaborado por el colectivo Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana, A.C., Jalisco es uno de los cinco estados con mayor cantidad de crímenes en ese rubro. En ese periodo se registraron 41 asesinatos de gays, la mayoría de ellos fueron travestis, señala el documento dado a conocer en diciembre de 2009. Pese a ello, sólo cuatro personas fueron remitidas a las autoridades.

Katy no se amedrenta. Dice que tiene que salir a buscar el pan: “Ayer me gané apenas 300 pesos. La cosa está muy mal… Sí, sé que hay muchos riesgos, por eso me encomiendo a la Santa Muerte; ellas es la que cuida a quienes andamos en la calle”.

Manuel de Jesús Román, Iovanni, presidente del colectivo Gardenias Tapatías, comenta al reportero que aun cuando se desconoce el número real de travestis en la capital tapatía, algunos estudios mencionan que en el mundo hay un transexual por cada 30 mil habitantes. 

Su organización, dice, tiene registrados a 500 miembros de la comunicad gay y transexual en la zona metropolitana de Guadalajara. E indica que es tan grande la familia homosexual, “que en las marchas del orgullo gay desfilamos alrededor de 20 mil personas”.

Una estructura eficaz

 

Los travestis ofrecen sus servicios en varias zonas. Una de ellas es la calzada Independencia, donde pululan decenas de ellos. Son los de rasgos más toscos y los que cobran menos; también se puede ver a los sexoservidores en avenida Guadalupe y Mariano Otero, dice Iovanni.

Más al centro están los puntos de Javier Mina y Obregón, en la Zona del Vestir. “Ahí detectamos algunos que se quedan en lo que llamamos etapa de bestia. No son ni hombre ni mujer, sino algo grotesco”, comenta el entrevistado.

Uno de los puntos más peligrosos para ellos es la salida a Nogales, entre la Venta y la Carretera a Chapala. Ahí sólo llegan traileros o gente que va de paso, lo que potencializa los riesgos para los sexoservidores travestis y transgénero, detalla Iovanni.

Sin embargo, agrega, los que trabajan en las inmediaciones del centro comercial Plaza del Sol, como Katy, son los que tienen mayor demanda. Son alrededor de 100 los sexoservidores –80 travestis y 20 transexuales– repartidos en 20 esquinas. “Antes era toda López Mateos y Américas, pero las autoridades ya no nos dejan. Ahora nos piden que estemos dispersas y no amontonadas”, dice Katy

E intenta lucirse: “Acá en Plaza del Sol las chicas somos más elegantes y los clientes que llegan son de más categoría. En la calzada son más vulgares y ni siquiera saben arreglarse”. Asegura que la tarifa es de 500 pesos por una hora de servicio y algunos de sus compañeros atienden hasta a cuatro clientes por noche.

Su estructura de trabajo es “primitiva pero eficaz”. Explica: en cada esquina hay una líder, ella se encarga de impedir que entren ahí otros travestis o mujeres. “No lo hacemos por gachas, simplemente es porque nos quitan el trabajo cuando estamos todas amontonadas aquí”, relata Katy, quien controla una de las 20 esquinas.

Además, en cada una están las “hijitas”, de las que se responsabiliza cada líder. “Si alguna roba al cliente y éste viene a reclamar, ella tiene que dar la cara. Por eso –dice– no se permite el ingreso de cualquier ‘chica’ a la célula. A quien incumpla las reglas se le expulsa de la esquina”. 

–¿Cómo escoges a las “hijitas”? ¿Es gente que llega a pedirte una oportunidad? –pregunta el reportero.

–Eso sucede muy rara vez. Más bien es gente que voy conociendo fuera, en otros ámbitos, en el barrio, o simplemente amigos. Ellos se acercan cuando quieren trabajar; a los que sé que son gays los invito yo misma. Ahorita tengo seis “hijitas”. Es lo recomendable.

E insiste en que lo fundamental es no robar a los clientes: Cuando eso sucede, ellos se desquitan. “Algunos optan por no contratarte –no te pueden denunciar porque evidencian que andaban con maricones–, pero hay quienes se desquitan más feo, o se vengan de nosotras”.

