Asesinan a “Don Polo”; gobierno de Durango jamás se interesó por secuestro de su hijo

Durango, Dgo., 5 de febrero (apro).- Leopoldo Valenzuela Escobar murió asesinado la noche del viernes: sujetos armados llegaron hasta su negocio, ubicado en el municipio de Nuevo Ideal y trataron llevarlo consigo. Sin embargo no lo permitió. Sacó de entre sus ropas un arma de fuego y comenzó a defenderse. Pero sus heridas fueron demasiado graves y falleció más tarde en el hospital de su municipio.

Don “Polo”, como lo conocían sus vecinos y amigos, era dueño de un centro refaccionario, ubicado en la cabecera municipal de Nuevo Ideal, localizada a 80 kilómetros hacia el norte de la ciudad de Durango.

El 23 de septiembre del año pasado, varios encapuchados ingresaron al establecimiento y se llevaron a su hijo, Leopoldo Valenzuela Gómez, de 29 años. Nunca lo volvió a ver.

El 26 de enero, presa de la desesperación, Don Polo decidió denunciar su caso públicamente: en un desplegado difundido en algunos medios impresos de la ciudad, dirigido al gobernador del estado, Jorge Herrera Caldera, en el que denunciaba lo que consideraba como irregularidades en la investigación del caso.

En la publicación, Valenzuela Escobar narra cómo evitó denunciar el hecho, por indicaciones de los secuestradores. Sin embargo, siete días después del plagio decidió hacerlo, luego de que su hijo se comunicó para indicarle el lugar en que se encontraba.

Empero, no recibió la respuesta esperada por parte de la Fiscalía General del Estado: “mi hija Hilda Valenzuela acude a la Procuraduría General de Justicia (sic) a poner la denuncia el procurador (sic) no quiere que se la reciban, a pesar de ir acompañada del Presidente Municipal Ernesto Velázquez y del síndico, ya que a ellos les constaba que era cierto lo del secuestro”.

Después, según narra el desplegado, el padre del plagiado acudió al cuartel del 71º Batallón de Infantería del Ejército, ubicado en el municipio de Santiago Papasquiaro.

Ahí, cuenta Don Polo, un teniente coronel –cuyo nombre no especifica—prometió acompañarlo al sitio indicado. Pero el día pactado, el militar no llegó: habían quedado de verse el 2 de octubre a las 4 de la mañana.

Dos días después la familia finalmente reunió el millón y medio de pesos solicitado por los secuestradores, mismo que fue entregado. Esa noche, según dijeron los captores, regresarían al hijo de Don Leopoldo. Eso nunca ocurrió.

El 14 de octubre logró hacer contacto con la esposa del gobernador del estado, Teresa Álvarez del Castillo y le entregó una carta dirigida a Herrera Caldera. Sin embargo “ya han pasado tres meses y no hay respuesta”, describe en el documento.

“Mi frustración, impotencia, coraje, o como usted lo entienda es porque sabiendo en donde se encontraba mi hijo, no tuve el apoyo solicitado a las diferentes autoridades en su momento”.

 Leopoldo concluye la carta dirigida al gobernador denunciando que la actuación de las autoridades es una venganza en su contra, por parte de ellas mismas, “todo por haber denunciado el secuestro, todo por creer en nuestras autoridades, todo por creer que vivimos en un país en el que gobiernan las leyes”.

Nunca hubo un pronunciamiento oficial en torno a su denuncia. Ayer terminó su historia.

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