Iovanni coincide con Katy. Admite que si bien algunos sexoservidores roban, el verdadero problema es la falta de educación de los clientes y la homofobia. A veces son sus mismos papás quienes los incitan a maltratar a los que son diferentes. “Nosotros creemos que cualquier trabajo es digno, tan es así que la prostitución no surgió ayer, sino desde hace miles de años”, dice el representante de Gardenias Tapatías.

La organización, cuenta, ayuda a salir a los sexoservidores de las calles. Por medio de los DIF municipales se organizan cursos de capacitación, defensa de los derechos humanos, así como clases de artes y oficios, promoción de becas para que estudien cultura de belleza, costura, inglés, o se les ayuda para que terminen la secundaria y la prepa.

“Somos una asociación civil que vivimos de puras donaciones. También entregamos cada mes 200 platillos a gente de escasos recursos en 8 de Julio y Washington, a espaldas del parque Agua Azul”, expone Iovanni.

 

“Aquí cae de todo”

 

Todas las noches Katy ofrece sus encantos a los transeúntes de la avenida López Mateos. Tiene 34 años y dice que en su juventud hizo de todo: desde albañil hasta coordinador de cocina italiana en Estados Unidos.

“Esa es mi especialidad, incluso trabajé en prestigiosos restaurantes. Te cuento que las salsas son la clave para tener un suculento platillo”, presume. 

Asegura que cuando era niño se dio cuenta de sus preferencias sexuales. Recuerda que solía robar la ropa de las niñas y se extasiaba al ponerse los vestiditos a escondidas. “Trabajaba en varios tianguis: el de la 66, San Antonio, Santa Teresita, entre otros. Ahí compraba blusas y pantalones o robaba tangas. Decía que eran para mi novia, porque siempre tuve mucho pegue con las mujeres, pero en realidad eran para mí”.

Ya adolescente tuvo una pareja masculina en Piedras Negras, Coahuila. Era un joven que le rompió el corazón cuando se fue. “A pesar de que yo lo mantenía y le compraba todo lo que me pedía, nunca volvió. Le lloré como dos semanas”, recuerda.

Originario de Guadalajara, dice que comenzó a trabajar como travesti hace 15 años, pero no de manera continua, pues sus viajes a Estados Unidos se lo impedían. Fue hasta que decidió quedarse aquí cuando optó por dedicarse definitivamente a lo que realmente le gusta: el sexoservicio.

Katy inicia su jornada a las 10 de la noche y termina a las cinco o seis de la mañana siguiente. Le gusta Plaza del Sol porque, dice, puede cobrar más y es difícil que la quiten pues, insiste, en la zona hay una tradición y una estructura consolidada de “mercadotecnia sexual”.

Sus clientes son de todo tipo: abogados, policías, médicos, profesionistas, judiciales, políticos –“sé que lo son porque los he visto en la televisión”, comenta–, así como gente del bajo mundo de la delincuencia.

“Contrario a lo que se cree, llegan a contratarnos personas con rasgos muy masculinos, sobre todo bigotones, con bota, fajo piteado y hasta sombrero. Entre más rancheros o masculinos, más les gusta una pareja homosexual”, revela.

Muchos de sus clientes vienen desde sus pueblos a Guadalajara, relata, donde buscan desinhibirse, escapar de sus comunidades represoras. “Ellos vienen con nosotros porque ellas (sus parejas) no los satisfacen, no saben hacerles el amor. Nos dicen que nosotros se los hacemos más rico que sus esposas. Otros vienen porque las novias no los sueltan y ellos tienen necesidades”.

Katy cuenta que en los últimos meses la situación se volvió más peligrosa debido al asesinato de dos travestis y de una mujer; también es común la desaparición de las sexoservidoras. “Simplemente dejan de ir a Plaza del Sol y de repente nos cuentan que murieron de alguna enfermedad o de sida”.

Explica también que en Plaza del Sol ha sido difícil sacar adelante organizaciones. “A muchas no les conviene –asegura– porque roban o trabajan sucio. Saben que si hubiera un reglamento podrían sancionarlas, por eso se ponen en contra”.

También comenta que, como líder de esquina, nunca pide dinero a sus “hijitas”, más bien se preocupa por ayudarles a que brinden un mejor servicio, como vestirse de manera llamativa, maquillarse, e incluso algunas técnicas para satisfacer al cliente, pero sobre todo enseñarles cómo defenderse en la jungla de concreto.

Entre las medidas de seguridad que comparten destacan, por ejemplo, nunca tener relaciones sin condón ni besar a los clientes; además es recomendable llevar siempre la bolsa del lado de la ventanilla y jamás soltarla ni descuidarla. 

“Y si el cliente se pone violento –dice–, hay que quebrar vidrios para que manden la patrulla. Es mejor hacer un escándalo, porque así salvas tu vida o por lo menos si te matan te encuentran ahí mismo y el agresor no tendrá tiempo de escapar”, detalla Katy.

Ahora hasta el crimen organizado comienza a meter la mano. En barrios populares hay quienes cobran derecho de piso: “Acá en Plaza del Sol dicen que unos maleantes advirtieron que cobrarían 500 pesos semanales, pero nunca volvieron. Sólo fue el susto”.

 

La homofobia

 

En su informe, el colectivo Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana, A.C., menciona que en Jalisco hubo 41 crímenes de odio por homofobia entre 1995 y 2008, sólo por debajo del Distrito Federal, Michoacán, Estado de México y Nuevo León. De ese total, 80% fueron ultimados con arma blanca.

El caso de Marco Antonio Mejía Tinoco, de 28 años y asesinado en 1995, por ejemplo, lleva 15 años si resolverse; otro caso sin solución es el de un travesti desconocido, quien murió asfixiado en un hotel, según la información policiaca del diario Ocho Columnas publicada el 18 de marzo de 1996, uno más es el de Sergio Enrique Navarro Rodríguez, brutalmente apuñalado en otro cuarto de hotel el 12 de julio de ese año, según reportó el periódico tapatío.

La lista sigue: el 17 de agosto, el 22 de septiembre y el 1 de noviembre de 1996 tres sexoservidores desconocidos perecieron asfixiados en hoteles, según las notas publicadas en Ocho Columnas. Y en Lagos de Moreno, Antonio Armando Morales Coronado, La Toña, de 72 años, fue degollado en su domicilio ese mismo año. 

En 1997, el 2 de febrero, Jesús Ramírez Reynoso, de 60 años, también fue degollado. Asimismo, el 25 de noviembre siguiente, Leonardo Becerra Rodríguez, de 30 años, fue brutalmente golpeado. Su cuerpo fue localizado en su casa de Guadalajara. Estaba desnudo y presentaba diversos golpes; además estaba boca abajo y atado de pies y manos.

En los últimos años se reavivaron los ataques. El 19 de octubre de 2007, Miguel Ángel Gómez, de 55 años, fue apuñalado en Guadalajara, mientras que Mario Guerrero Martínez, de 50, pereció golpeado brutalmente en Tonalá. El 6 de febrero del 2008, Cuauhtémoc García Navarro fue asesinado con saña: su cuerpo presentaba 40 heridas de cuchillo.

De los 41 asesinatos ocurridos en Jalisco, según el Informe de crímenes de homofobia, hasta ahora sólo han sido detenidas cuatro personas. Roberto Villarreal Ortiz, Angélica Barrios Prieto, María del Carmen Hernández Cruz y Daniel Alfonso Ibarra Cisneros, todos ellos a lo largo de 1996.

El caso más reciente de impunidad es el asesinato de Guillermo Luna Pérez, mejor conocido como Lucrecia, asesinado a tiros en marzo pasado. Iovanni, líder de Gardenias Tapatías, critica a las autoridades porque, dice, ya dieron carpetazo. “No hay ni habrá avances, eso es triste. Si cuando se trata de un heterosexual es difícil que llegue la justicia, con un gay las cosas son más complicadas”, dice. 

–¿Por qué es más difícil? 

–Porque, se quiera o no, somos minoría y eso provoca que haya tabúes alrededor de nosotros. Siempre se dice que son crímenes pasionales o le echan la culpa a la preferencia sexual, como si eso justificara las muertes.

“En Jalisco se espantan de todo, aunque lo tengamos en nuestras propias narices, o en nuestras casas. Guadalajara es la ciudad más gay del país, y la más hipócrita. Si los jaliscienses declararan abiertamente lo que son, sería una ciudad rosa. Es común ver en los antros a mis amigos bigotones, de camisa y botas, que después de tres cervezas se atreven a meterse con los hombres. Basta de hipocresía y violencia.”  l

 

 

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